Después de atravesar el infierno, ¿Podrá una chispa de fuego a medio prender transformarse en una ardiente hoguera?
¿Podrán dos corazones heridos y de hielo volver a amar y derretirse hasta el punto de ebullición?
¿Acaso un par de copas, música y sus mutuas caricias podrán cambiar sus vidas?
Esta es la historia de Daniela y Nikos, si quieren saber más solo sigan la novela.
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Capítulo 6
El Club esta a tope de personas, la música retumba en cada esquina de este inmenso lugar, las bebidas circulan rápidamente entre los clientes que están amontonados en la zona de la barra, la sala Vip y la pista de baile.
Hoy es uno de esos días del mes, por no decir el "único día del mes" en los que hay descuentos de entradas y bebidas. Algo que en vez de pérdidas, multiplica las ganancias, porque atrae a mucha más clientela, y eso hace a Gregorio feliz porque se llena los bolsillos de billetes grandes.
Y todos los que trabajamos en el club somos conscientes de que si Gregorio es feliz, nosotros lo somos más, porque eso significa un generoso bono a fin de mes.
Sonrío para mis adentros al ver a las personas que se divierten como si no hubiera mañana, sin preocupaciones, porque si las tienen no lo demuestran.
Si yo hiciera lo mismo de vez en cuando... pero no puedo, porque cuando no estoy estudiando o trabajando, estoy con mi hijo, para mí eso es lo más importante. Aunque soy consiente que no estoy poniendo demasiada atención a mis necesidades femeninas, ya sea arreglarme, salir de compras, etc.
Simplemente están en una pausa indefinida, y en el caso de mis necesidades sexuales, esas últimamente esta en pausa mientras estoy despierta, porque hace un tiempo mientras duermo, claramente hay de todo menos pausa.
《¡Mierda! Otra vez pensando en él, debería concentrarme en el trabajo》
—¿En qué piensas tanto Dani? —pego un salto del susto que me da escuchar a Zedric demasiado cerca de mi oído.
— ¡Oh maldición casi me matas de un infarto niño! —él se aleja de mi lado y me mira haciéndose el ofendido.
— Ya te he dicho que no soy un niño Dani, solo por que tenga cuatro años menos que tú...
— Lo siento señor adulto, en serio, ¿me perdonas? —le hago un puchero, algo que siempre funciona con él.
— ¡Oh, esta bien, mujer manipuladora! ¿por qué siempre tienes que hacer un puchero?
— ¡Una margarita por aquí Zedric! —una de las camareras le llama interrumpiéndonos, y él se va encantado con esa sonrisa que hace que a las chicas se le caigan las bragas. Un efecto que por cierto no causa en mí, por más que él lo intente.
Suerte que hoy no estoy solo con Juaco acompañándome en la barra, también estoy con Zedric 《el sonrisa baja bragas que acaba de enfurruñarse por ser llamado niño》un chico albino, con un cuerpo de infarto para muchas.
Y bueno, con Juaco y Zedric me siento segura detrás de la barra. No niego que de vez en cuando, igualmente me enfrento a uno que otro personaje que quiere pasarse de listo, algo que ellos resuelven antes de que yo me vuelva una criminal.
Y sí, mi pasado me ha cambiado mucho, mi separación aún más. Algo que he aprendido es que mientras más le temes a los monstruos, ellos más fuerte se hacen, y ese fue mi error con mi ex. Yo le di sin querer el poder para tratarme como lo hizo.
Las horas pasan, y el agotamiento poco a poco hace mella en mi cuerpo a medida que la madrugada se acerca.
— ¡Hey bonita! Quiero un tequila, ¿y qué es lo que quieres tu Nikos? —me pide un cliente llamando mi atención, para luego dirigirse a su acompañante.
— Deberíamos ir a la zona Vip... —las palabras del tal Nikos parecieron atascarse en su garganta cuando sus ojos grises se encuentran con los míos— tú...
— Luego vamos, quede de esperar a Mateo aquí... —se calla al darse cuenta de que los ojos de su amigo estan completamente fijos en los míos, además de ese tú en el aire— eh, acaso....
— Un tequila a la orden señor, ¿qué va a querer su amigo? Jack Daniel’s con cola, Manhattan, Bleu, Margarita, Gintonic, Mai Tai, tequila, daikiri... —trato de sonar segura restándole importancia a su mirada, y a ese tú. Resuelvo hacerme la desmemoriada, como si nunca en mi vida me hubiera topado con él.
