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Me Casé Con La Hija De Un Millonario

Me Casé Con La Hija De Un Millonario

Status: Terminada
Genre:Dominación / Equilibrio De Poder / Venderse para pagar una deuda / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabrielcandelario

Sin spoiled

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Capitulo 13

Entré en la mansión cuando los primeros rayos del sol golpeaban los ventanales, transformando el cristal en una pared de fuego blanco. El silencio en "La Atalaya" era distinto esa mañana; no era el silencio de la paz, sino el de un vacío de poder que aún no ha sido reclamado. Los sirvientes se movían con la cautela de quien presiente que el amo ha muerto antes de que se dé la noticia oficial.

Subí directamente a los aposentos de Maximilian. El médico de la familia, un hombre que había sido comprado hace décadas con acciones y promesas, ya estaba allí, confirmando lo que yo ya sabía.

—Fallo cardíaco masivo, Julian. El implante simplemente... se detuvo —dijo el médico, cerrando su maletín con un clic que sonó a sentencia—. Un hombre de su edad, con su estrés... era de esperar.

—Una tragedia, doctor —respondí, manteniendo mi rostro en una máscara de aflicción perfecta.

Pero la tragedia no duró mucho. A las diez de la mañana, mientras el cuerpo de Maximilian era retirado con una discreción quirúrgica, tres berlinas negras blindadas cruzaron la verja principal. No traían flores ni parientes lejanos. Traían el escudo del Ministerio del Interior.

El "Monarca de las Sombras" había muerto, y los buitres del Estado venían a reclamar los restos antes de que el cadáver se enfriara.

Me reuní con ellos en el gran salón. El hombre al mando se presentó como el Inspector Valerius. Era un tipo seco, de unos cincuenta años, con un traje gris que no intentaba ser caro y una mirada que parecía capaz de pelar la pintura de las paredes. No era un político que se dejara impresionar por el mármol; era un perro de presa del sistema.

—Sr. Vane —dijo Valerius, sentándose sin esperar invitación—. La muerte de Maximilian Vesper-Zandrón ha activado protocolos de seguridad nacional que usted difícilmente puede imaginar. "La Médula" ha registrado una anomalía de acceso hace cuatro horas. Una anomalía vinculada a sus credenciales.

—Soy el administrador designado, Inspector —dije, sirviéndome un café con mano firme—. Es natural que el sistema registre mi actividad en medio de una crisis cardíaca del titular.

—Lo que no es natural es que el testamento digital de Maximilian, depositado en nuestros servidores de seguridad, haya sido sobrescrito hace cuarenta y ocho horas —Valerius se inclinó hacia delante, dejando una carpeta sobre la mesa—. Mi trabajo es asegurar que el flujo de datos del país no caiga en manos... impredecibles. Y usted, Sr. Vane, es un enigma. Oxford no tiene registros físicos de su graduación, solo digitales. Es como si usted hubiera nacido hace seis meses en una base de datos.

El sudor frío amenazó con romper mi máscara. Valerius era bueno. Muy bueno. Había ido directo al talón de Aquiles que Araxie creía haber blindado.

—Las auditorías gubernamentales suelen ser tediosas, Inspector —respondí, apoyando la taza—. Pero entiendo su preocupación. Sin embargo, me temo que su jurisdicción termina donde empieza la "Cláusula de Continuidad" que Maximilian firmó con su predecesor.

—Esa cláusula protege a la familia, no a un asistente que ha escalado demasiado rápido. ¿Dónde está la señorita Araxie? Nadie la ha visto desde anoche.

—Araxie está... indispuesta. El golpe de perder a su padre ha sido devastador. Se encuentra en una clínica privada bajo sedación —mentí. En realidad, Araxie seguía probablemente gritando en los túneles o buscando una salida entre las ratas de la ciudad.

Valerius sonrió. Fue una sonrisa carente de humor. —Vamos a hacer esto de la manera difícil, entonces. Traigo una orden de intervención total. Mis técnicos van a entrar en "La Médula" ahora mismo. Si encontramos una sola línea de código que sugiera juego sucio, usted pasará el resto de sus días en una celda donde la luz del sol será un vago recuerdo.

—Adelante, Inspector. Acompáñeme.

Los llevé al centro de control de la planta alta, no al búnker secreto. Sabía que los técnicos de Valerius eran expertos, pero yo ahora tenía algo que ellos no: el control total de la interfaz orgánica. Mientras caminábamos, saqué mi teléfono y envié un comando silencioso a través de la red neuronal que ahora respondía a mis impulsos.

Protocolo "Cortina de Humo". Activar.

Entramos en la sala de pantallas. Los técnicos de Valerius se conectaron a los terminales. Yo observaba desde la esquina, con el corazón martilleando. Si Maximilian había dejado una trampa oculta para un sucesor no legítimo, este era el momento en que saltaría.

