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La Humana Del Reino De Fuego

La Humana Del Reino De Fuego

Status: Terminada
Genre:Romance / Mundo de fantasía / Mundo mágico / Completas
Popularitas:826
Nilai: 5
nombre de autor: Sofia Rojano

Un simple tropiezo frente a la universidad cambió la vida de Amelia para siempre. Ahora su corazón y su hijo están atrapados entre dos mundos el humano y el del Reino de Fuego. Con Gael a su lado y el poderoso rey Dante observándola, Amelia deberá enfrentarse a decisiones, secretos peligrosos y una magia que puede alterar su destino… para siempre.

NovelToon tiene autorización de Sofia Rojano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una cena sencilla

El cielo comenzaba a oscurecer cuando Amelia salió de su última clase del día.

La universidad estaba mucho más tranquila a esa hora. Algunos estudiantes todavía caminaban por los pasillos exteriores, mientras otros se apresuraban para tomar el autobús o volver a sus casas.

Amelia caminaba despacio por el sendero principal.

Estaba cansada.

Las clases de medicina no eran precisamente fáciles.

Mientras caminaba, sacó su teléfono para revisar la hora.

—Al fin terminó el día… —murmuró.

—¿Fue un día difícil?

Amelia levantó la mirada de inmediato.

Gael estaba sentado en una banca cerca del camino, observándola con una pequeña sonrisa.

Amelia soltó un suspiro largo.

—¿Sabes qué es lo más extraño?

Gael inclinó la cabeza.

—¿Qué cosa?

—Que ya no me sorprende verte aquí.

Gael se levantó de la banca.

—Eso significa que ya te acostumbraste.

Amelia cruzó los brazos.

—No estoy segura de que eso sea bueno.

Gael caminó hacia ella con tranquilidad.

—¿Terminaste tus clases?

Amelia asintió.

—Sí.

Hubo un pequeño silencio.

Luego Gael habló otra vez.

—¿Ya cenaste?

Amelia lo miró con curiosidad.

—No.

—Perfecto.

—¿Perfecto?

Gael señaló hacia la calle.

—Vamos a comer algo.

Amelia levantó una ceja.

—¿Otra vez decides mi horario?

Gael sonrió.

—Solo hago sugerencias.

Amelia dudó unos segundos.

Pero la verdad era que tenía hambre.

—Está bien —dijo finalmente—. Pero esta vez elijo yo el lugar.

Gael hizo un gesto exageradamente solemne.

—Acepto las reglas.

Minutos después caminaban por una calle llena de pequeños restaurantes.

Las luces cálidas de los locales iluminaban la acera.

El lugar estaba lleno de gente cenando o conversando.

Amelia se detuvo frente a un pequeño restaurante.

—Aquí.

Gael miró el lugar con curiosidad.

—Interesante.

Entraron.

El restaurante era sencillo, con mesas de madera y música suave de fondo.

Un camarero los llevó a una mesa cerca de la ventana.

Amelia abrió el menú.

Gael lo imitó.

Pero después de unos segundos cerró el menú.

Amelia lo miró.

—¿Ya decidiste?

Gael la miró con tranquilidad.

—En realidad no sé qué significa la mitad de esto.

Amelia soltó una pequeña risa.

—¿Nunca has comido comida normal?

Gael pensó un momento.

—No exactamente.

Amelia lo observó con curiosidad.

—Cada vez eres más extraño.

Gael sonrió.

—Elige tú entonces.

Amelia pidió dos platos sencillos y algo de beber.

Mientras esperaban la comida, Gael observaba el restaurante con interés.

La gente conversaba, reía y compartía comida.

Era un ambiente muy distinto al del Reino de Fuego.

—Los humanos pasan mucho tiempo comiendo —comentó Gael.

Amelia lo miró divertida.

—¿Qué tiene de raro?

—En mi casa las cenas son más… serias.

—¿Tu familia es muy estricta?

Gael apoyó el brazo en la mesa.

—Mi hermano mayor lo es.

Amelia inclinó la cabeza.

—¿Tienes muchos hermanos?

Gael asintió.

—Varios.

—Debe ser ruidoso.

Gael sonrió.

—A veces.

En ese momento el camarero llegó con la comida.

Dos platos calientes llenos de pasta.

Amelia comenzó a comer con tranquilidad.

Gael probó su comida con curiosidad.

—Esto es bueno —dijo sorprendido.

Amelia sonrió.

—Me alegra que apruebes la comida humana.

Gael soltó una pequeña risa.

Por un momento solo comieron en silencio.

Pero no era incómodo.

La luz cálida del restaurante hacía que el momento se sintiera tranquilo.

Gael observó a Amelia mientras hablaba sobre la universidad y sus estudios.

Había algo en su forma de hablar.

Algo sincero.

Natural.

No era como las personas que él conocía en su mundo.

Y sin darse cuenta, empezó a pensar algo peligroso.

Le gustaba estar allí.

Con ella.

Muy lejos de ese lugar…

En el Reino de Fuego, la noche cubría el castillo.

En una gran sala iluminada por llamas flotantes, Dante estaba sentado en su trono de piedra oscura.

Frente a él estaba Eryon.

—¿Aún no ha vuelto? —preguntó Dante.

Eryon negó con la cabeza.

—No.

Dante entrecerró los ojos.

—Cada vez pasa más tiempo fuera.

Eryon cruzó los brazos.

—Tal vez deberías preguntarle directamente.

Dante apoyó el codo en el brazo del trono.

—Lo haré.

El silencio llenó la sala unos segundos.

Luego Dante habló otra vez.

—Pero antes quiero saber la verdad.

Eryon lo miró.

—¿Qué estás pensando?

Dante respondió con calma.

—Quiero que alguien lo siga.

Eryon levantó una ceja.

—¿Espiar a tu propio hermano?

Dante no dudó.

—Si Gael está ocultando algo…

Sus ojos brillaron con intensidad.

—Quiero saber qué es.

En el mundo humano, Gael y Amelia terminaban su cena sin saber que, muy pronto, alguien comenzaría a observar cada uno de sus movimientos.

Y ese descubrimiento podría cambiarlo todo.

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