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Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:369.1k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Santi Suki

Valentina lo dio todo por su matrimonio. Dejó atrás una vida de lujos, una empresa familiar multimillonaria y un apellido de peso para convertirse en la esposa de Andrés: un hombre bueno, pero incapaz de defender a su propia familia.

Durante años, su suegra la humilló. Su cuñada la despreció. Le dijeron mantenida, inútil, una carga. Le exigieron dinero, sacrificios y silencio. Y Valentina aguantó. Por amor. Por sus hijos. Por la esperanza de que algún día Andrés abriera los ojos.

Hasta que un día dejó de aguantar.

Lo que nadie sabe —ni la suegra que la insulta, ni la cuñada que la menosprecia, ni siquiera el marido que la dejó ir— es que Valentina Montero es la accionista mayoritaria del Grupo Montero, la misma empresa donde Andrés trabaja como simple empleado.

Ahora, desde las sombras, Valentina reconstruye su vida, protege a sus hijos y observa cómo la verdad empieza a salir a la luz. Porque tarde o temprano, todos van a descubrir quién es realmente la mujer a la que llamaron inútil.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 33

El comedor seguía cargado de tensión. Ya nadie disfrutaba realmente la comida. Todos lucían inquietos.

Andrés, en cambio, se veía mucho más sereno. Como si, después de años conteniéndolo todo solo, algo dentro de él por fin se hubiera roto. Y, curiosamente, eso le aligeraba el pecho.

Se recargó con calma en el respaldo de la silla. Su mirada recorrió los rostros de su familia, uno tras otro. Entonces, con voz plana, dijo:

—Voy a vender esta casa.

Todos se quedaron congelados un instante y luego exclamaron al unísono:

—¡¿Qué?!

La voz de doña Carmen fue la más fuerte. La cuchara de Luciana cayó contra el plato con un golpe seco. Don Eduardo giró la cabeza bruscamente, impactado por la decisión de su hijo mayor.

Andrés continuó con tranquilidad:

—No solo la casa. También el auto. Y aunque venda todo, ni de lejos alcanza para cubrir la pérdida.

El caos estalló de inmediato.

—¡Andrés, estás loco! —bramó don Eduardo.

—¡Es el único auto que tenemos!

Doña Carmen se veía al borde del colapso.

—Si vendes el auto, ¿cómo nos vamos a mover? ¿Y dónde vas a vivir?

La mirada de Andrés se posó lentamente en su madre.

—Puedo comprar una moto usada y rentar algo barato.

La frase hizo que el rostro de Luciana se pusiera lívido. ¿Rentar? Esa palabra le sonaba a pesadilla. Toda la vida había vivido cómodamente en esa casa grande.

Luciana se puso de pie de golpe.

—¡¿Por qué tienen que vender esta casa?! —reclamó—. ¡Pide un préstamo al banco!

—¡Eso! —secundó doña Carmen al instante—. ¡Luciana tiene razón!

Andrés rio por lo bajo, la mirada afilada.

—¿Un préstamo al banco? ¿Con qué garantía?

Nadie respondió.

—¿Y quién va a pagar las mensualidades? —la voz de Andrés se elevó por primera vez en toda la noche.

Todos enmudecieron. Porque hasta ese momento Andrés casi nunca le había levantado la voz a su familia. Esa noche era distinto. La mirada de aquel hombre se sentía ajena. Estaba demasiado agotado, demasiado decepcionado, y todo lo que había reprimido durante años reventó de golpe.

—Mamá, yo no me voy a ir con Andrés a una renta. Mejor me mudo a su casa —dijo Luciana con tono quejumbroso, mirando a doña Carmen con ojos de súplica.

—Por supuesto. El cuarto que era de Gabriel todavía está libre. Yo lo arreglo —respondió doña Carmen.

—Mi puesto en la empresa también va a cambiar —la voz de Andrés volvió a sonar, grave—. Y obviamente mi sueldo ya no va a ser el mismo.

La frase cayó como un segundo rayo. Doña Carmen se desplomó en la silla. La cabeza se le llenó de cálculos: la tanda del mes siguiente, la cuota de las reuniones sociales, el salón de belleza. Todos los gastos que hasta entonces siempre habían podido cubrirse porque Andrés estaba ahí.

Las manos de doña Carmen empezaron a enfriarse.

—Si tus ingresos bajan, ¿de dónde va a sacar dinero tu madre? —murmuró.

Andrés captó la preocupación al vuelo. Una vez más, lo que inquietaba a su madre no era él. No su estado de ánimo ni su futuro. Lo que le aterraba era que su estilo de vida cambiara.

El pecho le dolió. Y justamente por eso la certeza se volvió más clara. Todo ese tiempo lo habían exprimido hasta la última gota.

—Andrés... —la voz de Gabriel se escuchó tímida.

Andrés giró hacia él.

El rostro de su hermano se veía tenso.

—¿Y la hipoteca de mi casa?

La pregunta le provocó unas ganas tremendas de reír con amargura. Incluso en una situación como esta, lo que Gabriel tenía en la cabeza era su propia casa. No el problema que enfrentaba su hermano mayor.

Andrés lo miró un rato largo, hasta que el propio Gabriel empezó a removerse incómodo.

—Eso hablas con Rosario —respondió al fin.

Rosario se puso rígida al instante.

—Si todavía quieren vivir ahí, encárguense ustedes de la hipoteca —el tono de Andrés fue tajante. Ya no tenía la suavidad de siempre—. Y si no pueden pagar, traspasen el crédito a alguien más.

El rostro de Gabriel cambió de golpe. Rosario tampoco ocultó su indignación.

—Pero, Andrés...

