Él la conoció de casualidad en el bosque siendo cazada como un animal para ser entregada como un sacrificio para apaciguar la ira de la diosa luna. La salvó, no porque le importara sino porque le fascinaba ver el terror en aquellos que se creían superiores, los quemó bajo el poder de las llamas eternas del infierno, los oyó rogar, gritar y suplicar por piedad, pero era tarde cuando las llamas eternas tocaban la carne humana esta ardía hasta quedar hecha polvo.
Ella al verlo sintió curiosidad, miedo, curiosidad y agradecimiento. Lo siguió en un viaje sin retorno donde conoció cada cosa, experimentó qué era ser libre, qué era ser ella misma, sonreír, respirar con tranquilidad y despreocupación ante la posibilidad de ser nuevamente perseguida, ya no era una preocupación, la dejó atrás.
Pasó el tiempo y los cielos la reclamaron. La diosa se la llevó y en consecuencia se desató el caos y quienes osaron llevársela, ardieron en llamas eternas, mientras que otros vivían peor que un animal.
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Capítulo 5
EINAR
A la noche, mientras la oscuridad de la noche y la luna nos vigilaban desde lo alto del cielo. La llama del fuego de la fogata iluminaba el espacio con suficiente eficiencia para saber que no estábamos a oscuras. Kaelyn dormía en el suelo sobre mi abrigo; su respiración era tranquila y constante. Dormía a unos metros de mí, pero mi instinto de licántropo me obligaba a estar más cerca de ella, pero no podía. Sin embargo, cuando una corriente de aire golpeó hacia nosotros, ella comenzó a temblar de frío. No lo dudé más y fui hacia ella. La abracé; su cuerpo estaba temblando en mi pecho, pero pronto ese temblor cesó de a poco hasta que se calmó, respondió a mi abrazo y se acurrucó conmigo amortiguando el frío.
Su cuerpo era muy delgado; podía sentir un poco la forma de sus costillas entre mis dedos. Ella pasó dificultades que la llevaron a no poder alimentarse bien, pero conmigo no pasaría hambre y tampoco huiría desesperada por salir con vida de un lugar que la quisiera muerta.
Cerré los ojos luego de un rato; no supe cuánto tiempo estuve durmiendo, desperté al oír unos pasos. Kaelyn se despertó de golpe, me miró y simplemente nos levantamos del suelo. Tomé el abrigo, lo puse sobre sus hombros y la hice que se escondiera. Me quedé debajo de un árbol esperando a que apareciera ese alguien para atacar, pero lo único que oímos fue a un venado pasar al lado; no le importamos ni un poco. Kaelyn, suspiró aliviada, salió de donde estaba y me dio mi abrigo; lo tomé y nos fuimos de allí antes de que alguna persona nos viera. Eliminamos toda evidencia de haber estado en ese bosque.
******
En el camino, Kaelyn se detuvo; no entendía por qué y simplemente lanzó un hechizo con una fuerza letal y calculada hacia un punto específico entre los arbustos. El estallido de magia sacudió el suelo y las hojas de los árboles y arbustos; ella estaba respirando agitada, desesperada de un modo que ella esperaba que no fuera nada. Pero no era paranoia, era la realidad de que su instinto no estaba equivocado.
—Eres tú...—murmuró ella al ver que de que entre los arbustos salía una figura masculina, sonrisa ladina, ojos color ámbar, alto, musculoso, cabello rubio y corto, vestía un abrigo gris, pantalón negro ajustado, botas negras de cuero debajo de la rodilla, camisa blanca y chaleco del color del abrigo. Su mirada estaba posada en ella. En Kaelyn. Ella lo miraba con un profundo odio y asco en sus ojos zafiro.—¿Qué haces aquí maldito infeliz?—Le escupió con odio cargado en su voz.—¿No te bastó con matar a mi madre?
Él no decía nada, solamente sonreía y miraba a Kaelyn con burla y satisfacción. Entonces dio un paso al frente en dirección hacia ella, no decía nada y eso me estaba impacientando. Me puse frente a ella, poniendo mi brazo como barrera, ella estaba a un paso de atacar, pero la detuve.
