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La Mal Parida Al Trono

La Mal Parida Al Trono

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Villana / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella es una esclava del Reino, obligada a entregarle su cuerpo a los guardias reales y Samuráis Buscará ascender En la alta sociedad sin importarle nada

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

Kakashi vino al yuukaku.

No era su costumbre. Siempre me visitaba de noche, cuando las sombras podían ocultarlo, cuando podía deslizarse hasta mi habitación sin que nadie hiciera preguntas. Pero esa tarde llegó con la luz del sol aún cayendo sobre los techos, con el uniforme de la guardia imperial puesto, con el ceño fruncido y los puños apretados.

Las mujeres lo miraron al pasar. Cuchichearon. Un hombre joven, guapo, con espada... no era cliente habitual. Era otra cosa.

Él no les prestó atención. Vino directo a mi puerta y entró sin llamar.

—Estás jugando con fuego —dijo.

No era un saludo. Era una advertencia.

Lo miré desde donde estaba, arrodillada frente al espejo, peinándome con la horquilla de jade. En el reflejo vi su rostro: preocupado, tenso, más serio de lo que nunca lo había visto.

—Lo sé —respondí, sin dejar de peinarme—. Pero no voy a quedarme en esta vida. Prefiero morir intentando salir de aquí.

Él dio un paso adelante. Luego otro. Se arrodilló a mi lado, tan cerca que pude sentir su calor, su respiración agitada.

—Debes tener cuidado —dijo, y su voz se rompió apenas—. Por favor, Ai.

Hizo una pausa. Tragó saliva.

—¿Qué será de mí si te sucede algo?

La pregunta me golpeó donde no esperaba.

Dejé el peine. Me giré lentamente hasta quedar frente a él. Sus ojos negros me miraban con una intensidad que dolía. No era deseo. No era lujuria. Era otra cosa. Algo que no había visto en ningún hombre.

Algo que daba miedo por lo puro que era.

—Kakashi —dije, y mi voz salió más suave de lo que quería—. Tú eres lo único bueno que tengo.

Él no respondió. Pero su mano buscó la mía y la sostuvo.

—Ese hombre —dijo al fin—. El funcionario. Sé quién es. Todos en la guardia lo conocen. No es alguien con quien se juegue.

—Ya lo sé.

—No creo que lo sepas. Tiene poder. Tiene conexiones. Si decides usarlo, si decides manipularlo... —apretó mi mano—. Podrías salir lastimada. O peor.

Lo miré a los ojos.

—Ya estoy lastimada —dije—. Todos los días. Desde que tengo memoria. Lo único que me queda es decidir quién me lastima y para qué.

Kakashi bajó la vista. Sus hombros, siempre tan erguidos, se hundieron ligeramente.

—No quiero que te lastimen —susurró.

—Lo sé.

—No quiero que te mueras.

—Lo sé.

—Te quiero —dijo, y la palabra flotó en el aire como una pluma—. Te quiero viva. Te quiero lejos de aquí. Te quiero... como seas, donde seas, pase lo que pase.

Mi corazón dio un vuelco. Un golpe seco, doloroso, hermoso.

Nadie me había dicho eso nunca.

Nadie me había querido.

Apreté su mano con fuerza.

—Kakashi —dije—. No sé si voy a lograrlo. No sé si voy a salir viva de esto. Pero si lo logro... si algún día soy libre...

Tragué saliva.

—Quiero que estés ahí.

Él levantó la vista. Sus ojos brillaban.

—Siempre —dijo—. Siempre voy a estar ahí.

Nos quedamos en silencio mucho rato. Con las manos entrelazadas. Con el sol cayendo detrás de las ventanas. Con el mundo afuera haciendo lo de siempre: matando, violando, destruyendo.

Pero adentro, en esa pequeña habitación, había algo diferente.

Había algo que parecía amor.

Cuando se fue, ya era de noche.

Toqué la horquilla de jade en mi cabello. Pensé en Kakashi. Pensé en el funcionario. Pensé en Kimi.

Tres personas. Tres formas distintas de quererme.

Una hermana.

Un hombre bueno.

Un hombre poderoso.

No sabía cuál de ellos me salvaría. No sabía cuál de ellos me destruiría.

Pero por primera vez, supe que valía la pena intentarlo.

