Una loba Nacida de la raza más fuerte, un Alfa la primera de cuatro hermanos, capas de heredar los más fuertes linajes toma una decisión... – Dejaré esta manada, No soy una máquina de carga –
El Un Gama, último hermano de un Alfa cruel quien lo desprecio por ser un hijo no deseado, en un arranque de guerra quedo solo y sus piernas mal heridas dejándolo en silla de ruedas con solo un aliado su cuidador – Un lobo invalido, es un lobo muerto, Es mejor que termines con tu vida, solo eres un estorbo para este reino–
Ambos de un padre de linaje real un licantropo, pero el no saco nada de eso
El destino los une un día.. ¿ Qué podría pasar ?
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Una golpisa ligera
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–Ey… ¿Te dieron libre hoy?–
Nicol salía de la casa; Tomás y Asher estaban en la entrada.
–Sí, las horas extras valen la pena después de todo.–
Saludó a Tomás y luego miró al serio rubio que la observaba atentamente.
–Buenos días, guapo… Hoy estás muy serio.–
–Es mi cara de siempre… ¿Cómo…–
Rice le dio un beso en la comisura de sus labios, dejándolo sin poder hablar. Nicol soltó una risa y empujó a Tomás hacia adentro.
–¿Siempre saludas así?– miró hacia otro lado.
–No, solo a ti.– Lo llevó adentro. “No es necesario que hagas eso; no soy un paciente.” soltó. Rice rodó los ojos. –Oye, terminator falso… Deja de hablar así. Ni siquiera me conoces; si fueras un paciente, ya te hubiera internado hace rato.–
Asher apretó los dientes; no dijo nada, pero no le gustó el apodo. Rice ya lo estaba ayudando a levantarse para ponerlo en el sillón, sin dejarle ni hablar.
–¿Qué…? Dirás algo.– levantó las cejas.
Él solo miró sin ánimos hacia la ventana. Rice se fue a cambiar y cuando volvió, vio a Teo levantado.
–Ehh… Mira quién se levantó. ¿Ya hablaste con tu madre?–
–Sí, vendrá por mí en unas horas.–
Teo vive con su madre, quien trabaja casi todo el día; Rice y Nicol lo cuidan en sus ausencias. Nicol lo conoció en la escuela, y cuando se mudaron juntas, Rice le prometió que siempre estaría ahí –era su madrina, después de todo. Había ayudado a Verónica, la madre de Teo, a salir de una relación abusiva y junto a Carter, logró que ganara la custodia del niño.
–Ah… Qué cansada estoy.– se acostó en las piernas de Asher.
–Oye… Hay más lugar.–
–Eres bien arisco. Solo descansaré mis ojos un rato.–
Rice se giró, metiendo su mano debajo de su camisa para abrazarle la cintura. Asher intentó moverla pero no pudo; estaba muy tenso, pero notó su cansancio hasta que finalmente quedó dormida sobre su abdomen.
–Ya dije yo… Qué suerte tienen algunos.–
–Francis, aún no es tan temprano para darte un golpe.– reclamó Nicol.
–Lo digo de buena manera…– miró a Asher –Ella ya te habría arrancado un brazo si no fueras su pareja.–
Asher la miró de reojo; la joven lo tenía envuelta con sus brazos. Miró a Nicol, quien asintió –no veía rastro de mentira en sus palabras.
–A mí siempre me abraza.– dice Teo.
–Es porque aún tienes diez años. Espera cinco más y te dará una patada como a mí.– contesta Francis.
–Bien que te lo mereces por querer tomarla de fácil como a tus amigas.–
Los hermanos ya estaban peleando cuando el teléfono de la cocina sonó. Asher miraba atentamente a Rice: su olor era suave, su respiración tranquila, y sus manos en su cintura eran cálidas. Miró sus labios, sus pestañas y su cabello –no era rojo puro, sino casi bordo. Quería acariciarla; sus manos estaban a un lado. Miró de reojo a los demás, que no le prestaban atención, y levantó la mano hacia su cara, pasando su dedo muy suavemente por sus labios. En ese instante, ella tomó su mano y la colocó como almohada en su rostro. Asher estaba más que rojo; apretó los labios nervioso.
