Bang Chan y Seungmin son estrellas del K-pop... y novios en secreto. Entre giras interminables y luces de escenario, su amor crece fuerte en los pocos momentos que tienen para sí mismos. Pero la fama no perdona secretos, y cuando el mundo empieza a cerrarles el paso, deberán decidir si su vínculo vale más que cualquier gloria. ¿Podrán mantener su armonía en medio del caos?
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primer viaje juntos
El avión despegó de Incheon con destino a Jeju, y Seungmin presionó la cara contra la ventanilla, mirando cómo la ciudad se iba haciendo cada vez más pequeña bajo las nubes blancas y esponjosas. Chan lo miraba con una sonrisa tierna, tomando su mano y dándole un suave apretón.
—No puedo creer que realmente estemos haciendo esto —dijo Seungmin, volviendo la cabeza para encontrarse con su mirada—. Un viaje solo para nosotros dos, sin horarios, sin ensayos, sin nadie que nos busque.
—Te lo debía desde hace tiempo —respondió Chan, besando la parte de arriba de su mano—. Necesitábamos desconectar de todo, solo tú y yo.
Llegaron a la isla cuando el sol empezaba a inclinarse hacia el océano. El coche de alquiler los llevó hasta una pequeña casa de madera en lo alto de una colina, con vista directa al mar. La puerta estaba decorada con guirnaldas de flores silvestres, y dentro el aroma de madera fresca y té de jazmín envolvía todo el espacio.
—Es perfecto —susurró Seungmin, dejando sus bolsos en el suelo para dar un paseo por los cuartos. Chan lo siguió, deteniéndose en la cocina donde ya había preparado algunas cosas –frutas frescas, chocolate caliente y los ingredientes para hacer la cena que habían prometido cocinar juntos.
Mientras preparaban la comida –Chan cortaba las verduras mientras Seungmin mezclaba los ingredientes para la salsa– se reían y se chocaban suavemente con los codos, como si fueran una pareja cualquiera que llevara años compartiendo su vida. Cuando la cena estuvo lista, la llevaron hasta la terraza, donde habían puesto una mesa con velas y mantel de encaje. El sol poniente pintaba el mar de tonos dorados y rojizos, y el sonido de las olas rompiendo en la orilla era la única música que necesitaban.
—Brindemos —dijo Chan, levantando su copa de sidra—. Por nosotros. Por este momento. Por todos los que vendrán.
Seungmin levantó la suya, chocándola con la de su novio.
—Por nosotros —repitió él, antes de tomar un sorbo.
Después de cenar, se envolvieron en una manta gruesa y se sentaron en el borde de la terraza, mirando las primeras estrellas que aparecían en el cielo oscuro. Chan sacó su guitarra –no podía irse sin ella– y empezó a tocar una melodía nueva, más alegre y relajada que las anteriores. Seungmin cerró los ojos, dejándose llevar por la música y el calor del cuerpo de Chan junto al suyo.
Cuando terminó de tocar, Chan lo tomó de la cintura, acercándolo a sí mismo. Sus labios se encontraron en un beso lento y dulce, como si quisieran saborear cada segundo de ese momento perfecto. Seungmin apoyó las manos en el pecho de Chan, sintiendo su corazón latir con fuerza bajo su camisa.
—Quiero pasar el resto de mis días así —susurró Seungmin entre besos—. Contigo, en lugares tranquilos, sin prisa por nada.
Chan lo llevó hasta el interior de la casa, donde las velas iluminaban el dormitorio con una luz cálida y tenue. Se desvistieron con lentitud, ayudándose el uno al otro con cariño, cada toque un recordatorio de la conexión profunda que compartían. Chan exploró su piel con manos suaves y cuidadosas, como si fuera una obra de arte que debía admirar con reverencia. Seungmin respondió a sus caricias con suspiros suaves y besos que dejaban un rastro de calor por el cuello y el pecho de su novio.
