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La Novia Del Mafioso

La Novia Del Mafioso

Status: Terminada
Genre:CEO / Mafia / Amor prohibido / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Piccola

Un mafioso enamorado de una estudiante universitaria, ella es de una familia acomodada.

el tiene una empresa legal y aparte sus negocios ilegales.

ella es una chica curvy, el es alto y guapo

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capitulo 24: Necesito ser yo, aunque duela

📖 Capítulo 24: Necesito ser yo, aunque duela

💬 Verónica — Primera persona

Me pasé la mano por la frente, sintiendo cómo me latían las sienes. Tres exámenes en la mañana y todavía me faltaban tres más por delante. Casi no había dormido estudiando y la cabeza me pesaba como plomo.

Y entonces lo vi ahí, parado en la entrada del campus, con esa presencia que hace que todos se volteen a mirarlo. Pero él solo me miraba a mí.

—Ven aquí —dijo, caminando hacia mí con paso firme. Al llegar, me tomó suavemente de los hombros—. ¿Qué te duele? Tienes cara de cansancio.

—Amor… ¿qué haces aquí? Si apenas son las doce. No salgo hasta las tres —le dije sorprendida, mirando a mi alrededor por si alguien lo conocía.

Me envolvió en un abrazo cálido, escondiendo su rostro en mi cabello.

—Quería verte. No aguanté las tres horas sin saber si estabas bien.

—¿Cómo entraste sin que te dijeran nada? Aquí son estrictos con las visitas.

Me miró con esa media sonrisa que no del todo me gustó en ese momento.

—Pagué para que me dejaran pasar. No importa. Toma —sacó una botella de agua fría de su bolsa—. Bebe despacio. Te estás agotando demasiado.

—Me duele mucho la cabeza… ya no quiero hacer más exámenes, pero me faltan tres, Rafael. No puedo rendirme ahora.

—Descansa cinco minutos conmigo. Solo cinco. No te pido más.

Me acerqué y lo abracé con fuerza, necesitando su calor más de lo que quería admitir.

—Solo cinco minutos. Prométeme.

—Cinco minutos y te llevo al coche para que respires aire fresco. —Me besó la frente—. Tómate las cosas con calma. Tu salud es más importante que cualquier nota.

Pasaron unos diez minutos abrazados en su auto, sin hablar, solo sintiéndonos. Pero entonces sonó el timbre.

—Es hora de regresar —suspiré, sin querer soltarlo.

—Vamos. Te acompaño hasta la puerta de tu salón. No te dejaré entrar sola.

Me acompañó de la mano hasta la puerta del aula. Me dio un beso rápido en la frente y se fue. Pensé que ahí terminaba todo. Pero no.

Minutos después, mientras intentaba concentrarme en las preguntas del examen, la puerta se abrió de golpe. Y ahí estaba él otra vez.

—Ya es suficiente por hoy —anunció, caminando directo hacia mi mesa. Se dirigió al profesor—. Ella se va conmigo. No va a seguir aquí.

Me quedé con la pluma suspendida en el aire, boquiabierta. Todos mis compañeros nos miraban.

—¡Rafael, qué haces! Estoy a mitad del examen —le susurré horrorizada—. Si repruebo esto, no me gradúo. ¡No puedes hacer esto!

Me tomó del brazo con firmeza, pero sin lastimarme.

—No me importa. Vámonos. Ahora.

—¿Quieres que fracase en mis estudios? —le dije alzando la voz, con los ojos llenos de lágrimas de rabia—. ¿Qué te pasa? ¿Quién te crees que eres para decidir por mí?

—No más exámenes hoy. Te estás haciendo daño.

—Solo me faltaban treinta minutos. Treinta minutos, Rafael. ¿Me los puedes dar? Por favor.

Me sostuvo la mirada, oscura e intensa.

—Treinta minutos. Ni un segundo más. Termina tu examen. Pero no me voy a ir. Estaré aquí esperándote.

