Kira Drago conocida como la "Madrina". Una de las influencias más poderosas en la mafia italiana. Muere en un atentado orquestado por el señor Vittorio.
Kira le promete a su subordinado volver, pero sabe que es su final.
...
Feng Juexing la fénix nacida para gobernar a Yanhuang es envenenada e inducida a un sueño profundo justo antes de poder pasar el nirvana y renacer. Y todo esto, hecho por su hermana Feng Fuhuo y su propio esposo humano.
Misteriosamente Kira despierta en un cuerpo que no es suyo, sino de Juexing.
Ahora como la nueva fénix, se propone recuperar el trono, reconstruir Yanhuang y desterrar todos los secretos que este nuevo mundo guarda.
Pero pronto se da cuenta que hay algo más en Yanhuang. Una energía que no debería estar ahí y parece estar ligada a Anyue, su esposo humano.
Ahora el próximo plan es buscar respuestas y solo quizás reunir las almas de Anyue y hacer que vuelva a la vida.
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Capítulo 4: El final de un dragón.
Al llegar al aeropuerto, el auto se detuvo frente al edificio principal. Civiles iban y venían, pasajeros cargando maletas, familias despidiéndose, voces amplificadas por los altavoces.
La normalidad fingida de un lugar que no sabía que la muerte acababa de entrar.
“Las Sombras”, aseguraban el área. Trajes oscuros, gafas, audífonos discretos.
Entre ellos, Lysander.
Él mismo se colocó en la torre de control, con un audífono en la oreja, los ojos atentos.
—Tenga cuidado —dijo Yulia, bajando primero y cubriendo con su cuerpo el frente para dejar que su jefa descendiera del auto.
—No es la primera vez —suspiró Kira, ajustándose los lentes oscuros.
El cubrebocas le cubría la mitad del rostro.
Un grupo de guardias vestidos de negro la rodearon de inmediato.
La guiaron hacia el interior con pasos sincronizados, formando un muro humano.
—El avión está preparado —avisó August, llegando a su lado. Mano derecha y leal servidor de la “Madrina”. Su voz era baja, pero firme como solo un hombre seguro puede ser.
—Es hora —dijo Yulia, dando la señal a los hombres mezclados entre los civiles.
Estos empezaron a moverse, caminando hacia ellos para cubrir el área por donde avanzaba la jefa.
Cada paso calculado, cada mirada escaneando amenazas.
—Kira Drago.
La voz inconfundible del líder de los Vittorio resonó a espaldas de la joven.
Cargada de veneno, de confianza.
Los hombres que la rodeaban llevaron la mano al arma en la cintura en un movimiento idéntico. Dispararían en caso necesario. Sin preguntar.
—Señor Vittorio, qué sorpresa la suya —Kira se giró a verlo. Sonrió a través del cubrebocas. Una sonrisa que no le llegaba a los ojos.
—Lo mismo digo —soltó el hombre. El cabello canoso delataba los años, pero esa mirada afilada seguía siendo la de un mafioso veterano que no había perdido el pulso.
Detrás de él, un joven de ojos oscuros la miraba sin parpadear. Su hijo.
—Como verá, llevo prisa —agregó Kira.
—Es una lástima. Podríamos haber tenido una buena charla —sonrió el señor Vittorio. Una sonrisa que no prometía nada bueno.
—En otro momento —dijo Kira, dándose la vuelta.
Grave error.
El viejo asintió, con esa sonrisa demasiado sospechosa en el rostro.
Demasiado tranquila para alguien que no tenía refuerzos.
Los hombres de Kira la siguieron de inmediato.
Y entonces.
Una bala atravesó el cráneo de uno de los guardias.
El hombre cayó muerto en el acto, sin tiempo para reaccionar.
La sangre salpicó las botas de Kira.
El señor Vittorio soltó una maldición en susurros.
Y el infierno se desató.
“Las Sombras” aparecieron como si hubieran estado esperando la orden.
Con cada tiro certero eliminaron a los hombres de Vittorio mezclados entre los civiles. Movimientos limpios, eficientes, sin piedad.
Los pasajeros gritaron.
La masacre convirtió el salón en caos. Corrían en todas direcciones, tropezaban con maletas, se arrastraban bajo los asientos.
El señor Vittorio sacó su propia arma y apuntó a la cabeza de Kira, a quien los guardias empezaban a evacuar hacia la pista.
Jaló el gatillo.
La bala dio en el cuerpo de uno de los hombres de ella, que se interpuso sin pensarlo.
El joven a su lado también comenzó a disparar, rápido, nervioso, pero preciso.
Kira apretó los puños con fuerza.
Nunca había visto a ninguno de sus hombres morir bajo sus ojos.
No así.
No en público.
Jefa, retirémonos antes de que salga herida —pidió Yulia, retrocediendo mientras la tomaba del brazo.
Kira podía ser muy terca cuando se lo proponía, y la pelirroja no podía permitir que a su jefa le pasara algo.
—Lysander, cubre la zona derecha. Sacaremos a la señora por ese lado —ordenó Yulia por el intercomunicador.
Las personas iban de aquí para allá, buscando refugio.
Gritos y sollozos llenaron el ambiente.
—¡No dejen que se escape! —Gritó el señor Vittorio, que sin miedo alguno avanzaba al frente disparando, mientras los guardias de la Madrina caían uno por uno.
—Ese maldito —murmuró Kira, sacando su propia arma.
Después de todo, era su gente.
Y no iba a permitir que murieran en vano mientras ella se escondía.
Apuntó mientras Yulia le pedía que salieran de ahí.
