Esta vez, tratare de darles algunas ideas al final de cada capítulos espero que mi regreso y estas nueva novela les guste, ya que estuve ausente por temas personales y médicos, un abrazo y un saludo a todas mis seguidoras...
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24
El enorme troll levantó su brazo dispuesto a aplastar a Valery.
Ella cerró los ojos por instinto.
Lo único que pudo hacer fue cubrir su vientre con ambas manos.
—No...
El rugido de la criatura hizo temblar el bosque.
Pero el golpe nunca llegó.
Un estruendo sacudió la cascada.
La cabeza del troll salió despedida varios metros antes de caer pesadamente sobre las rocas.
El gigantesco cuerpo permaneció inmóvil unos segundos... hasta desplomarse.
La sangre oscura comenzó a mezclarse con el agua.
Valery abrió lentamente los ojos.
Frente a ella, de espaldas, permanecía la única persona capaz de transmitirle aquella tranquilidad incluso en medio del caos.
Valek.
Su enorme espada aún goteaba sangre.
El viento movía su largo cabello negro mientras sus alas demoníacas seguían extendidas detrás de él.
El emperador giró lentamente el rostro.
Sus ojos encontraron inmediatamente a Valery.
No dijo una sola palabra.
Simplemente caminó hacia ella.
Valery sintió nuevamente las lágrimas recorrer sus mejillas.
—Valek...
No alcanzó a decir nada más.
El emperador la abrazó con tanta fuerza que por un instante creyó que jamás volvería a soltarla.
Apoyó el rostro sobre el cabello de su esposa.
Cerró los ojos.
Y respiró profundamente.
Allí estaba.
Seguía viva.
—Llegué tarde...
Susurró con la voz quebrada.
Valery negó inmediatamente.
—No.
Llegaste cuando más te necesitaba.
Valek apoyó una mano sobre su espalda.
La otra descendió casi por instinto hasta detenerse sobre el vientre de su esposa.
En cuanto sus dedos hicieron contacto...
Sintió aquel pequeño latido.
Era débil.
Muy pequeño.
Pero inconfundible.
El emperador permaneció completamente inmóvil.
Nunca había sentido algo semejante.
Una emoción desconocida llenó su pecho.
Valery levantó lentamente la mirada.
—¿Lo sentiste?
Él asintió sin apartar la mano.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
No era la sonrisa fría del emperador.
Era la de un hombre que acababa de descubrir que una parte de él ya existía en el mundo.
—Nos estaba llamando...
Murmuró.
Valery sonrió entre lágrimas.
—Sí...
Por un instante ambos olvidaron todo lo demás.
A pocos metros de allí, la batalla continuaba.
Zafar esquivó el ataque de la misteriosa mujer.
Aprovechando la apertura, giró sobre sí mismo y atravesó su costado con la espada.
La mujer soltó un grito de dolor.
Cayó de rodillas.
Intentó volver a levantarse.
Pero una segunda estocada la derribó definitivamente.
El elfo apoyó la punta de su espada sobre el cuello de la desconocida.
—Se terminó.
Ella sonrió con dificultad.
Aun herida, seguía riendo.
—Ya... es demasiado tarde...
Después perdió el conocimiento.
Zafar respiró profundamente antes de volver la vista hacia la pareja imperial.
Sonrió con alivio.
Había logrado protegerlos.
El camino de regreso al Imperio del Sol fue completamente distinto.
Valek no se separó ni un solo instante de Valery.
Si ella caminaba, él sostenía su mano.
Si el sendero tenía una sola piedra, inmediatamente la ayudaba.
Si el viento soplaba demasiado fuerte, colocaba su capa sobre sus hombros.
Valery comenzó a reír.
—Valek...
Él la observó.
—¿Qué?
—Puedo caminar sola.
—Lo sé.
—Entonces deja de mirarme como si fuera a romperme.
El emperador negó con absoluta seriedad.
—No.
Ella soltó otra risa.
—Estás exagerando.
