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ENTRE PLUMAS Y DESEOS

ENTRE PLUMAS Y DESEOS

Status: En proceso
Genre:Comedia / Amor prohibido / Amor a primera vista / Oficina / Aventura Urbana / Jefe en problemas
Popularitas:993
Nilai: 5
nombre de autor: Cam D. Wilder

¿Qué pasa cuando tu oficina se convierte en un campo de batalla entre risas, deseo y emociones que no puedes ignorar?

Sofía Vidal nunca pensó que un simple trabajo en una revista cambiaría su vida. Pero entre reuniones caóticas, sabotajes inesperados y un jefe que parece sacado de sus fantasías más atrevidas, sus días pronto estarán llenos de sorpresas.

Martín Alcázar es un hombre de reglas. Siempre profesional, siempre en control... hasta que Sofía entra en su mundo con su torpeza encantadora y su mirada desafiante. ¿Qué sucede cuando una chispa se convierte en un incendio que nadie puede apagar?

"Entre Plumas y Deseos" es una comedia romántica llena de tensión sexual, momentos hilarantes y personajes inolvidables. Una historia donde las plumas vuelan, los corazones se tambalean y las pasiones estallan en los momentos menos esperados.

Atrévete a entrar a un mundo donde el humor y el erotismo se mezclan con los giros inesperados del amor.

NovelToon tiene autorización de Cam D. Wilder para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿Citas Modernas?

Ramiro suspiró, como si la sola mención del tema fuese un recordatorio de su superioridad espiritual.

—Sí, el amor físico es una trampa. Una distracción de lo que realmente importa. Yo he trascendido.

Un incómodo silencio se instaló entre ellos mientras Sofía procesaba lo que acababa de escuchar. En la mesa de Martín, la risa ahogada resonó como un eco. Sofía no pudo evitar cruzar miradas con él. Su expresión era un poema en sí misma: cejas arqueadas, una sonrisa torcida y un brillo en los ojos que decía claramente: Esto es mejor que cualquier película.

Sofía se enderezó en su silla, sintiendo una mezcla de indignación y vergüenza.

—Bueno, entonces creo que no vamos a necesitar otra cita. Prefiero a alguien que aún aprecie las "trampas" terrenales —dijo, en un tono deliberadamente dulce, pero cargado de ironía.

La respuesta de Ramiro fue un suspiro largo y resignado, como si lamentara la falta de iluminación espiritual en el mundo. Martín, por su parte, soltó una carcajada que esta vez no se molestó en disimular. El sonido, grave y vibrante, hizo que varias personas en el café giraran la cabeza hacia él, incluida Sofía.

Martín levantó su taza, brindando con una sonrisa burlona.

—Por tu valentía, Sofía. La necesitas más que nunca —dijo en un susurro lo suficientemente alto como para que ella lo escuchara.

Sofía le lanzó una mirada de advertencia, aunque no pudo evitar que las comisuras de sus labios se curvaran en una sonrisa. Si algo había aprendido de Martín era que podía ser igual de insoportable que atractivo. Y mientras Ramiro se perdía en una nueva disertación sobre la pureza del celibato, ella se sorprendió deseando estar en la mesa equivocada.

El gimnasio boutique en Palermo Soho parecía más un escenario de revista que un lugar para sudar. Los espejos perfectamente alineados reflejaban a los pocos asistentes, todos luciendo atuendos deportivos impecables, como si entrenar fuera una pasarela y no una actividad física. Sofía, en sus leggings negros y camiseta básica, se sintió fuera de lugar, pero aún más cuando apareció Diego.

Él se acercó como un torbellino de energía, vestido con un conjunto deportivo ajustado que marcaba cada músculo. Sofía tuvo que hacer un esfuerzo consciente para mantener los ojos en su cara y no desviarse a… otras áreas.

—¡Hola, Sofía! —saludó, su entusiasmo casi perforando el aire—. ¿Lista para un circuito que nos conectará cuerpo y mente?

Ella parpadeó, desconcertada.

—Ehh… ¿un circuito? Pensé que solo tomaríamos un café.

—¡Nada de café! —exclamó Diego como si hubiera mencionado veneno. Luego, con un movimiento fluido, comenzó a mostrarle ejercicios de calentamiento, cada uno más complicado que el anterior.

Desde su asiento en la barra de jugos detox, Martín observaba la escena con una mezcla de incredulidad y diversión. Sostenía un vaso de un líquido verde que claramente no planeaba terminar mientras sus ojos seguían cada movimiento de Sofía.

Diego, ajeno a la presencia de Martín, se movió detrás de Sofía para "ayudarla" a corregir su postura en una pose de yoga que parecía diseñada por alguien con intenciones cuestionables.

—Relájate. Esto liberará tu tensión emocional —dijo, colocando sus manos firmemente en su cintura.

El contacto hizo que Sofía se tensara, aunque no necesariamente de incomodidad. Podía sentir el calor de las manos de Diego, y aunque aquello debería haber sido algo normal en un gimnasio, su cercanía tenía un toque de… intencionalidad.

Martín, desde la distancia, se inclinó hacia adelante, como si no quisiera perderse el desenlace. Cuando Sofía, obligada por el equilibrio precario de la pose, se tambaleó hacia atrás y terminó en los brazos de Diego, el rostro de Martín se iluminó con una sonrisa de diversión pura.

—¿Ves? Ya estás aprendiendo a confiar —dijo Diego, sujetándola con facilidad.

—Sí, claro, eso fue… muy educativo —respondió ella, apartándose rápidamente, su piel ardiendo más por la vergüenza que por el esfuerzo físico.

—Ahora probemos algo más profundo —anunció Diego, ignorando su incomodidad. Él la llevó a una colchoneta, donde explicó el "reto de respiración sincronizada".

—Solo mírame a los ojos y respira al ritmo de mi respiración —dijo, sentándose frente a ella con las piernas cruzadas.

Sofía quiso protestar, pero antes de que pudiera decir algo, ya estaba sentada frente a él, mirando directamente a esos ojos que parecían demasiado seguros de sí mismos.

Martín no pudo contenerse más. Dejó su vaso de jugo y caminó hacia ellos con una sonrisa que prometía problemas.

—¿Todo bien, Sofía? Porque desde aquí parece que estás en una sesión de hipnosis.

Diego lo miró, su entusiasmo chocando con una dosis repentina de competitividad.

—Estamos conectando energías. ¿Te interesa unirte?

Martín sonrió, y Sofía sintió cómo el aire entre ellos se volvía más denso.

—Gracias, pero prefiero el caos de mi oficina. Aunque debo admitir que esto ha sido… fascinante.

Diego no pareció captar el sarcasmo, pero Sofía sí. Al salir del gimnasio, con Martín caminando a su lado, ella rompió el silencio.

—Si dices algo, lo que sea, te juro que buscaré algo más pesado que esas pesas y te lo lanzaré.

Martín se echó a reír, una carcajada grave y vibrante que la hizo temblar de pies a cabeza.

—Sofía, tú sola haces que esto valga la pena.

Ella intentó parecer ofendida, pero el calor en sus mejillas y la sonrisa que se le escapó delataron que, aunque las citas eran un desastre, algo bueno estaba surgiendo en todo ese caos.

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Ana Karen Gascon
Hola cómo están
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