NovelToon NovelToon
NuevaEl Veredicto De Las Olas: Renacer En El Búnker

NuevaEl Veredicto De Las Olas: Renacer En El Búnker

Status: En proceso
Genre:Apocalipsis / Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación
Popularitas:546
Nilai: 5
nombre de autor: Santiago López P

Sinopsis
Tras morir en un trágico accidente, Sheila Roy despierta en el cuerpo de Saori, la hermana mayor de un personaje secundario en una popular novela de supervivencia zombie. Sabiendo que el fin del mundo comenzará en cuestión de días, utiliza sus conocimientos y los recursos de sus padres para construir un búnker inexpugnable y rescatar a sus hermanos.
Sin embargo, tras la primera noche del apocalipsis, Saori recupera un recuerdo aterrador: el mundo en el que habita no pertenece a una sola novela, sino a la fusión de dos historias distintas. La segunda trama introduce las "Olas de Mutación", eventos globales que transforman el clima, la flora y la fauna en depredadores letales.
Ahora, con un bebé rescatado, un perro que empieza a mostrar una inteligencia inquietante y un grupo de supervivientes bajo su mando, Saori debe liderar a los suyos a través del "Destello de los Mil Soles", un sueño profundo que marcará el inicio de la verdadera evolución biológica.

NovelToon tiene autorización de Santiago López P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5

Saori se preparó para ir al instituto, aunque cada fibra de su ser gritaba en contra de levantarse a esas horas. Una vez lista, bajó a desayunar en un silencio tenso, sintiendo cómo el tiempo se le escapaba entre los dedos. Como de costumbre, se encargó de dejar a Yuuta en su salón antes de dirigirse al suyo, pero al doblar la esquina, una voz familiar le heló la sangre.

​—¡Sora, apúrate! —exclamó Haruto, cargando unos bultos de limpieza.

​Saori apenas los miró. Durante el último mes, se había vuelto experta en el arte de la evasión. A pesar de que no podía negar que Haruto tenía ese "no sé qué" que lo hacía digno de ser protagonista, ella solo podía pensar en lo mucho que prefería la seguridad de su casa. Haruto se percató de su presencia y le dedicó una sonrisa. Saori le devolvió una mueca amable, lo suficientemente educada para no llamar la atención, pero lo bastante fría para marcar distancia. Se apresuró a entrar a su aula, sin notar que los ojos de Haruto la seguían con una chispa de desconcierto; él no era estúpido, y ese cambio radical en ella no pasaba desapercibido.

​Una vez sentada en su pupitre, Saori se quedó mirando el reloj de la pared mientras el profesor hablaba de historia. Su pierna golpeaba el suelo bajo el pupitre con un ritmo frenético, un tic nervioso que intentaba disimular apretando las manos. Cada segundo de esa clase le parecía una pérdida imperdonable. Se sentía como una intrusa en un mundo que aún no sabía que estaba condenado, atrapada en una realidad que se desmoronaba lentamente mientras todos, a su alrededor, seguían preocupándose por los exámenes y el chico popular de turno. El estrés le oprimía el pecho, una ansiedad constante de saber que, en cualquier momento, el timbre podría ser el último sonido de paz que escucharían.

​Para combatir esa angustia, se refugiaba en su inventario mental. Había invertido casi toda la fortuna que sus padres le enviaban en asegurar su futuro. Tenía comida para casi tres años, cuidadosamente almacenada y sellada para evitar cualquier descomposición; incluso se había dado el lujo de comprar semillas de todo tipo y herramientas de cultivo, planeando convertir su jardín en un huerto autosuficiente si lograba sobrevivir lo suficiente. El agua era su mayor preocupación, así que había instalado tanques gigantes en el sótano, calculando cada litro como si fuera oro líquido. Sabía que, sin agua, sus días estaban contados, por lo que racionarla sería la diferencia entre la vida y una muerte agónica.

​Lo más peligroso, sin embargo, había sido la adquisición de su defensa personal. Al ser menor de edad, comprar armas legalmente era un sueño imposible, así que tuvo que adentrarse en los rincones más oscuros de internet. Saori recordaba con un sudor frío los días en que esperaba el paquete; cada vez que llamaban a la puerta, su corazón saltaba, aterrorizada de que fuera la policía o, peor aún, que la hubieran estafado y hubiera tirado su dinero a la basura en un sitio web falso. Cuando finalmente llegó el envío, tuvo que esconder las cajas como si fueran secretos de estado, sufriendo cada vez que Sora pasaba cerca de su habitación. Solo de imaginar la cara de infarto que pondría su hermano mayor si descubriera su pequeña "colección" bajo la cama, Saori no pudo evitar soltar una risita ahogada en mitad de la clase, ganándose una mirada extrañada de su profesor.

​Que se preparen, pensó, mientras su mano apretaba el bolígrafo con fuerza. Si quieren un apocalipsis, van a tener una fortaleza que ni siquiera la mejor novela de terror podría destruir.

El aula estaba inusualmente silenciosa antes de que comenzara la siguiente clase. Haruto, que habitualmente ocupaba el centro de atención, tenía la mirada perdida en la puerta por la que Saori acababa de desaparecer. La sensación de ser ignorado por ella —cuando antes lo perseguía con una devoción casi asfixiante— le generaba una irritación que intentaba disimular, pero que le quemaba como una espina clavada.

—Tu hermana está un poco extraña —soltó Haruto, rompiendo el silencio del pasillo mientras cruzaba los brazos sobre el pecho.

Sora, que estaba ordenando sus libros sobre el pupitre, suspiró con pesadez, frotándose la nuca en un gesto que delataba el cansancio acumulado de semanas.