Se sentó en una silla vacía al fondo del salón. Sentí que me ardía la cara de la vergüenza. El profesor me miraba serio. Mis compañeros miraban de reojo. Me apresuré a terminar lo que podía, con las manos temblorosas. Le entregué mi hoja al profesor. Él la revisó rápido, escribió algo con tinta roja en la parte de arriba, y me la entregó… pero no pude ver qué decía. Solo sabía que había salido mal.

Salí caminando rápido hacia la salida, con él siguiéndome.

—Vámonos —le dije sin voltear a verlo, con la voz quebrada.

—¿Qué pasa? ¿Te hicieron algo? Dime quién fue.

Me detuve afuera, ya fuera del edificio. Lo miré con los ojos llenos de coraje y dolor.

—¿Cómo se te ocurre entrar así? Todos nos miraron. El profesor me reprobará. Y si no me gradúo… Rafael, jamás te lo perdonaré. Esto era mi sueño. Mi futuro. El mío.

Me tomó la cara entre sus manos.

—Nadie te reprobará. Si lo hacen, haré que lo arreglen. No permitiré que nadie te lastime.

Me alejé de él, quitándome de su tacto.

—Aléjate de mí. No quiero verte. No puedes controlar mi vida. ¿Qué demonios te pasa? No eres mi dueño.

—Soy tu novio —dijo, acercándose otra vez, con esa intensidad que a veces me asusta.

—No —negué con la cabeza, sintiendo cómo se me rompía el corazón—. No lo eres. Y ahora no creo que quiera que lo seas.

Sus ojos se oscurecieron. Me tomó del brazo y me empujó suavemente contra la pared exterior del edificio.

—¿Qué dijiste? No juegues conmigo, Verónica. No digas cosas que no sientes.

—No estoy jugando. Jamás me pediste ser tu novia. Y ahora… ahora necesito pensar. Déjame ir.

—Serás mía. No tienes opción.

Me solté con esfuerzo y empecé a caminar hacia la parada de taxis. Pero me alcanzó antes de que pudiera subir a ninguno. Se paró frente a mí, bloqueándome el paso.

—No vas a ningún lado sin mí. No te doy permiso para irte a ningún lado sola.

—No te estoy pidiendo permiso —le dije con voz temblorosa pero firme—. Necesito irme a casa. Déjame pasar.

Me tomó del brazo con más fuerza de la necesaria.

—Me necesitas. No te das cuenta de lo peligroso que es allá afuera sin que te cuide.

—No, necesito que me dejes en paz. Necesito mi espacio. ¿No entiendes eso?

Su expresión se endureció por completo.

—¿No me necesitas? —me jaló hacia su auto—. Ven conmigo. Tenemos que hablar ahora mismo.

—¡No! ¡Suéltame, por favor! —le pedí, luchando suavemente.

Se detuvo al ver que de verdad me resistía. Me soltó lentamente, pero no se apartó. Sacó su teléfono, hizo una llamada rápida, y luego me miró.

—Iré contigo. En el taxi. No te dejaré ir sola.

—No, Rafael. Quiero estar sola. ¿Qué parte de "necesito estar sola" no entiendes?

—No. No es seguro.

—¡Maldita sea! ¡Déjame en paz! —le grité, con las lágrimas finalmente cayendo por mis mejillas.

Se quedó mirándome en silencio por un largo momento. Su mandíbula se apretaba una y otra vez.

—Está bien —dijo finalmente, dando un paso atrás—. Te doy una hora. Solo una hora. Y luego voy por ti. No intentes esconderte de mí. Te encontraré.

No le respondí. Subí al taxi que se detuvo frente a mí y le di la dirección de mi casa. No miré hacia atrás. No sabía si él seguía ahí parado o no. Solo quería irme.

Pero no fui a mi casa. En el camino le cambié la dirección al conductor. Le pedí que me llevara a otra playa, lejos de la que solíamos visitar. Lejos de él. Sabía que ahí sería el primer lugar donde buscaría. Y hoy… hoy no quería que me encontrara nadie.

