NovelToon NovelToon
.5 Soy Mitad Angel Y Demonio

.5 Soy Mitad Angel Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:523
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Después del miedo…

no viene calma.

Viene preparación.

El amanecer llegó.

Pero nadie durmió.

La casa estaba en silencio.

No era paz.

Era tensión… contenida al límite.

—De pie.

La voz de mi padre cortó el aire.

Directa.

Sin espacio para discusión.

No pregunté.

No dudé.

Me levanté.

Nyra ya estaba despierta.

Sentada.

Observando.

Pensando demasiado.

—¿Dormiste?

—No.

—Yo tampoco.

Pausa.

—Bien.

Frunció ligeramente el ceño.

—¿Bien?

—Sí.

—¿Por qué eso sería bueno?

La miré.

—Porque ahora entiendes.

Silencio.

—Esto ya no es un juego.

—Nunca lo fue.

—Ahora lo sientes.

Eso…

era la diferencia.

Antes lo sabía.

Ahora… lo llevaba dentro.

—Vamos afuera.

El aire de la mañana era frío.

Pero no suficiente.

Nada lo era ya.

—Hoy cambiamos el entrenamiento —dijo mi padre.

—¿Cómo?

Su mirada se clavó en mí.

—Hoy no vas a contenerte.

Silencio.

—Eso no es buena idea.

—No.

—Entonces—

—Es necesaria.

Eso me hizo tensarme.

—¿Y yo?

La voz de Nyra.

Firme.

Presente.

—Tú también entrenas.

—¿Cómo?

Mi padre no dudó.

—Aprendiendo a sostenerlo.

El mundo…

se volvió más pesado.

—¿Sostener qué?

Su mirada se movió hacia mí.

—A él.

Silencio.

Eso ya no era entrenamiento.

Era responsabilidad.

Real.

—No puedo hacer eso sola.

—No estarás sola.

Pero aun así…

sabía lo que significaba.

—Empezamos ahora.

Me coloqué en el centro.

Nyra frente a mí.

Otra vez.

Pero esto…

ya no era como antes.

Ahora sabíamos demasiado.

—No te acerques demasiado.

—No.

—Nyra—

—No.

Siempre igual.

Siempre firme.

Eso debería haberme molestado.

Pero no lo hizo.

—Está bien.

Respiré hondo.

—Gabriel.

La voz de mi madre.

Más suave.

Más precisa.

—No luches contra lo que eres.

Silencio.

—Aprende a dirigirlo.

Eso…

cambiaba todo.

Cerré los ojos.

Y esta vez…

no lo detuve.

La energía salió.

Más rápida.

Más limpia.

Más… natural.

El aire vibró.

El suelo respondió.

Pero no explotó.

—Eso es… —murmuró mi padre—

no lo estás reprimiendo.

—No…

—Lo estás soltando.

Pero algo más…

se movió.

Dentro de mí.

Más profundo.

Más oscuro.

—Ahí estás…

La voz.

—Más cerca…

—Cállate…

—No puedes ignorarme siempre…

—Sí puedo…

Mentira.

Porque esta vez…

no lo estaba rechazando.

Lo estaba sintiendo.

—Gabriel…

La voz de Nyra.

Ancla.

Siempre.

—Sigue conmigo.

Abrí los ojos.

Y ahí estaba.

Firme.

Sin retroceder.

Sin miedo.

—No te vayas.

—No lo haré.

La energía respondió.

Se estabilizó.

No completamente.

Pero lo suficiente.

—Más.

La voz de mi padre.

—¿Más?

—Más.

—Se va a salir de control.

—Por eso ella está aquí.

Miró a Nyra.

—¿Lista?

Silencio.

—No.

Pausa.

—Pero lo voy a hacer igual.

Eso…

era exactamente lo que necesitábamos.

—Entonces hazlo.

Solté más.

Mucho más.

La energía se expandió.

Violenta.

Pero esta vez…

no ciega.

Dirigida.

Con intención.

Y entonces…

la alcanzó.

A Nyra.

