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Latidos Bajo La Bata

Latidos Bajo La Bata

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Amor a primera vista / Divorcio / Amor prohibido / Romance / Superpoder / Completas
Popularitas:21.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Esta es la crónica de Valentina Vingut, una estudiante de medicina cuya existencia se fragmenta al colisionar con Ricardo Vidal. Él es un magnate custodiado por un imperio de poder y una familia de fachada, pero poseedor de una oscuridad magnética que arrastra a Valentina hacia un romance prohibido. Lo que ella ignora es que esa conexión eléctrica no es azar: sus linajes han estado encadenados por una deuda de sangre desde tiempos ancestrales.
Será el deseo suficiente para silenciar la moral?

NovelToon tiene autorización de Estefaniavv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: la jaula de cristal

El anuncio del compromiso de Ricardo con Estefanía de la Torre no fue un simple titular; fue una bomba de fragmentación que destrozó la poca calma que me quedaba. Esa noche, el televisor del apartamento de Verónica escupía imágenes de una mujer impecable, de una elegancia heredada y una sonrisa que parecía ensayada frente a un espejo desde los cinco años. Ella era el "pedigrí" que los padres de Ricardo exigían. Yo, en cambio, era la estudiante de maestría con las ojeras marcadas por las guardias y el olor a hospital pegado a la piel.

—Es un movimiento maestro —comentaba Verónica, ajena al nudo que me asfixiaba—. Dicen que con esta unión el Grupo Valmont absorberá las acciones de los De la Torre y la auditoría se detendrá. Básicamente, ella es el cheque en blanco que salva a Ricardo de la cárcel o de la quiebra.

Me levanté de la mesa sin terminar mi cena. El eco de las palabras de Ricardo en su carta resonaba en mi mente como un mantra de resistencia: “No creas en nada de lo que veas”. Pero, ¿cómo no creer cuando el mundo entero lo daba por hecho? ¿Cómo confiar cuando el hombre al que entregué mi cuerpo y mis secretos estaba, técnicamente, entregando su apellido a otra?

El lunes en la clínica fue un infierno de distracciones. Me equivoqué dos veces al transcribir las dosis de un tratamiento de mantenimiento y mi supervisor, el doctor Mendoza, me llamó la atención con una severidad que no conocía en él.

—Valentina, tus manos están aquí, pero tu cabeza parece estar en otro continente —me espetó en el pasillo—. En este hospital, un error de distracción se traduce en una vida. Si no puedes manejar la presión de la maestría, dímelo ahora.

—Lo siento, doctor. No volverá a ocurrir —respondí, tragándome las lágrimas de frustración.

Me refugié en la cafetería del hospital, buscando un rincón donde no tuviera que fingir. Saqué la carta arrugada de Ricardo de mi bolsillo. El papel ya estaba desgastado de tanto leerlo. "Espérame en el horizonte", decía. El problema era que el horizonte se veía cada vez más oscuro.

De pronto, un mensaje de un número desconocido iluminó mi pantalla:

“Estacionamiento subterráneo. Nivel 3. Sección G. Cinco minutos. Scott.”

Mi pulso se aceleró. Guardé mis cosas a toda prisa y bajé por las escaleras de emergencia, evitando los ascensores donde podría cruzarme con algún conocido. El nivel 3 del estacionamiento estaba en penumbra, el aire era pesado y olía a escape de gas y humedad. Allí, junto a una columna de concreto, estaba el mismo coche negro que me había llevado de vuelta de la finca.

Scott estaba fuera del vehículo, vigilando los alrededores. Al verme, simplemente asintió y abrió la puerta trasera. Me deslicé dentro, y el aroma a cuero y a ese perfume amaderado que reconocería en el fin del mundo me golpeó de inmediato.

Allí estaba él. Ricardo no llevaba la chaqueta del traje; tenía la camisa blanca desabrochada en el cuello y las mangas remangadas. Se veía agotado, con una barba de varios días que le daba un aire peligroso y vulnerable a la vez. Al verme, sus ojos se cerraron por un segundo, como si estuviera absorbiendo mi presencia para recuperar fuerzas.

—Viniste —susurró, su voz era una caricia ronca.

—Ricardo, ¿qué es todo esto? —dije, sintiendo cómo la rabia y el deseo luchaban por el control de mi voz—. El compromiso, las noticias, Estefanía... Me pediste que no creyera, pero ella está en todas partes. Tu padre ganó, ¿verdad?

Él se inclinó hacia delante y me tomó la cara con ambas manos. Sus palmas estaban calientes, un contraste violento con el frío del estacionamiento.

—Escúchame bien, Valentina. Mi padre no ha ganado nada. Lo que ves es una cortina de humo, un movimiento legal para detener la hemorragia de la empresa. Necesito que la auditoría se detenga para poder mover los activos de la finca a una cuenta que ellos no puedan tocar. Estefanía sabe la verdad; su familia también está usando esto para ganar tiempo en sus propios problemas. Es un pacto de negocios, nada más.