Cuando sus cuerpos se unieron, fue con una tranquilidad y una intensidad que solo encontraban en el uno del otro. No había prisa, no había necesidad de demostrar nada –solo la sensación de pertenecer el uno al otro, de estar en el lugar correcto en el momento justo. Se murmuraban palabras de amor y promesas de un futuro lleno de momentos como este, donde solo existían ellos dos.
Después, permanecieron entrelazados en la cama, el sonido del mar acompañando su respiración sincronizada. Chan acariciaba el cabello de Seungmin mientras este contaba las estrellas que se veían a través de la ventana.
—Mañana temprano vamos a la playa —dijo Chan—. Quiero enseñarte un lugar que conocí hace tiempo, cuando venía a Jeju a escribir canciones. Es el lugar donde se me ocurrió la idea de "Refugio".
Seungmin sonrió, acurrucándose más en su pecho.
—Cualquier lugar está bien contigo —respondió él, cerrando los ojos mientras el sueño lo envolvía.
Cuando el sol salió al día siguiente, Chan despertó primero. Se levantó con cuidado para no despertar a Seungmin, y fue hasta la cocina a preparar café y pan tostado. Cuando regresó a la habitación, encontró a su novio sentado en la cama, mirando por la ventana con una expresión serena.
—Estoy listo para conocer ese lugar —dijo Seungmin cuando vio a Chan entrar.
Se prepararon rápidamente y se dirigieron a la playa en coche. El camino estaba bordeado de árboles de cítricos y campos de flores amarillas, y el aire fresco de la mañana llenaba el interior del vehículo. Cuando llegaron, se encontraron con una playa desierta de arena blanca y aguas cristalinas, con un pequeño acantilado en una esquina donde crecían árboles de pino.
—Aquí es —dijo Chan, bajándose del coche y tomando la mano de Seungmin—. Ven, te muestro.
Subieron hasta el acantilado, donde había un pequeño espacio plano con una roca grande en el centro. Chan se sentó en la roca y sacó su guitarra, mientras Seungmin se acomodaba junto a él, apoyando la cabeza en su hombro.
—Cuando vine aquí por primera vez, estaba bloqueado creativamente —comenzó Chan, afinando las cuerdas—. No podía escribir nada que me gustara, sentía que estaba perdiendo el rumbo. Pero entonces cerré los ojos y escuché el mar... y se me ocurrió que la música debería ser como el amor: fluida, constante, capaz de mover montañas con su fuerza.
Empezó a tocar una versión instrumental de "Refugio", pero con nuevas variaciones que hacían que la melodía sonara aún más hermosa. El sonido de la guitarra se mezclaba con el del mar, creando una sinfonía natural que llenó el aire. Cuando terminó, Seungmin se levantó y se acercó al borde del acantilado, mirando el mar con los ojos brillantes.
—Quiero cantar aquí —dijo él, volviéndose hacia Chan—. Quiero que la música que hacemos juntos se mezcle con este lugar.
Chan sonrió y empezó a tocar de nuevo, esta vez acompañando la melodía con el compás de sus dedos. Seungmin cerró los ojos y abrió la boca, su voz clara y poderosa llenando el espacio alrededor de ellos. Las palabras de la canción fluían como el agua del mar, cargadas de amor y esperanza, de la promesa de un futuro juntos.
Cuando terminaron, se abrazaron fuerte, sintiendo la brisa marina en sus rostros y el calor del sol en sus cuerpos. Sabían que pronto tendrían que regresar a su vida normal, a los ensayos y las giras, pero este viaje les había dado la fuerza que necesitaban para seguir adelante.
—Gracias por esto —dijo Seungmin, besándolo suavemente—. Por recordarme que el amor es el mejor refugio que existe.
Chan le devolvió el beso, mirándolo a los ojos con todo el amor que sentía en su corazón.
—Siempre estaré aquí para ti —prometió él—. En cada concierto, en cada gira, en cada momento bueno y malo. Eres mi hogar, Seungmin.
Juntos, se quedaron mirando el mar, sabiendo que este viaje no era solo una escapada –era el comienzo de una nueva etapa en su relación, donde el amor y la música irían de la mano, construyendo un camino hacia el futuro que siempre habían soñado.