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MI ESTUPIDO NIÑERO

MI ESTUPIDO NIÑERO

Status: Terminada
Genre:Romance / Niñero / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa




Mariana De Santis es la única heredera de una familia adinerada, acostumbrada a tener todo lo que desea al instante. Con diecisiete años, está convencida de que puede valerse por sí misma, pero sus padres la ven aún como una niña indefensa.

Cuando deben viajar a Estados Unidos por negocios, ella sueña con quedarse sola y disfrutar de libertad… hasta que le anuncian que quien la cuidará será Valentino Vivaldi, hijo de sus mejores amigos y socios. Mariana se enfurece y decide hacerle la vida imposible desde el primer día: se escapa, cambia horarios, inventa excusas y lo desafía en todo.

Sin embargo, entre discusiones y encuentros inesperados, la hostilidad se transforma lentamente en un amor profundo y recíproco.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 24

A la mañana siguiente, la puerta se abrió de nuevo. Diego entró con una bandeja de comida, con esa calma que a Mariana le resultaba cada vez más inquietante. La colocó sobre la pequeña mesa y se giró hacia ella, observándola como si inspeccionara que todo estuviera en su lugar.

—No has tocado nada —dijo él, sin enfadarse, como si simplemente anotara un detalle—. No puedes dejar de comer. Necesitas fuerzas. Eres demasiado importante para mí como para que te debilites.

Mariana se mantuvo al otro lado de la habitación, lejos de él.

—No quiero nada tuyo —respondió ella, con voz temblorosa pero firme—. Y no soy importante para ti. Soy un objeto que has decidido poseer. Eso no es querer a nadie.

Diego rio suavemente, negando con la cabeza como si ella no entendiera lo básico.

—Qué equivocada estás, Mariana. Todos los demás solo ven lo que tienes. Yo te veo a ti. Tu brillo, tu inteligencia, esa rebeldía que te hace tan especial. El mundo allá afuera es cruel. Te lastimaría. Te usaría. Pero aquí… aquí estarás a salvo. Te protegeré de todo y de todos. Nadie te tocará. Nadie te hará daño. Solo tienes que entender que yo sé lo que es mejor para ti.

—No necesito que nadie decida por mí —replicó ella—. Y ciertamente no necesito que me protejas de mis propios amigos y de mi familia. Ellos me quieren libre, no encerrada.

—¿Libre de qué? —se acercó un paso, con la voz más baja y intensa—. ¿Libre para que te manipulen? ¿Para que te mientan sobre lo que dejas y lo que te conviene? Solo yo te entiendo de verdad. Solo yo te valoro por lo que eres, no por lo que representas.

Mariana lo miró con creciente alarma. No era amor lo que veía en sus ojos. Era obsesión pura.

—¿Quién eres realmente? —se atrevió a preguntar—. Mis amigas dijeron que tienes negocios oscuros. Que apareces y desapareces. ¿Qué clase de hombre necesita encerrar a alguien para sentirse acompañado?

Diego se quedó inmóvil un instante. Luego sonrió, pero esta vez no intentó ocultar la sombra que cruzó su mirada.

—Digamos que he conseguido todo lo que tengo por mi propia mano. Sin pedir permiso a nadie. A veces hay que tomar lo que uno quiere, porque el mundo no te lo regala. Y tú… tú eres lo más valioso que he encontrado. No dejaré que nadie te quite de mi lado. Nadie. Ni ese muchacho que te cuida en tu casa, ni tus padres, ni nadie.

El horror la recorrió. No solo estaba tratando con un hombre obsesionado. Estaba con alguien que no tenía límites morales, alguien acostumbrado a salirse con la suya por medios que no se atrevía a nombrar en voz alta. Comprendió entonces que su situación era mucho más peligrosa de lo que había imaginado.

—Valentino vendrá —dijo ella, con más valentía de la que sentía—. No se rendirá. Y cuando llegue… no sé qué harás, pero te aseguro que no te lo pondrá fácil.

