La saga continúa.
Megan logró superar el dolor con la ayuda de su familia, a la que por fin recuperó. Ahora que su amor por Elliott dejó de ser prohibido, está dispuesta a todo por protegerlo a él y a su bebé en camino, y esto solo hace que su camino a la venganza contra Alphonso y la falange oscura se complique más, ya que debe cuestionarse sobre que futuro quiere para su bebé.
Con la constante amenaza de Alphonso y la de un enemigo mayor sin rostro, deberá aliarse con cualquiera que quiera ayudar.
También está la aparición del verdadero padre y hermano gemelo de Elliott, quienes no sabe si son enemigos o aliados; ellos tienen secretos que pueden cambiarlo todo.
Megan deberá enfrentarse a un gran dilema entre su sed de venganza o el amor.
Pero en este juego de sombras y traiciones nada es lo que parece y al final descubrirá que su mayor enemigo no es Alphonso, sino algo más grande detrás de todo.
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Jaulas y juegos.
Leila bufa mientras se levanta de la cama y camina por la habitación con los brazos cruzados, lanza una mirada de furia a las grandes puertas de madera que la mantienen encerrada. Desde que Viktor la trajo a su mansión, su vida se ha convertido en un constante juego de poder.
Leila es la prisionera de Viktor, sí, pero no en el sentido tradicional. No está amarrada, no pasa hambre; al contrario, la quieren engordar por la cantidad de comida que le llevan, y no es maltratada ni golpeada físicamente. Al contrario de esto, Viktor parece empeñado en tratarla como una reina, aunque ella no tiene ninguna intención de jugar el papel de su sumisa.
El sonido de la cerradura que gira la saca de sus pensamientos. Se gira de inmediato, con la mandíbula tensa. Viktor entra con la elegancia y la imponencia que lo caracteriza; trae una bandeja con comida. Llevaba puesta una camisa negra pegada a su cuerpo y unos jeans oscuros; su expresión está llena de puro entretenimiento.
"Otra noche de berrinche, Lili, no quieres comer", con un suspiro falso. "¿Cuánto tiempo más seguirás con tu actitud desafiante?" Le levanta una ceja.
Leila se cruza de brazos, mientras lo asesina con la mirada.
"Hasta que me dejes ir, tengo familia que debe estar preocupada". Viktor sonríe con diversión y deja la bandeja de comida en la mesa al lado de la cama.
"Estás más que segura de que eso no va a pasar y sobre tu familia, ya lo arreglé, no están preocupados". Ella lo mira indignada y se cruza de brazos mientras hace una especie de puchero enfadado.
Ella aprieta los dientes.
Pues tampoco voy a comer.
Viktor ladea la cabeza, observándola como si fuera un misterio intrigante que debe resolver. Luego, sin ningún aviso, toma la charola y se acerca a ella con una tranquilidad que da miedo.
"¿Tienes idea de lo que más disfruto de este pequeño juego entre nosotros, Lili?", susurra, su voz gruesa y amenazante.
"Que no importa cómo pelees, siempre terminas haciendo lo que yo necesito que hagas".
Ella lo observa, sus ojos llenos de rabia contenida.
"Mientes, jamás hago eso".
Viktor ladra una sonrisa que la hace estremecerse.
"Vamos a ver".
Antes de que Leila reaccione, toma un pedazo de fruta de la bandeja y lo lleva a los labios de ella. Leila aparta la cabeza, resistiéndose a dejarse.
"No quiero", dice con voz firme.
Viktor se inclina más, su aliento roza su piel y se la eriza.
"Vamos, Lelu. Sabes que al final vas a terminar comiendo. "¿Por qué te resistes?" Su voz, cada vez más sensual.
El hambre la está matando, pero el orgullo no la deja ceder ante él. Pero Viktor es obstinado. Él tenía paciencia. Se queda allí, mientras sostiene la fruta cerca de su boca; no se mueve ni la obliga, simplemente espera.
El silencio se alarga hasta que Leila, con furia contenida en sus ojos, abre la boca y muerde la fruta.
Viktor sonríe con satisfacción.
"Te lo dije, Lili, pero me encanta que comas". Le da una sonrisa cálida.
Leila lo fulmina con la mirada mientras él le pasa otro trozo.
"Ni pienses que esto significa que me he rendido".
Viktor se encoge de hombros.
"No necesito que lo hagas, Lili. Solo que entiendas que, en esta jaula, como le dices, yo soy tu cuidador y debes estar bien".
Ella no responde, pero la guerra entre ambos está lejos de acabarse.
Al llegar la noche, Leila se acuesta en la enorme cama de la recámara de Viktor; intenta ignorar la presencia de él, que está sentado en un sillón al otro lado del cuarto. No es la primera vez que hace eso. No la toca, no le habla, simplemente la observa.
"¿Por qué no vas a dormir? —pregunta con molestia ella.
Viktor apoya un codo en el reposabrazos y la mira con interés.
"Me encanta ver dormir a mi mujer".