La voz de su asistente se escuchaba lejana en ese momento, a pesar de estar a su lado.
El mundo se redujo al punto de mira.
Kira apuntó a la cabeza del viejo.
Tomó una bocanada de aire.
Apretó el gatillo.
La bala voló a toda velocidad e impactó directamente en la cabeza de Vittorio, y él disparó a otro de los hombres de ella.
El cuerpo del señor Vittorio cayó con un golpe seco al piso.
Al mismo tiempo, uno de los guardias que cubrían el frente de Kira se desplomó, muerto también.
Kira sonrió bajo el cubrebocas.
Había matado al hombre.
—¡Señora! —Gritó Yulia al ver cómo el joven que seguía a Vittorio disparaba en dirección a ellas.
Todo pasó muy rápido.
El ataque cesó de golpe cuando los líderes de ambos bandos resultaron heridos.
Kira fue herida.
Vittorio quedó sin vida.
“Las Sombras” trasladaron a su jefa a un lugar seguro, mientras los tiros se apagaban.
En medio de ese aeropuerto, un joven cayó de rodillas junto al cuerpo de su padre.
—Padre.
Él era el hijo del señor Vittorio.
El nuevo líder al mando, ahora.
Las Sombras subieron a la “Madrina” a bordo del avión privado.
Las puertas se cerraron.
El ruido quedó afuera.
El doctor que los acompañaba siempre, revisó la herida de Kira con manos temblorosas.
—No es necesario —dijo ella, apartando la mano del médico.
Sabía lo que era un tiro certero.
Sabía lo que venía.
—Jefa, por favor. Deje que la revise —pidió Yulia, la voz quebrada.
Kira se quitó el cubrebocas manchado de sangre y le sonrió. Una sonrisa real, de las que hacía mucho no se permitía.
—Es tarde —habló con cansancio. Cada palabra le costaba.
—No, jefa. Usted vivirá —la pelirroja miró al médico para que siguiera su labor, aunque supiera que era inútil.
—Yulia —Kira llevó la mano a su pecho izquierdo. La tela de la blusa estaba empapada—. Fue un tiro certero.
Se tocó la herida y tosió.
La sangre manchó su mano.
—No viviré —agregó, con la voz reduciéndose más.
—¡Jefa! —Lysander entró al camarote.
La camisa manchada de sangre, pero no la suya. La frente sudorosa, los labios temblando como los de un niño pequeño.
No había rastros del demonio que había asesinado hombres sin pestañear momentos antes.
—Tiene que vivir. No es grave, ¿cierto? —dijo mirándola con ojos vidriosos.
—Lysander —Kira alargó la mano hacia él, quien de inmediato se acercó y apretó su mano suavemente entre las suyas.
—Lysander Drago —agregó ella, mirándolo fijo.
Yulia contuvo el aliento.
Sabía a lo que se refería su jefa al nombrar al chico con ese apellido.
—No —negó el joven. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas sin pedir permiso.
—Sombras —habló Kira en casi un susurro.
—La escuchamos, señora —respondió al unísono la organización completa.
Desde Italia, desde cada rincón donde tenían hombres, la escuchaban por el intercomunicador.
—A partir de ahora, Lysander tomará mi lugar como jefe de la organización —otra tos interrumpió sus palabras—. Lysander Drago será el líder interino hasta mi regreso.
El silencio llenó el ambiente.
—Obedezcan sus órdenes. Sean leales. Cualquiera que desobedezca…será eliminado —finalizó Kira.
—A la orden, señora —respondieron al unísono las Sombras por el intercomunicador.
—Lysander, recuerda la razón por la que esta organización…se creó.
—Para salvar y proteger a las mujeres de la mafia —respondió el joven, llorando.
—No lo olvides.
Lysander asintió varias veces.
—Yulia.
—Jefa —habló con pesar la pelirroja, mirándola con los ojos rojos.
—Ayuda al niño a mantener a Las Sombras en la gloria.
—Lo haré, jefa. No se preocupe. Pero no nos deje —Yulia la tomó de la otra mano con casi desesperación.
—Volveré —Kira le sonrió—. El señor Drago dijo que los dragones…nunca son derrotados.
—Jefa —una lágrima se deslizó por la mejilla de Yulia.
—Esperen mi regreso —pidió ella. Los ojos ya le pesaban—. Hasta entonces, cuiden de mi imperio.
La tos envuelta en sangre rompió el silencio abrumador.
—Y no olviden destruir a esos desgraciados.
Fue lo último que la “Madrina” dijo antes de cerrar los ojos y dar su último suspiro.
—Buen viaje, señora —dijeron las Sombras al unísono.
—Destruyan al conglomerado de los Shen —fue la primera orden de Lysander después de secarse las lágrimas.
Su voz ya no temblaba.
—Sí, señor — respondieron sus ahora hombres.
El funeral de Kira Drago se llevó en absoluto silencio y lejos de los demás líderes.
Solo Las Sombras, reunidos, vieron a su señora ser sepultada en uno de los más hermosos jardines de la familia Drago, justo al lado de la tumba del Señor Drago.
Los líderes de otros bandos celebraron la muerte de la joven.
Pero poco les duró la alegría cuando supieron que ahora Las Sombras eran lideradas por “El Demonio”, un joven de mirada fría y calculadora. Nadie escapaba de sus ojos.
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Un silencio distinto rompió la oscuridad.
—¡Su majestad está despertando!
Una voz chillona, aguda, lejos de todo lo que Kira conocía.
«¿Estoy en el cielo?» vino un pensamiento.