—Sabes que ella era un peligro para el pueblo, además... su predicción fue cruel, desalmada y fría—. Sus palabras me hicieron dar cuenta de que ese maldito hijo de perra, no iba a parar hasta hacerla caer.
—Ella dijo la verdad, simplemente no quisieron ver la verdad y ahora... me doy cuenta de que ella no estaba equivocada. Porque al verte supongo que la predicción de mi madre se cumplió, ¿o me equivoco?—Habló Kaelyn con una frialdad que me erizó la piel, pero a la vez me gustó.
—No sabes de qué hablas,—siseó entre dientes—tu madre ha provocado un caos absoluto que no se puede controlar, además tú y ella son las culpables de todo lo que está ocurriendo en el pueblo. ¡Ustedes son las culpables!—Le gritó a señalándola de manera acusatoria. Ella levantó la mano y lo abofeteó con tanta fuerza que lo hizo caer al suelo golpeando su cuerpo contra un árbol. La miró con odio puro.
—No soy la culpable de lo que haya pasado, porque fueron sus decisiones las que los llevaron a estar en este punto. Además, no tengo miedo, porque finalmente soy libre de las ataduras que tú y ese pueblo que una vez consideré mi hogar, ahora ya no son nada para mí.—habló ella con una calma haciendo el silencio sepulcral fuera una cruda realidad de lo que él mismo había sembrado y cosechado.
—¡No eres nadie sin mí!—Gritó—¡Juraste que nunca me dejarías!—Ella se rió apenas mirándolo con incredulidad. Me apartó y fue hacia él, lo miró con un profundo odio, pero a la vez con burla.—¡Yo te amaba!
—Es verdad que juré estar siempre para ti, pero nunca lo estuviste para mí...—habló con calma reflejada en su voz, en su lenguaje corporal—Y sinceramente luego de haber estado huyendo prácticamente por todo un día o mejor dicho dos días, me doy cuenta de que mis sentimientos por ti ya no existen, murieron el día que supe que nunca más me defenderías de quienes buscaban hacerme daño y ahora vienes aquí y... simplemente te veo y pienso en que cómo pude sentir algo por ti cuando en realidad era solo una ilusión, un ideal que yo misma cree en mi mente. Sé que eso no es amor, solo un ideal sin más.
Se veía tan patético y triste.
—No te creo—murmuró en voz baja, desvió la mirada hacia el suelo. Incrédulo de las palabras de Kaelyn—, ¡NO!—Gritó. Su grito hizo que las aves del bosque se fueran huyendo del alboroto—. ¡NO me MIENTAS!—Kaelyn negó con la cabeza mirándolo simplemente. Luego de unos minutos ese maldito se dejó caer en el suelo de rodillas, él simplemente no pudo más y comenzó a llorar. Miró a Kaelyn, quien se mostraba neutra y tranquila ante la situación.
Kaelyn, fue hacia él, lo miró y dijo:
—¿Ah, sí?—dijo ella dirigiéndose en dirección hacia a mí, me tomó de las solapas de mi abrigo—Entonces presta atención a esto—, me atrajo hacia ella, clavó sus labios sobre los míos en un profundo beso que no dudé corresponder. Sus labios eran tan suaves y perfectos, encajaban a la perfección con los míos y viceversa. Rompimos el beso observando la cara de indignación que venía con una mezcla de odio y de resignación en él.
Kaelyn me soltó y miró al tipo aun en el suelo.
—¿Te quedó claro que no soy de tu propiedad? Soy una mujer libre y sin ataduras. Ahora... desaparece—. Dijo poniendo una mano al frente usando su magia para hacerlo desaparecer. Se desvaneció con el viento sin dejar rastro.
—¿Lo eliminaste de la existencia?—Le pregunté. Ella suspiró.
—Lo envié a donde pertenece, no volverá nunca...
Nos fuimos sin hablar del beso que nos dimos, ninguno mencionó nada, pero eso me molestaba que ella no hablara, pero era un tema que luego retomaríamos, teníamos que llegar a Ciudad Selene antes de la luna menguante.