Valek volvió a posar la mano sobre el vientre de su esposa.
—Ahora no solo te protejo a ti.
Valery sintió cómo sus mejillas se sonrojaban.
—Te volviste mucho más...
—¿Protector?
Ella negó sonriendo.
—Celoso.
Valek arqueó una ceja.
—Siempre lo fui.
Solo que ahora tengo más motivos.
La joven soltó una carcajada.
—Pobre de cualquiera que intente acercarse a mí.
—Exacto.
Respondió él con total naturalidad.
Zafar, que caminaba unos pasos detrás, no pudo evitar sonreír.
Jamás imaginó ver al temido Emperador Tirano comportarse de aquella manera.
Al llegar al palacio imperial, una escena inesperada los recibió.
Las hadas descendieron desde los jardines.
Las ninfas salieron entre los árboles.
Incluso varios elfos aguardaban en la entrada principal.
Todos inclinaron respetuosamente la cabeza.
Pero ninguno observaba directamente a Valery.
Sus miradas estaban puestas sobre la mano que Valek mantenía cuidadosamente sobre el vientre de su esposa.
Aunque apenas comenzaba a notarse un ligero cambio bajo el vestido, para las criaturas de la naturaleza aquella pequeña vida brillaba como un amanecer.
La pequeña ninfa sonrió con lágrimas en los ojos.
—Está creciendo...
Las hadas comenzaron a revolotear felices alrededor de Valery.
Los elfos permanecieron en silencio.
Como si estuvieran contemplando un antiguo milagro.
Valery sintió un poco de vergüenza.
—Todos me están mirando...
Valek respondió con tranquilidad.
—No.
Nos están mirando.
Y sin darse cuenta volvió a acercarla un poco más hacia él.
Aquella misma noche.
Kael llegó apresuradamente desde el Imperio Oscuro.
Su expresión era distinta.
Mucho más seria.
Valek comprendió inmediatamente que algo había ocurrido.
—Habla.
El consejero bajó la cabeza.
—Majestad...
Encontramos el antiguo refugio donde se ocultaba Draven.
El emperador permaneció en silencio.
—También encontramos...
Los cuerpos de sus padres.
Valek sintió que el tiempo se detenía.
—¿Qué...?
Kael cerró los ojos.
—Todo indica que fueron asesinados por orden de su primo hace varios días.
Probablemente antes de iniciar la guerra.
El silencio invadió la habitación.
Valery tomó lentamente la mano de su esposo.
Él no dijo nada.
Solo apretó los dientes.
Había perdido a sus padres...
Y ni siquiera había podido despedirse de ellos.
La tristeza apenas comenzaba a invadirlo cuando un profundo rugido hizo temblar todo el palacio.
Las ventanas vibraron.
El cielo comenzó a oscurecerse.
Todos salieron inmediatamente hacia los jardines.
Sobre las montañas apareció una enorme silueta.
Un dragón.
Sus escamas negras brillaban bajo la luz de la luna y sus ojos dorados permanecían fijos sobre Valek.
Las hadas inclinaron la cabeza.
Las ninfas hicieron lo mismo.
Los elfos guardaron un respetuoso silencio.
El gigantesco dragón descendió lentamente hasta quedar frente al emperador.
No mostró agresividad.
Al contrario.
Bajó la cabeza en señal de respeto.
Una voz antigua resonó en la mente de todos los presentes.
—El último heredero...
Ha despertado.
Después dirigió la mirada hacia Valery.
Y finalmente hacia el vientre que ella protegía con ambas manos.
—Durante siglos protegí el linaje de los Dragones Primordiales.
Esperando el día en que naciera un verdadero sucesor.
Ese día...
Ha llegado.
El dragón levantó nuevamente la cabeza.
Sus enormes alas cubrieron parte del cielo.
—Mientras yo siga respirando...
Nadie tocará al hijo del emperador.
Porque en sus venas corre la última sangre pura de los dragones...
Y el futuro de un mundo que aún no comprende el verdadero significado de su nacimiento.