Olivia Grimaldi lo tiene todo… excepto libertad.
Heredera de una de las familias más poderosas de Estados Unidos, su vida está cuidadosamente diseñada: un matrimonio arreglado, una imagen perfecta y un futuro donde el amor no tiene lugar. Hasta que una noche decide romper una sola regla… y conoce a Alexander Rozanov.
Rico, influyente y peligrosamente seguro de sí mismo, Alex no cree en límites ni en promesas. No persigue mujeres comprometidas, no se involucra y no repite errores.
Hasta que Olivia se convierte en su excepción.
Lo que comienza como una chispa prohibida se transforma en un juego de deseo, poder y control, donde cada encuentro los empuja más cerca de una línea que no deberían cruzar… y que, en el fondo, ambos desean romper.
Porque él no quiere salvarla.
Quiere que sea ella quien elija caer.
NovelToon tiene autorización de Lilith James para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 23
Olivia
Estoy desnuda bajo las sábanas y no me siento expuesta. La habitación todavía guarda el calor de lo comenzó en la ducha y terminamos aquí. Mi piel está sensible, despierta, como si cada terminación nerviosa hubiera aprendido un idioma nuevo hoy.
Estoy abrazada a Alex. Mi pierna enredada con la suya y su pecho firme bajo mi mejilla. Su respiración ya no es agitada, pero tampoco del todo tranquila. Su dedo índice dibuja caminos distraídos sobre mi hombro… baja por mi brazo y vuelve a subir. Como si estuviera estudiándome distraído.
—Vas a desgastarme la piel si sigues así— Le digo.
—Estoy memorizando el terreno— Responde con esa voz grave que me pone la piel de punta. —Para futuras exploraciones.
Ruedo los ojos, aunque sonrío.
—Qué romántico.
—Soy un poeta incomprendido.
Su dedo baja por mi costado y mi respiración traiciona el efecto que tiene en mí.
—Tu definición de poesía es cuestionable.
—Mi definición de muchas cosas es cuestionable.
Levanto la cabeza para mirarlo.
Está boca arriba, mirando el techo, con una expresión tranquila. Su cabello está revuelto y sus labios ligeramente hinchados y la marca en su clavícula…Mi marca.
Dios.
Me acomodo mejor contra él. Por alguna razon me siento demasiado cómoda y en paz. Y ahí está el problema. Porque no debería sentirme así.
Su dedo vuelve a moverse. Baja por mi abdomen trazando una línea peligrosa.
Mi cuerpo responde antes de que mi cabeza pueda protestar.
—Rozanov…—Le digo, mitad advertencia y mitad súplica.
—¿Mm?
Su mano sigue bajando.
—Tenemos que detener esto antes de que se nos salga de las manos.
—¿Qué cosa?— Dice deslizando su mano más abajo. —¿Esto?
Lo detengo antes de que avance más, atrapando su muñeca.
—Hablo en serio, Rozanov. No podemos seguir haciendo esto. Voy a casarme. Si alguien llega a enterarse, mis padres me matarán.
Él se mueve. Se recuesta de lado, apoyando su peso en un brazo para mirarme bien. Su expresión cambia apenas sin desaparecer la intensidad con la que suele observarme.
—Si ese es el problema— Dice al fin. —Entonces cancela la boda. Porque sé que no estás enamorada del muñeco de feria.
Resoplo.
—No lo llames así.
—Es lo que parece.
—No es fácil. No puedo hacer eso.
Me suelto de su agarre y me siento un poco más erguida, recogiendo la sábana contra mi pecho, como si ahora sí necesitara una barrera.
—No entiendes.
—Explícame.
—No funciona así.
Él entrecierra los ojos.
—Siempre funciona así o quieres algo o no lo quieres.
Niego con la cabeza.
—No todo el mundo puede darse el lujo de decidir solo por lo que quiere.
Mi voz suena más fría de lo que pretendía. Porque si la dejo temblar… si dejo que se note el miedo… entonces no tengo idea de como pueda explicarlo.
—Es un acuerdo— Continúo. —Una alianza por la familia y el negocio.
—Una jaula.
—No dramatices.
Él se inclina un poco más hacia mí.
—No estoy dramatizando. Te estoy mirando y diciendo la verdad.
Siento el golpe de esa frase en el pecho.
—Y veo a alguien que se siente libre solo cuando nadie la está mirando.
Me quedo quieta.
—No sabes nada de mí.
—Sé lo suficiente.
—No— Volvemos a lo mismo. —Esto— Digo señalando entre nosotros. —Es una distracción. Un error. Algo que no debe seguir ocurriendo.
Él sonríe apenas.
—¿Un error que repetiste ya varias veces?
Le lanzo una mirada fulminante.
—No seas arrogante.
—No lo soy. Solo estoy señalando que si fue un error… fue bastante entusiasta.
Le pego en el pecho con la mano.
—Eres insoportable.
Él atrapa mi muñeca antes de que la retire.
—Olivia.
Mi nombre suena distinto cuando lo dice así.
—No te estoy pidiendo que me elijas ahora. Pero no me digas que esto no significa nada.
Mi garganta se aprieta y me libero de su agarre con suavidad.
—Significa que eres peligroso para mí.
—Siempre lo fui. Después de todo, me consideras tu acosador ¿no?
Respiro y trato de aclarar mi mente.
—No puedo cancelar la boda— Repito más bajo. —No depende solo de mí.
Él se recuesta otra vez, mirando el techo.
—Dependería de ti si así lo quisieras. Solo tienes que empezar a ver el mundo como tu quieres que sea. Sin miedos.
—No cuando llevan años construyendo una expectativa de como ellos quieren que veas el mundo.
—Entonces dime algo.
—¿Qué?
—Si nadie estuviera mirando. Si no hubiera padres, ni alianzas, ni prensa… ¿estarías conmigo?
La pregunta cae pesada y demasiado directa.
Mi primera reacción es defenderme. La segunda… es imaginarlo.
Sin anillo, boda, sin apellidos. Solo él y yo. Tal como estamos ahora.
La imagen me sacude porque la respuesta es inmediata.
Sí.
Y eso es exactamente por lo que no puedo decirlo, asi que desvío la mirada.
—No vivimos en ese mundo.
—Pero podrías elegirlo.
Lo miro otra vez.
—No todos tenemos la libertad que tú crees. Todo lo que hago tiene consecuencias— Mi vista se clava en un rincón al azar de la habitación. —Es por eso que esto tiene que parar— Aclaro.
Su mano sube a mi espalda.
—Dime que no quieres que te toque más— Esclama contra mi cuello.
No puedo. No puedo decirlo y mi silencio es una traición.