Por mí.

Y por él.

Y por todas las que no pudieron.

—Voy a ser poderosa o moriré en el intento —susurré, mientras acariciaba mi horquilla de jade.

La necesitaba. Tocarla. Sentir que aún tenía algo.

Me levanté y salí a caminar. Necesitaba despejar la mente, alejarme del olor a sexo y miseria que impregnaba cada rincón del yuukaku. Caminé sin rumbo hasta que el camino se abrió y lo vi.

El inmenso Palacio.

Sus muros blancos se elevaban hacia el cielo como una promesa imposible. Sus techos curvas se recortaban contra las nubes como dragones dormidos. Torres, jardines, soldados en las puertas. Otro mundo. Otra vida.

Yo quiero estar ahí, pensé. Pero en seguida corregí: Necesito estar ahí.

Me quedé mirándolo mucho rato. Tanto que el sol comenzó a moverse y las sombras cambiaron de lugar.

Luego me di la vuelta y volví al yuukaku.

—Tienes clientes —dijo la jefa apenas crucé la puerta.

—Sí, ya lo sé. En un momento voy.

Subí las escaleras con el peso de siempre en las piernas. Entré a mi habitación. Me arrodillé frente al escondite, moví la tabla suelta, metí la mano...

Nada.

Toqué una y otra vez. Rasguñé la madera. Busqué en cada recoveco.

No estaba.

El sello no estaba.

—¡No puede ser! —grité, y mi propia voz me asustó—. ¡Estoy muerta! ¡No, no, no!

Golpeé el suelo con los puños. Revisé otra vez. Otra vez. Otra vez.

Nada.

¿Cómo es posible? ¿Quién? ¿Cuándo?

La puerta se abrió.

—¿Sucede algo? —preguntó Kimi, con los ojos muy abiertos.

—Perdí un sello —dije, y mi voz sonó quebrada, infantil, irreconocible—. Importante. O mejor dicho, alguien lo robó. Si no lo encuentro... me van a matar.

Y entonces pasó.

Algo que no había hecho en años. Algo que me había prohibido a mí misma desde aquella noche con Takeshi.

Rompí en llanto.

Lágrimas calientes, feas, descontroladas. Kimi se arrodilló a mi lado y me abrazó sin decir nada. Su cuerpo pequeño temblaba tanto como el mío.

No sé cuánto tiempo estuvimos así.

Pero en algún momento, me sequé las lágrimas con el dorso de la mano. Las sequé y guardé el dolor en el mismo lugar donde guardaba todo: adentro, bien adentro, donde nadie pudiera verlo.

—Debo buscarlo —dije.

—Ai —susurró Kimi—. ¿Qué vas a hacer?

No respondí.

No sabía.

—¡Ai! —la voz de la dueña atravesó las paredes—. ¡Te buscan! Será mejor que bajes ahora mismo!

Me miré al espejo. Ojos rojos. Cara hinchada. Parecía un fantasma.

Me peiné con la horquilla de jade. Me arreglé el kimono. Bajé las escaleras con el corazón latiendo tan fuerte que creí que todos podían oírlo.

Cuando bajé, era él.

El funcionario.

Estaba de pie en medio de la sala común, con las manos detrás de la espalda, mirando las paredes sucias como si intentara memorizarlas. Al verme, sus ojos se suavizaron.

—Ven —dije, con mi voz más dulce, la de siempre.

Subimos a la habitación. Cerré la puerta. Traté de que no notara mi nerviosismo, mis manos temblorosas, mi respiración agitada.

—Lo he pensado —dijo él, sin preámbulos—. Necesito ese sello. Urgente.

Mi estómago se contrajo.

—Voy a llevarte al palacio —continuó—. Pero serás una sierva. Es lo único que puedo ofrecerte.

Hizo una pausa. Me miró fijamente.

—¿Lo tomas o lo dejas?

Las palabras flotaron en el aire como cuchillos.

Lo tomo, pensé. Claro que lo tomo. Pero no por las razones que él cree.

—Lo tomo —dije.

Y luego, porque necesitaba que creyera, que no sospechara, que no pidiera el sello antes de tiempo:

—Lo siento —dije, bajando la vista—. Te amo. Pero estoy desesperada por salir de este lugar.