Mi cuerpo reaccionó de inmediato.

—¡Aléjate!

Pero no pasó.

No como esperaba.

La energía no la atacó.

No la rechazó.

La rodeó.

Giró a su alrededor.

Como si…

la reconociera.

Nyra levantó la mirada.

Confundida.

—No me está rechazando…

Silencio.

Eso…

no tenía sentido.

—Se está adaptando —dijo mi madre.

—¿A qué?

—A ella.

El mundo…

se detuvo.

—Eso no es posible.

—Lo es.

—¿Por qué?

Silencio.

Mi padre no respondió.

Mi madre tampoco.

Pero yo…

lo entendí antes de escucharlo.

—Porque la estás eligiendo.

Eso me golpeó.

Fuerte.

—No conscientemente…

—No importa.

—Tu poder responde a lo que sientes.

Nyra me miró.

Y en ese instante…

también lo entendió.

—Entonces no soy un riesgo…

Negué lentamente.

—Nunca lo fuiste.

Pero esa verdad…

no estaba completa.

Porque dentro de mí…

algo seguía creciendo.

Algo que no respondía a nadie.

—No te confíes.

La voz de mi padre.

—Esto apenas empieza.

Y tenía razón.

Porque justo en ese momento…

lo sentí.

Otra vez.

Pero diferente.

Más cercano.

Más claro.

Más…

familiar.

—Gabriel…

La voz no estaba en mi cabeza.

Estaba ahí.

Real.

—Ya casi es hora…

Mi cuerpo se tensó por completo.

—No…

—Sí…

Nyra lo sintió también.

Lo vi en su expresión.

—¿Quién es?

No respondí.

Porque no hacía falta.

El nombre ya estaba ahí.

Esperando.

—Federico.

El aire…

se volvió hielo.

El aire cambió…

pero no como antes.

No fue presión.

No fue poder.

Fue presencia.

Una que reconocí al instante.

Y que odiaba haber reconocido tan fácil.

—Federico…

Mi voz salió baja.

Tensa.

Nyra me miró.

—¿Está aquí?

No respondí de inmediato.

Porque no lo sentía lejos.

Lo sentía…

demasiado cerca.

—Sal.

No dudé.

No esta vez.

Silencio.

Y entonces—

una risa.

Suave.

Lenta.

Demasiado tranquila.

—Siempre tan directo…

Nyra se tensó.

Lo sentí sin mirarla.

—Gabriel…

—Quédate atrás.

—No.

—Nyra—

—No.

La miré un segundo.

Y esta vez…

no insistí.

Porque ya era tarde.

El aire se movió.

Y apareció.

No oculto.

No fragmentado.

No distante.

Frente a nosotros.

Como si ese fuera su lugar desde el inicio.

Federico.

—Tres años…

Su voz había cambiado.

Más grave.

Más firme.

Más… controlada.

—Y sigues igual.

Lo sostuve la mirada.

—Tú no.

Sonrió.

No inestable.

Seguro.

—Gracias.

Silencio.

—Aléjate de ella.

—No vine por ti.

Eso hizo que todo dentro de mí se tensara.

—Entonces vete.

—No puedo.

—¿Por qué?

Pausa.

Y entonces—

—Porque la necesito.

Nyra dio un paso al frente.

Sin dudar.

—No soy algo que puedas necesitar.

Federico la miró.

Y por un segundo…

todo cambió.

No el aire.

No la energía.

Él.

—Eres exactamente eso.

El ambiente se volvió más pesado.

Más denso.

Más… peligroso.

—No te acerques.

Mi voz salió más baja.

Más seria.

—¿O qué?

—No me obligues.

—Siempre tan protector…

Pausa.

—Como antes.

Eso…

no fue solo provocación.

Fue memoria.

—Eso se acabó.

—No.

—Sí.

—No.

Silencio.

Su mirada no se movió.

—Nunca se acabó.

El mundo…

se tensó.

—Esto no tiene que ser así —dijo Nyra.

Los dos la miramos.

—Claro que sí.

