De que sirvió cuidarme por tantos años, de que me sirvió todo lo que mis padres me enseñaron, para que me sirvió prepararme durante años, si un estúpido error me conllevo a desencadenar mi tortuosa vida de mierda. Sí. Todo esto es una completa mierda. Quien iba a pensar que me iba a enamorar de dos hombres a la vez, que para mi maldita desgracia; tenía que sufrir, caer y me levantarme como si nada hubiese pasado. En mi sangre no corre la palabra "rendirse", todo lo contrario, enfrentarme al destino y a las adversidades es lo que una verdadera Reina siempre hace.
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XXIII. Herida
Emily
Al llegar a Rusia, tras recibir una llamada de Hulk diciéndome que Alek había tenido de nuevo una crisis, llegue a la clínica, el médico me informó que llevaba días sin comer, y sumándose a eso, en su organismo había rastro de coca. Estaba sedado, su cuerpo yacía en la camilla de aquella cama, lo contemplo desde la silla sentada a su lado, no pude evitar derramar una que otra lágrima. ¿Qué más puedo hacer para ayudarlo?, si el mismo no se ayuda. Me parte el corazón en mil pedazos ver como sufre, aunque quizá tenga algo de culpa. Sé cuales son sus miedos y sus tormentosas pesadillas. Quizá no debí pedirle más tiempo. Pero a la misma vez, me siento frustrada y con rabia, no puedo ver a mi primer amor, sucumbido en lo más profundo de un recuerdo oscuro.
Agarré su mano, acomode mi cabeza al lado de su brazo, aunque mis sentimientos hallan cambiado, no soy capaz de darle la espalda, él necesita de mí, y le daré todo mi apoyo. Dejé un beso en su mano y me levanto soltandola lentamente, suspiro mirándolo por última vez antes de salir de la habitación.
—Ya no sé que hacer para que mi hijo deje de meterse tanta mierda — Inquirió Gian molesto.
—Todos lo hemos ayudado, pero tampoco pone de su parte, lo mejor es internarlo. Es algo que ya no está en nuestras manos.
Todos me vieron atentamente y asintieron con la cabeza, Jei me dio una sonrisa acompañada de un fuerte abrazo.
— Es lo mejor que puedes hacer por él, te espero en el auto.
— Ve tú, me quedaré está noche acá, solo deja seguridad, no queremos sorpresas. — Se separó y asintió
— Como digas, nena — Beso mi mejilla y se fue.
— Yo sé cuanto amas a mi hijo, y tu eres la que ha sufrido más con sus crisis
— Señor Morelli, yo amo a su hijo con todo mi corazón, pero ya estoy cansada de toda esta situación, ¿Qué me puede esperar?, bastante tengo con cuidar de mi vida en este negocio, y ahora matar mi cabeza con su problema... — Hice una pausa para tomar aliento—. Jamás lo voy abandonar, así este con él o no. Siempre voy a estar a su lado.
— ¿Tienes pensado dejarlo? — Inquirió frunciendo el ceño.
— Aún no lo sé, pero si nos estamos tomando un tiempo, quiero decir, no le daré la espalda. Sé cuanto me necesita; quizá tanto como yo a él. Pero debo solucionar muchos problemas y este es uno de esos.
Asintió con la cabeza sin decir nada más, la verdad tampoco me importa lo que piense, soy libre de tomar la decisión que me de la puta gana.
— Bien princesa. Gracias de todos modos, sé cuanto se aman los dos — Dijo por último y se fue.
Vi su espalda alejarse hasta perderse por el ascensor, di órdenes a mis hombres de rodear toda la clínica con tres guardias en la puerta.
Volví a la habitación y me acosté a su lado, siempre me ha fascinado su olor. Cuando era pequeña creí que ese chico de mirada oscura era todo lo que podía desear, sin saber que lo que de verdad quería siempre ha estado a mi lado. Me acomode bien entre su pecho, y de esa manera quedé dormida.
Un suave toque en mi hombro me hizo despertar, abrí los ojos y lo primero que veo es a Alek, con una sonrisa en sus labios, aunque en sus ojos hay culpa, remordimiento y mucho dolor.
— Buenos días reina — Dijo besando mi frente. Me incorporé un poco y deje un beso en su mejilla.