—Ha estado así desde hace más de un mes —respondió Sora sin mirarlo, concentrándose en el lomo de sus libros—. Realmente no sé qué es lo que pasa por su cabeza.

Haruto apretó los labios, pensativo. La respuesta de Sora no lo tranquilizó; al contrario, le confirmó que algo fundamental se había roto en la dinámica habitual. Se giró para observar a su amigo, buscando en sus facciones alguna señal de que ocultaba información, pero Sora simplemente parecía agotado.

Haruto guardó silencio, sintiéndose descolocado. Había algo en esa nueva actitud de Saori —esa mirada gélida que le dedicó minutos antes— que no encajaba con la chica alegre y popular que conocía. No era timidez. Era algo mucho más profundo, algo que lo mantenía a una distancia de seguridad que él no había autorizado.

Sora, por su parte, intentaba mantener la fachada de serenidad, pero por dentro era un hervidero de instintos protectores. No era que desconfiara de Haruto como amigo; de hecho, lo consideraba un buen tipo. Sin embargo, sabía demasiado bien el tipo de vida que llevaba Haruto: siempre en el ojo del huracán, siempre atrayendo problemas y una cantidad insalubre de atención.

Ella no necesita eso, pensó Sora, observando de reojo cómo Haruto seguía mirando la puerta del salón de Saori. Ella no necesita estar en el centro de todas las miradas, sufriendo por sus desplantes o sus dramas. Si Saori estaba cambiando, si se estaba volviendo distante y fría, quizás era la mejor coraza que podía construir. Sora prefirió mil veces verla sola y extraña antes que verla rompiéndose en mil pedazos por culpa del mundo caótico que siempre parecía rodear a su mejor amigo.

—Quizás solo necesita espacio, Haruto —agregó Sora, cortante, cerrando su mochila con un chasquido seco—. No todo tiene que girar en torno a nosotros.

Haruto, incapaz de replicar sin sonar demasiado interesado, simplemente asintió y se dejó caer en su asiento. El vacío que sentía en el ambiente no se disipó, y una punzada de ansiedad, que no supo identificar, comenzó a instalarse en su pecho. Algo estaba cambiando, y por primera vez, Haruto tuvo la certeza de que no tenía el control de la situación.

La profesora continuaba con su monólogo sobre historia moderna, pero para Saori, cada sílaba sonaba como un zumbido lejano. Se hundió en su asiento, intentando pasar desapercibida mientras su mente repasaba una lista de inventario que no dejaba de crecer.

Esta clase es una tortura infinita, pensó, clavando la mirada en el segundero del reloj de pared.

Lo que realmente le carcomía los nervios no era la lección, sino el silencio de Sora. Había acumulado cajas de comida, herramientas y hasta suministros médicos en el sótano, y su hermano mayor no había dicho ni una palabra. ¿Acaso no se daba cuenta? ¿O es que estaba esperando el momento perfecto para estallar? Esa falta de confrontación le generaba una ansiedad mucho peor que cualquier regaño; era como caminar sobre una cuerda floja esperando que se rompiera en cualquier momento.

Cuando el timbre finalmente anunció el fin de la jornada, Saori sintió que recuperaba el aliento. Recogió sus cosas con rapidez, decidida a aprovechar cada minuto. Corrió hacia el salón de Yuuta, encontrándolo esperándola con esa chispa de entusiasmo que solo un niño tiene ante una "misión" secreta.

—¡Hermana! ¿Hoy vamos a comprar de nuevo? —preguntó él en cuanto la vio, con los ojos brillando de emoción.

Saori le dedicó una sonrisa cómplice.

—Sí, Yuuta. Pero hoy cambiamos de estrategia. Necesitamos ropa, y no cualquier ropa.

En lugar de las tiendas de moda donde solía comprar, Saori los dirigió hacia establecimientos de artículos deportivos y de trabajo. Mientras caminaban por los pasillos, ella seleccionaba prendas con un ojo clínico: pantalones de tela resistente, camisetas transpirables, botas de montaña con suela de agarre y sudaderas con múltiples bolsillos. No buscaba estilo, buscaba durabilidad. Necesitaba que, llegado el momento, nada se rasgara al saltar una valla o al correr por un callejón lleno de escombros.

—¿Esto es lo que necesitamos? —preguntó Yuuta, sosteniendo un par de botas pesadas—. Son un poco duras, ¿no?

—Son seguras, Yuuta. Y en este mundo, la seguridad es lo único que nos permitirá seguir jugando mañana —respondió ella, arrojando otro par de calcetines térmicos al carrito.

Al terminar, la caminata de regreso se sintió más pesada, no solo por las bolsas, sino por la realidad de su situación. Llegaron a casa, una hermosa estructura de dos pisos que, a pesar de sus acabados de lujo, se sentía como una fortaleza aislada.

Eran tres hermanos habitando un espacio diseñado para una familia convencional que nunca estaba allí. Sus padres, siempre ausentes por el trabajo, enviaban dinero como si eso pudiera compensar su falta de presencia. Al principio, habían intentado contratar cuidadores para ellos, pero Sora y Saori se habían negado rotundamente. Preferían la soledad de su hogar a la vigilancia de extraños.

Al entrar, Saori cerró la puerta de hierro con un chasquido metálico, una cerradura que ella misma había instalado para añadir una capa extra de seguridad. Dejó las bolsas en la mesa del comedor y observó la casa. Estaba impecable, silenciosa y, por ahora, segura.

Ya casi está lista, pensó, sintiendo un alivio amargo. Solo espero que cuando el mundo se desmorone, estas paredes sean suficientes para mantener a mis hermanos a salvo.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play