🌊 Verónica — En la playa

Llegué cuando todavía el sol estaba alto. Me senté en la orilla, dejando que la espuma del mar tocara mis pies. Las lágrimas caían solas, mezclándose con el agua salada. Necesitaba esto. Silencio. Paz. Ser yo, no alguien a quien cuidar ni controlar. Solo… Verónica.

Me quité la ropa y quedé en traje de baño. Me metí al agua y nadé hasta donde sentí que mis pies ya no tocaban fondo. Y por primera vez en días… respiré hondo. Sin mensajes, sin llamadas, sin miedo a que alguien se acercara demasiado. Solo el mar y yo.

 

🖤 Rafael — Mientras tanto

Miró su reloj. Cuarenta minutos. Ya había pasado su hora. Marcó mi número una y otra vez. Solo el tono de llamada.

—¿Dónde estás? —murmuró, colgando con fuerza—. Maldita sea. No sabes de lo que eres capaz cuando te enojas.

Llamó a mi padre. Su voz era cortante, autoritaria, impaciente.

—¿Dónde está Verónica? Necesito saberlo ahora mismo.

—No lo sé, Rafael. Ella no me dice todo lo que hace. ¿Qué pasó entre ustedes?

Colgó sin responder. Golpeó su mesa con el puño.

—La encontraré. No importa dónde se esconda. La encontraré.

 

🌙 Verónica — Al caer la tarde

Salí del agua cuando empezó a oscurecer. Me sequé, me vestí y guardé todo en el auto. No iría a casa. Si iba ahí, él vendría por mí seguro. Tenía que desaparecer por completo un día.

Pensé en un hotel… pero no. Sabía que llamaría a todos los hoteles de la zona. Conocía su forma de operar. Entonces recordé algo. Tenía un pequeño departamento que había comprado cuando empecé la universidad. Nadie sabía de él. Ni mis padres, ni Rafael. Era mi secreto. Mi refugio.

Conduje hacia allá. En el camino revisé mi teléfono. Decenas de llamadas de él. Mensajes que no quise leer. Solo llamé a mi papá.

—Pa, estoy bien. No te preocupes. Pero no llegaré a dormir hoy. Necesito estar sola un día. Y por favor… no le digas a Rafael dónde estoy. No todavía. Solo necesito tiempo. Te quiero.

Colgué y apagué el teléfono por un rato.

Llegué al pequeño departamento. No era mucho, pero era mío. Me puse la pijama, me metí a la cama y… por primera vez en mucho tiempo, me quedé dormida sin sentir que alguien me estaba esperando, vigilando, cuidando demasiado.

 

☀️ A la mañana siguiente

Desperté tranquila. Me arreglé, me puse algo cómodo y manejé de regreso a casa de mis padres. Entré por la puerta principal y vi a mi mamá en el jardín regando sus flores.

—Hola, mamá. Ya llegué —le dije suavemente, abrazándola.

Ella me miró, notó mis ojos un poco hinchados, pero no preguntó de inmediato. Solo me acarició el cabello.

—¿Estás bien, hija? ¿No ibas hoy a la universidad?

—Ya terminaron los exámenes por esta semana. Solo hasta el viernes voy por mis resultados. Hoy necesitaba descansar. Estoy bien, de verdad. Solo… necesitaba respirar.

—Está bien, mi niña. Aquí estás a salvo. Subiré algo de desayunar en un rato. Descansa.

Subí a mi habitación, cerré la puerta y me dejé caer sobre mi cama. No sabía qué pasaría después. No sabía qué decirle cuando lo viera. Pero por ahora… estaba bien. Y eso era suficiente.

CONTINUARÁ ✨

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Soraya Salih
Los papás de ella y la mamá de él?
Maria Garcia
muy linda su novela
LILIANA FRANCO
mas capitulos🥰
Piccola: subire 5 capitulos por día 🫰🏼❤️❣️
total 1 replies
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