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Desechada por el príncipe, entronizada en el corazón del emperador

Desechada por el príncipe, entronizada en el corazón del emperador

Status: Terminada
Genre:Timetravel / Venganza / Época / Completas
Popularitas:23.9k
Nilai: 5
nombre de autor: hofi03

La abogada más brillante de su generación murió a traición... y despertó dentro del cuerpo de Aura Luminar, la hija de un duque a quien su propio prometido, el príncipe Luis, acababa de empujar al fondo de un lago helado para quedarse con su amante.

Craso error.

La joven ingenua que se ahogó por amor ya no existe. Quien sube ahora a la orilla es una mujer de mente fría y lengua afilada, decidida a hacer que todos los que la traicionaron paguen hasta el último centavo. Pero la venganza abierta es un desperdicio: para destruir a un príncipe heredero necesita un arma más letal, alguien que esté por encima de él. Un solo nombre encaja: Zane Caliber, el emperador temido en todo el imperio, un hombre glacial, intocable, que ha mantenido vacío el trono de la emperatriz durante años.

Aura planea usarlo. Lo que no calcula es que ese soberano de hielo, acostumbrado a que el mundo se arrodille ante él, quede fascinado justamente por la única mujer que se atreve a rechazarlo, a desafiarlo y a llamarlo "viejo loco" a la cara.

Entre duelos verbales en la corte, complots que buscan su muerte y enemigos que se niegan a caer, la guerra de Aura por la justicia se irá transformando en algo mucho más peligroso: un amor que ninguno de los dos pidió, pero al que ya no podrán renunciar.

Fue desechada por el príncipe. Reinará en el corazón del emperador.

NovelToon tiene autorización de hofi03 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El acosador

—El pastel de esta pastelería es, sin duda, el más rico de toda la capital, señorita Aura —dijo el emperador Zane con su voz grave.

Aura abrió los ojos de golpe y retrocedió un paso a toda prisa.

—¿S-Su Majestad? —soltó por reflejo; por suerte, contuvo la voz para que la gente de alrededor no la oyera.

Sora, detrás de Aura, estuvo a punto de dejar caer al suelo la bolsa de monedas, pasmada de ver al soberano del imperio plantado con toda calma en un mercado tan concurrido.

—¿Qué hace usted aquí? —susurró Aura con filo, las cejas finas fruncidas en un gesto cargado de sospecha.

El emperador Zane la miraba tranquilo, sin el menor apuro.

—Solo doy un paseo, disfrutando del aire de la mañana —mintió, cuando en realidad la había seguido a propósito después de que Nico le informara del paradero de la muchacha en el mercado.

—¿Un paseo? —repitió Aura con desdén, recorriéndolo de arriba abajo.

—¿Un hombre de su categoría, un emperador, paseando por un mercado tan mugriento y sin escolta? ¿Me está tomando por una niña? —replicó con acidez.

El emperador Zane soltó una risa baja, un sonido cálido que hizo que varias mujeres cerca del puesto giraran la cabeza hacia ellos.

—No miento, señorita —respondió sin inmutarse.

—Además, Nico está por ahí —añadió, señalando con la barbilla hacia una esquina de la calle.

Aura siguió la dirección y vio a Nico disfrazado de vendedor de fruta, dedicándole una mueca incómoda.

Aura puso los ojos en blanco ante la ridícula escena de aquel jefe y su subordinado.

—Como usted quiera —gruñó, fastidiada.

—Sora, busquemos otra pastelería; aquí el ambiente se ha vuelto de pronto de lo más desagradable —dijo, dándose la vuelta con intención de marcharse.

Antes de que pudiera dar más de un paso, una mano firme le sujetó la muñeca con suavidad.

Aura se tensó y clavó la mirada en la mano de aquel hombre.

—Suelte su mano, Su Majestad —lo amenazó con frialdad, el rostro endurecido.

El emperador Zane no la soltó de inmediato; al contrario, acortó aún más la distancia entre ambos y le sostuvo la mirada a su futura emperatriz, tan brava como estaba.

—El mensaje que me hiciste llegar ayer a través de Nico... fue bastante grosero, señorita Aura —dijo en voz baja, con la comisura de los labios curvada en una sonrisa tenue y peligrosísima.

Aura le devolvió una sonrisa cínica, sin el menor asomo de miedo.

—Me alegra que lo haya entendido —dijo, y de un tirón se liberó la mano.

—Ya se lo dije: no necesito su basura de lujo. ¡Así que deje de meterse en mi vida! —recalcó con dureza.

Lejos de enfadarse, aquel hombre hecho y derecho soltó una risita, contemplando la emoción en el bello rostro de Aura, que a sus ojos resultaba de lo más encantadora.

—¿Llamas basura de lujo a una joya rarísima del imperio? —volvió a picarla.

—¡Sí! ¿Qué otra cosa iba a ser? —lo desafió ella, alzando el mentón con altanería.

El emperador Zane adelantó un poco el rostro y le susurró justo al lado de la oreja, tan cerca que su aliento tibio le rozó la piel del cuello.

—En ese caso, ¿y si me ofrezco yo mismo? ¿También entro en la categoría de basura de lujo, señorita? —murmuró con un tono grave y de lo más provocador.

