Amira es la única hija del Archiduque Vahva, y como toda chica de su edad, su mayor deseo es casarse y tener hijos, ser una buena esposa y una excelente madre, pero su deseo tiene un gran obstáculo y es ese es su reputación y es que desde los 6 años se ha ganado el nombre de la “muerte coral”, debido a su color de cabello, y a que desde edad Amira ya era tan letal como su padre, un hombre que mataba a sus enemigos sin miramientos.
Amira, criada por su padre para tomar su lugar, era una de las mejores, por no decir la mejor, de todo el imperio de Ópalo, llevando con orgullo el nombre de su familia y acabando con aquellos que amenazaban al imperio y a sus habitantes sin contemplación.
A pesar de sentirse feliz con ser la sucesora de su padre, Amira deseaba formar una familia, pero los hombres huían de ella como si se llevara la peste, pero a pesar de eso Amira no pensaba rendirse hasta encontrar el verdadero amor, lo que Amira no sabe, es que ese amor está más cerca de lo que cree.
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Capítulo 6
Ya veo, así que de eso se trata – le dice Bathilda a Amira, cuando esta le da un breve resumen de lo que sucedió esa mañana durante el entrenamiento – mi hermosa y bella nieta, el amor no puede forzarse de ninguna manera, este llega de maneras que uno nunca se esperaría y casi nunca llega cuando lo deseas, es ese rasgo impredecible, lo que lo hace parecer escurridizo para algunas personas, pero no es así, el amor es sabio y sabe cual es el mejor momento para hacer acto de presencia en la vida de alguien, si lo sigues forzando, cuando este llegue a tu vida, probablemente no lo notes, por estar concentrada en algo más, debes dejar las cosas fluir de manera natural - le aconseja Bathilda a su nieta.
- Pero se esta tardando demasiado – se queja Amira.
- Eso no es del todo cierto, tu aun eres muy joven, pero eso si, eres una jovencita muy impaciente, en eso te pareces a tu madre – le dice la mujer a su nieta, mientras acaricia el rostro de Amira.
El comentario de su abuela hizo sonreír a Amira, ya que a la joven le gustaba cuando le decían que se parecía a su madre en algún aspecto aparte de su fisco, y es que al haber sido criada solo por su padre, Amira actuaba muy parecido a él, y eran muy pocos los rasgos de su personalidad que había heredado de su madre.
- Intentare ser más paciente o pero no prometo nada – le dice Amira a su abuela, a lo que la mujer solo puede negar con la cabeza ante la respuesta de su nieta.
- Eres imposible – le dice la mujer a lo que Amira solo se encoje de hombros.
Nieta y abuela estuvieron hablando durante otro rato, y tras despedirse de su abuela Amira decidió que necesitaba hablar con alguien más, así que se dirigió hacia los establos para pedir que preparan su caballo, y aprovechando que iría allí, pasaría a ver a su abuelo.
Amira llego a los establos, y como si de un dejavu se tratara se encontró a su abuelo sentado en una silla, igual a como había encontrado a su abuela hace un rato, pero a diferencia de su esposa, Gerardo no parecía lucir molesto, al contrario, lucia muy animado dándole instrucciones a un jovencito, quien peinaba a uno de los caballos siguiendo las instrucciones del hombre mayor.
Gerardo siempre tuvo pasión por los caballos, por lo que entrar a trabajar para el archiduque fue como un sueño hecho realidad para él, tantos caballos pura sangre que ver y cuidar, era un deseo hecho realidad, y ahora que ya era mayor y no podía hacer lo mismo que antes, disfrutaba de pasar sus conocimientos a los más jóvenes.
- ¿Tu nuevo aprendiz? – le pregunto Amira a su abuelo.
- Mi hermosa nietecita, es bueno verte – le dice Gerardo a Amira y sin dudarlo va hacia ella para abrazarla – si el es mi nuevo alumno, y debo decirte que tiene gran potencial – le dice Gerardo a su nieta, a lo que el jovencito se sonroja al ser alabado por el abuelo de la señorita Vahva frente a esta, y tras saludar con una reverencia a Amira, continuo con su trabajo – y ¿qué trae a la jovencita más hermosa hasta aquí? – le pregunto Gerardo a su nieta.
- Vine por mi caballo, ya que pienso salir, y aproveche para venir a ver a mi abuelito querido – le dice la joven a Gerardo mientras aun esta entre sus brazos.
Amira tenia una hermosa yegua exclusiva para su uso, la cual había sido un regalo de su abuelo paterno cuando ella cumplió 19 años, este era un hermoso ejemplar de color negro con una mancha blanca en la frente en forma de gota, y justo su nombre venia de esa marca en su frente, ya que el animal se llamaba lluvia.
- En ese caso, hay que preparar a ese caballo para ti, y yo personalmente me encargare de eso, estaré viejo, pero aun hay muchas cosas que puedo hacer – le dice Gerardo a su nieta y se encamina hasta donde esta el caballo de la joven, Amira sin perder tiempo le hace señas al joven aprendiz, quien de inmediato se adelanta para ayudar a su maestro y evitar que este se sobre esfuerce.
Aun con las protestas de Gerardo, su joven aprendiz hizo casi todo el trabajo, y una vez el caballo estuvo ensillado y listo, Amira lo monto con gran agilidad y tras despedirse de su amado abuelo, partió rumbo al palacio imperial, necesitaba hablar con su amigo.
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Amira llego a la entrada del palacio imperial en donde le dieron acceso de inmediato, y sin problema alguno se interno en el gran complejo, el palacio imperial era en realidad un conjunto de varios palacios de distintos tamaños, así como de otro tipo de edificaciones con distintos fines, conectadas entre ellas por laberinticos y hermosos jardines y rodeados por una gran muralla que estaba fuertemente vigilada las 24 horas del día, e incluso por dentro, el complejo que era el palacio imperial estaba fuertemente custodiado, en conclusión, era una hermosa fortaleza.
Sin dudarlo, Amira se dirigió a los establos del palacio en donde dejo encargado a su querida yegua, y continuo su camino a pie hasta el palacio del príncipe heredero.
A pesar de que cualquier persona ajena al palacio se perdería dentro de este, Amira no era ajena a el y sabia exactamente a donde tenia que ir, por lo que camino con rumbo seguro hasta donde su amigo se encontraba, si bien hablar con su abuela la había ayudado, aun sentía la necesidad de hablar con Oliver, y que este la aconsejara.