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Furtiva Atracción. Ella Puso Las Reglas, Él Las Rompió.

Furtiva Atracción. Ella Puso Las Reglas, Él Las Rompió.

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Romance de oficina / Completas
Popularitas:13.5k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Valeria Álvarez ha hecho de su vida una fortaleza llena de éxitos.
Arquitecta consagrada, brillante y dueña absoluta de su vida, vive bajo una única norma: nada que la ate, nada que la distraiga, nada que comprometa la libertad que tanto le costó ganar. Sus noches pueden ser intensas, pero siempre breves; su corazón, innegociablemente cerrado.
Hasta que, en una de esas noches sin nombre, un desconocido la hace perder el control que tanto presume dominar.
Un beso que incendia.
Un toque que desarma.
Una decisión impulsiva que no quiere repetir… ni olvidar.
Lo último que espera es verlo entrar a su estudio días después.
Mucho menos descubrir que es su nuevo asistente.
Impuesto. Inamovible.
E hijo de uno de sus inversores más poderosos.
Él es joven, talentoso y peligrosamente seguro de lo que quiere: a ella.
Valeria se aferra a sus límites, a su experiencia, a su distancia.
Pero cada mirada pesa, cada roce la contradice, cada discusión los acerca más de lo que deberían.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El brillo de la culpa

Esa noche, Valeria giró la llave en la cerradura con una lentitud inusual, como si cada milímetro de metal que cedía fuera una concesión a la realidad que intentaba dejar fuera. Al entrar al departamento, el aroma a té de jazmín y el suave sonido de un violonchelo de fondo la envolvieron. Samuel ya estaba allí. Se quitó los tacones, sintiendo el frío reconfortante del parqué bajo sus pies, e intentó sacudirse la sensación de las manos de Tomás, que todavía parecía quemarle la piel a través de la fina tela de su traje.

​Samuel estaba sentado en el sofá, rodeado de expedientes judiciales que parecían murallas de papel, pero no estaba leyendo. Su mirada estaba fija en la puerta. La observó cruzar la estancia hacia la cocina con el escrutinio de un halcón.

​—Te ves... diferente —soltó él, sin preámbulos, su voz rompiendo la melodía del violonchelo.

​Valeria se detuvo en seco frente a la heladera. No se dio la vuelta; necesitaba el frío del electrodoméstico para aplacar el calor que sentía en las mejillas.

​—Estoy cansada, Sam. Ricardo es un socio exigente y la reunión técnica de hoy fue agotadora. Los presupuestos no cierran y los plazos nos pisan los talones.

​—No es cansancio lo que veo en tu espalda, Val —respondió Samuel, cerrando un expediente con un golpe seco—. Es otra cosa. Hay una rigidez nueva en tus hombros, como si llevaras una joya carísima escondida y tuvieras miedo de que, si te mueves demasiado rápido, algo se te fuera a caer de los bolsillos y te delatara.

​Valeria finalmente se giró, forzando una sonrisa ligera que no llegó a sus ojos. Se sirvió un vaso de agua con manos que, a pesar de su férreo control, mantenían un leve y delator temblor.

​—Estás imaginando dramas donde solo hay estrés laboral. Debe ser el exceso de litigios en tu bufete lo que te pone tan paranoico.

​Samuel dejó los papeles a un lado y se puso de pie. Caminó hacia ella con esa elegancia felina que lo caracterizaba, una seguridad que solo alguien que ha sobrevivido a lo peor puede poseer. Se detuvo a un metro, analizándola como si fuera un testigo hostil en el estrado. Su mirada bajó por su rostro y se detuvo en sus ojos.

​—Tus pupilas están dilatadas, Valeria. Tu piel tiene ese brillo eléctrico que solo aparece cuando la sangre corre más rápido de lo que la lógica permite. Y, sobre todo... —Samuel se acercó un poco más y aspiró levemente el aire entre ambos—, hueles a perfume de hombre. Y sé que no es una "descarga" de una noche para liberar tensión, Val. Has vuelto a verlo. Pero lo que es peor: has dejado que entre.

​Valeria dejó el vaso sobre la mesada con un golpe suave. El silencio en el departamento se volvió denso, casi sólido, cargado de verdades que habían jurado no permitirse nunca.

​—Rompiste tu propia regla de oro —continuó Samuel, su voz suavizándose, pero manteniendo una firmeza implacable—. "Nunca repetir". Esa era tu salvaguardia, tu muro de carga. La forma de mantener la libertad que tanto te costó ganar después de los inviernos en aquel orfanato. Me dijiste que tener una relación era entregarle las llaves de tu celda a alguien más. ¿Quién tiene las llaves ahora, Val? ¿Es el chico? ¿Es Tomás?

​Valeria bajó la cabeza, derrotada por la perspicacia del único hombre que la conocía mejor de lo que ella se conocía a sí misma.

​—No es amor, Samuel —susurró, con una voz que sonaba más como una súplica para convencerse a sí misma—. Es solo... una complicación que no supe frenar a tiempo. Él tiene una forma de ver mis estructuras que me desarma. Me hace sentir que mis miedos no son cimientos, sino solo excusas para no vivir.

​—Los miedos son excusas, sí, pero también son protecciones necesarias —respondió Samuel, apoyándose en la mesada junto a ella—. Estás jugando con fuego en una maqueta de papel. Es el hijo del principal socio de la firma, es tu asistente y, por si fuera poco, es más joven. Si esto sale a la luz antes de que tengas un plan de contingencia, tu reputación, esa que construiste ladrillo a ladrillo con las manos sangrando, se vendrá abajo en un segundo.

