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El Rey De Sangre Me Espera En El Pasado

El Rey De Sangre Me Espera En El Pasado

Status: En proceso
Genre:Amor en la guerra / Viaje a un mundo de fantasía / Amor-odio / Amor eterno / Viaje En El Tiempo / Amantes del rey
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Gianna Viteri (gilover28)

"En los libros de historia, Jeon Youngjae era un monstruo. En persona, es mi mayor tentación." Kang Yoona es una estudiante de historia que sabe cómo termina la vida del joven Rey Youngjae: traicionado, solo y ejecutado. Pero cuando un antiguo espejo la arrastra al año 1520, Yoona no cae en un libro de texto, sino en los brazos del hombre más peligroso de Corea. Él es un tirano que no confía en nadie; ella es una intrusa que conoce todos sus secretos y su trágico final. Para sobrevivir, Yoona deberá jugar un juego mortal: ¿Cambiará la historia para salvar al hombre que ama, aunque eso signifique borrar su propio futuro? En una era de acero y sangre, la verdad es el arma más peligrosa.

NovelToon tiene autorización de Gianna Viteri (gilover28) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Un descuido real

Mis nuevos aposentos eran, técnicamente, una jaula de oro. Tras el anuncio explosivo en el Pabellón de los Lirios, mi vida había pasado de ser la de una "curiosa asistente de cocina" a la de la mujer más vigilada de toda Corea. Las paredes de mi habitación estaban cubiertas con paneles de papel hanji finamente decorados y el suelo de madera brillaba bajo la luz de las linternas de aceite. Todo era hermoso, pero el aire se sentía viciado por la envidia que emanaba del resto del palacio.

Esa noche, el silencio era absoluto. Había despedido a las criadas que Youngjae me había asignado; no podía soportar sus miradas de juicio ni sus manos temblorosas mientras intentaban desatar los complicados nudos de mi nuevo atuendo. Necesitaba un momento para ser simplemente Yoona, no la "Concubina de Primer Rango", no la profetisa del futuro. Solo yo.

—Dios, ¿cómo se supone que una persona respira con esto? —murmuré para mis adentros, forcejeando con las cintas del jeogori, la pequeña chaqueta del hanbok.

Me encontraba de pie frente a un biombo de seda, dándole la espalda a la puerta principal, que juraba haber asegurado con el pestillo de madera. El calor de la noche era sofocante y el sudor hacía que la tela se pegara a mi piel. Con un suspiro de alivio, finalmente logré desanudar las cintas. Me despojé de la chaqueta y luego del sokjeogori, la prenda interior blanca, dejando mi torso al descubierto mientras buscaba mi ropa de dormir, una túnica de lino mucho más ligera.

Fue en ese preciso instante cuando el sonido de la puerta deslizándose sobre sus rieles cortó el silencio como un trueno.

Me quedé paralizada, con los brazos a medio camino de alcanzar la túnica de lino. El aire fresco de la noche entró en la habitación, pero lo que realmente me heló la sangre fue el sonido de unos pasos firmes y rítmicos que conocía demasiado bien.

—Yoona, he estado pensando en lo que dijiste sobre el Ministro de Guerra y…

La voz de Youngjae se detuvo en seco.

Giré la cabeza por puro instinto, olvidando por un segundo mi estado de desnudez. Youngjae estaba allí, de pie en el umbral, con una mano aún en el marco de la puerta. Llevaba una túnica informal azul oscuro, su cabello caía libremente sobre sus hombros y su rostro, que segundos antes parecía cargado de preocupaciones políticas, se transformó en una máscara de asombro absoluto.

Mis ojos se abrieron de par en par. El tiempo pareció dilatarse. Mis mejillas se encendieron con un calor que nada tenía que ver con el verano de Joseon. Solté un grito ahogado y, en lugar de cubrirme con la túnica que tenía a mano, crucé los brazos sobre mi pecho en un intento desesperado y torpe de ocultarme.

—¡Youngjae! ¡Sal de aquí! ¡Fuera! —exclamé, sintiendo que mi cara alcanzaba la temperatura del sol.

Pero el Rey de Sangre no se movió. No retrocedió ni apartó la mirada con la caballerosidad que uno esperaría de un monarca. Al contrario, su mirada, intensa y oscura como la tinta, recorrió la línea de mis hombros, la curva de mi cuello y se detuvo, con una lentitud deliberada, en la parte de mis pechos que mis brazos no lograban cubrir por completo.

