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Lo Nuestro No Estaba Permitido

Lo Nuestro No Estaba Permitido

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Forzada a un matrimonio por conveniencia, Keyla encuentra en un amor prohibido y con el, la fuerza para romper las cadenas de una vida de mentira.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Darío lo cuenta todo.

En el hospital, el monitor cardíaco emitía un sonido constante, rítmico, casi hipnótico. Durante meses, ese sonido había sido la única prueba de que Darío seguía con vida. Nadie sabía si volvería, si despertaría, si recordaría algo… o si su silencio sería eterno.

Esa mañana, sin embargo, todo cambió.

—¡Doctor! —gritó una enfermera desde el pasillo—. ¡El paciente reaccionó!

Los párpados de Darío se movieron lentamente. Primero fue apenas un temblor, luego un parpadeo torpe, desorientado. El mundo regresaba a él en fragmentos: luces blancas, voces lejanas, un dolor punzante en la cabeza, y todo era muy desconcertante, no recordaba que pasó o en donde se encontraba.

—Tranquilo, señor —dijo el médico con voz firme—. Está en el hospital. Tuvo un accidente.

Darío intentó hablar, pero la garganta le ardía.

—Agua… —susurró.

Horas después, la noticia ya había corrido como pólvora.

—Despertó —dijo Joel, con una mezcla de alivio y ansiedad—. Darío despertó.

Ulises no respondió de inmediato. Cerró los ojos con fuerza. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que el caos podía empezar a ordenarse.

—Vamos ahora mismo.

Darío estaba pálido, visiblemente más delgado, con ojeras profundas y el cuerpo lleno de moretones, por todos los pinchazos que recibió, por los medicamentos. Cuando vio entrar a Joel, una sombra de tristeza cruzó su rostro.

—Pensé que… —murmuró—. Pensé que no volvería.

Joel se acercó a la cama.

—Estás vivo. Eso es lo que importa.

Ulises entró detrás, serio, contenido.

—Necesitamos saber qué pasó —dijo—. Solo si te sientes capaz.

Darío tragó saliva. Cerró los ojos un momento, como si reunir fuerzas le costara más que el dolor físico.

—Lo recuerdo —dijo finalmente—. Todo.

Joel se tensó.

—Cuéntanos.

Darío respiró hondo.

—Estaba en el hotel. Esa noche… yo iba a contarle todo a Ulises. Ya no soportaba más. —Hizo una pausa—. El contrato. La mentira. El daño a Keyla… todo.

Ulises apretó los puños.

—¿Y entonces?

—Alguien me llamó desde el balcón —continuó Darío—. Pensé que era Keyla. La vi de espaldas. Estaba segura de que había olvidado algo.

—¿Pero no era ella? —preguntó Joel.

—No. Cuando se giró… lo supe. Se parecía mucho, pero no era ella. Y en ese instante entendí que algo no estaba bien.

Su voz se quebró.

—Quise retroceder… pero me empujó.

Ulises sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Viste su rostro?

—Sí —respondió Darío—. Y aunque no la conocía bien… ahora sé quién era. Era Katia.

Joel cerró los ojos.

—¿Y Andrés?

Darío miró al techo, como si le doliera decir su nombre.

—Él sabía. Yo lo amenacé antes. Le dije que iba a hablar. Andrés no iba a permitirlo.

El silencio se volvió espeso.

—Durante años —continuó Darío—, creí que amaba a Andrés. Pero estaba enamorado de una mentira. Recién ahora entiendo quién es realmente.

Ulises se acercó más a la cama.

—Darío… —dijo con voz grave—. Necesitamos saber algo más. ¿Sabes a dónde pudo haber llevado a Keyla y a su hijo?

Darío negó lentamente.

—No. Pero… —sus ojos se iluminaron de pronto—. Hay algo que sí sé. Algo que no debía callar más.

Ulises lo miró, expectante.

—Mateo… —susurró Darío—. Mateo es tu hijo.

El mundo se detuvo.

—¿Qué? —Ulises dio un paso atrás—. No… no puede ser, Keyla me confirmó que ese niño no es mío.

—Lo es —afirmó Darío—. Yo lo sé. Sé del contrato. Sé por qué Keyla estaba atrapada con Andrés. Él la amenazó con destruir a su familia, con quitarle al bebé. Ella no tuvo opción.

Ulises sintió que el pecho le explotaba.

—Todo este tiempo… —murmuró—. Todo este tiempo la juzgué.

Joel apoyó una mano en su hombro.

—No eres el único engañado.

Ulises levantó la mirada, llena de furia y dolor.

—Voy a traerlos de vuelta —dijo—. A los dos.

No dudó más.

Esa misma noche, Ulises hizo una llamada que llevaba años evitando.

—Padre —dijo cuando escuchó la voz al otro lado—. Necesito tu ayuda.

Hubo un silencio largo.

—Creí que no volvería a saber de ti —respondió el hombre, con acento italiano marcado.

—No lo haría… si no fuera necesario.

—¿Qué ocurre?

Ulises respiró hondo.

—Me quitaron a mi hijo. Y a la mujer que amo.

La respuesta fue inmediata.

—Dime a quién buscas hijo, los vamos a encontrar, aunque estén metidos debajo de las piedras, los hallaremos y les haremos pagar.

Mientras tanto, a cientos de kilómetros de allí, Keyla vivía su propio infierno.

No sabía dónde estaba. El apartamento era grande, lujoso, frío. No había ventanas abiertas, ni balcones accesibles. Cada puerta tenía cerraduras electrónicas. Hombres armados vigilaban cada rincón.

Mateo dormía en sus brazos, ajeno al horror.

—Todo va a estar bien —le susurraba ella, aunque ni siquiera lo creía.

Las noches eran las peores.

Andrés llegaba acompañado de risas, música, copas y personas desconocidas. Hombres, mujeres. El ruido atravesaba las paredes como cuchillas.

Y luego… él.

—No finjas dormir —le decía, entrando a la habitación—. Sé que estás despierta.

Keyla se encogía contra la pared, abrazando a su hijo.

—No te acerques.

Andrés sonreía, torcido, peligroso.

—Eres mía —susurraba—. Y ese niño también.

Intentaba tocarla. Ella se resistía. Lloraba. Suplicaba.

—Si no haces lo que digo —le advertía—, desaparecerá.

Cada amenaza la destruía un poco más.

No dormía. No comía bien. Vivía en alerta constante. Su cuerpo estaba agotado, su mente rota.

—Dios… —susurraba por las noches—. Si alguien puede oírme… ayúdame.

Ulises no dormía tampoco.

Con la ayuda de su padre y contactos que nadie se atrevía a cuestionar, comenzó la cacería. Rastros financieros. Propiedades ocultas. Movimientos sospechosos.

—Lo encontraremos —le aseguró Joel—. tienes que estar tranquilo amigo, van a estar a salvo.

Ulises miró una foto de Mateo en su teléfono. La única que tenía, era una que Keyla subió a las redes sociales.

—Aguanta, hijo —murmuró—. Papá va por ti.

Y en algún lugar desconocido, Keyla sintió un escalofrío extraño, como si por primera vez en semanas… no estuviera completamente sola. Sintió que la ayuda llegaría pronto o tal vez tenía la esperanza de que eso ocurriera.

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Alicia Lagos
genial
Alicia Lagos
linda novela no tardes tanto en subir más capítulos porfa
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