— Un Jack Daniel’s solo con hielo. —su voz ronca y poderosa hace temblar mi cuerpo, pero trato de que no se note ¡mierda! Y lo peor, es que todavía su mirada esta fija y atenta a cada uno de mis movimientos mientras preparo los tragos. Esta claramente confundido con mi actitud. Entonces, ¿*él también me recuerda*?
《¿*Qué hombre podría olvidar un rodillazo en pleno aparato reproductivo*?》me pregunta una vocecita en mi cabeza.
Despacho esa voz impertinente de mi cabeza, y preparo los tragos lo más rápido posible. Una vez servidos, ellos toman asiento en los taburetes que están en la barra, y comienzan a charlar.
— Mateo debe estar llegando en un minuto, no te impacientes. Créeme que valdrá la pena esperar. Tú tranquilo Nikos. —escucho que dice el amigo de "*Nikos*" ¿*Así es que así se llama mi torturador de hormonas? Bonito nombre, pero parecen ser extranjeros por sus acentos*.
— Sabes que me importa muy poco conocer a la hermana de Mateo, no entiendo tu entusiasmo al respecto. —responde a su amigo en tono seco.
— Claro que estoy entusiasmado, ¡si te consigues a una mujer, yo seré libre el resto del mes! Ya ves que así soltero siempre te tengo que acompañar a todos lados, ¿no ves la diferencia si te consigues una noviecilla?
— No ves que no me interesa una noviecilla, estoy bien así solo...
— ¡Oh claro que no estás bien! Tu amargura es contagiosa, seguro es por falta de sexo. Es que no te das cuenta que aunque te amo amigo mío y disfruto de tu mala vibra, ¡no me la puedo pasar viéndote como jodes tu vida! ¡Lo que tienes que hacer es joderte a una mujer!
— Que no es eso, y bueno, siempre puedes dejarme solo, y lo del sexo no es...
— ¡Ni de joda te dejo solo! Recuerdas que la última vez que lo hice casi quedas apenas bueno para un rápidito, y eso sin contar con las consecuencias que pudieras tener a futuro con ese golpe en tus pelotas...
— Puedes dejar ese tema. —lo corta, y su voz suena incómoda, a la vez que siento su mirada quemar mi espalda, ¿*acaso hablan de esa vez*? No, no puede ser, seguro este compra sexo de ojos grises-hechiceros-cretino ya había recibido más golpes.
— ¡Es qué en qué cabeza cabe pedirle a una chica honrada sexo a cambio de dinero! Joder amigo, yo te enseñe mejor que eso.
— *Puedes dejar el tema*. —pide otra vez, ya disgustado mordiendo las palabras.
— Amigo, debes saber que aquí en este país largo y angosto, nadie te conoce, nadie sabe de quién eres hijo, o cuán famoso eres. Aquí amigo mío, eres solo un habitante extranjero más, ¿entiendes? Además las chicas de este club no venden su cuerpo por dinero. Gregorio jamás lo permitiría, lo conozco y es demasiado sobreprotector con ellas. Preferiría perder un cliente a una trabajadora.
Acostumbrarte amigo mío, Chile no es Grecia.
— Podemos solo irnos. —pide ya exasperado.
— Espérame, acabo de recibir un mensaje de Mateo.... wuoooh nos espera en la zona Vip. Me hubieras hecho caso cuando te dije que nos fuéramos a esperarlo allí.
— Pero si yo...Vale, vamos. —dice cansado, y cuando ve que su amigo va a pagar, dice— yo pago, camina al reservado mientras.
Se levantan de los taburetes, y su amigo se encamina a la zona Vip.
Mientras él me desliza una tarjeta dorada.
Al recibirla nuestros dedos se rozan y no puedo evitar mirarle a los ojos, mientras un cosquilleo se acentúa en el lugar donde nos rozamos. Sus ojos se entrecierran en mi dirección interrogativamente, a la vez que una sonrisa incómoda aparece en su rostro al alejar el contacto de nuestros dedos. Esos ojos...
— Lo siento. —es lo único que dice mientras yo deslizo su tarjeta por la maquinita para cancelar sus tragos y aparto la mirada. Al devolvérsela, él de inmediato se va un poco nervioso.
