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BIENVENIDOS A LOS JUEGOS DE LA CRIPTA

BIENVENIDOS A LOS JUEGOS DE LA CRIPTA

Status: Terminada
Genre:Demonios / Venganza / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:329
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

24 culpables. 12 juegos. Una sola salida.

La noche de Halloween, una reunión de padres e hijos del prestigioso Instituto Saint Charles se convierte en una pesadilla.

Veinticuatro personas son arrastradas a una dimensión gobernada por el misterioso Sistema de la Redención y la Justicia: seis alumnos, tres autoridades del instituto y quince padres y patrocinadores.

Todos están relacionados con un secreto que terminó en muerte.

Ahora deberán superar doce juegos. Quien falle, muere. Y después de cada prueba, el Sistema revelará una nueva pieza de la historia de la víctima que todos ayudaron a destruir.

Entre ellos está Lucas, el número 24, quien aparentemente no debería estar allí. Él solo entró para devolver un pendiente.

Pero nada ocurre por casualidad.

Porque en los Juegos de la Cripta, todos son culpables.
Y cuando llegue el último juego, descubrirán que la verdadera pregunta nunca fue quién sobrevivirá...
sino quién estuvo jugando desde el principio.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA SOMBRA DE LA CULPA

El pesado eco de la compuerta de hierro al encajarse en el techo aún vibraba en el aire denso y sofocante de la Cripta. Atrás había quedado el pozo ardiente con los restos incinerados del auxiliar Gómez y de los esposos Brooks. Los veintiún sobrevivientes avanzaban a tropezones por un pasillo abovedado de piedra húmeda y mohosa, iluminado apenas por antorchas de fuego carmesí que crepitaban en las paredes con un aliento sofocante.

El aire olía a azufre, sangre fresca y el rancio sudor de la desesperación.

—¡Esto no es real! ¡No puede ser real! —sollozaba la Sra. Beatrice Thorne, arrastrando a Chloe del brazo mientras ambas intentaban no tocar las paredes llenas de moho negruzco.

—¡Cállate ya, Beatrice! —la cortó Marcus Miller, aunque al magnate inmobiliario le temblaba la mandíbula y tenía el traje empapado en sudor frío. Se miró las manos con horror: eran las mismas manos con las que minutos atrás había empujado al abismo al humilde auxiliar.— ¡Hice lo que tenía que hacer! ¡Nos salvó a todos! ¡Era él o nosotros!

—Mataste a un hombre, Miller... —murmuró el Profesor Harrison, pálido como un espectro, caminando encorvado tras la sombra del Director Sterling.— Mataste a Gómez... y dejamos morir a Samuel y Margaret...

—¡Cierra la boca, Harrison! —intervino con tono imperioso el Senador Richard Vance, acomodándose la solapa de su traje con manos temblorosas pero manteniendo la mirada dura.— Aquí nadie mató a nadie. Fue un accidente trágico provocado por la estructura. Si mantenemos la disciplina de clase y la templanza, saldremos de aquí.

A mitad de la fila, Lucas Fontaine caminaba con la cabeza baja, tambaleándose como si las piernas no fueran capaces de sostener su peso. Llevaba los nudillos ensangrentados de tanto apretar las rejillas del juego anterior y soltaba sofocados gemidos de terror que conmovían a cualquiera que lo escuchara.

—Por favor... sólo quiero volver a mi casa... —susurraba Lucas con tono quebrado, abrazándose la chaqueta deportiva del instituto.— Yo no tendría que estar aquí... Yo no soy como ustedes...

Mason Reed, caminando a su lado con la serenidad impecable que se espera del delegado de clase de Saint Charles, le dio una palmadita afectuosa en el hombro, hablando con voz suave y tranquilizadora:

—Resiste, Lucas. Sé que es aterrador y que fuiste la persona con la peor suerte del mundo por entrar en ese preciso instante a entregar el pendiente de María. Pero el profesor y el senador tienen razón: si nos mantenemos unidos y ayudamos a los adultos, saldremos con vida de este horror.

—Gracias, Mason... no sé qué haría sin tu serenidad —respondió Lucas, mirándolo con ojos cargados de una gratitud desesperada y una fragilidad total.

Nadie en el grupo podía imaginar que, debajo de esa fachada de muchacho asustado que solo sufrió la desgracia de ir a devolver una joya, se escondía la verdad del tablero.

De pronto, el pasillo desembocó en una monumental sala circular. En el centro no había trampas ni abismos, sino una inmensa mesa de piedra sobre la cual flotaba una proyector de luz dorada y carmesí.

La voz del Sistema irrumpió desde la bóveda con su acostumbrado tono festivo y desgarrador:

—¡Felicidades a los vencedores del primer filtro! Su disposición para la carnicería humana ha superado mis expectativas más optimistas...

—¡Basta de burlas, demonio! —gritó el Juez Thomas Reed, dando un paso al frente al lado de su esposa Eleanor.— ¡Dinos de una vez qué quieres o cuál es el motivo de esta tortura!

—¿El motivo, Sr. Juez? —se mofó la entidad con una risita metálica—. Como se los prometí, tras cada juego les entregaré un pequeño recuerdo del pasado. Un fragmento del crimen que todos ustedes juraron enterrar.

El haz de luz carmesí se proyectó sobre la pared de roca, formando una imagen nítida.

Era un documento oficial del Instituto Saint Charles: la ficha de expulsión y el expediente médico de un alumno. El rostro en la fotografía estaba distorsionado por la estática, pero la fecha era clara: 12 de Noviembre del año pasado.

María Vance ahogó un chillido y dio un paso atrás, mientras Chad Miller y Tyler Evans se tensaban de golpe.

—Miren bien esa ficha... —susurró el Sistema con frialdad implacable—. Un joven talentoso, brillante, acosado salvajemente en los vestidores por el equipo de fútbol, humillado en redes por la reina de porristas y arrastrado al aislamiento mental. Y cuando el muchacho intentó acudir a las autoridades...

En la proyección aparecieron tres firmas escaneadas con sellos de confidencialidad: La firma del Director Arthur Sterling autorizando la destrucción del archivo. La firma del Juez Thomas Reed archivando la denuncia por "falta de pruebas". Y la firma del magnate Julian Fontaine pagando una fianza de compensación privada para guardar silencio institucional.

—¡Eso es una falsificación! —bramó el Director Sterling con la gota de sudor frío recorriéndole el cuello.— ¡Jamás he encubierto un hecho así!

—¡Es una trampa psicológica para enfrentarnos! —agregó el Senador Vance, mirando con fiereza al Sistema.

En el fondo del grupo, Lucas tembló aún más violently al ver la firma de su padre, escondiendo la cara en el pecho mientras Mason continuaba a su lado, dándole apoyo con la mirada, como el buen compañero que no tenía idea de los oscuros secretos de las familias allí reunidas.

—La memoria de la élite es tan corta cuando se trata de sus propias atrocidades... —concluyó el Sistema con un tono divertido—. Pero no se preocupen. Tienen once juegos más para recuperar la memoria.

Una pesada reja de bronce crujió al fondo de la sala, abriendo el camino hacia las profundidades de la Cripta.

—Avancen, ratas de alcantarilla... El Juego 2 los aguarda.

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