–Rice… Es Víctor.– dijo fuerte Francis, bajando del segundo piso con el celular en la oreja.
–¿Qué ocurre?– abrió un ojo, con la cara roja por la falta de sueño.
–El idiota viene aquí.– lanzó. Rice se levantó de golpe.
–Teo, ve a tu habitación y no salgas por nada. Francis…–
–Lo sé.– Le entregó el palo de béisbol. Tomás y Asher se miraron.
–¿Sabes pelear, Tomás?– preguntó Rice, atándose el cabello. Tomás asintió. –Bien, porque serán unos cuantos.–
–¿Qué sucede?… Tomás, ayúdame.– decía Asher tratando de subir a su silla.
–El idiota abusivo que fue pareja de la madre de Teo seguro salió libre y viene por él.– explica Nicol.
–Francis, marca a Carter.– Rice abrió la puerta.
Dos autos se estacionaron en la entrada. Tomás dejó a Asher en el umbral, quien ya estaba preocupado al ver que eran diez hombres contra dos. Estaba enojado por no poder ayudar.
–Tranquilo, cuñado. Ella no es débil.– dijo Nicol.
–Puede que no… Pero son diez y llevan armas.– su corazón latía a mil por minuto al ver que ella abrió el portón como si nada. –Tomás…–
Tomás la siguió sin necesidad de escucharlo; no la dejaría sola.
–¡Al fin te encuentro, zorra asquerosa!– rió.
Mientras sus hombres sacaban palos y algunos objetos metálicos.
–Mírate, la cárcel te sentó bien… Hasta trajiste a tus novios.–
–No sabes cuánto esperé para tenerte y poder matarte por mandarme ahí…– miró a los demás –¿Dónde está el niño?–
–No sé de quién hablas.– tenía el bate apoyado en los hombros; Tomás ya estaba listo a su lado.
–Me lo llevaré. Sabes bien que ese bastardo me pagará y el chico será parte de los Ruiz.– se acercó hacia ella.
–Sigue soñando, Trey.–
Rice reaccionó rápido, dándole un golpe que lo dejó en el suelo. Atacó a los demás, rompiéndoles piernas; Tomás no se quedó atrás: golpeaba, atacaba y esquivaba con agilidad. Era rápido, y cada golpe que recibía –dado que eran humanos– le parecía una caricia, pero él les devolvía el impacto con fuerza suficiente para dejarlos sin aire. Para ser un beta, era fuerte y veloz.
Los nueve hombres quedaron tendidos en medio de la calle. Asher notó que la policía estaba frente a la casa, observando todo.
–No hacen nada…–
–No, ellos la conocen bien. Pero ella te lo explicará mejor.– contesta Francis, mirando atentamente la pelea.
Rice les quitó las armas y fue directa a Trey, agarrándolo de los pelos y arrastrándolo contra el portón.
–Las cuerdas…–
Francis sonrió ladino y fue a buscarlas. Ataron a los hombres de espaldas –todos desmayados y con sangre en los rostros.
–Despierta, idiota… No aguantaste nada. Pensé que estos años en la cárcel te ayudarían a darme al menos un poco de entretenimiento.–
Le dio un golpe a mano abierta en la cara, tomó su celular y llamó a Carter.
–Estoy llegando.–
Rice colgó y soltó un suspiro. –¡Hola, señor Augusto!– dijo fuerte a su vecino, que llegaba a su casa.
–Hola, cariño… ¿Otra vez ese idiota?–
–Sí, parece que no aprende.– rió.
–Dale otra lección. Sonia te manda saludos… No te lastimes, niña.– dijo en voz alta. Rice asintió.
Carter llegó con sus hombres en ese instante. Tomás se puso alerta, pero Nicol lo calmó: “Es amigo.” Asher miró al sujeto, oliendo su aroma –un lobo exiliado. Frunció el ceño: en su manada, esos eran considerados los peores.
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💯 recomendada 😉👌🏼
ahora sí...deja lo gruñón 🤭😂😂