A veces los sentimientos llegan cuando menos deberían.
Una noche cualquiera, una convivencia inesperada y una conexión que nunca estuvo en los planes.
Esta no es una historia perfecta, es real, intensa y llena de decisiones que marcan para siempre.
Porque hay amores que no se buscan… simplemente pasan.
NovelToon tiene autorización de M. Valen para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5. Entre semanas que separaban
Los días fueron pasando y nadie sospechaba nada.
Frente a los demás éramos casi desconocidos, simples coincidencias bajo el mismo techo, miradas medidas, palabras justas. Pero cuando la noche caía y el mundo se apagaba, todo cambiaba. En la oscuridad, nuestra conexión se volvía única, real, imposible de fingir. Me dormía entre sus brazos cada noche y esa sensación de protección, de calma, de pertenecer a un lugar, era algo que jamás había sentido antes.
Y aun así, se acercaba el día que ambos odiábamos: el viernes.
El día en que yo tenía que regresar a casa.
Sabíamos que la semana siguiente volveríamos a vernos, pero eso no quitaba esa sensación rara, ese nudo en el pecho que aparecía cada vez que el tiempo empezaba a agotarse.
El jueves por la noche hablamos más de lo normal. Hicimos planes para la próxima semana, para cuando yo volviera a subir. Reímos bajito, como dos niños planeando travesuras que nadie debía descubrir.
Nos quedamos dormidos así, entre risas suaves y promesas implícitas.
Pero yo desperté temprano.
Eran alrededor de las cuatro de la madrugada. Él seguía dormido, respirando tranquilo, ajeno al torbellino que yo sentía por dentro. Me quedé observándolo en silencio. Ese viernes me estaba pesando más de lo normal. No quería aceptar que tenía que irme, aunque supiera que regresaría.
Lo miré unos minutos más… hasta que abrió los ojos.
Alejandro: ¿Tienes mucho rato despierta?
No me sorprendí. Tal vez él siempre sabía cuándo yo lo miraba.
Melani: Solo un par de minutos.
Alejandro: ¿Qué hora es?
Melani: Como las cinco. ¿A qué hora te irás hoy…?
Alejandro: Como a las 7am voy saliendo...
No me dejó articular una palabra mas. Me rodeó con sus brazos y me atrajo hacia él.
Alejandro: Ojalá pudiera quedarme así y no ir a trabajar… esto me gusta más.
El corazón se me aceleró. No supe qué decir. No quise pensar demasiado.
Melani: Debes ir a trabajar, amor.
No respondió con palabras. Solo me besó. Un beso intenso, lento, cargado de despedida y de ganas contenidas. De esos que dicen más de lo que deberían.
Le pedí que se fuera a bañar para que no se le hiciera tarde. Lo vi en su mirada: quería algo más, una última cercanía antes de que el día nos separara. Todo pasó rápido, en silencio, como si el tiempo nos estuviera persiguiendo.
Después se levantó, se arregló, y antes de salir se detuvo frente a mí.
Alejandro: Avísame cuando te vayas, ¿sí? Te quiero.
Me dio un beso corto, pero profundo.
Melani: Está bien… te aviso.
Más tarde salí rumbo a mi casa.
Y fue entonces cuando lo sentí.
Esa sensación extraña. Como si algo me faltara. Como si hubiera dejado una parte de mí en esa habitación, entre esas paredes, en esos brazos que ya no me rodeaban.
La semana pasó lenta. Demasiado lenta.
Seguimos con la misma rutina: mensajes de buenos días, de tardes, de noches. Conversaciones simples que escondían todo lo que no podíamos decir. Y aunque hablábamos todos los días, nada reemplazaba su presencia.
Hasta que volvió a llegar ese sábado.
El día en que empezaba a arreglar mis cosas, sabiendo que al día siguiente volvería a subir…
y que, una vez más, todo estaba a punto de comenzar otra vez.