Respondimos al mismo tiempo.

Silencio.

Eso…

lo dejó claro.

—No voy a dejar que peleen por mí.

—No es por ti —dijo Federico.

—Sí lo es.

—No.

Pausa.

—Es por lo que representas.

Eso fue peor.

Mucho peor.

—No soy un objeto.

—No.

Pausa.

—Eres equilibrio.

Silencio.

Nyra no respondió.

Pero él sí.

—Claro que no lo sabes.

—Entonces aléjate.

—No puedo.

—Sí puedes.

—No quiero.

Eso…

era lo verdaderamente peligroso.

—Federico…

Mi voz bajó.

Más firme.

Más directa.

—No hagas esto.

—Ya lo hice.

Y entonces—

se movió.

Demasiado rápido.

Directo hacia ella.

—¡NYRA!

Corrí.

Pero no fui el único.

Ella reaccionó.

El aire se expandió.

La barrera apareció—

pero esta vez…

no fue suficiente.

Federico la tocó.

Un segundo.

Solo uno.

Pero bastó.

El mundo…

se detuvo.

No como antes.

No externo.

Interno.

Como si todo se hubiera reducido

a ese punto exacto.

Nyra se quedó completamente inmóvil.

—¿Qué…?

Federico también.

Pero no por sorpresa.

Por interés.

—Interesante…

Silencio.

—Puedes tocarme…

—No completamente.

Sus ojos se oscurecieron.

Más profundos.

Más peligrosos.

—Pero lo suficiente.

Eso…

no era bueno.

Nada bueno.

—Aléjate.

Di un paso.

Pero no respondió.

Porque no me estaba mirando.

Estaba concentrado en ella.

—Eres más débil de lo que pensé…

—No.

Nyra habló.

Y todo volvió.

De golpe.

La energía explotó.

Lo lanzó hacia atrás.

Fuerte.

Pero no limpio.

No completo.

No definitivo.

Silencio.

Federico se incorporó despacio.

Sin prisa.

—Entonces sí…

Pausa.

—Hay conexión.

El aire se volvió más frío.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Su mirada no se movió de Nyra.

—Y eso lo cambia todo.

—No te acerques.

—Ahora menos que nunca me voy a ir.

Eso me hizo tensarme más.

—Porque si puedo tocarte…

Pausa.

Más baja.

Más oscura.

—puedo romperte.

El mundo…

se contrajo.

—Inténtalo —dijo Nyra.

Eso—

no era buena idea.

—No me provoques.

—No te tengo miedo.

—Deberías.

—No.

Silencio.

Y entonces…

algo cambió.

No en el entorno.

En él.

Su expresión.

Su intención.

—Aún no.

Retrocedió un paso.

—No así.

Eso me desconcertó.

—¿Qué?

—Esto no termina aquí.

—Entonces vete.

—No.

Pausa.

—Esto apenas empieza.

Su mirada pasó por Nyra…

y se clavó en mí.

—No puedes protegerla de mí.

Silencio.

Y entonces—

desapareció.

Sin ruido.

Sin rastro.

Como si nunca hubiera estado ahí.

Pero lo estuvo.

Y lo peor…

era que volvería.

El mundo volvió a moverse.

Pero nada…

era igual.

El silencio que dejó…

no fue vacío.

Fue ruptura.

Nadie se movió de inmediato.

Porque todos entendimos lo mismo.

Algo había cambiado.

Y no iba a volver atrás.

—¿Estás bien?

Mi voz salió más baja de lo que quería.

Nyra no respondió enseguida.

Seguía mirando el lugar donde Federico había estado.

Como si aún pudiera verlo.

Como si aún pudiera sentirlo.

—Nyra…

—Sí…

Finalmente habló.

Pero su voz…

no era la misma.

—Estoy bien.

Mentira.

—No lo estás.

—No me dolió.

—No se trata de eso.

Silencio.

—Entonces ¿de qué?

No respondí de inmediato.

Porque decirlo en voz alta…

lo hacía real.

—Puede tocarte.