Mentira. Obviamente mentira. Pero mi voz tembló en el momento justo, mis ojos se humedecieron en el momento justo, mi cuerpo hizo lo que tenía que hacer.

Él no sabía que no tenía el sello.

Él no sabía nada.

—Lo entiendo —dijo, y su voz era suave, casi tierna—. ¿Quién quiere ser una callejera toda la vida?

Se acercó. Me levantó la barbilla con dos dedos.

—Si no estuviera casado —susurró—, te habría hecho mi esposa.

¿Enserio? pensé. ¿Enserio crees que me importa?

Pero en mi cara puse asombro, emoción, gratitud.

Él me besó.

Un beso profundo, hambriento, que pronto se volvió salvaje. Sus manos me arrancaron la ropa de un tirón, sin cuidado, sin paciencia. Me empujó contra el futón con una urgencia que no le había visto antes.

Esa noche follamos como cinco veces.

O tal vez fueron más. Perdí la cuenta.

Cada vez que terminaba, me buscaba de nuevo. Cada vez que creía que no podía más, me tomaba otra vez. Como si quisiera guardarme dentro de su piel antes de que todo cambiara.

Yo me dejaba hacer.

Pensaba en el sello perdido. En el ladrón invisible. En el palacio que me esperaba. En la soga que tenía al cuello.

Y mientras él gemía sobre mi cuerpo, yo sonreía en la oscuridad.

Porque al final, después de todo, lo había conseguido.

Iría al palacio.

Aunque fuera como sierva.

Aunque me mataran al llegar.

Aunque todo fuera una trampa.

Iría.

Y una vez dentro... ya veríamos.

Toqué la horquilla de jade, aún en mi cabello, milagrosamente sujeta después de tanto movimiento.

Y esperé a que amaneciera.

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Geral Lj
me encantó!
Bunny 🐇: 🥰 me alegra que te haya gustado y gracias por la calificación
total 1 replies
Gloria Martín
muy buena
Geral Lj
aquí está el cerdo
Geral Lj
nos estamos olvidando de la Minato
Bunny 🐇: 🤭 creeme que no, a Ai no se le olvida nadie 🤣jajajaja
total 1 replies
birrahelada
Atrapante de principio a fin. Fuerte, tiene partes tremendas pero es de esas historias que no podes parar de leer y compartis cada tristeza y alegría con los personajes. Realmente maravillosa
Bunny 🐇: 🥰 Muchas gracias por tu apoyo y calificación
total 1 replies
birrahelada
Execelente. Gracias por compartir esta maravillosa historia
Bunny 🐇: Gracias me alegra que te haya gustado 🥰
total 1 replies
birrahelada
Execelente. Gracias por compartir esta maravillosa historia
birrahelada
Me gusta mucho más esta reacción que la anterior
Nena
Esa es mi chica.... La pregunta del millón es, ¿cómo vamos a sacar un bebé que no existe? arregle eso mi emperatriz...
Nena
Pero estos hombres se adueñan de esas mujeres que no le pertenecen.... Si el supiera que ese corazón ya tiene dueño y no es Ren🤪
birrahelada
simplemente WOW!!
Nena
Los verdaderos amigos en las buenas y en las malas... ayúdalo que él necesita de ti.
birrahelada
cuánta gente despreciable junta! no veo la hora de ver cómo pagan todo ese dolor que causaron
Nena
Cuando levantes vuelo, llévate ir por el medio al sinvergüenza ese y todo aquel que te hizo daño...
birrahelada
Anoche me crucé con esta novela y comencé una maratón de capítulos. Es atrapante, palabra a palabra me atrapa más y más. Espero el próximo capítulo con ansias
Nena: Estamos en las mismas, la historia, la narrativa atrapa espero siga igual.
total 1 replies
birrahelada
Cada vez se mete más profundamente en la boca del lobo. Es fascinante
birrahelada
Tal cual. El marido le debe respeto y con él tendría que estar enfurecida
birrahelada
es tremendo todo el relato 🥺
Nena
Escritora, la historia se siente bonita.... Cuando ella se pare de ahí sea de hierro.😬
Nena
Si traga, que pronto obtendrás la recompensa de todo lo que has aguantado.
Y ella se llena la boca ... Mi esposo.
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