¿Qué pasa cuándo dos personas muy diferentes se encuentran unidos por una venganza?
Manipulada y controlada por su madrastra Karolay Gilli. Samanta Taylor, una muchacha de 20 años se ha propuesto a cumplir una venganza encontra de la familia Palacios, toda su vida a entrenado para ello. En su camino se topa con Leornad Palacios, quien la hace dudar de todo lo que siente por dicha familia.
Leornad tiene 21 años y ha hederado el carácter de su padre. Es egocéntrico, calcudor y frío, muy temerario ante los enemigos, todo esto lo hace para proteger a su familia.
Él quedará hipnotizado por los ojos de Samanta e intentará averiguar más sobre la misteriosa chica que lo a cautivado por completo.
Ambos estarán atrapados entre el amor y la venganza.
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Cita
Me preparaba para mi cita con Samanta. Hoy averiguaría más de ella. Pensaba invitarla a tomar té y ha dar unas vueltas en carruaje, eso les gusta a las mujeres.
Cuando iba bajando por las escaleras mi tope con mi madre, quien no dudó en preguntarme.
- ¿A dónde vas Leornad?
- Tengo una cita e iré a tomar el té - le respondí.
Mi madre mi miró a los ojos y rodeándome con la mirada dijo.
- ¿vas a verte con esa chica?
No le podía negar, ella me conoce muy bien, hasta juraría que sabe cuales son mis intenciones con ella.
- Si madre, iré a verme con Sam.
- Se ve que Sam es una chica que sabe lo que quiere. Pude notar que es muy adorable aunque traté de camuflarlo con su seriedad. No quiero que la lastimes Leornad, te conozco y se cuales son tus intenciones, ella es muy deferente.
- Madre no le haré nada que ella no quiera - dije con una sonrisa.
Se acercó mi madre arreglándome la corbata, luego dijo.
- Me preocupas Leornad, pero más me preocupa esa muchacha, que ha puesto sus ojos en ti. Soy tu madre, pero no dudes que si la lastimas me desquitare contigo - me dio dos palmaditas en el hombro y se fue.
Se que mi madre tuvo una vida muy difícil como mujer. Se crió con lobos y se ganó el odio del pueblo hasta que conoció a mi padre. Ella a cuidado y a protegido a toda su familia incluyendo a la familia Reyes, ha preparado a mi prima dándole clase de defensa personal, para su bien. Antes no le importa con que chica salía, claro que no se las presentaba pero ¿Por qué Samanta sería diferente que las demás? tanto que pondría a mi propia madre en mi contra. Tal vez con el tiempo lo averigüe.
Salí de la mansión en el coche que ya me esperaba listo. Nos dirigimos a la plaza, ahí me estaría esperando Samanta. Yo soy muy puntual, en los encuentros, reuniones o citas. Cuando llegué, Samanta no estaba, tuve que esperarla por veinte minutos más. Ya me estaba impacientando, estaba por irme, hasta que la vi llegar.
Al verla todo ese coraje que se había acumulado en mi desapareció. Soy un Conde y es una falta de respeto llegar tarde a una cita, cinco minutos se lo puedo pasar pero ¿veinte? Ninguna chica me había echo esperar tanto "Samanta esto lo vas a pagar" me dije en mis adentros.
Samanta venía muy sonriente. Se había puesto un vestido blanco, su cabello lo llevaba suelto y usaba unas zapatillas sencillas. Demasiado humilde para una princesa. Su humildad la resalta y eso me encanta, creo que valió la pena esa espera, pero mi castigo todavía continúa en pie.
Me pare para saludarla y desplazar su silla.
- Hola, perdón por la demora - dijo y se sentó.
Regrese a mi puesto y le dije algo serio, quería que notará mi molestia.
- Estaba apunto de marcharme.
- No conozco el pueblo y me tomó tiempo llegar aquí.
- Para ser una princesa, deberías de conocer la zona, a demás caminar a pie no es de la nobleza. Los encargados de llevarte a los sitios son los cocheros. Tú - le dije señalándola - solo das ordenes.
- ¿Siempre eres así?
La mesera se acercó para pedir nuestra orden.
- ¿Qué va a pedir Conde?
