Cada persona tiene una misión en la vida, y el verdadero sentido de vivir es proteger y dar esperanza a otros.
Está es la historia de rios:
En medio de una guerra devastadora, Rios queda gravemente herido mientras el enemigo se retira prometiendo volver. Al borde de la muerte, su cuerpo entra en un profundo coma y los médicos lo dan por muerto.
Pero dentro de su mente, Rios despierta en un extraño lugar... ¿que pasará con ríos sobrevivirá?
Un Reto que le pone la vida... ¿Está vez como saldrá de esta situación?
NovelToon tiene autorización de Ruben Parra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cuando el mundo mira hacia arriba
El sonido de los helicópteros rompió el silencio.
Primero uno.
Luego dos.
Luego muchos.
Las luces comenzaron a recorrer la ciudad destruida como si intentaran encontrar respuestas en medio del caos.
Pero no había respuestas.
Solo ruinas.
Solo miedo.
Y en el centro de todo…
Ríos.
Ryan miró hacia arriba y soltó un suspiro pesado.
—Bueno…
—Ya llegó el comité de bienvenida.
El hombre misterioso no sonrió.
—No son rescate.
—Son control.
Silencio.
Ríos seguía de pie, mirando las luces que se acercaban.
—Era obvio.
—Algo así no se puede ocultar.
---
Los helicópteros descendieron.
Soldados comenzaron a desplegarse rápidamente por la zona.
Organizados.
Precisos.
Armados.
Pero no solo con armas normales.
Ríos lo notó.
—Eso…
Ryan entrecerró los ojos.
—¿Es mi idea o esas armas no son normales?
El hombre respondió:
—No lo son.
—Ya sabían.
Silencio.
Ríos lo miró.
—¿Qué?
—Esto no es nuevo para ellos.
—Solo… no había llegado a este nivel.
---
Un grupo de soldados se acercó.
Apuntándolos directamente.
—¡No se muevan!
—¡Manos donde podamos verlas!
Ryan levantó las manos lentamente.
—Ok, tranquilo…
—No dispares, héroe.
Ríos no se movió.
Solo observaba.
Analizando.
Sintiendo.
El hombre misterioso habló en voz baja:
—No hagas nada.
—Aún.
Ríos respondió sin mirarlo:
—Lo sé.
---
Un hombre descendió de uno de los helicópteros.
No llevaba uniforme militar común.
Traje oscuro.
Elegante.
Pero su presencia…
Era de autoridad.
Se detuvo frente a ellos.
Observándolos uno por uno.
Especialmente a Ríos.
—Así que tú eres.
Silencio.
Ríos sostuvo la mirada.
—Depende.
—¿Quién pregunta?
Ryan susurró:
—…Bro, no lo provoques.
El hombre del traje sonrió levemente.
—Interesante.
—A pesar de todo lo ocurrido…
—Sigues firme.
---
El hombre dio un paso al frente.
—Mi nombre no es relevante.
—Pero mi función sí.
Pausa.
—A partir de este momento…
—Esta zona queda bajo control absoluto.
Ryan murmuró:
—Sí, eso ya lo noté…
El hombre continuó:
—Y ustedes tres…
Miró directamente a Ríos.
—Vendrán con nosotros.
---
Silencio.
El aire se tensó.
Ryan reaccionó:
—Eh… ¿y si no queremos?
Los soldados levantaron sus armas.
El mensaje era claro.
El hombre del traje no cambió su expresión.
—Entonces lo haremos por la fuerza.
---
Ríos dio un paso al frente.
Ryan lo miró rápido.
—Oye…
—Tranquilo.
El hombre misterioso también habló:
—No es momento de pelear.
—No aquí.
Ríos cerró los ojos un segundo.
Respiró profundo.
Luego los abrió.
—Está bien.
Ryan se sorprendió.
—¿Qué?
—¿En serio?
Ríos asintió.
—Por ahora.
Miró al hombre del traje.
—Vamos.
---
Minutos después…
Los tres estaban dentro de un transporte militar.
El ambiente era tenso.
Silencioso.
Ryan estaba inquieto.
—No me gusta esto.
—Nada.
—Cero.
Ríos estaba calmado.
Pero atento.
—Lo sé.
—Pero necesitamos respuestas.
El hombre misterioso añadió:
—Y ellos también.
---
El vehículo avanzaba.
Dejando atrás la ciudad destruida.
Pero no el problema.
---
En el hospital…
Ana estaba siendo evacuada junto a otros pacientes.
Pero no dejaba de mirar atrás.
—No…
—No puedo irme así…
Intentó soltarse.
—¡Tengo que verlo!
Una enfermera la sostuvo.
—¡Señorita, no es seguro!
Ana gritó:
—¡ÉL ESTÁ ALLÁ!
---
De vuelta en el transporte…
Ryan miró a Ríos.
—Oye…
—Dime la verdad.
Ríos lo miró.
—¿Qué?
Ryan dudó un segundo.
—Si esto se pone feo…
—¿Vas a pelear?
Silencio.
Ríos respondió:
—Si es necesario…
—Sí.
---
El vehículo se detuvo.
Las puertas se abrieron.
Una instalación.
Grande.
Aislada.
Altamente protegida.
Ryan bajó y miró alrededor.
—Ok…
—Esto ya parece película.
El hombre misterioso observó todo con calma.
—No es una base común.
—Esto es un centro de contención.
Ríos lo entendió al instante.
—Para cosas como yo.
Silencio.
---
Los llevaron al interior.
Pasillos largos.
Fríos.
Tecnología avanzada.
Puertas selladas.
Sensores.
Todo estaba diseñado…
Para controlar.
---
Finalmente…
Llegaron a una sala.
Los hicieron entrar.
Las puertas se cerraron detrás de ellos.
Ryan se dejó caer en una silla.
—Genial…
—Encerrados.
Ríos permaneció de pie.
Observando todo.
Sintiendo.
Algo no estaba bien.
---
De repente…
Una pantalla se encendió.
El hombre del traje apareció.
—Bienvenidos.
—Ahora…
—Vamos a hablar.
---
Ríos dio un paso al frente.
—Empieza tú.
—Quiero respuestas.
El hombre sonrió levemente.
—Claro.
—Pero primero…
Pausa.
—Quiero confirmar algo.
La pantalla cambió.
Mostrando imágenes.
De la batalla.
De la grieta.
De Ríos.
Usando su poder.
Ryan abrió los ojos.
—…Nos grabaron todo.
El hombre del traje habló:
—No eres un accidente.
—Ni un caso aislado.
Silencio.
—Eres…
—El evento que estábamos esperando.
---
Ríos sintió un escalofrío.
—¿Esperando…?
El hombre asintió.
—Sí.
—Porque esto…
La pantalla mostró la grieta.
—No empezó hoy.
Silencio.
—Y tú…
—No eres el primero.
---
El ambiente se congeló.
Ryan murmuró:
—…¿Qué?
El hombre misterioso entrecerró los ojos.
—Así que… ya lo sabían.
---
Ríos apretó los puños.
—Entonces habla.
—Todo.
---
La pantalla parpadeó.
Y apareció otra imagen.
Una figura.
Alguien más.
Con una energía similar a la de Ríos.
---
—Antes que tú…
—Hubo otro portador.