— ¿Porque sigues haciendote esto? — Desvía la mirada, suspiro y tomo su rostro en mis manos obligándolo a verme—. Alek, ¿Quieres acabar así?, puede sonar desequilibrado, nosotros traficamos y vivimos de lo que otros consumen. Pero yo no puedo soportar verte hundido en ellas. ¿Te vas a dejar ayudar?.
Se quedó en silencio contemplando mis ojos, su mirada se veía pérdida. Se relamio los labios y asintió con la cabeza.
— Si, reina, lo haré por ti — Inclinó la cabeza y me besó en lo labios, un beso suave, donde envolvió su lengua con la mía. Danzando a la perfección. Me rodea con sus grandes brazos por la cintura pegandome más a su torso desnudo.
Nos separamos y sonrió ampliamente, descanso mi cabeza en su pecho y siento sus latidos tranquilos. Su mano acaricio mi cabello con dulzura.
—¡Señorita Emily debemos irnos! — Uno de los hombres abrió la puerta y con el ceño fruncido.
— ¿Qué está pasando? — Inquirió Alek.
— ¡No hay tiempo... — Se calló, cuando los disparos que provenían de afuera se escucharon desde la habitación, me incorporé de un salto, quite todo lo que Alek tenía en sus brazos, y saliendo discretamente de la habitación subimos hacia la azotea.
— Maldita sea, deben ser los asiáticos.
— Reina porque subimos.
— Amor, el edificio está rodeado, por la puerta no vamos a salir —Saqué el celular de mi bolsillo y marque a Jeison—. Jei, trae a todos los hombres necesarios al hospital, pon una distracción y manda un helicóptero. Estamos en la azotea. — Dije todo rápidamente mientras veía desde arriba como caían muertos mis hombres.
— Ya mismo, ¿Tu estas bien? — En su voz se notaba la preocupación.
— Si Jei, mueve tu lindo culo y traelo aquí, no creo que demoren en entrar.
Sin esperar respuesta colgué la llamada, ¡Mierda!, ¿Cómo sabían que estábamos acá?.
—Reina, vete tú yo los distraigo.
—¿Qué?, como crees idiota, de acá salimos los dos, no te pienso dejar.
— Son muchos, y puede que Jeison demore...
— Nada de eso, ¡Maldita sea!... —La puerta de la azotea salió volando, agarré de la mano a Alek, mientras nos cubrimos con el tanque del agua. Disparos atravesaban en el. Saqué el arma y apunte dando a dos, y al tercero fallé el tiro.
En una guerra de balas nos encontrábamos allí, los dos intentando hacer todo lo posible por salir vivos, una bala impacto en mi brazo haciendo que tirara el arma al suelo.
— ¡Hijo de perra! —murmuré agarrando mi hombro con la otra mano, haciendo presión en la herida. Alek oscurecio la mirada. Su demonio estalló.
— ¡Donde mierda esta Jeison! — Exclamó con los dientes apretados, disparando su arma, me senté el piso y recoste la cabeza en un muro cubriendo mi cuerpo, Alek a mi lado no dejaba de disparar. Mientras maldecia una y mil veces en italiano. El sonido del helicóptero resono en nuestra cabeza, Jeison bajo con el negro disparando.
—¡Suban! — Escuché decir a Jeison. Alek me alzó en sus brazos y me subió en el helicóptero, seguido de nosotros subió Jeison y el negro. Me presiono fuerte la herida mientras la sangre se filtra por el medio de mis dedos.
El helicóptero se alejó rápidamente de la azotea del hospital, Alek me apretó en sus brazos, besando mi cabeza y susurrandome lo mucho que me amaba en el oído. Cerré los ojos, el dolor me quemaba, ardía como un demonio. Jeison agarró mi brazo y hundió sus dedos en la herida, un grito ahogado salió desde el fondo de mi garganta.
— ¡Hay que sacarla y llevarla a un hospital!
— ¡No, ya no más hospitales. Iremos con los rusos!.
—¡Pero que demonios, quien mierda te crees para decidir por ella!.
Alek y Jeison empezaron a pelearse entre ellos, los temblores y la perdida de sangre me estaba dejando inconsciente. Y ahora estos peleando.
— Basta... solo sacame esa mierda de ahí — Dije con voz ronca, ambos se callaron y se vieron entre sí.
— No tengo lo necesario...
— ¡Llévame con los putos rusos entonces! ¡Maldita sea! —Gruñi, volví a descansar la cabeza en el pecho de Alek, mientras Jeison hacia presión en el brazo.