Aisha tiene un problema de escritura: su villano es un mago oscuro invencible y su protagonista es un inútil "príncipe azul".
Frustrada, intenta eliminar la novela, pero el destino tiene otros planes.
Es violentamente succionada dentro de su propio ordenador.
Ahora, Aisha está atrapada en el mundo de fantasía que creó. ¿Será que logrará derrotar al villano? Te invito a descubrirlo.
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Capitulo:24
AISHA:
Vuelvo a quedarme dormida internándome en un profundo y extraño sueño donde me veo junto a Damián haciendo cosas calientes... Muy calientes.
Abro los ojos de golpe con la respiración agitada mientras siento mi cuerpo mojado por el sudor.
—¿Estás bien?
Siento una delicada mano posarse en mi frente.
—No tienes fiebre, pero estás completamente roja... De seguro son los efectos del veneno.
Dice voz suave y delicada mientras me mira con una sonrisa dulce.
Observo fijamente a la mujer que está frente a mí y la verdad es muy hermosa, tiene un brillante cabello rubio, ojos azules y un rostro perfilado digna de una modelo de revista.
—Usted es...
—Oh, perdona mis modales, es que me emociona verte ya despierta... Soy la duquesa Elena Clairmont.
Al escuchar sus palabras siento como el corazón se me detiene... Ella es la madre de Damián... Pero es que se mira muy joven...
Me quedo boquiabierta procesando la información mientras el calor de mi sueño... Ese maldito sueño que todavía hace que mis mejillas ardan, se mezclan con el pánico de tener frente a mí a la madre de "mi" villano.
En mi manuscrito apenas dediqué dos líneas a los padres de Damián, los describí como figuras distantes, frías y nobles hasta la médula.
Pero la mujer que tengo delante irradia una calidez que no me cuadra con la genealogía de un hombre que quema gente con fuego azul.
—¿La... la madre de Damián?
Logro articular tratando de sentarme en la cama, aun el dolor del hombro me da un aviso punzante y ella se apresura a colocarme un almohadón en la espalda con una agilidad sorprendente.
—Así es, y tú debes ser la jovencita que tiene a mi hijo caminando de un lado a otro por los pasillos como un león enjaulado, es divertido verlo de esa manera.
Dice con una chispa de picardía en los ojos.
—Nunca lo había visto amenazar a un doctor tantas veces en una sola hora, fue... refrescante, si te soy sincera.
Siento que quiero que la tierra me trague... Así que Damián estuvo actuando como un loco por ¿Mi? Y su madre la Duquesa lo vio todo.
—Siento las molestias Duquesa, no era mi intención irrumpir en su casa de esta manera y mucho menos en estas condiciones.
—Oh, querida nada de eso.
La duquesa toma mi mano entre las suyas.
Su piel es suave y huele a rosas frescas.
—Mi hijo me contó que lo salvaste, los Clairmont tenemos una política muy estricta, nunca olvidamos una deuda de vida... Ni a una persona que sea capaz de domar el temperamento de Damián.
Sus ojos me observan con una curiosidad analítica como si estuviera leyendo entre líneas algo que ni yo misma entiendo.
Aunque de cerca parece más su hermana mayor que su madre, la magia de este mundo debe de ser un excelente tratamiento antiedad.
—Damián me dijo que eras especial para él, y que eres una viajera con conocimientos extraños.
Ella hace una pausa y luego continúa bajando un poco la voz.
—Pero no me dijo que eras tan joven y tan bonita, a pesar de que estás un poco... Descuida
—Él... ¿Él dijo eso?
Pregunto sintiendo que mi corazón da un vuelco tonto.
—Bueno, no con esas palabras, ya debes de conocer a mi hijo, prefiere morderse la lengua antes que admitir un sentimiento.
Ella arruga un poco la nariz justo como lo hace Damián y eso me da un poco de gracia, aunque no lo doy a demostrar.
— Dijo algo como: "Es una mujer persistente que no sabe quedarse donde se le ordena" En el idioma de Damián, eso es prácticamente un poema de amor... ¿Verdad que mi bebé es interesante?
Justo en ese momento, la pesada puerta de la habitación se abre de par en par y Damián entra con el ceño fruncido ya vestido con una túnica limpia, pero se detiene en seco al ver a su madre sentada en el borde de mi cama.
—Madre.
Dice él con un tono de advertencia.
—El doctor dijo que necesitaba descanso, no un interrogatorio.
—Solo le daba la bienvenida a nuestra invitada Damián, no seas tan rudo y seco.
Responde Elena levantándose con una elegancia impecable ella se gira para luego guiñarme un ojo antes de dirigirse a la puerta.
—Te dejaré con ella, pero no la agotes, ha pasado por mucho, y recuerda lo que dijo el doctor, nada de ejercicios bruscos, si vas a hacer algo tiene que ser lento y suave...
—¡Madre!
Grita Damián y ella sale con una sonrisa y un movimiento de adiós con la mano.
Damián espera a que su madre salga y cierre la puerta antes de soltar un suspiro largo y acercarse a la cama, ahora se ve más recuperado, pero la intensidad en su mirada sigue ahí.
—¿Qué te ha dicho?
Pregunta cruzando los brazos sobre su pecho.
—Que eras un león enjaulado.
Respondo con una media sonrisa, intentando ocultar el rastro de mi sueño "caliente" que todavía me hace sentir extraña al mirarlo.
Él gruñe, pero se sienta en la silla, esta vez mucho más cerca de lo necesario.
—Mi madre tiene una imaginación hiperactiva, olvida lo que sea que te haya dicho lo importante ahora es que el veneno se ha ido... Aunque sigues estando roja. ¿Segura que no tienes fiebre?
Extiende su mano para tocar mi frente y el contacto me hace dar un respingo.
Su piel está caliente y de repente, las imágenes de mi sueño vuelven a mi mente como ráfagas de fuego.
—¿Me gustaría darme un baño?
—¿Segura?
—Sí.
—Entonces mandaré a preparar uno para ti.
Dice levantándose y abre la puerta para comenzar a dar órdenes, en ese instante yo aprovecho para tomar una profunda respiración y poner mi mente un poco en orden.
(...)
La duquesa Clairmont con una sonrisa camina por los pasillos de la mansión hasta llegar al despacho de su esposo.
—Que nadie nos interrumpa por favor, a menos que sea muy urgente.
Dice ella mirando a su dama de compañía a lo que esta asiente y ella entra con una sonrisa mientras mira a su esposo concentrado en los documentos.
—Querido.
Él levanta la cabeza y suspira.
—Estás muy feliz, me imagino que todo tiene que ver con nuestra invitada.
Ella vuelve a sonreír y dando pequeños saltitos llega hasta su esposo y se sienta en sus piernas.
—¡Sí! Me emociona tenerla aquí, pronto habrá pequeños corriendo por los pasillos de este silencioso lugar.
El duque deja los documentos de lado y le presta suma atención a su esposa.
—Cariño, al menos deja que los chicos se conozcan, no te adelantes.
Ella muestra una sonrisa que no es nada parecida a su sonrisa de alegría.
—Cariño, confía en mi intuición, yo sé por qué lo digo.
El duque con una sonrisa deja un beso en sus labios.
—Confió en ti, pero no quiero que interfieras en su relación, debes de dejarlos fluir.
—No es necesario que interfiera... Esa tetera está a punto de explotar jajaja.
es parte de ellos no se irá a ver cómo acaba esa noche