—¿No era que querían ser independientes? Pero no querían vivir en una renta chiquita —la frase de Andrés le cortó la palabra a Rosario en seco.

Andrés se reclinó despacio. Sintió una satisfacción extraña al ver sus caras transformadas por el pánico. Porque todo ese tiempo había sido él quien vivía en pánico solo. Él, el que se desvivía buscando dinero. Él, el que no podía dormir pensando en las necesidades de todos. ¿Y ellos? Solo disfrutaban el resultado.

—Andrés —la voz de Luciana se volvió un hilo.

Él volteó.

—¿Qué pasa?

La mujer se mordió el labio, nerviosa.

—¿Todavía me vas a dar mi dinero cada mes?

Andrés respondió sin dudarlo:

—No.

Los ojos de Luciana se abrieron como platos.

—¡¿Cómo?!

—Ya es hora de que busques trabajo, Luciana.

La voz de Andrés sonó plana. Firme.

—Mete solicitudes. Gánate tu propio dinero.

—¡¿Qué?! —chilló Luciana—. ¡Yo no quiero trabajar!

Se agarró la cabeza con dramatismo.

—¿Cómo voy a trabajar como gente que pasa apuros?

La frase hizo que la mandíbula de Andrés se endureciera. "Gente que pasa apuros." Qué chistoso. Si todo ese tiempo alguien se había partido el lomo para que ellos nunca pasaran apuros, ese era él.

—¿Acaso yo no me canso de trabajar? —la voz de Andrés fue baja, pero bastó para que todos callaran otra vez.

—Yo también estoy harto de ser la única persona que piensa en la vida de todos ustedes.

Los ojos de Andrés empezaron a enrojecerse, aunque no hubo lágrimas. Solo un agotamiento largo y profundo.

—¡Perdí a mi esposa y a mis hijos por andar de salvador de todos ustedes!

La habitación quedó en un silencio total. Nadie se atrevió a hablar. Porque la frase fue un golpe demasiado certero.

Andrés bajó la cabeza un momento. Se restregó la cara con brusquedad. Luego volvió a mirar a su familia, uno por uno.

—No voy a seguir siendo el cajero automático de esta familia.

Doña Carmen rompió en llanto al instante.

—¿Quién te convirtió en cajero automático? ¿Cómo puedes hablarle así a tus propios padres? Como si fuéramos unos padres crueles.

Normalmente esa frase siempre lograba ablandarlo. Pero esa noche ya no. Se había dado cuenta de algo: querer a sus padres no significaba tener que destruir a su propia familia. Ayudar a sus hermanos no significaba dejarse exprimir hasta quedar vacío.

—Sigo siendo su hijo —la voz de Andrés fue baja—. Pero también soy el papá de mis hijos. Y soy el esposo de Valentina.

Los puños de Andrés se cerraron con fuerza.

—Fracasé como esposo y como padre por estar demasiado ocupado cumpliendo todo lo que ustedes querían.

La frase se le atoró en la propia garganta. La imagen de Valentina regresó. Esa mirada de decepción que no podía olvidar por más que quisiera.

Andrés tenía verdadero miedo. Miedo de que fuera demasiado tarde para arreglar las cosas. Porque si esta vez volvía a elegir a su familia por encima de todo, tal vez Valentina no regresaría nunca.

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Mirla Loyo
el problema de la familia de Andrés fue la mamá..y el padre por ser tan pasivo y tratar de participar en la destrucción de su hijo mayor, sin considerarlo, ni darle un hasta acá a la familia por comodidad de él mismo 😡
Dharahel
/Heart//Heart//Heart//Heart//Heart/
Mirla Loyo
lo insólito es que la vieja aparentaba una vida de lujos que no se podía dar ya que eran unos patas en el suelo 🤷‍♀️🤣
Mirla Loyo
que descarada ésa HDP viendo lo que vive y sufre Gabriel y aún no ve lo que padeció su hijo mayor 😡
Mirla Loyo
pero que vaina, una cosa es ser solidaria con la familia de vez en cuando, pero otra es estar resolviendo los peos a diario, Andrés debe poner una raya para los límites 😡
Mirla Loyo
la Carmen es descarada, llamar a la familia de Rosario sinvergüenza 🤣🤣🤣
Mirla Loyo
le llegó el karma a ésa gentuza 🤣🤣🤣🤣
Mirla Loyo
en pocas palabras no han aprendido es na'.. nadie le a echado en cara a ésa vieja HDP que es la responsable de la infelicidad de sus hijos 😡
Mirla Loyo
coño pero Diego a debido poner reglas porque si la mapanare de la vieja sigue interviniendo, no van a llegar muy lejos 🤷‍♀️
Mirla Loyo
con razón la familia lo chupó por años..es más gafo y caído de la mata 🤦‍♀️🤣🤣
Mirla Loyo
no sé les escapó el idiota del marido prefería a la familia que a la propia 😡
Andrea Macedo
así de tontos algunos.
Mirla Loyo
con tal éste idiota no flaquee otra vez con ésos parásitos 😡
Mirla Loyo
yo espero que ésto no suceda en la vida real..que no haya un Andrés o una Valentina en el mundo 😡
Mirla Loyo
cuando se entere que quién le pagaba ése sueldo era Valentina 🤣
Mirla Loyo
Valentina debe solucionar ésa parte, una cosa es que quiera que su esposo aprenda, pero otra muy distinta hacer sufrir a los niños 🥹
Mirla Loyo
me da rabia lo idiota del protagonista 😡
Mirla Loyo
esperemos que Andrés reaccione, porque está perdiendo la mejor fortuna del hombre " familia"🥹
Mirla Loyo
que se la cale el pendejo 🤣🤣
Mirla Loyo
y no será que la quemaron ellos 😡
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