Diego soltó una risa seca, carente de toda calidez.

—Que venga. Así sabré si es tan valiente como crees. Pero recuerda esto: yo siempre estoy un paso por delante. Y lo que es mío… se queda conmigo. Siempre.

Salió y cerró la puerta. Mariana se dejó caer en la cama, temblando. Sabía que tenía razón en una cosa: aquel hombre era impredecible, poderoso y peligroso. Y la idea de lo que podría pasar si Valentino aparecía en su camino le heló la sangre.

Mariana respiró hondo y lo miró directamente a los ojos, a pesar del miedo que le recorría todo el cuerpo:

—¿Y si yo no quiero estar protegida así? ¿Y si prefiero el riesgo de vivir mi vida a estar encerrada como una prisionera?

Diego se detuvo y la miró como si ella no comprendiera algo evidente:

—Porque eres joven. Y cuando eres joven crees que el mundo es justo. Pero no lo es. He visto lo peor de la naturaleza humana, Mariana. He visto cómo la gente se aprovecha de los débiles, cómo mienten, cómo traicionan por intereses que ni siquiera entiendes. Yo he construido lo que tengo sin esperar que nadie me regale nada. Sé lo que cuesta sobrevivir en este mundo. Y quiero ahorrarte todo ese dolor.

—No se trata de evitar el dolor —respondió ella con voz temblorosa pero firme—. Se trata de vivirlo por mí misma. Si me equivoco, aprenderé. Si sufro, sanaré. Pero será mi vida, mis decisiones, mis errores. No tuyos.

—Ingenua —suspiró él, como si le diera lástima—. Crees que tus padres o ese muchacho que te cuida te dicen toda la verdad? Todos tienen sus intereses. Todos esperan algo de ti. Solo yo no espero nada a cambio de cuidarte. Solo te quiero a ti.

—Eso no es verdad —dijo ella, sintiendo cómo crecía su indignación—. Ellos esperan que sea feliz. Tú esperas que te pertenezca. Hay una diferencia enorme entre querer lo mejor para alguien y querer poseerlo.

Diego se acercó entonces, con una intensidad que la hizo retroceder hasta chocar con la pared.

—No hables de lo que no entiendes. He visto a gente destruirse por confiar en los demás. He visto negocios que se derrumban por una sola palabra mal dicha. He visto desaparecer a personas que estorbaron en mi camino. No quiero que tú seas una de ellas. Por eso te tengo aquí. A salvo. Lejos de todo lo que puede dañarte. Aunque me odies por ahora. Con el tiempo, me lo agradecerás.

Mariana sintió un escalofrío al escuchar esas últimas palabras. No era una amenaza dicha con rabia, sino con calma. Como si le estuviera diciendo que afuera había peligros reales, y que él tenía poder sobre la vida y la muerte de quienes se cruzaban en su camino. Comprendió entonces que estaba frente a alguien sin escrúpulos, alguien que no dudaría en hacer cualquier cosa para conseguir lo que quería.

—Me das miedo —susurró ella, sin poder contenerse—. Mucho miedo.

—El miedo desaparece cuando confías en quien te protege —respondió él suavemente, acariciando su rostro con la punta de los dedos. Ella se apartó con un respingo—. No te asustes. No te haré daño. Pero tampoco permitiré que nadie te aleje de mí. Ni siquiera tú misma.

Salió de la habitación y la puerta se cerró tras él. Mariana se deslizó hasta el suelo, abrazándose a sí misma, con el corazón latiéndole desbocado. Ahora sabía algo que le helaba la sangre: no solo era obsesivo y peligroso. Era también alguien acostumbrado a que nadie se le opusiera. Y eso significaba que cuando Valentino llegara —porque estaba segura de que llegaría—, no habría nada que Diego no estuviera dispuesto a hacer para impedir que se la llevara.

 

1
Tere Jimenez
empieza muy interesante gracias
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