Sinopsis:
Isabella, una joven y talentosa pianista, ve cómo su mundo se desmorona cuando su gran amor, Nicolás, sufre un trágico accidente de auto y es dado por muerto. Devastada y sola, descubre semanas después que está embarazada. Con el corazón roto pero decidida a salir adelante, se entrega a la música y comienza a trabajar como pianista en eventos y bodas, mientras cría a sus dos hijos gemelos.
Años después, recibe la oferta de tocar en una lujosa boda de alto perfil, con estrictas cláusulas de confidencialidad. Nada la prepara para lo que está a punto de vivir: el novio es Nicolás, vivo… pero sin el más mínimo recuerdo de ella.
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Capítulo 5 – Sangre Fría
El salón de la boda se convirtió en un susurro colectivo. Los invitados, confundidos, observaban cómo Nicolás se acercaba a la pianista con una mezcla de desconcierto y emoción. Camila, inmóvil en el altar, apretaba los labios con fuerza. Pero nadie reaccionó con más rapidez —ni más frialdad— que los padres de Nicolás.
Desde la primera fila, la señora Herrera se levantó con elegancia calculada. Su esposo la siguió, su rostro endurecido como una máscara de mármol. Ambos se acercaron a su hijo con pasos firmes, como si quisieran arrancarlo de una pesadilla.
—Nicolás —dijo su madre, con una sonrisa tensa—, ven aquí. Estás confundido. No es momento para esto.
Pero Nicolás no se movió. Seguía mirando a Isabella, como si cada segundo frente a ella le devolviera una parte de sí mismo.
—¿Quién es ella? —preguntó, sin apartar la vista—. ¿Por qué siento que la conozco?
El señor Herrera intervino, su voz baja pero cargada de autoridad.
—Es solo una pianista, hijo. No la conoces. Estás nervioso, es normal. Ven, respira. Hablemos en privado.
Isabella dio un paso atrás, instintivamente protegiendo a los niños. Sofía y Thiago la rodeaban, tomándola de la falda, sin entender del todo lo que ocurría.
—No me mientan —dijo Nicolás, con un tono que no usaba desde hacía años—. No es solo una pianista. La conozco. A ella… y a ellos.
La señora Herrera frunció el ceño, su voz ahora más cortante.
—Esa mujer no tiene nada que ver contigo. Es una oportunista. Apareció aquí para arruinar tu día, para manipularte. No le des ese poder.
—¿Manipularme? —repitió Nicolás, incrédulo—. ¿Por qué no me dijeron que la conocía? ¿Por qué ocultaron esto?
Camila, aún en el altar, bajó la mirada. No podía sostener la culpa. Sabía que había cruzado una línea, pero ya era tarde para retroceder.
—Porque no era importante —intervino el señor Herrera—. Esa relación fue un desliz. Una etapa que superaste. Ella no pertenece a nuestro mundo, Nicolás. Y esos niños… ni siquiera sabemos si son tuyos.
Isabella alzó la mirada, herida pero firme.
—No necesito que me reconozcan. Solo vine a hacer mi trabajo. No sabía que él estaría aquí. Pero si quieren pruebas, háganlas. No tengo nada que esconder.
Nicolás la miró, y por un instante, todo el ruido desapareció. Solo estaban ellos. Y los niños. Su reflejo. Su sangre.
—Quiero saber la verdad —dijo, con voz firme—. Toda la verdad. Y esta vez, no voy a dejar que me la oculten.
Su madre intentó tomarlo del brazo, pero él se apartó.
—No. Ya no más mentiras. Si ustedes sabían de ella… si sabían de mis hijos… y me lo ocultaron, entonces no están protegiéndome. Me están controlando.
El señor Herrera endureció la mandíbula.
—Estás cometiendo un error.
—Tal vez. Pero será mío.
Nicolás se volvió hacia Isabella.
—¿Podemos hablar? A solas.
Ella asintió, con los ojos brillando de emoción contenida.
Y mientras salían del salón, dejando atrás el altar, los aplausos falsos y las alianzas vacías, los Herrera-Mendoza comprendieron que el pasado que tanto temían acababa de reclamar su lugar.
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😬🤭
POR AMBICIOSOS Y MALDITOS