Abandonado en una raid urbana, Cael fue dado por muerto.
En las profundidades de una mazmorra oculta, despertó un Sistema prohibido que el mundo jamás debió conocer.
Mientras la ciudad sigue sus reglas…
él aprende a romperlas.
Y cuando regrese, no cambiará el ranking.
Cambiará el sistema.
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Capítulo 6 — Bajo Observación
El evaluador independiente no atendía en una torre de cristal.
Su consulta estaba encajada entre una imprenta antigua y una ferretería que olía a metal húmedo. El letrero, descolorido por el sol, decía:
“Diagnóstico de Núcleos — Bajo cita.”
Nada más.
Cael se quedó un momento frente a la puerta antes de entrar.
No le preocupaba el resultado.
Le preocupaba que existiera.
El interior era estrecho. Había cables expuestos, un ventilador viejo girando con un zumbido irregular y una cafetera que parecía no apagarse nunca. Detrás de un monitor lleno de líneas en movimiento, un hombre canoso levantó la vista.
—Nombre.
—Cael Verdan.
—Rango registrado.
—F.
El hombre hizo una pausa mínima.
—Eso es lo que dice el sistema.
No fue ironía.
Fue constatación.
Giró la pantalla apenas. En una ventana lateral, congelado, estaba el destello azul del callejón.
—Siéntate —dijo—. Esto no es oficial. Y mientras yo respire, lo que salga de aquí no viaja a la Asociación.
Cael se sentó.
El dispositivo que le colocaron en el pecho estaba frío. Demasiado preciso.
—Respira normal —indicó el evaluador—. No fuerces nada.
Cael intentó no pensar.
Pero pensó.
En piedra negra.
En el Guardián.
En la grieta luminosa.
En el calor que no lo dejaba caer.
Las líneas del monitor reaccionaron al instante.
No subieron de forma uniforme.
Se desorganizaron.
El evaluador se inclinó hacia la pantalla.
—Interesante.
No sonaba emocionado.
Sonaba preocupado.
—Tu núcleo no está saturado. No es exceso de maná. Es… desalineación.
—¿Eso significa algo bueno?
—Significa que no sigues el patrón.
El hombre ajustó parámetros. Las líneas volvieron a cambiar.
—Estás sintonizado con otra frecuencia. Como si tu fuente no estuviera completamente dentro del sistema estándar.
Cael sintió un peso leve en el pecho.
—¿Es inestable?
—No ahora. Pero no es natural.
Silencio.
El evaluador retiró el dispositivo.
—No puedo subirte el rango sin activar alarmas. Oficialmente sigues siendo F.
Hizo una pausa.
—Extraoficialmente… eres una anomalía.
Cael no reaccionó.
Ya estaba acostumbrado a esa palabra.
—¿Eso atrae problemas?
El hombre lo miró por encima de los lentes.
—Eso atrae atención. Y la atención, tarde o temprano, atrae intervención.
Imprimió un informe breve y se lo entregó doblado.
—No lo guardes en la nube —dijo—. Las nubes no son privadas.
El correo llegó dos días después.
Asunto: Solicitud de entrevista informativa.
Asociación de Cazadores.
El tono era amable.
Demasiado.
Cael lo leyó sentado en el bus camino a un encargo con el Equipo Gris. Afuera, la ciudad pasaba como una secuencia repetida: vitrinas, semáforos, gente que no sabía que debajo del concreto había grietas invisibles.
Guardó el teléfono.
No respondió.
Aún.
—Estás más callado que de costumbre —observó Lara al verlo llegar.
Cael sostuvo su mirada un segundo antes de hablar.
—La Asociación quiere hablar conmigo.
Ivo dejó escapar un silbido bajo.
—Eso no es felicitación.
—No es orden —aclaró Maira—. Pero es el primer paso.
—El primero —repitió Cael.
El encargo del día fue menos discreto.
Un subsuelo inundado. Agua oscura hasta los tobillos. El olor a moho mezclado con algo ácido.
La anomalía no atacó de inmediato.
Se deslizó bajo el agua.
Ivo avanzó primero. El golpe lo tomó por sorpresa. El impacto levantó una ola sucia que les golpeó el pecho.
—¡Debajo! —gritó Maira.
Cael activó el Filo.
La luz azul se reflejó distorsionada en la superficie turbia.
La criatura emergió de lado, como una mandíbula sin cuerpo definido.
Cael sintió el tirón en el costado herido al girar demasiado rápido. El dolor fue seco. Directo.
No gritó.
Cortó.
La primera vez no fue suficiente.
La segunda buscó profundidad.
La tercera encontró resistencia real.
La criatura se retorció y golpeó el agua con violencia antes de desintegrarse en una espuma oscura que se dispersó lentamente.
Cuando salieron, nadie celebró.
Ivo se revisaba el brazo. Maira limpiaba su dispositivo. Lara observaba a Cael con atención contenida.
—No tienes que venir mañana —dijo ella—. Puedes atender lo de la Asociación.
Cael sostuvo su mirada.
—No voy a desaparecer.
Ella asintió.
No fue sonrisa.
Fue entendimiento.
El edificio de la Asociación no era imponente.
Era gris.
Neutral.
Diseñado para que nadie lo recuerde.
La funcionaria que lo recibió tenía voz suave y postura impecable. No llevaba armas visibles. Eso era más inquietante que si las hubiera llevado.
—No estás acusado —aclaró de inmediato—. Queremos comprender ciertos eventos recientes.
Cael se sentó sin tocar el café que le ofrecieron.
—Hice mi trabajo.
—Sin gremio. Con una manifestación energética no registrada.
—¿Es ilegal?
—No.
Pausa.
—Aún.
El silencio no fue accidental.
—Tenemos programas de observación —continuó ella—. Apoyo médico. Cobertura legal. Evaluación constante.
—¿Constante?
—Regular.
—¿Vigilancia?
Ella no apartó la mirada.
—Supervisión.
Cael dejó que el silencio se extendiera.
—¿Y si no acepto?
—Seguirás siendo independiente.
Otra pausa.
—Con mayor escrutinio.
Eso era lo más honesto que había dicho.
Cael pensó en el local del evaluador. En el Equipo Gris. En el pasillo oscuro sin cámaras.
—Lo consideraré.
—Hazlo pronto —respondió la funcionaria—. Las decisiones aplazadas suelen convertirse en decisiones forzadas.
Esa noche, el departamento se sintió más pequeño.
Cael se sentó en el suelo, apoyado contra la cama.
Los paneles aparecieron.
[Experiencia acumulada: 92%.]
[Recomendación: Descanso.]
Soltó una risa baja.
—Siempre apareces cuando ya estoy agotado.
Cerró los ojos.
No para dormir.
Para ordenar.
No quería ser símbolo.
No quería ser experimento.
No quería ser herramienta institucional.
Solo quería no volver a ser el primero en entrar… y el último en importar.
Abrió los ojos.
Tomó el teléfono.
Escribió un mensaje a Lara.
“Mañana estoy.”
Luego abrió el correo de la Asociación.
No respondió todavía.
Pero lo marcó.
No huiría.
No esta vez.
Iba a hablar con ellos.
En sus términos.
Y por primera vez desde el portal, la decisión no se sintió como reacción.
Se sintió propia.
La Asociación quería supervisarlo.
El sistema lo llamaba anomalía.
Y por primera vez desde la mazmorra… Cael decidió no huir.
Pero aceptar hablar con ellos podía significar dos cosas:
controlarlo…
o descubrir lo que realmente era.
Si estuvieran en su lugar, ¿aceptarían la supervisión de la Asociación…
o desaparecerían antes de que intentaran usar su poder?