Un silencio denso, cargado de una electricidad nueva y peligrosa, llenó el espacio entre nosotros.

—Te dije que no entraras sin avisar… —balbuceé, retrocediendo hasta chocar con el biombo—. ¡Es de mala educación! ¡En el futuro, esto se considera acoso!

Youngjae finalmente reaccionó, pero no como yo esperaba. En lugar de disculparse, cerró la puerta detrás de él con un movimiento pausado, sin dejar de mirarme. Una sonrisa ladeada, cargada de una arrogancia juguetona que nunca le había visto, empezó a dibujarse en sus labios.

—Esta es mi casa, Concubina Yoona —dijo, su voz bajando a un tono ronco y aterciopelado—. Y según las leyes de este palacio, no hay rincón que esté prohibido para mis ojos. Especialmente si ese rincón pertenece a mi… "favorita".

—¡No soy tu favorita! ¡Soy una historiadora que está tratando de salvarte el cuello! —grité, aunque mi voz temblaba—. ¡Date la vuelta ahora mismo!

Youngjae dio un paso hacia adelante, ignorando mis protestas. Se movía como un gato acechando a su presa, con una confianza que me hacía sentir más vulnerable que la falta de ropa.

—Dijiste que las mujeres de tu tiempo eran libres —comentó, deteniéndose a solo un par de metros—. Dijiste que no se avergonzaban de su cuerpo. ¿Acaso me mentiste, Yoona? ¿O es que el "Rey Tirano" te impone más de lo que quieres admitir?

—No me impones, me… ¡me indignas! —respondí, aunque mi corazón martilleaba tan fuerte contra mis costillas que temía que él pudiera verlo—. Es una cuestión de privacidad. Algo que parece que no entiendes en el siglo XVI.

Se acercó un paso más. El aroma a sándalo y lluvia me envolvió.

—Entiendo la belleza cuando la veo —murmuró, su mirada volviéndose suave, casi hipnótica—. En los textos que me obligaban a estudiar de niño, hablaban de diosas de jade y ninfas de los bosques. Siempre pensé que eran exageraciones de poetas borrachos. Pero ahora…

Sus ojos volvieron a encontrarse con los míos. El brillo de las linternas se reflejaba en sus pupilas, dándole un aspecto casi sobrenatural.

—Ahora creo que esos poetas se quedaron cortos. Tu piel bajo la luz de las velas parece seda prohibida.

Sentí un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío. La vergüenza seguía ahí, pero estaba siendo desplazada por una tensión romántica tan fuerte que me costaba respirar. Youngjae extendió la mano, no hacia mi pecho, sino hacia mi rostro. Con una delicadeza infinita, rozó mi mejilla con el dorso de sus dedos.

—¿Por qué tiemblas, Yoona? —susurró, inclinándose hacia mí—. Hace un momento me gritabas como si fueras mi general. Ahora pareces una pequeña ave atrapada en una tormenta.

—Tiemblo porque… porque eres un idiota arrogante —dije, aunque mi voz carecía de fuerza—. Y porque no tienes derecho a mirarme así.

—Tengo todos los derechos —replicó él, su pulgar acariciando ahora mi labio inferior—. Yo te saqué de ese jardín. Yo te di un nombre. Yo te hice mía frente a toda la corte.

—Me hiciste tu concubina para salvarme la vida, no para esto —le recordé, aunque mi cuerpo parecía traicionarme, queriendo acercarse más a su calor.

Youngjae soltó una risa baja. Sus ojos brillaron con picardía.

—Lo hice por ambas razones. Quería salvarte, sí. Pero también quería asegurarme de que nadie más tuviera el privilegio de ver lo que yo estoy viendo ahora. Eres insolente, hablas demasiado y no tienes ni idea de cómo comportarte… y sin embargo, no puedo dejar de pensar en ti desde que te vi sobre ese muro.

Se inclinó más, su rostro a milímetros del mío. Podía sentir su aliento cálido.

—Si realmente vienes del futuro —murmuró contra mi piel—, dime una cosa: ¿En el futuro, los hombres son tan pacientes como yo? Porque te aseguro que cualquier otro rey de esta dinastía ya habría perdido los estribos contigo hace mucho tiempo.