​—Lo sé. Por eso lo mantendremos en una zona de sombra. Hemos acordado que nadie lo sabrá. Será un secreto.

​Samuel soltó una carcajada amarga, aunque llena de un afecto profundo.

​—"Un secreto". Valeria, eres una de las arquitectas más brillantes del país, pero en cuestiones del corazón eres una novata absoluta. Los secretos tienen un peso específico, nena. Y tú no estás acostumbrada a cargar con equipaje ajeno. Ese "brillo" que traes hoy te va a delatar en la próxima reunión de directorio. La gente no es ciega, y menos cuando una mujer de hielo como tú empieza a emitir luz propia.

​Valeria se dejó caer en una de las banquetas de la cocina. Se sentía pequeña, despojada de sus títulos y sus logros, como cuando tenían diez años y Samuel la escondía detrás de él para que los cuidadores del orfanato no la castigaran por haber llorado en silencio.

​—Tengo miedo, Sam —confesó por fin, las palabras saliendo como astillas—. Pero no de perder el contrato del museo, ni siquiera del escándalo social. Tengo miedo de que me guste demasiado. De que esta "libertad" de la que siempre presumo sea solo una forma elegante y costosa de decir que estoy aterradoramente sola.

​Samuel la miró con una ternura infinita. Le puso una mano sobre el hombro y la apretó con firmeza, el mismo gesto que usaba cuando eran niños.

​—La libertad no es la ausencia de personas, Val. La libertad es poder elegir con quién quieres construir sin que los fantasmas del pasado te dicten los planos. Si ese chico te hace brillar de esta manera, quizás es porque te está devolviendo algo que olvidaste en la cama fría del orfanato: el derecho a desear algo para ti misma, no solo para tu currículum.

​Valeria apoyó la cabeza en el hombro de su amigo, cerrando los ojos.

​—¿Y si me equivoco de forma catastrófica? ¿Y si solo soy una mujer de treinta y cinco años perdiendo el juicio por un chico de veinticuatro que busca aventura?

​—Entonces te habrás equivocado, y yo estaré aquí para ayudarte a recoger los escombros y rediseñar el sitio, como siempre hemos hecho —respondió Samuel—. Pero por ahora, deja de actuar como si estuvieras frente a un juez. Si vas a tener un secreto, al menos ten la decencia de disfrutarlo. Solo te pido una cosa: ten cuidado con Ricardo. Ese hombre no construyó su imperio por no saber leer las grietas entre las líneas.

​Esa noche, Valeria se quedó despierta mucho tiempo después de que Samuel se fuera a descansar. Miraba el techo, siguiendo las líneas de sombra, pensando en la advertencia de su amigo. El secreto pesaba, sí, pero también la hacía sentir más vibrante de lo que había estado en décadas. Por primera vez, la arquitectura de su vida no era perfectamente simétrica, y aunque esa irregularidad la aterraba, también la fascinaba de un modo adictivo.

​Al día siguiente tendría que volver a la oficina. Tendría que volver a ver a Tomás frente a todos. Y después de la charla con Samuel, sabía que su máscara de acero iba a ser una estructura mucho más difícil de sostener.

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Mildred Álvarez
Excelente historia mi Angel Azul ya te diré que de las tres furtivas me gustó más está, gracias por compartir tan bella historia.
Mildred Álvarez
bien merecido que te lo tienes Ricardo y todos esos socios traicioneros que le dieron la espalda después de todo el dinero que ganaron con sus obras.
Mildred Álvarez
muy triste capitulo,yo sabía que Tomás no la iba a traicionar,estaba ganando tiempo para averiguar la verdad.
Mildred Álvarez
po re Valeria ojalá no piense en hacer una locura en contra de su vida.
Mildred Álvarez
Si ,pienso que Tomás le está siguiendo el juego a Ana Ara poder descubrirla.
Mildred Álvarez
voy a creer que Tomás hace esto para lograr desenmascarar a Anna y a su padre.
Mildred Álvarez
Ay no pero que malditos,espero que Tomás nos abandone,y que los demás socios la defiendan,Ricardo es un socio nuevo y no la conoce a ella.
Mildred Álvarez
maldita zorra y desgraciado Ricardo ,no quieres a tu hijo quieres a una marioneta que tú puedas manejar a tu antojo
Mildred Álvarez
Que par de perros desgraciados
Mildred Álvarez
Que lindo capítulo sin inhibiciones solo ellos y más nada ni nadie.
Mildred Álvarez
😂🤣😂🤣 jajajaja parece que vas a tener que arrodillarte a pedir perdón y a duplicar amor
Mildred Álvarez
Valeria es una indecisa se desvaloriza ella misma,no tiene confianza en Tomás y duda de su amor.
Mildred Álvarez
yo diría que se encuentra atrapada en la diatriva de pensar que la edad pesa más en una relación que los sentimientos.
Mildred Álvarez
Que lindo es Sam,es como un hermano mayor
Mildred Álvarez
Al diablo el mundo lo que importa es lo que uds dos sienten y están dispuesto a defender.
meidi aguiar
excelente historia amiga llore y reí pero el amor siempre triunfa te felicito espero disfrutar de muchas más historias tuyas
Mildred Álvarez
Ambos han llegado a un punto de conexión,que no necesita n a más nadie para sobrevivir,así que pueden sobrevivir a lo que los demás piensen sobre ellos.
Mildred Álvarez
Ojalá Ricardo Ferrer no sea tan severo y acepte la relación de ellos
Mildred Álvarez
Si lis hombres pueden estar con mujeres menores hasta 20 años o más, porqué no las mujeres?
Mildred Álvarez
Este viejo verde no se le escapa nada
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