El corazón de Aura dio un vuelco tras otro.

Una oleada cálida le trepó de repente por el pecho. El bello rostro se le tiñó de escarlata al instante, entre el sobresalto y una emoción que la desbordaba.

Aura le empujó el pecho con ambas manos hasta obligarlo a retroceder un paso.

—¡Es usted un viejo sin la menor vergüenza, Su Majestad! —le espetó en voz baja, la respiración agitada.

El emperador Zane rió satisfecho al ver a la fierecilla que tenía delante cada vez más azorada y furiosa.

—¡Vámonos, Sora! —ordenó Aura de inmediato, alejándose con pisadas de rabia sin volver la vista atrás.

—¡S-sí, señorita! —respondió Sora, presa del pánico, y alcanzó a hacer una breve reverencia hacia el emperador antes de echar a correr tras su ama.

El emperador Zane se quedó de pie, erguido en medio de la calle del mercado, contemplando la espalda de Aura que se alejaba, con la sonrisa más cálida que jamás había esbozado.

—Qué terca... —murmuró para sí.

Pero cuanto más brava te pones, más encantadora te ves, Aura, pensó el emperador con una leve sonrisa, convencido de que la reacción de la muchacha de sus sueños le había abierto el día a la perfección.

Aura caminaba a zancadas largas y apresuradas, pateando la tierra sucia del mercado con la cara aún roja, el pecho subiéndole y bajándole mientras contenía la vergüenza y la rabia por igual.

—¡Viejo loco! ¡Un descarado! ¡Cómo se atreve a hablar así en público! —refunfuñaba sin parar, la mano apretada contra el pecho, que todavía le latía con fuerza.

Sora trotaba detrás de ella, un poco sin aliento, esforzándose por seguir el paso vertiginoso de su ama.

—¡S-señorita, más despacio! ¡Se va a caer! —la llamó, alarmada.

Aura frenó en seco cerca de un callejón algo solitario y se volvió hacia Sora con los ojos desorbitados de rabia.

—¡Sora! ¿Lo viste, verdad? ¡Ese hombre tan insoportable se pasa cada vez más de la raya! —estalló, descargando su fastidio.

—¿Ofrecerse a sí mismo? ¡Bah! ¿Quién se cree que es? ¿Acaso yo me dignaría a quedarme con un viejo como él? —siguió, encendida, agitando la mano en el aire.

Sora se frotó el pecho, tratando de calmar a su ama mientras contenía una risita que amenazaba con escapársele de los labios.

—Pero, señorita... a usted se le puso la cara roja cuando el emperador Zane le susurró al oído —la picó con toda inocencia.

Aura la fulminó con la mirada y le apuntó a la cara con el índice.

—¡Sora! ¿Quieres que te recorte el sueldo este mes? —la amenazó con acidez.

Sora se tapó la boca con ambas manos al instante y negó con la cabeza a la velocidad del rayo.

—¡N-no, señorita! ¡Me equivoqué al hablar! ¡Se le puso la cara roja por el calor! ¡Sí, por el sol! —chilló, dando una excusa ridícula.

Aura resopló con desdén y volvió el rostro hacia otro lado.

—¡Claro que hacía calor! ¡El aire que rodea a ese hombre siempre me hace hervir la sangre! —refunfuñó, acomodándose el vestido, que se le había desarreglado un poco.

Mientras tanto, no muy lejos de donde estaban Aura y Sora, el emperador Zane seguía recorriendo el mercado con paso tranquilo; aquel hombre de complexión firme observaba a Aura, que despotricaba a lo lejos, con la comisura de los labios levantada sin descanso.

Nico, que ya se había quitado el disfraz de vendedor de fruta, caminaba justo al lado del emperador.

—Su Majestad... de verdad disfruta molestando a la señorita Aura, ¿no? —susurró, negando con la cabeza.

El emperador Zane se cruzó de manos a la espalda, con la vista fija en la espalda de Aura, que aún se veía encendida.

—Muchísimo, Nico —respondió sin la menor duda.

—Ver su hermoso rostro enrojecido de rabia vale mucho más que todos los informes de guerra amontonados en mi escritorio —continuó, como un adolescente enamorado.

Nico esbozó una mueca, entre la lástima y el asombro por la suerte de su señor, borracho de amor.

—Pero si sigue provocándola como hace un momento, la señorita Aura acabará por clavarle un cuchillo de verdad, Su Majestad —dijo Nico, titubeante.

El emperador Zane soltó una risa grave y baja, esa carcajada suya tan cautivadora.

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ysabel
🤣🤣 fue como fuera peste!
ysabel
🤣🤣🤣 encima tiene la cara de amenazar hay qué tonto
Bea Tastro
Aura es una mujer muy déspota y trata muy cruelmente a Zane.
Miroslava Soto Vigil
ummm espero q la venganza sea sangrienta wajajajaja😂🤭
Eve
mírala eh! mírala eh! mírala eh! dijo Ñoño 😂🤣😂🤣😂
Brenda Angulo
Eso que le cueste 👏 Tu muy bien Aura
Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Nellys Bericote
Excelente Inicio de tu Novela Escritora Felicitaciones eres maravillosa tienes buena narración mantienes al lector queriendo vamos a ver como se desarrolla la historia 👏👏👏👏👏
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