—En el futuro —respondí, mi voz apenas un susurro—, los hombres saben que "no" significa "no".

Youngjae arqueó una ceja, divertido.

—¿Y tú me has dicho que no, Yoona? Porque tus labios dicen una cosa, pero tus ojos… tus ojos me están pidiendo que no me vaya nunca.

Justo cuando pensaba que iba a besarme, que iba a romper la última barrera de mi resistencia, Youngjae retrocedió un paso. Me miró de arriba abajo una última vez, con una mezcla de deseo y respeto que me dejó descolocada. Agarró la túnica de lino que yo había dejado caer y me la tendió con una elegancia impecable.

—Cúbrete —dijo, su tono volviendo a ser el de un Rey, aunque con un matiz de ternura—. No quiero que te resfríes. Además, si me quedo un minuto más, temo que olvidaré todas mis promesas de ser un caballero.

Me puse la túnica a toda prisa, con las manos temblorosas, sin apartar la vista de él. Youngjae se dio la vuelta hacia la puerta, pero antes de salir, se detuvo.

—Por cierto —dijo, mirando por encima del hombro con una sonrisa traviesa—, ese tatuaje pequeño que tienes en el hombro… el que parece una estrella. En Joseon, dirían que es una marca de nacimiento real. Yo digo que es el mapa que me guiará hacia ti mañana por la noche.

—¡Es una constelación! ¡Y deja de mirar mi hombro! —le grité, lanzándole una almohada de seda que él atrapó con una mano mientras reía.

Salió de la habitación, cerrando la puerta con suavidad. Me desplomé sobre el colchón de seda, con el corazón todavía galopando y las mejillas ardiendo. Había viajado quinientos años al pasado para terminar siendo el objeto del deseo de un tirano que tenía más carisma que sentido común.

Pero mientras me envolvía en las sábanas, no podía dejar de pensar en la forma en que me había mirado. No era la mirada de un monstruo. Era la de un hombre que, por primera vez en su vida, había encontrado algo —o a alguien— que no podía simplemente ordenar o comprar.

—Mañana —susurré para la oscuridad—, mañana tendré que ser mucho más cuidadosa. O terminaré cambiando la historia de formas que ningún libro de texto se atrevería a imprimir.

Fuera, el viento soplaba entre los pinos del palacio, llevando consigo el eco de una rebelión que se acercaba, pero por esa noche, el único conflicto real era el que ardía dentro de mi pecho.

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Gianna Viteri
ATENCIÓN, LECTORES… 🔥

Si llegaste hasta aquí, ya sabes una cosa:
esta historia NO es un romance normal.

Aquí no hay príncipes…
hay un rey que destruye todo lo que toca.

Y Yoona…
ella sabe exactamente cómo termina su historia.
💔 Sabe cómo muere el hombre del que se está enamorando.

Ahora dime tú…
👇
¿Lo salvarías… o dejarías que el destino lo destruya?

👀 Lean con cuidado, porque lo que viene en los próximos capítulos…
no todos están listos para soportarlo.

— GIA 💞
DAISY VARGAS
jodeeerrr si siguen a si en menos de un mes estará embarazada son como conejos 🤣🤣🤣
Gianna Viteri: 👀 ¿Crees que sobrevivirá lo suficiente para eso?”
total 1 replies
María Julieta Bello Vera
espectacular capitulo, pero actualice más seguido
Gianna Viteri: Ahhh gracias 😭🖤 lo prometo… pero te advierto, lo que viene se pone MUCHO más intenso 👀🔥 ¿estás lista para lo que el rey va a hacer?”
total 1 replies
Maria Liendo
más capítulos por favor la novela es excelente
Gianna Viteri: GRACIAS 😭✨ comentarios así me motivan demasiado… y créeme, los próximos capítulos van a doler rico 💔😈”
total 1 replies
Vivi Márquez Alarcón
siguiente capítulo por favor 😭😭😭
Gianna Viteri: JAJAJA 😭 ya séee, los dejé en lo peor… pero dime:
¿tú confiarías en el rey… o ya sospechas de él? 👀🩸
total 1 replies
María Julieta Bello Vera
Autora no me deje con la intriga quiero más capitulos 🥰
Gianna Viteri: Ay nooo 😭🥺 me encanta que estés así de atrapada… pero te aviso:
esa intriga solo va a empeorar 😈🔥
total 1 replies
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