- Tráigame té y postre.
- ¿y usted señorita?
- lo mismo que pidió el Conde, por favor.
La mesera se retiró y yo respondí a la pregunta de Samanta con otra pregunta.
- ¿Así como?
- Eres muy arrogante, eres Conde, pero no debes de ser tan frio - respondió Samanta mirándome a los ojos.
iba a decir algo, cuando la mesera regresó con nuestra orden, la puso en la mesa y se marchó.
- Cuando eres un Conde mereces respeto, el respeto de los demás es esencial, no puedes permitir que te lastimen o lastimen a los tuyos. No puedes confiar en nadie Sam - dije llevando un pedazo de pastel a mi boca.
- Yo soy una desconocida ¿Por qué invitarme?
- Eres desconocida para mí, puedo conocer más, pero eso no significa que confie en ti.
Pude notar que Samanta se había puesto roja del coraje, pero lo disimulo con una sonrisa.
Samanta.....
Vaya que si es arrogante, quería aventarle el pastel en la cara. Esa arrogancia e ironía que tiene le quita todo lo bello. Cuando me vio llegar hizo un gesto de caballerosidad al deslizar la silla se lo veía bien, se había puesto un traje azul marino. Cuando se sentó toda esa caballerosidad se esfumó, noté que estaba molesto por mi tardanza. No me arrepiento de a ver tardado veinte minutos soy parte de la realeza, pero en estos momentos mi reino está pasando por una dura crisis. No puedo desperdiciar dinero en lujos, si es necesario caminar, caminaré. Lo único que tengo es el título, pero eso a quien le importa, nadie me conoce ni sabe de la existencia de la "princesa Samanta"
Sería difícil sacarle información a Leornad, pero tenía que intentarlo, poner mi mejor cara. Terminamos de comer y volví a preguntar.
- ¿Por qué no confías en nadie?
- Mi familia tiene enemigos. Mamá se a dedicado toda su vida en protegernos y entrenarnos en caso que algo nos pase - respondió, sin apartar su mirada de la mía.
- ¿A quiénes le te..... - Iba a terminar mi pregunta, pero el me interrumpió.
- Son muchas preguntas por hoy. Ven conmigo - se puso de pie y me dio su brazo para que lo siguiera.
Me llevó a la plaza. En dicha plaza había un baile, pero no era un baile común, como de los que hay en los palacios. Este era diferente, todos reían y bailaban al son de la música. La música también sonaba muy diferente a la que estoy acostumbra. Era algo maravilloso, algo que ya lo había olvidado. En mi reino hacían esas festejaciones cada años. Un recuerdo vino en mí.
- Ven cariño, ven a bailar - decía mi madre, sonriendo, a lado de mi padre.
Tomé un puesto en el baile y comencé a bailar, junto con mis padres. Todo era perfecto, mágico, las personas reían, aplaudían, hacían gestos de aceptación. Regresé a ver a los lados y ahí estaba una mujer que conocía perfectamente era mi madrastra, quien sustituiría a mi madre. Fin del recuerdo.
- ¿Quieres ir a bailar? - preguntó Leornad....Sam ¿Quieres ir a bailar? - volvió a preguntar.
- Yo, yo, si, si quiero.
Fuimos al centro de la pista de baile. Leornad me tomó de la cintura y comenzó a guiarme al ritmo de la música. Paso a paso nos fuimos hundiendo en el baile. Todos los participantes salieron al notar nuestra presencia y fueron entonando con sus palmas. No había emociones de odio, todo lo contrario, no había nada, solo era él y yo moviéndonos al ritmo y compás de nuestros corazones.
Cuando la música terminó, nos quedamos viendo por un tiempo. Eso ojos verdes como la esmeralda me tenían hipnotizada, quería besarlo, sentir sus labios de nuevo. El reloj de la iglesia empezó a sonar y volví en mí misma.
- Tengo que irme - le dije, separándose bruscamente de él.
- Te iré a dejar.
- No es necesario, quiero caminar, así conocerá más el pueblo. Fue todo un placer a ver salido contigo.
- Lo mismo digo.
Me despedí de él y me fui al lugar donde me estaba hospedando.