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El Corazón del Villano

El Corazón del Villano

Status: Terminada
Genre:Timetravel / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: sang senja

Amelia Geraldi fue la princesa de la mafia más temida de su país. Pero una noche, después de leer hasta el amanecer una novela sin remitente, se quedó dormida... y despertó en el cuerpo de la secundaria que muere en el primer acto.

Ahora es Amelia Sandoval, una chica de diecisiete años con cara de muñeca, una familia que ya no la reconoce y una protagonista de lágrimas fáciles que se las arregla para que todos la compadezcan. Peor aún: el hombre que mandó a matar a su nueva identidad sigue ahí. Adrián William, el villano de la historia, frío, brillante y obsesionado con proteger a la heroína, la tiene en su lista negra.

Lástima para él. Esta vez, la presa sabe disparar.

Entre pistolas, intrigas escolares y un tigre blanco que ya muerde, Amelia decide reescribir el final que odió. Lo que no esperaba era que el mismísimo villano empezara a mirarla a ella.

¿Quién cazará a quién cuando el corazón del villano esté en juego?

NovelToon tiene autorización de sang senja para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Consolando a Jenny

La fiesta continuó, aunque el ambiente quedó hecho un desastre, y terminó poco después.

Durante el viaje de regreso, Amelia se fijó en la expresión inmutable de Adrián.

—Oye, Ángel de la Muerte... ¿no te duele ver que tu amada le declara su amor a otro?

—No es asunto tuyo —respondió él, seco.

—Admite que estás celoso. Pobrecito, tu ama te dejó plantado —se burló Amelia, con un tonito exagerado.

—Cállate. Si se me acaba la paciencia, puedes salir lastimada —la amenazó Adrián.

—Uy, qué miedo... ¿Quieres probar? Me da curiosidad saber quién terminará lastimado primero —lo retó ella.

* * *

Esa mañana, Jenny caminaba por los pasillos del colegio, apagada como nunca. Los cuchicheos se oían por todas partes: lo de la noche anterior había sacudido a la escuela entera. Pero ella no hacía caso de las miradas ni de las burlas de los demás.

Amelia llegó y dispersó a los estudiantes, que ya se estaban pasando de la raya.

—¿Y si nos escapamos de clases? —propuso, con toda su mala influencia.

—Va —respondió Jenny en voz baja. Total, tampoco quería ver a Alexio, mucho menos a esa zorra.

Se colaron a escondidas hasta la parte trasera del colegio para trepar el muro. Estaban en plena escalada cuando Aurora apareció de la nada.

—¿Qué hacen? —preguntó, curiosa.

—¡Shhh! —le hicieron señas Jenny y Amelia para que se callara.

Aurora asintió con la cabeza, en señal de que había entendido.

Las otras dos saltaron la barda con una limpieza perfecta. Aurora logró subir, pero le dio miedo bajar.

—Ay, qué alto... Rora tiene miedo de caerse... ¡Papi, mami, ayuden a Rora, que se quedó colgada en el muro! —gimió, dramática.

El escándalo atrajo al prefecto.

—¿Quién anda ahí? —gritó el hombre.

Al oírlo, Aurora se puso en pánico, y Jenny y Amelia no se quedaron atrás. Amelia saltó de inmediato, la agarró de la mano y tiró de ella hacia abajo.

¡Pum!

Aurora cayó encima de las dos.

—¡Carajo, qué pesada, tarada! ¡Levántate ya! —gritó Jenny, mientras Aurora se quedaba tan tranquila sobre ellas.

—Ji, ji, ji... Rora pensó que estaban jugando a ser un colchón —rio Aurora.

De pronto, una cabeza asomó por encima del muro que acababan de escalar.

—¿Qué hacen ustedes? ¡Se están escapando de clases! —las reprendió el prefecto.

Descubiertas, las tres salieron corriendo sin mirar atrás. Cuando estuvieron lo bastante lejos, caminaron juntas sin rumbo.

—¿Adónde vamos? —preguntó Jenny.

—Ni idea —respondió Amelia.

—¡Uf! Si no saben adónde van, ¿para qué invitaron a Rora a escaparse? —protestó Aurora, pataleando como una niña a la que le niegan un dulce.

—¡Nadie te invitó! ¡Tú solita nos seguiste! —gritaron Amelia y Jenny al unísono.

—Vamos al parque de diversiones —propuso Amelia.

—Ni loca. No soy una niña de primaria —rechazó Jenny de plano.

—¡Sí, sí, Rora quiere ir! —exclamó Aurora, entusiasmada.

—No tengo ánimo... Mejor me voy a casa —dijo Jenny, apagada.

Amelia le lanzó una mirada a Aurora para indicarle que presionara a Jenny, y por una vez, Aurora entendió la señal. Entre las dos la agarraron de las manos, echaron a correr y subieron a un taxi rumbo a un parque de diversiones.

Pasaron el día entero allí, con la intención de que Jenny olvidara un poco su tristeza. Se subieron a la rueda de la fortuna, a los autitos chocones, a la montaña rusa y a todo lo demás. Cuando salieron, ya había oscurecido, y las tres caminaron hasta una plaza central.

—¿Y qué hacemos aquí? —preguntó Jenny, confundida.

Amelia solo sonrió con misterio. Aurora, por su parte, no entendía nada.

Al final, las llevó a un puesto de comida callejera. Jenny y Aurora miraron a su alrededor con desconfianza: había unas pocas mesas y sillas, y también algunas esteras en el suelo.

—Mel... ¿en serio nos trajiste a comer aquí? —preguntó Jenny, dudosa, mientras Aurora asentía a su lado.

—En serio. Les garantizo que van a quedar satisfechas —respondió Amelia, sin mucha convicción.

La verdad era que ella misma jamás comía nada de higiene dudosa, y menos en un lugar abierto, tan expuesto a un ataque sorpresa de sus enemigos.

—¿Dónde está el menú, Mel? —preguntó Aurora, inocente.

—Jovencita, ¿qué van a querer? —preguntó el vendedor.

—¿Qué tiene, señor? —preguntó Amelia.

—Pescado frito, pescado a la parrilla, calamar agridulce picante, cangrejo, y más. ¿Qué les sirvo?

—Todo, amigo. Y arroz para tres, por favor —pidió Amelia.

Se sentaron en el suelo, sobre la estera. Poco después, los platos llenaron la superficie. Al principio dudaron un poco, pero el hambre pudo más y se pusieron a comer.

—¡Mmm... qué locura, está buenísimo! ¡Mejor que en los restaurantes! —exclamó Aurora, con los ojos brillantes, probando todo lo que había a su alcance.

Jenny hablaba poco, pero se despachó una ración completa de arroz y varios platillos, aunque el picante le puso la cara, de por sí blanca, roja como cangrejo cocido.

Hasta Amelia se quedó asombrada con el sabor. Esta vida era justo la que siempre había soñado: vivir libre como cualquier persona normal, sin temer a los mafiosos que acechaban su vida. Libre para probarlo todo.

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