Nina reencarna en un mundo mágico con una nueva oportunidad para ser feliz.
*Esta novela es parte de un gran mundo mágico, te invitamos a leer el resto de las historias*
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Cumpleaños 2
Mientras todos bailaban y brindaban por el cumpleaños del duque, Roland y Nina se apartaron hacia una mesa lateral para tomar un poco de jugo fresco. Era un espacio tranquilo, lejos de la multitud, pero lo suficientemente visible para que todo noble curioso pudiera observarlos… y eso incluía a Eliah Ravenswood.
Nina, relajada, sostenía su copa mientras miraba hacia el salón.
Nina: Ese grupo de allá parece muy interesado en nosotros…
Roland esbozó una sonrisa leve, una de esas que apenas levantaban la comisura de su labio.
Roland: Están chismeando. Los nobles viven de eso.
Nina: Pues, qué coincidencia… nosotros también.
Roland soltó una risa suave, sorprendido por la espontaneidad de Nina.
Roland: Admito que me agrada esta versión suya, Lady Nina.
Nina: Yo también la prefiero.
Continuaron conversando de forma relajada. Roland, a diferencia de muchos nobles, era directo, sencillo, y tenía una forma tranquila de hablar que hacía fácil confiar en él.
Nina: ¿Cuántos años tiene, capitán?
Roland: Veintiséis.
Nina abrió los ojos con interés.
Nina: Entonces me lleva ocho. Pensé que era mayor solo por su porte.
Roland: ¿Mayor? Supongo que nací con cara de responsabilidad.
Nina rió también, cubriéndose la boca con elegancia.
A medida que conversaban, él le contó más de sí mismo..
Roland: Mi familia ha servido al reino de Mercia por generaciones. Todos militares. Mi padre aún entrena cadetes. Y mis dos hermanas son oficiales.
Nina: Suena… impresionante.
Roland inclinó la cabeza, humilde.
Roland: Suena exigente. Pero estoy orgulloso de ellos.
Mientras hablaban, Roland le señalaba discretamente parejas incómodas, alianzas sospechosas, compromisos arreglados, y nobles con más dinero que educación.
Nina se divertía tanto, que por primera vez en una fiesta, no se sentía un adorno tímido.
Era como si todo fuera nuevo, brillante, emocionante.
Pero no todos estaban felices.
Desde el otro lado del salón, Eliah no dejaba de mirar a la pareja. Su copa estaba a medio camino entre la mesa y sus labios, olvidada, mientras su ceño se fruncía lentamente.
Eliah: Nevin… ¿estás seguro de que es prudente que Nina pase tanto tiempo con el capitán Hale?
Nevin, distraído organizando a los invitados, no alcanzó a notar la irritación en su tono.
Nevin: ¿Prudente? Roland es un hombre respetable. ¿A qué te refieres?
Eliah bajó la voz, pero su tono tenía un filo casi imperceptible.
Eliah: Es un militar de rango alto… con una formación rígida. Quizás no sea la mejor compañía para alguien tan… delicada.
Nevin lo miró, y esta vez comprendió perfectamente la intención detrás de sus palabras.
Nevin: Eliah, investigué al capitán Hale personalmente.
Nevin dio un sorbo tranquilo a su vino.
Nevin: Su familia es honorable. Su historial es impecable. Y su comportamiento, intachable.
Eliah apretó la copa con más fuerza.
Nevin agregó, mirando directamente a su amigo..
Nevin: Nina no es una niña. Y Roland es un buen hombre. Si ella disfruta su compañía, eso es todo lo que importa.
La mandíbula de Eliah se tensó.
Era evidente.. no estaba acostumbrado a ver a Nina cambiar.
No estaba acostumbrado a verla brillar sin él.
Y definitivamente… no estaba acostumbrado a verla reír con otro hombre.
Mientras tanto, Nina y Roland continuaban conversando, ajenos al remolino emocional que se formaba lejos de ellos.
Nina: Me alegra haber venido hoy.
Roland: Y me alegra haberla visto sonreír.
Él lo dijo con simplicidad. Sin doble sentido. Sin intención oculta.
La fiesta seguía avanzando con música suave, luces cálidas y nobles moviéndose de un grupo a otro. Nina y Roland aún estaban conversando cuando la orquesta cambió el ritmo.
La melodía que comenzó era lenta, profunda, perfecta para un baile íntimo.
Roland volvió la cabeza hacia la pista y luego hacia Nina. Sus ojos, siempre serenos, parecieron endurecerse un instante cuando vio a Eliah Ravenswood cruzar el salón, observándolos con una expresión oscura.
Roland: Lady Nina… él la mira demasiado.
Nina parpadeó, confundida.
Nina: ¿Él…?
Roland: Eliah Ravenswood.
Hizo un leve gesto con la barbilla hacia el noble.
Roland: No ha dejado de observarla desde que entré al salón.
Nina respiró hondo. En otra vida, esa información la habría trastornado. Ahora… solo le producía un cansancio leve.
Nina: Que mire lo que quiera. No me afecta.
Roland la analizó un segundo.
Ese desapego no era común en una noble joven.
Era maduro.
Era fuerte.
Y él lo notó.
Las primeras parejas ya estaban en la pista. Roland dio un paso al frente y extendió su mano hacia ella con una formalidad impecable.
Roland: ¿Me concede este baile lento?
Nina sonrió, sin nervios por primera vez.
Nina: Claro que sí.
Él la condujo con suavidad. Su mano era firme pero educada, sin invadir, sin reclamar más de lo que debía. Y cuando la tomó por la cintura, Nina sintió una calidez inesperada… tranquila.
Mientras se movían al compás, Roland bajó un poco la voz.
Roland: Escuché algunos rumores antes de venir… sobre usted.
Nina levantó la vista, curiosa.
Roland: Decían que estaba interesada en Lord Eliah. Desde hace años.
Nina sintió un eco de tristeza antigua, pero no dolor.
Nina: Antes… quizá.
Hizo una pausa suave, sin drama.
Nina: Pero ya no.
Roland no esperaba esa sinceridad.
La observó con más atención, con una intensidad nueva… distinta.
Sus ojos grises parecieron buscar algo en la expresión de ella, como si intentara descifrar el origen de su cambio.
Roland: Entiendo…
Su voz sonó más baja.
Roland: Entonces… su mirada es distinta ahora. Más libre.
Nina: Es que ahora lo soy.
Roland guardó silencio unos segundos.
No apartó la mirada.
No la evitó.
No la trató como a una niña.
La veía como a una mujer.
Una con historia.
Una que había cambiado.
Y Nina no lo notó.
No se dio cuenta de que, mientras giraban, la expresión del capitán se suavizaba, se volvía más atenta… más interesada.
Lo que sí notó fue el ceño fruncido de Eliah desde el otro extremo del salón, como si su paciencia estuviera al límite.
Pero Roland la atrajo un poco más.. siempre manteniendo la distancia adecuada..
Roland: No deje que otros decidan su valor, Lady Nina. Nadie lo merece.
La melodía terminó.
Pero algo había comenzado.
Algo que Nina aún no sospechaba.
Pero Roland sí. Y Eliah… también.
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