La noche transcurre cómo siempre, hasta que mis ojos se topan nuevamente con su figura. Que a pesar de querer olvidar, se ha quedado grabada en mi mente y lamentablemente en mis sueños.
Con un vaso de lo que supongo es otro Jack Daniel’s en la mano, y su mirada gris enfocada en la conversación que parece tener con el grupo de personas a su alrededor. A mi parecer esta totalmente aburrido, entonces, repentinamente sus ojos se desvían en mi dirección. Siento mi cara arder, y él parece disfrutarlo, porque bebe de un trago el contenido de su vaso observándome, mientras me sonríe de medio lado.
"¿*Esta coqueteándome*?"
Suelto una lenta y profunda respiración antes de mirar a mi alrededor eludiendo su mirada.
Mis oídos se llenan de la música de moda, que retumba por todos lados, mi mirada se dirige a la pista de baile, la que esta aglomerada de personas; en donde intercepto una que otra mirada descarada de algún tipo o chica en busca de un buen polvo.
Aspiro profundo alejándo su mirada y sonrisa de mi mente, el olor del humo de cigarrillos, alcohol, algún perfume y sudor inunda mis fosas nasales distrayéndome. Me alejo de la barra a tomar mis quince minutos de merecido descanso.
No queriéndo volver mi vista hacia aquella mirada gris, tomo mi celular del bolsillo delantero de mi pantalón de tela negro, miro la hora. 《*Recién son las tres de la madrugada, y hoy trabajo hasta las cinco, ¡maldición! ¡Me quedan casi dos horas más! Espero no toparme con él otra vez*》
Sigo avanzando hasta llegar al pasillo que da a los vestidores del personal, pero antes de perderme en el pasillo volteo mi cabeza inclinándome hacia las sombras y desde allí observo a la muchedumbre, en busca de alguien. Y aún sabiendo que no debería buscar con mi mirada aquello que no se me ha perdido, lo vislumbro conversando animadamente con los mismos hombres de antes, pero ahora alguien se había sumado al cuadro. Una beldad que acapara las miradas de muchos hombres, incluyendo la de él.
La chica mueve su brazo derecho y lo entrelaza con el de él. Mi estómago se revuelve y por alguna extraña razón algo en mi interior duele, una punzada a la altura de mi pecho, y no pudiendo ver más me precipito hacia el pasillo y de allí a los vestidores.
Una vez dentro rodeó por los laterales la sala para llegar hasta un sofá muy cómodo puesto allí para descansar. Me dejo caer en el y cierro mis ojos queriendo irme tan lejos como sea posible con mis pensamientos de él, pero me es imposible lograrlo.
《¿*Qué rayos me pasa? ¿porqué me sentí así al ver como esa chica se colgaba de su brazo? ¿En qué cabeza cabe que él se pudiera fijar en mí? Si ella, una chica de piel clara, con un vestido azul ajustado a su bellísimo y curvílineo cuerpo, es sin duda una mujer hermosísima, y yo una mujer de 25 años, con un pantalón de tela negro, una blusa del mismo color*. *No le llego ni a la zuela del zapato a ella. ¡Rayos! Estúpida de mí, mejor olvido al bello hombre que conversaba y sonreía animadamente con tal beldad*》
Mis quince minutos de descanso pasan demasiado rápido para mi gusto. Y para mi desgracia solo estuve pensando en él.
Con un suspiro de frustración me levanto del sofá y me dirigo al baño, allí abro la llave del lavamanos, mojo mis manos y las llevo a mi cara para refrescarme. Pensar en esos ojos grises últimamente me sube la temperatura. Tomo papel del tocador y me seco, tomo de mi cartera del pantalón un brillo para labios color rosa claro, que siempre traigo conmigo y me echo solo un poco, luego arreglo mi coleta y salgo para volver al trabajo. En mi cabeza solo hay un nombre "Nikos"
Al llegar a mi puesto, mis ojos se detienen sobre...
¡Oh por Dios! En este momento estoy pensando que mis palabras tienen poder, no sé cómo y porqué, pero ese hombre con cara angelical y boca de diablillo. Que me prende poniendo mis hormonas fuera de control dejando mi mente medio loca, se esta acercando...