Leila siente un escalofrío recorrer toda su piel, pero disimula girando su cabeza como buscando algo.
"No, te equivocaste de habitación, aquí no está tu mujer", Viktor se ríe.
"Eres muy graciosa, Lili, me gusta verte dormir a ti".
"Eso es enfermizo, ¿sabías?" Levanta una de sus cobrizas cejas.
Viktor sonríe, como si su comentario no le afectara en absoluto.
"Si estuviese loco, ¿no crees que ya te habría obligado a hacer algo?" Le dice de manera seductora.
Ella se tensa.
"¿Y por qué no lo has hecho? "¿Qué ganas con todo este show de 'hombre sé bien'?"
Viktor se pone de pie lentamente y camina hacia la cama. Se inclina sobre ella, sin tocarla, pero lo suficientemente cerca como para hacer que su respiración se entrecorte.
"Porque me fascina el juego, Lili. Me gusta ver hasta dónde puedes llegar antes de quebrarte".
Ella lo mira fijo, con fuego en sus ojos.
"No me verás quebrada".
Viktor sonríe de lado.
"No quiero eso, ya lo vi y lo odié; quiero verte quebrada ante el placer de tu hombre", sonríe de lado.
"Idiota", le saca el dedo medio y se arropa.
Mientras tanto, en un lugar oscuro y no muy apartado de la mansión, La Piovra jadea entre dientes; su cuerpo está cubierto de cortes y moretones. Está atado a una silla de metal, con los brazos esposados detrás de su espalda; apenas puede moverse. Frente a él, el padre de Viktor lo observa con una mezcla de desprecio y satisfacción.
"¿Qué se siente, hijo de perra?", pregunta con voz helada al asesino de su mujer.
"¿Cómo te sientes sabiendo que cada día que pasa es otro día en el que pagarás por la vida que le arrebataste a mi esposa?" El odio de años habla por él.
La Piovra escupe sangre y sonríe con desafío.
"Si estas esperas que pida perdón y clemencia, pierdes tu tiempo; yo disfruté a esa zorra, alguien la quería y me pidió a mí ir por ella y entonces la devoré". Confiesa y el puño forrado con un hierro de Vitaly cae en la mandíbula de la Piovra.
"Track" suena por el impacto.
El padre de Viktor se inclina hacia él.
"No quiero que pidas perdón. Quiero que sufras como ella lo hizo". Otro golpe impacta en su cara.
Sin más antelación, toma un cuchillo y lo desliza por la piel del mafioso, hace un corte preciso y doloroso. La Piovra aprieta los dientes, negándose a darle el placer de un grito.
"Eres una mierda fuerte, porque hombre no eres, basura", admite Vitaly con calma.
"Pero incluso los más fuertes ceden", se burla.
La tortura continua en la penumbra de aquella habitación, mientras en la habitación de Viktor y Leila siguen dos testarudos atrapados en su propio juego de poder.
"Hazme un lado, dormiré en la cama", dice Viktor acostándose al lado de Leila.
"Jódete", le responde molesta.
"Dame un poco de sábana; es negra. Todo lo mío lo tienes, te compré un montón de ropa y usas la mía", dice y ella se ríe bajito.
"Es tan ajustada que me queda bien". Se burla, pues la ropa a él le queda ajustada en pechos y brazos.
"Sabía que me mirabas", se burla.
"No lo hago, de lejos se ve que usas lubricante para ponerte las camisetas". Se ríe y él ataca.
"No la uso allí, pero la puedo usar contigo. De seguro que tú también me vas a quedar apretada". Leila se coloca roja y le da gracias a Dios que está cubierta de pies a cabeza o él se daría cuenta de su vergüenza.
"Ya, dame un poco de sábana". Se acuesta y la jala, pero ella lo desarropa de nuevo.
"Bien", dice y hace silencio. Laila siente el movimiento en la cama, pero no lo oye; escucha como su respiración se relaja y le da curiosidad, así que abre la sabana para ver y allí está él en todo su esplendor. No tiene prenda que lo cubra y tiene las manos debajo de su cuello; luce relajado. Bueno, hay una sola parte de él que no está relajada y qué parte.
"Viktor, tápate", grita y él sonríe sin moverse.
SORPRENDENOS!!! Con el final que se viene con esta novela
Gracias por regalarnos siempre información de calidad, diferentes tramas, no te encasillas, no escatimas en entregar tu tiempo a lo que te apasiona, y pones todo tu amor a la escritura, haciéndonos parte de tu obra, nos haces reflexionar, entender diferentes tópicos, pasar por todas las emociones habidas, tanto así que amamos a algunos personajes o lo contrario odiando a otros y hasta deseando su muerte en algunos casos.
Sigue cosechando éxitos, que tus fieles lectoras te acompañamos!!
* ESPERO POR SABER EL TIPO DE BODA DE ESTAS "ALMAS GEMELAS"
Esa es la GRAN PREGUNTA 🤔
A veces puede resultar lógico tomar la justicia por mano propia 🤯🙈