Morí… y ahora soy la esposa omega del villano.
Según la historia, debía morir.
Según yo, voy a conquistarlo primero.
El problema…
Es que el villano empezó a obsesionarse conmigo antes de lo previsto.
Y ahora no sé quién está reescribiendo a quién.
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Capítulo 6: El Villano No Sabe Coquetear
Si alguien me hubiera dicho que el mayor problema del imperio sería que el duque no sabe coquetear con sutileza, me habría reído.
Ahora no me reía tanto.
—¿Por qué estás mirándolo así? —preguntó Cassian.
Suspiré.
—Estoy leyendo un informe.
—Lo estás mirando demasiado.
Levanté la vista lentamente.
—Es papel, Cassian.
Sus ojos no cambiaron.
—Aun así.
Tuve que morderme el interior de la mejilla para no sonreír demasiado.
Estábamos en el salón privado revisando documentos comerciales. O eso intentábamos. Porque cada cinco minutos Cassian parecía recordar que existía la posibilidad de que alguien me mirara.
Incluso si ese alguien era… tinta.
—No sabía que eras competitivo con objetos inanimados.
—No lo soy.
Pausa.
—Pero no me gusta cuando te concentras tanto en algo que no soy yo.
Me quedé en silencio.
Lo miré despacio.
—Eso fue increíblemente poco sutil.
Cassian no pareció avergonzado.
—No estoy intentando ser sutil.
Oh.
Eso era nuevo.
Me levanté con calma, rodeé la mesa y me senté en el borde, justo frente a él.
—¿Qué estás intentando entonces?
Su mirada descendió ligeramente.
Evaluando.
—Entender por qué sonríes cuando lees.
—Porque me divierte.
—¿Y yo no?
Me quedé mirándolo unos segundos.
—A veces sí.
Sus ojos se afilaron.
—¿A veces?
Me incliné un poco más cerca.
—Cuando no estás intimidando muebles.
Silencio.
Y entonces, lo impensable.
Cassian soltó una risa baja.
No fuerte.
No larga.
Pero real.
Me quedé completamente inmóvil.
—¿Acabas de reírte?
Su expresión volvió a la normalidad inmediatamente.
—No.
—Lo hiciste.
—No.
—Cassian.
Me levanté dramáticamente.
—¡El imperio debe ser notificado!
Antes de que pudiera dar dos pasos, su mano atrapó mi muñeca.
Con firmeza.
Pero sin brusquedad.
—No exageres.
—Reíste.
—Fue una exhalación más fuerte de lo habitual.
—Fue adorable.
Su mirada se volvió peligrosa.
—Elian.
Sonreí.
—Sí, sí. El duque temido. Oscuro. Intimidante. Incapaz de experimentar emociones humanas básicas.
Se puso de pie lentamente.
Eso siempre era una señal.
—¿Quieres probar eso?
Oh.
Ese tono.
Retrocedí un paso.
—¿Probar qué exactamente?
Se acercó.
Paso a paso.
Yo retrocediendo.
Hasta que mi espalda chocó contra la pared.
Clásico.
Predecible.
Y aun así…
Efectivo.
Apoyó una mano junto a mi cabeza.
—Que no soy adorable.
Mi corazón dio un pequeño salto traicionero.
—Eso depende de la definición.
—Define.
—Alguien que intenta intimidar pero termina siendo… excesivamente evidente.
Silencio.
Sus ojos descendieron a mis labios.
—¿Evidente en qué?
—En que te importo.
Error.
Grave error.
Su mirada cambió.
Ya no era juego.
—Nunca he ocultado eso.
Mi respiración se volvió más lenta.
—Lo sé.
Y ahí estaba la diferencia.
En la novela original, Cassian tardaba capítulos en admitir cualquier interés.
Aquí…
Ni siquiera lo disimulaba.
—Entonces deja de actuar como si fuera un secreto —murmuré.
Su pulgar rozó mi mejilla.
—No lo es.
Y antes de que pudiera seguir provocándolo—
Golpes urgentes en la puerta.
Ambos nos separamos apenas.
Un guardia entró, visiblemente nervioso.
—Mi señor… hay un pequeño… incidente.
Cassian se tensó de inmediato.
—Habla.
—Se ha organizado un pequeño encuentro social esta noche en el ala este… y el heredero también fue invitado.
Silencio.
Oh.
Interesante.
Cassian me miró.
Yo sonreí lentamente.
—Suena divertido.
Su expresión no compartía mi entusiasmo.
—No asistirás.
—¿Por qué?
—Porque no confío en la intención del evento.
—O en la presencia del heredero.
Silencio.
Toqué su brazo suavemente.
—Cassian.
Sus ojos bajaron hacia mi mano.
—No puedes encerrarme cada vez que algo te incomoda.
—No estoy incómodo.
—Estás celoso.
Silencio absoluto.
El guardia decidió estratégicamente desaparecer.
Bien por él.
Cassian me miró largo rato.
—No me gusta la posibilidad de que alguien crea que puede competir.
—¿Competir por qué?
Su respuesta fue inmediata.
—Por ti.
Mi corazón dio un salto ridículamente feliz.
—Nadie está compitiendo.
—Eso no significa que no lo intenten.
Suspiré.
—Entonces iremos juntos.
Su ceño se frunció.
—¿Iremos?
—Claro.
Lo miré con inocencia.
—¿No querías que el imperio lo supiera?
Silencio.
Y entonces…
Una pequeña sonrisa peligrosa apareció.
—Muy bien.
Ah.
Esa sonrisa significaba que alguien más iba a sufrir.
Y probablemente no sería yo.
Esa noche, el salón del ala este estaba lleno de música suave y conversaciones elegantes.
Cuando entramos, las miradas se concentraron en nosotros.
Otra vez.
Pero esta vez no eran solo murmullos.
Era expectación.
Adrian ya estaba allí.
Cuando nos vio entrar juntos, su expresión cambió apenas.
Sutil.
Pero yo lo noté.
Cassian no soltó mi mano en ningún momento.
Ni siquiera cuando alguien intentó saludarlo.
Ni siquiera cuando una dama intentó prolongar la conversación.
Y cada vez que alguien se acercaba demasiado a mí…
Su presencia se volvía más evidente.
No agresiva.
Solo…
Inconfundible.
—¿Te estás divirtiendo? —murmuró cerca de mi oído.
—Mucho.
—¿Por qué?
—Porque estás intentando ser discreto.
—Lo estoy siendo.
—No.
Sus dedos se tensaron levemente.
—¿Tan evidente es?
Me incliné hacia él.
—Un poco.
Silencio.
—Entonces que lo sea.
Y justo cuando la atmósfera comenzaba a parecer demasiado tranquila…
Vi algo.
Un sirviente nuevo.
Moviéndose con demasiada precisión.
Demasiada atención hacia nuestra mesa.
No sonreí.
No reaccioné.
Pero algo en mi instinto se activó.
Y por primera vez desde que llegué a este mundo…
...****************...
Cassian dice que no es celoso…
pero no soltó mi mano en toda la noche.
Y ahora ese “sirviente nuevo” está actuando demasiado sospechoso.
¿Ustedes qué creen? 👀
¿Es solo paranoia de Cassian…
o alguien está a punto de intentar algo en esta fiesta?