Después de amar obsesivamente y morir, Elijah Grant despierta con una segunda oportunidad y un juramento: esta vez no permitirá que el amor lo destruya. Decidido a huir del hombre al que amó unilateralmente durante años, planea una nueva vida lejos de él.
Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.
El hombre que lo marcó se niega a dejarlo ir, y una amenaza inesperada vuelve a poner su vida en peligro.
Cuando el amor se confunde con posesión y el destino insiste en repetirse…
¿podrá Elijah escapar de su final o está condenado a revivirlo?
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Capítulo 01. Un nuevo yo.
Desperté con la respiración agitada y la frente perlada de sudor. Podía sentir todavía el calor del fuego consumiéndome, abrazando cada parte de mi cuerpo hasta dejarme sin vida. Recordaba con una claridad perturbadora el olor a carne quemada, el aroma del combustible, el rugido de las llamas devorando todo a mi alrededor. Mi garganta estaba reseca, mis manos temblaban, y el miedo… el miedo me consumía por dentro.
—No fue un sueño —atiné a decir, apenas un susurro que se perdió en la oscuridad—. Yo… morí —murmuré para mí mismo.
«Estoy convencido de que morí», repetí en mi mente. Nadie podía soñar algo tan vívido, tan real. Nadie. Entonces, el último pensamiento que tuve antes de morir regresó como un golpe directo al pecho: mi súplica a Dios. Él me escuchó. Él me trajo de regreso. ¿Pero… a dónde?
Miré a mi alrededor.
«Mierda». Era la habitación de Robert.
Había regresado en el tiempo. A la noche en que todo comenzó. La noche en que lo obligué a estar conmigo. El corazón me dio un vuelco. No podía quedarme y repetir la misma historia. En mi vida pasada, me quedé hasta la mañana siguiente… y lo señalé delante de toda su familia. Me había propuesto tenerlo por las buenas o por las malas. Esperé a que todos despertaran y armé una escena de proporciones bíblicas.
Ni su familia ni la mía iban a permitir semejante deshonra. Lo amenacé en privado, diciéndole que haría públicos los videos que había grabado a escondidas si no aceptaba casarse conmigo. Iba a tenerlo, y nadie lo impediría. Y él, por supuesto, me odio hasta el último día de mi vida.
Mordí mi labio. No, esta vez no cometeré el mismo error. Me incorporé con cuidado, procurando no despertarlo. Tenía que huir antes de que Robert abriera los ojos. Recordaba que la droga que le había dado esa noche lo dejó exhausto; no despertó hasta pasadas las diez de la mañana.
Cuando bajé de la cama, se movió entre las sábanas. Contuve la respiración, con los ojos cerrados, esperando lo peor. Pero al cabo de unos segundos, no se escuchó más que su respiración tranquila. Abrí los ojos lentamente: seguía dormido. Se había limitado a abrazar una almohada.
«Mierda… sigue siendo tan atractivo. Ahora recuerdo por qué me gustaba tanto».
Sacudí la cabeza tres veces, intentando expulsar esos pensamientos. Era un hombre prohibido para mí. Alguien a quien solo podía admirar desde lejos. Y aunque una parte de mí lo seguía amando, sabía que ya no debía hacerlo. No después de todo lo que sufrí.
Aun si esta versión de mí no había vivido nada de eso todavía, si me quedaba a su lado, el final sería el mismo. Y no pensaba morir de nuevo… carbonizado.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. El recuerdo del accidente volvió con una nitidez insoportable: el olor a gasolina y sangre, el crujido de los asientos ardiendo, el sabor amargo del humo llenando mis pulmones. No. No pensaba repetir ese destino. No por nadie.
Busqué mi ropa a tientas. La habitación estaba apenas iluminada por la luz que se filtraba desde la calle. Cada movimiento me recordaba lo que había pasado horas antes; mi cadera dolía tras la intensidad del encuentro con Robert Ashford. Él era… demasiado en todos los sentidos. Y yo, un veinteañero cegado por el deseo y la necesidad de sentirme amado, no supe detenerme. Mordí mi labio al inclinarme para ponerme los pantalones.
Cuando terminé de vestirme, lo observé una última vez. Su rostro, sereno y hermoso, parecía tallado por los dioses del Olimpo.
«Es perfecto», pensé con amargura. «Pero es de Axel», me recordé.
Lo miré una vez más antes de salir de puntillas hacia mi habitación, contigua a la suya. Cerré la puerta con cuidado y me dejé caer sobre mi cama. «Estoy vivo. Vivo».
Fueron mis últimos pensamientos antes de dormirme profundamente, como no lo había hecho en años.
...****************...
Me desperté apenas con los primeros rayos del sol filtrándose por la ventana. Agradecí a Dios por darme una segunda oportunidad. Caminé hacia el baño, cojeando ligeramente; las consecuencias de haber estado con Robert se hacían sentir. Todo mi cuerpo dolía, se sentía pesado y exhausto, pero por dentro había una energía distinta, una determinación que me impulsaba. Estaba vivo… y dispuesto a cambiar mi destino. Dispuesto a evitar mi muerte y, sobre todo, la de mi hijo.
Me miré en el espejo de cuerpo completo. Había marcas por todas partes, hasta donde mis ojos podían alcanzar. Y sabía que más allá también las habría. Bajé la mirada hacia mi vientre, aún plano. En aquel entonces, no tenía idea de que podía concebir como una mujer. Nadie en mi familia lo habría imaginado. Pero para mí, en aquel tiempo, fue casi una bendición.
Otra forma de atar a Robert Ashford a mí. Recuerdo perfectamente el rostro de incredulidad de todos y la irritación —quizá el odio— en los ojos de Robert cuando anuncié que iba a tener un hijo. Que estaba embarazado.
En ese momento ya no me importaba la mirada de repugnancia de mi padre. Después de todo, él ya tenía a su amado hijo legítimo, y yo no era más que un bastardo en su vida. Había perdido su favor hacía meses, pero eso ya no me dolía. Lo único que me importaba era el amor de Robert.
—A la mierda con ellos —murmuré frente al espejo, lleno de una convicción que me sorprendió—. Mi hijo y yo seremos una familia. Yo cuidaré de él y él me amará. No necesito a nadie más.
Había perseguido a Robert durante años. Me enamoré de él cuando tenía quince, y aunque me rechazó una y otra vez, no me rendí. Incluso después de convertirme en adulto, seguí detrás de él como un idiota enamorado. Ahora, con veinticuatro años y el peso de una vida entera sobre los hombros, comprendía que había sido una estupidez.
«Ja… me tomó tantos años entenderlo. Y me costó la vida… y la de mi bebé». El pensamiento me dejó un sabor amargo en la garganta. Pero ya no era el mismo. Ahora mi destino sería distinto. Samu y yo viviríamos bien, lejos de todo esto… lejos de la podredumbre de los Grant y los Ashford.
Me di una ducha con agua fría. El contacto del líquido sobre mi piel ardida me hizo estremecer, pero también me despertó por completo. Cuando terminé, me vestí con calma. Frente al espejo, observé mi reflejo una vez más. El chico desesperado de antes ya no estaba.
Un nuevo día comenzaba.
Y con él, un nuevo yo...
Gracias por la actualización
yo si quisiera que quedarán juntos claro después que el sufriera bastante y cambiará completamente para poder recuperar a Eli, o por lo menos que fuera un trío para que el papucho de Dominick no quede por fuera
I hate you
Bastard