—Señor, estamos dentro —dijo uno de los técnicos—. Accediendo a los registros de la noche... Un momento. Hay un archivo corrupto en el nodo de salud del Sr. Vesper-Zandrón.

Valerius me miró como un lobo mira a un ciervo herido. —Explíquese —exigió el inspector.

—Parece un ataque externo, señor —continuó el técnico, tecleando furiosamente—. Un rastro de IP... viene de los muelles. Sector 7. Hay registros de comunicaciones previas entre el terminal del difunto y un tal... "Don Manuel".

Me quedé helado. No había sido yo. Había sido el sistema. "La Médula" estaba protegiendo a su nuevo administrador de la manera más retorcida posible: incriminando a mi antiguo jefe. El sistema había detectado mis conexiones pasadas y las estaba usando como chivo expiatorio para limpiar mi presente.

—¿Don Manuel? —Valerius se giró hacia mí—. ¿Le suena ese nombre, Sr. Vane?

—He oído que es un elemento criminal menor en la zona portuaria —respondí, recuperando el aliento—. ¿Sugiere que Maximilian estaba siendo chantajeado por un mafioso de barrio?

—Sugiero que alguien usó a ese mafioso para cubrir sus huellas —dijo Valerius, acercándose a mí hasta que pude oler el tabaco rancio en su aliento—. Usted cree que ha ganado, Vane. Cree que porque tiene la llave del servidor, tiene el poder. Pero el Estado es un monstruo mucho más grande que "La Médula".

En ese instante, todas las pantallas de la sala se volvieron negras. Un solo mensaje apareció en letras blancas:

"ARCHIVO 0: LA LISTA NEGRA DEL MINISTERIO"

Empezaron a desfilar nombres. Senadores, jueces, incluso el nombre del Director General del Ministerio del Interior. Al lado de cada nombre, una cifra, una fecha y un pecado: sobornos, amantes, desfalcos, asesinatos encubiertos. Era la póliza de seguro de Maximilian. Él no solo vigilaba al país; lo tenía secuestrado.

El técnico de Valerius apartó las manos del teclado como si quemara. Valerius se quedó pálido, viendo cómo su propia carrera y la de sus superiores pendían de un hilo de datos que yo ahora controlaba.

—Inspector —dije, bajando la voz para que solo él me oyera—, "La Médula" es un organismo vivo. Si ustedes intentan extirparme, el organismo soltará todo este veneno a la prensa internacional en cinco minutos. La auditoría puede terminar aquí con una conclusión simple: Maximilian murió por causas naturales y Julian Vane es el sucesor legítimo que garantiza que estos nombres sigan en la oscuridad.

Valerius me miró con un odio que superaba cualquier cosa que hubiera visto en los muelles. Pero también vi la derrota. El sistema al que él servía era tan corrupto como la familia que lo alimentaba.

—Usted es un cáncer, Vane —susurró Valerius.

—No, Inspector. Soy la quimioterapia. Duele, es sucia, pero es lo único que mantiene al paciente vivo —me ajusté la chaqueta de Julian Vane—. Dígale a sus jefes que el servicio continúa. No habrá cambios en los pagos ni en la vigilancia. Solo ha cambiado el nombre en el contrato.

Valerius hizo una señal a sus hombres. Recogieron sus equipos en un silencio sepulcral. Antes de salir, el inspector se detuvo en la puerta.

—Maximilian era un monstruo, pero era nuestro monstruo. Usted... usted es algo que no comprendemos. No crea que esto ha terminado. Estaremos mirando.

—Eso espero, Inspector. Me sentiría muy solo si nadie me vigilara.

Las berlinas negras abandonaron la propiedad diez minutos después. Me quedé solo en la sala de control, viendo cómo las pantallas volvían a su estado normal. Había derrotado al Estado, pero al hacerlo, me había convertido en el carcelero de sus secretos.

Me senté en la silla que solía ocupar Maximilian. El peso de la mansión parecía recaer sobre mis hombros. Había sobrevivido a la auditoría, pero sabía que Araxie seguía fuera, y que Manuel no tardaría en ver su nombre en las noticias.

Toqué la pantalla y busqué la cámara del túnel de acceso. Estaba vacía. Araxie se había ido. El juego ya no era entre un padre y una hija; era entre una mujer herida que lo sabía todo y un hombre que lo tenía todo pero que no pertenecía a ninguna parte.

Miré mis manos. Ya no había rastro de aceite de motor, pero el frío del sótano seguía en mis huesos. Me casé con la hija del millonario para escapar de la miseria, y terminé heredando el infierno.

1
Sandra Salvador
historia interesante y cautivadora
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