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La Humana Del Reino De Fuego

La Humana Del Reino De Fuego

Status: Terminada
Genre:Romance / Mundo de fantasía / Mundo mágico / Completas
Popularitas:826
Nilai: 5
nombre de autor: Sofia Rojano

Un simple tropiezo frente a la universidad cambió la vida de Amelia para siempre. Ahora su corazón y su hijo están atrapados entre dos mundos el humano y el del Reino de Fuego. Con Gael a su lado y el poderoso rey Dante observándola, Amelia deberá enfrentarse a decisiones, secretos peligrosos y una magia que puede alterar su destino… para siempre.

NovelToon tiene autorización de Sofia Rojano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El reino que arde en silencio

El viento soplaba con fuerza sobre las montañas negras.

A diferencia del mundo humano, donde el aire era fresco y suave, aquí tenía un calor constante. No era sofocante, pero sí lo suficiente para recordar a cualquiera dónde se encontraba.

El Reino de Fuego.

Un vasto territorio de montañas volcánicas, ríos de lava que serpenteaban entre los valles y enormes fortalezas de piedra oscura que resistían el paso de los siglos.

En el centro del reino se alzaba el palacio.

Una estructura gigantesca de piedra negra y cristal rojo que reflejaba el brillo incandescente de los volcanes cercanos.

Dentro del gran salón del trono, varias figuras discutían en voz baja.

El ambiente estaba cargado de tensión.

—Gael sigue en el mundo humano.

La voz pertenecía a Lior.

Estaba apoyado contra una de las columnas de piedra, observando al resto de los presentes con una expresión divertida.

—Eso ya lo sabemos —respondió uno de los consejeros.

—Entonces también saben que no está allí por casualidad.

Los murmullos aumentaron.

Sentado en el trono de piedra volcánica, Dante observaba la escena con calma absoluta.

Una mano descansaba sobre el brazo del trono mientras la otra sostenía una copa de metal oscuro.

—Ya basta —dijo finalmente.

El salón quedó en silencio inmediato.

El poder de Dante no provenía solo de su posición como rey.

Su presencia era suficiente para imponer respeto… o miedo.

Lior sonrió ligeramente.

—Solo estamos discutiendo lo evidente.

Dante bebió un pequeño sorbo antes de responder.

—Mi hermano siempre ha sido… impredecible.

Uno de los consejeros dio un paso adelante.

—Con todo respeto, majestad, el príncipe Gael tiene deberes que cumplir aquí.

Dante lo miró.

La intensidad de su mirada hizo que el hombre bajara la cabeza.

—Los cumplirá.

—¿Cuándo?

Dante no respondió de inmediato.

En su mente apareció la imagen de Amelia.

Su curiosidad había crecido desde que la vio.

Una simple humana…

Y sin embargo Gael estaba dispuesto a arriesgar tanto por ella.

Interesante.

Muy interesante.

—Pronto —dijo finalmente.

Los consejeros intercambiaron miradas.

Lior observó a Dante con una sonrisa apenas disimulada.

—Mentiroso.

Algunos en la sala se tensaron al escuchar ese comentario.

Pero Dante solo soltó una pequeña risa.

—Cuidado, hermano.

Lior se encogió de hombros.

—Solo digo lo que todos piensan.

Dante apoyó el codo en el trono.

—¿Y qué es lo que piensas exactamente?

Lior cruzó los brazos.

—Que no trajiste noticias de la Tierra.

—Fui a observar.

—No.

Lior inclinó la cabeza ligeramente.

—Fuiste a conocer a la chica.

El silencio volvió a caer en el salón.

Dante sonrió.

—¿Y si así fuera?

Lior soltó una pequeña risa.

—Entonces las cosas se van a poner interesantes.

Dante dejó la copa a un lado.

—Lo serán.

Sus ojos brillaron ligeramente.

—Porque Gael no entiende algo muy importante.

Uno de los consejeros habló con cautela.

—¿Qué cosa, majestad?

Dante se levantó del trono.

El movimiento fue lento, pero poderoso.

—Que el mundo humano no es lugar para nosotros.

Caminó lentamente por el salón.

—Y que los humanos…

Su voz se volvió más baja.

—Siempre terminan siendo una debilidad.

Mientras tanto…

En el mundo humano.

La noche había caído sobre la ciudad.

Las luces de las calles iluminaban el camino mientras Amelia caminaba junto a Gael por una avenida tranquila cerca del campus.

Después del encuentro con Dante, el ambiente entre ellos había cambiado un poco.

Había más silencio.

Más tensión.

Gael llevaba las manos en los bolsillos mientras observaba discretamente a su alrededor.

Sus sentidos estaban alerta.

—No tienes que caminar conmigo hasta casa —dijo Amelia.

Gael negó ligeramente.

—Prefiero hacerlo.

Amelia lo miró de reojo.

—¿Por tu hermano?

Gael tardó unos segundos en responder.

—En parte.

Amelia suspiró.

—Siento que hay muchas cosas que no me estás diciendo.

Gael se detuvo.

Ella también.

Las luces de un farol cercano iluminaban parcialmente su rostro.

—Las hay.

Amelia cruzó los brazos.

—Eso no es muy tranquilizador.

Gael la observó durante unos segundos.

Había preocupación en su mirada.

Algo genuino.

—No quiero que te pase nada.

Amelia bajó la mirada por un momento.

Luego volvió a mirarlo.

—¿Tu hermano es peligroso?

Gael no dudó esta vez.

—Sí.

La respuesta fue directa.

Amelia tragó saliva.

—Genial…

Intentó bromear, pero la preocupación era evidente.

Gael suspiró suavemente.

—Dante no es una mala persona.

Amelia levantó una ceja.

—Eso no suena muy convincente.

Gael soltó una pequeña risa.

—Es complicado.

Caminaron unos metros más.

Un pequeño puesto de helados seguía abierto a esa hora.

Amelia lo señaló.

—¿Quieres probar algo más del mundo humano?

Gael lo miró con curiosidad.

—¿Qué es?

—Helado.

Gael parecía escéptico.

—¿Está frío?

Amelia rió.

—Mucho.

—Entonces será interesante.

Compraron dos helados y se sentaron en una pequeña banca cercana.

Gael probó el suyo con cautela.

Luego levantó una ceja.

—Esto es extraño.

Amelia sonrió.

—¿Te gusta?

Gael volvió a probar.

—Sí.

Amelia lo observó.

Era curioso verlo descubrir cosas tan simples.

Comer helado.

Caminar por la ciudad.

Hablar con ella.

Por un momento todo parecía normal.

Pero en el fondo…

Ambos sabían que algo estaba cambiando.

Algo grande.

Algo peligroso.

Gael terminó su helado lentamente.

Luego miró a Amelia.

—Prométeme algo.

—¿Qué cosa?

—Si alguna vez sientes que algo no está bien…

Su voz se volvió más seria.

—Me lo dirás.

Amelia lo miró.

Luego asintió.

—Lo prometo.

Pero ninguno de los dos sabía…

Que muy pronto esa promesa sería puesta a prueba.

Porque en ese mismo momento…

En lo alto de un edificio cercano…

Dante seguía observándolos.

Y esta vez…

No estaba solo.

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