Mayra debe sacar a sus hermanas menores de la cárcel, ya que fueron emboscadas y caturadas por la policía aluego de que alguien las traicionó.
Las sicarias son llamadas "Hadas sangrientas" por la facilidad de escape y la escena terrorifica que dejan detrás. Al tener semejante reputación, se volvieron el interés de los oficiales policiales que apuuestan por sus cabezas, pero no todos son así.
El capitán solo quiere justicia para su ciudad, y aunque no le guste admitirlo, debe reconocer que las hermanas Dimou han logrado desaparecer escorias de la sociedad; esas que siempre salen libre de prisión gracias a sus contactos. Sin embargo, al hacerlo también cometen delitos y deben pagar la pena correspondiente a la gravedad.
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Valiente, enamorado y... orgulloso
Dorian va con Ares hasta una camioneta, en la cual había llegado el capo. Metieron al hombre desmayado allí y se miran mutuamente por unos segundos, aunque luego sus ojos se dirigen hacia las hermanas que vienen conversando.
El trío femenino comenta las mismas cosas que Dorian ha mencionado delante del capo, sin dudarlo, sin miedos y sin importarle la negativa de Mayra, la cual jamás lo ha rechazado.
Para Selene y Alicia, él es valiente y realmente está enamorado, por lo que se lo repiten constantemente a la mayor.
—Nadie más sería capaz de hacerlo— le avisa Selene.
—Ni siquiera tu novio ha sido capaz— recalca la menor sin intención de lastimarla, pero con una gran verdad.
Selene y Mayra la miran en silencio; sin embargo, ambas asienten al entender lo que claramente dijo.
Tampoco es algo difícil.
Todos ya le han "reclamado" de cierta manera a Selene que él no ha tenido ni el mínimo interés en darse a conocer.
Tampoco es que lo necesiten, ni es indispensable en sus negocios, pero al menos, tendría que ser capaz de presentarse dignamente ante quienes son la familia de su novia.
Saliendo de ese tema, Ares se sube a la camioneta junto a algunos de sus hombres, Dorian se sube a su vehículo y Mayra se sienta en el puesto de copiloto, sin avisarle previamente.
Fue tan atrevida y sorpresiva, que a él le encantó.
Selene y Alicia se subieron en total silencio en el auto que ellas habían usado para llegar a la mansión y siguieron a su padre.
El capo va hasta uno de sus tantos galpones fuera de la ciudad, permite el ingreso del auto de Dorian y atrás entran también sus hijas.
—Ahora verás de lo que somos capaces los Dimou— avisa Mayra saliendo del auto, creyendo que después de lo que verá Dorian, ya no querrá estar con ella.
Él solo asiente y sale detrás de ella, la sigue a cierta distancia corta, haciendo reír a las hermanas menores de Mayra, quienes se unieron a ellos y los acompañan.
—El cuñado ya está perdido— murmura Alicia.
—Coincido totalmente contigo— asiente Selene.
Mayra las escucha, las mira y sonríe ladeadamente, suponiendo que todo se terminará pronto.
Ares, al llegar unos pocos segundos delante de ellos, le pidió a sus hombres que ataran al desmayado en las cadenas, de pie. Colgando básicamente.
Le tiran un balde de agua fría para despertarlo y trata de hablar pacíficamente con él, pero el señor no colabora.
El encadenado los insulta, tanto a Ares como a sus hijas. Ve también a Dorian y lo reconoce como oficial de policía, más puntualmente, como el capitán de la comisaria en la que mataron a su hijo, culpándolo también a él por ese atentado.
—Nosotros no somos los culpables— avisa Dorian.
—Lo son, Ares pidió la muerte de mi hijo y tus policías actuaron.
—Repito— habla nuevamente el capitán—, nosotros no fuimos. Estábamos en unas vacaciones familiares— miente, en parte.
No fueron vacaciones como tal porque él fue secuestrado y después Mayra fue encerrada en la misma casa, además de que Ares o sus cuñadas no estuvieron.
Pero son detalles que el futuro difunto no tiene por qué saber.
Las hermanas de Mayra asienten al unísono de acuerdo con la mentira del capitán. Ares se mantiene en silencio y de brazos cruzados, mientras que la hadita mayor apenas sonríe, sin querer que se note mucho.
El hombre no le cree, y sí, tiene toda la razón en no hacerlo, aunque está equivocado porque no es por lo que él piensa.
—Me cansé de escucharte— avisa Mayra.
Ella, que se había mantenido en silencio ante la catarata de insultos, decidió activar su instinto asesino. Ese, que solo su padre y sus hermanas conocen personalmente. Ese que, seguramente, debería ahuyentar al capitán.
—Si luego de ver esto, sigues queriendo estar conmigo, te daré la oportunidad— le asegura la mayor a Dorian al oído.
Dorian asiente, ya sabiendo cuál es el resultado final del daño que ella hará, ya que muchas veces ha tenido que ir a escenas que dejan detrás las hermanas. Aunque, la única diferencia, esta vez, es que lo verá de primera mano.
Observará como surge un escenario así; qué hace Mayra, que tocarán sus manos, cuáles serán sus gestos, etc. Y ahí podrá estar el problema. No porque matará a ese hombre, ya que él mismo inició esa guerra. Si no saber que ella debe tener contacto físico con su víctima.
El capitán mira hacia el piso y niega, analizando su propio pensamiento.
Está mal, lo sabe, pero se le hizo inevitable.
No quiere que esas lindas y delicadas manos que lo han acariciado en rondas pasionales, sean las mismas que deban posarse sobre el encadenado o cualquier otro sujeto.
Sin embargo, no dirá nada. No puede, no se siente con el derecho de hacerlo.
Es ella, libre, tranquila, en su mundo, en lo que sabe hacer, y que lo hará en un contexto cruel, despiadado y sangriento, no como algo romántico. Solo él puede relacionarlo así.
La lengua del encadenado cae al piso, la nariz suena al quebrarse luego de un golpe ocasionado por la mayor, una de sus orejas se ha perdido por algún lado del galpón después de ser cortada y tirada sin cuidado, los dedos de sus manos han sido quebrados, únicamente para generarle dolor, ya que termina cortando sus manos.
Para ese entonces, el hombre ya está tirado sobre el piso, ensuciándose con su propia sangre.
Él trata de hablar ya casi desmayado de dolor,o tal vez por la perdida del líquivo vital, pero sin lograrlo, ya que no se le entiende nada.
Y a todo esto... Dorian no ha alejado sus ojos de ella. La mujer que lo tiene totalmente enamorado.
Esa que disfruta del dolor ajeno, pero más que nada de ver la sangre correr.
Sin embargo, no le molesta, e incluso siente un poco de orgullo de conseguir una mujer como ella.