—¡Un pacto que incluye un anillo y una boda en un mes! —exclamé, tratando de soltarme, pero él no me dejó—. Ricardo, yo no soy parte de este mundo. Yo estudio medicina para salvar vidas, no para jugar al ajedrez con la mía. No puedo ser "la otra" mientras tú juegas a ser el heredero perfecto.

—Nunca serás "la otra" —su mirada se volvió feroz, la misma que tenía cuando me reclamaba en la finca—. Eres la única. Valentina, he pasado noches enteras sin dormir trazando un plan para salir de esto sin perder las tierras de mi abuelo y sin perderte a ti. Si me rindo ahora, ellos se quedan con todo. Se quedan con las 22 hectáreas, con mi legado y con la capacidad de destruirte a ti también para llegar a mí.

Me quedé en silencio, sintiendo su aliento cerca de mis labios. La electricidad de la que él siempre hablaba empezó a recorrer mi columna. Odiaba cuánto poder tenía sobre mí, incluso en mitad de un desastre.

—¿Y qué esperas de mí? —pregunté en un susurro.

—Que sigas siendo mi musa en la oscuridad. Solo un poco más. Scott te hará llegar un nuevo teléfono. No uses el tuyo para nada relacionado conmigo. Mi padre ha contratado investigadores privados. Van a vigilar a cualquier mujer que haya estado cerca de mí en los últimos seis meses. Por eso Scott te llevó a casa y no yo. Por eso no he ido a tu apartamento.

Ricardo me atrajo hacia él en un beso que sabía a desesperación y a promesa. Fue un beso urgente, como si estuviéramos tratando de recuperar el tiempo perdido en esos minutos robados al caos. Sus manos recorrieron mi espalda, apretándome contra él, y por un instante, el estacionamiento desapareció. No había compromiso, ni deudas, ni auditorías. Solo estábamos el hombre que amaba y la mujer que estaba dispuesta a arriesgarlo todo por él.

—Tengo que irme —dijo él, rompiendo el contacto a regañadientes—. Mi padre me espera para una cena con los De la Torre. Es una maldita puesta en escena y tengo que actuar mi parte.

—Ten cuidado —le dije, arreglándole el cuello de la camisa—. No te pierdas en el papel que estás interpretando.

—Imposible. Mi realidad eres tú.

Salí del coche con el corazón en la garganta. Vi cómo el vehículo se alejaba, perdiéndose en la rampa de salida. Me quedé allí, en la penumbra del Nivel 3, sintiéndome como una espía en mi propia vida.

Al subir de nuevo a la clínica, el mundo seguía girando igual. Los pacientes esperaban, los monitores pitaban y los médicos corrían. Pero algo en mí había cambiado. Ya no era solo la incertidumbre lo que me movía; ahora era una resolución fría.

Esa tarde, al salir de mi turno, Scott me interceptó discretamente cerca de la parada de autobús y me entregó un paquete pequeño. Dentro había un teléfono de última generación, ya configurado. Solo tenía un contacto guardado: "Horizonte".

Al llegar al apartamento, Verónica estaba pegada al teléfono.

—¡Valentina! No te lo vas a creer. Acaban de filtrar fotos de la cena de compromiso. Mira a Ricardo... se ve tan... distante. Pero ella es una belleza. Dicen que el vestido de novia costará más que todo nuestro edificio.

Miré la foto en la pantalla de su móvil. Ricardo aparecía de pie junto a Estefanía, sosteniendo una copa de champán. Su rostro era una máscara de cortesía empresarial, pero yo sabía leer entre líneas. Sabía que esa mano que sostenía la copa era la misma que me había acariciado horas antes en el sótano de un hospital.

Esa noche, bajo las sábanas, el teléfono nuevo vibró. Un solo mensaje apareció en la pantalla:

“Hoy, en la cena, solo podía pensar en el río. En el frío del agua y en el fuego de tu piel. Duerme, mi Valentina. La cuenta regresiva ha comenzado.”

Cerré los ojos, Si Ricardo estaba jugando a la guerra, yo tendría que aprender a ser su mejor aliada, o terminaría siendo la víctima colateral de un imperio que no perdonaba los errores del corazón.

La maestría continuaba, pero mi verdadera tesis ahora era la supervivencia.

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Maria M. Rosario
mjy bonita la historia
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
LIZA VELAZCO
sencillamente hermosa!!!!! felicidades que gran historia 😊
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
Elina Beatriz Ravazzano
Te felicitó por tu imaginación. No entendí mucho,pero me gustó.
Estefaniavv: Viene una segunda parte que se desarrolla la historia final 🥰🥰
total 1 replies
AYA
El título de la novela cambió, al inicio no se leía fantasía y luego cambió a pura fantasía , no fue mala pero esos cambió tan drástico dañan la lectura.
AYA
Demasiado fantasía, 🙄😒
Carola Videla 😈🇦🇷
que triste vivir así, es injusto
Lirio Blanco: Cierto 😔
total 3 replies
Estefaniavv
🥰🥰🥰
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