NovelToon NovelToon
Lo Nuestro No Estaba Permitido

Lo Nuestro No Estaba Permitido

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Forzada a un matrimonio por conveniencia, Keyla encuentra en un amor prohibido y con el, la fuerza para romper las cadenas de una vida de mentira.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La tragedia.

La noche del accidente cayó como una maldición anunciada.

Keyla jamás imaginó que una simple llamada cambiaría su vida para siempre. Había salido de la empresa un momento, para encontrarse con Darío, el quería entregarle un pequeño detalle para el bebé, después regreso a la empresa, agotada, con los pies hinchados y una presión en el pecho que no lograba explicar. Su embarazo ya estaba en la recta final y cada paso le costaba más, pero aun así había decidido quedarse hasta terminar unos informes. Andrés insistía en que debía demostrar compromiso, que ahora más que nunca necesitaban verse fuertes ante todos.

—Unos minutos más, Keyla —se dijo a si misma. Pues Andrés le había pedido que se quede terminando unos informes porque los necesitaba con urgencia, para el día siguiente a primera hora. Andrés se marchó temprano porque debía reunirse con unos inversionistas.

Ella asintió, como siempre. Había aprendido a obedecer incluso cuando algo dentro de ella gritaba que estaba mal.

Cuando salió del edificio, la lluvia comenzaba a caer. Fue entonces cuando su teléfono vibró.

—¿Keyla? —la voz de Andrés sonaba alterada—. ¿Dónde estás?

—Saliendo de la oficina… ¿qué pasa?

Hubo un silencio tenso.

—Darío tuvo un accidente.

El mundo se detuvo.

—¿Qué? ¿Cómo…?

—Está grave. Dicen que alguien lo empujó en el estacionamiento del hotel donde trabaja y están revisando las cámaras de seguridad… y tú estabas ahí hace unas horas.

El teléfono casi se le cae de las manos.

—Andrés, yo no… yo no le haría daño jamás.

—Eso lo veremos —respondió él, frío—. La policía ya está preguntando por ti.

El hospital olía a desinfectante y a tragedia.

Darío yacía inconsciente, conectado a múltiples máquinas. Su cuerpo inmóvil era la prueba de que algo terrible había ocurrido. Andrés estaba ahí, impecable como siempre, con el rostro deprimido, sosteniendo la mano de Darío tratando de verse descompuesto.

—Yo llegué y ya estaba así —decía a los médicos—. Solo escuché un golpe fuerte… y vi a mi esposa salir corriendo.

Keyla lo miró, horrorizada.

—¡Eso es mentira! —exclamó—. Andrés, ¿cómo puedes decir eso?

Él giró lentamente, la observó con una mezcla de lástima y superioridad.

—Keyla, basta. No empeores las cosas.

Ulises, quien había ido al enterarse de la noticia, la miraba como si no la reconociera. Sus ojos, antes llenos de amor, ahora estaban cargados de desprecio.

—Siempre quise creer en ti —dijo él—. Pero esto… esto lo explica todo. Tus celos, tu ambición, tu obsesión con tenerlo todo.

—¡No soy así! —gritó Keyla, rompiéndose por dentro—. Darío era mi amigo.

—¿Amigo? —intervino Katia, fingiendo sorpresa—. Qué curioso, porque él me dijo que tú estabas desesperada por llamar su atención. Que no soportabas que Andrés tuviera a alguien más.

Keyla la miró, entendiendo por fin la magnitud de la traición.

—Tú… tú hiciste esto.

Katia sonrió apenas, una sonrisa venenosa.

—Cuida tus palabras, querida. Estás muy cerca de perderlo todo.

Las cámaras de seguridad “misteriosamente” mostraban a una mujer embarazada, con el físico de Keyla cerca del lugar del accidente. El ángulo era confuso, pero suficiente para sembrar dudas. Andrés se encargó de reforzarlas.

—Ella estaba alterada —decía a la policía—. El embarazo la ha vuelto inestable. Yo intenté ayudarla, pero no quiso escucharme.

Cada palabra era una estocada.

Ulises no volvió a mirarla.

—Aléjate de mí —le dijo cuando ella intentó explicarse—. No quiero verte nunca más.

Eso fue peor que cualquier golpe.

Joel, en cambio, observaba en silencio.

No conocía demasiado a Keyla, pero algo no cuadraba. Había visto ambición en muchas personas, pero no crueldad en ella. No violencia. Y menos en una mujer a punto de dar a luz.

—Las cámaras —murmuró—. Hay algo raro ahí.

Comenzó a investigar por su cuenta, revisando horarios, testigos, entradas y salidas. Descubrió inconsistencias. Un guardia que cambió su declaración. Un registro alterado. Demasiadas casualidades.

—Esto fue planeado —le dijo a Darío auna noche, aunque él no podía oírlo—. Y Keyla no es la culpable.

Pero buscar la verdad tenía un precio.

Una noche, cuando Joel salía del archivo del hospital con copias de unos documentos, un auto apareció de la nada. El golpe fue seco, brutal. Su cuerpo salió despedido varios metros.

No murió.

Pero quedó gravemente herido.

—¿Ves lo que provocas? —le gritó Ulises a Keyla al enterarse—. Ahora Joel también está en el hospital. ¿Cuántas personas más van a caer por tu culpa?

Ella lloraba en silencio, abrazando su vientre.

—No fui yo… te lo juro.

—Ya no te creo nada.

Katia y Andrés celebraban en privado.

—Salió perfecto —dijo ella, sirviéndose una copa—. Mejor de lo que imaginamos.

—Keyla está destruida —respondió Andrés, satisfecho—. Exactamente donde la quería.

—¿Y Darío?

—Vivo, pero débil. No hablará pronto.

Katia lo miró con picardía.

—¿Y ahora qué harás con tu esposa?

Andrés sonrió, una sonrisa oscura.

—Ahora es mía. Más que nunca.

Keyla comenzó a depender de él sin darse cuenta.

—Sin mí no tienes a nadie —le repetía Andrés—. Ulises te odia. Todos creen que eres una ambiciosa sin escrúpulos. Yo soy el único que se queda.

—No soy eso —susurraba ella.

—Lo eres —respondía él—. Y aun así te acepto.

Con el tiempo, Andrés empezó a mirarla distinto. Ya no solo como una pieza más de su juego. Había deseo. Un deseo retorcido, alimentado por el rechazo de ella.

—Me perteneces —le dijo una noche—. Y eso me excita.

Keyla se estremeció.

El parto comenzó en medio del caos.

Sola. Asustada. Rota.

Andrés llegó tarde al hospital, molesto más que preocupado.

—¿Es niño o niña? —preguntó sin emoción.

—Niño —respondió la enfermera.

Cuando lo pusieron en brazos de Keyla, algo dentro de ella sanó un poco.

—Mateo —susurró—. Te llamarás Mateo. Porque eres un milagro.

Andrés firmó los papeles. Le dio su apellido. Pero no lo sostuvo.

—Hazte cargo —dijo—. No me interesan los niños.

Keyla lo miró con lágrimas, abrazando a su hijo.

Sabía que había tocado fondo.

Pero también que, algún día, la verdad saldría a la luz.

Y cuando eso ocurriera, todos pagarían el precio.

1
Alicia Lagos
genial
Alicia Lagos
linda novela no tardes tanto en subir más capítulos porfa
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play