Silencio.

El mundo…

se contrajo en esa frase.

—Solo un poco —dijo.

—Eso es suficiente.

—No.

—Sí.

—No me rompió.

—Pero puede hacerlo.

Silencio.

Nyra respiró más profundo.

Más consciente.

Más firme.

—Entonces no lo voy a permitir.

Eso…

no era tan simple.

—No depende solo de ti.

—Entonces aprenderé.

—No es tan fácil.

—Nunca lo ha sido.

Silencio.

Eso ya no era una discusión.

Era decisión.

—No me voy a esconder.

—No te lo estoy pidiendo.

—Entonces no me detengas.

—No puedo dejar que te arriesgues así.

—Ya estoy en riesgo.

Eso…

me dejó sin respuesta.

Porque tenía razón.

Y eso era lo peor.

—Entonces lo hacemos bien.

—¿Cómo?

Silencio.

Mi mirada no se apartó de ella.

—Más fuerte.

—¿Qué?

—Entrenamos más.

—Eso ya lo estamos haciendo.

—No.

Pausa.

—Ahora lo hacemos en serio.

El aire se volvió más pesado.

Más real.

Más irreversible.

—Gabriel…

La voz de mi padre.

Advertencia pura.

—Eso no es entrenamiento.

—Lo sé.

—Es peligro.

—También lo sé.

—Entonces ¿por qué lo dices?

Silencio.

—Porque no hay otra opción.

Eso…

nadie lo negó.

—Si él puede tocarla…

continué,

—entonces necesito estar listo para detenerlo.

—No estás listo.

—Lo estaré.

—No a tiempo.

Silencio.

Eso dolió más que cualquier golpe.

—Entonces acelero.

—Eso te va a romper.

—Entonces que lo haga.

—No.

La voz de Nyra.

Más firme de lo que esperaba.

—Nyra—

—No.

Dio un paso hacia mí.

Sin miedo.

Sin dudar.

—No voy a dejar que te pierdas.

—No me voy a perder.

—Eso dijo él también.

Silencio.

Esa comparación…

golpeó más profundo de lo que debía.

—No soy él.

—Lo sé.

—Entonces confía.

—Confío.

Pausa.

—Pero no en eso.

Silencio.

—Entonces ¿qué hacemos?

La voz de mi madre cortó la tensión.

Más calmada.

Más estratégica.

—Cambiamos todo.

Todos la miramos.

—¿Cómo?

—No solo entrenamos poder.

—¿Entonces?

—Entrenamos vínculo.

Silencio.

—¿Vínculo?

—Sí.

—Eso ya existe.

—No lo suficiente.

Nyra frunció ligeramente el ceño.

—Explícate.

—Si él puede alcanzarte…

Pausa.

—entonces ustedes dos tienen que ser más fuertes juntos.

El mundo…

se detuvo un segundo.

—¿Cómo?

—Sincronización.

—Eso suena complicado.

—Lo es.

—¿Y peligroso?

—Mucho.

Silencio.

Y aún así…

la decisión llegó.

—Entonces lo hacemos.

Nyra no dudó.

Ni un segundo.

—No.

Dije.

Instinto.

Protección.

Miedo.

—Sí.

—Nyra—

—Si esto es lo único que puede mantenernos…

Pausa.

Sus dedos se cerraron ligeramente.

—entonces no voy a dudar.

Silencio.

Eso…

la hacía más fuerte.

Y también…

más expuesta.

—Empieza mañana —dijo mi padre.

—No.

Todos me miraron.

—Hoy.

Silencio.

—No voy a esperar.

Porque esperar…

era perder.

—Entonces no habrá vuelta atrás.

—Nunca la hubo.

Nyra dio un paso más cerca.

Tomó mi mano.

Firme.

Real.

—Entonces lo hacemos juntos.

Silencio.

Y eso…

lo selló todo.

Pero en el fondo…

lo sabía.

Esto no nos iba a hacer más fuertes primero.

Nos iba a romper.

A los dos.

Antes de aprender a unirnos.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play