Elena Carter, una brillante y empoderada empresaria de Nueva York, ha construido su imperio tecnológico desde cero, enfrentándose a un mundo lleno de desafíos y competencia. Nada ni nadie ha logrado desviarla de su camino… hasta que aparece Damian Moretti. Rico, influyente y peligrosamente atractivo, Damian es un mafioso italiano con un oscuro pasado y un obsesivo interés por Elena.
Cuando Damian intenta infiltrarse en su vida a través de una tentadora propuesta de negocios, Elena se encuentra atrapada en una red de pasión y peligro. Su determinación por mantener el control choca con la implacable necesidad de Damian de poseerla, no solo en los negocios, sino en cada aspecto de su vida.
Entre celos, conspiraciones y una atracción que no pueden negar, ambos descubrirán que hay líneas que no pueden cruzarse sin consecuencias. ¿Podrá Elena resistir el encanto y el poder de un hombre que lo arriesgará todo por tenerla? ¿O terminará cayendo en la trampa de una obsesión peligrosa...?
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Capítulo 24: Cenizas y Confesiones
El rugido de la explosión aún resonaba en los oídos de Damian mientras se arrastraba por el suelo polvoriento de la fábrica. La trampa había sido perfectamente orquestada, y aunque odiaba admitirlo, lo habían superado esta vez.
—¡Matteo! ¡Luca! —gritó, buscando a sus hombres entre la nube de humo y escombros.
—¡Aquí! —respondió Luca, su voz áspera mientras ayudaba a Matteo a levantarse. Ambos estaban cubiertos de polvo, pero aparentemente ilesos.
Damian se acercó rápidamente, evaluando la situación.
—Tenemos que salir ahora. Esto no es un intercambio; es una declaración de guerra.
Los tres avanzaron con cautela, utilizando las sombras como cobertura mientras el sonido de pasos y voces se acercaba. Había hombres armados por todas partes, patrullando la zona en busca de sobrevivientes.
—¿Por qué no nos mataron de inmediato? —preguntó Matteo en voz baja.
—Porque quieren que sepamos que están en control —respondió Damian, sus ojos oscuros llenos de ira contenida—. Pero no van a ganar.
Señaló una salida lateral y los tres se deslizaron hacia ella, moviéndose con precisión calculada. Damian sabía que cada segundo contaba, y no podía permitirse un error.
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Mientras tanto, en el apartamento, Elena caminaba de un lado a otro con el teléfono en la mano. Habían pasado horas desde que había hablado con Damian, y su instinto le decía que algo estaba terriblemente mal.
Finalmente, marcó el número de Matteo, pero la llamada fue directamente al buzón. Su frustración creció, y sin pensarlo dos veces, tomó su chaqueta y salió del apartamento.
—Si ellos no me van a decir qué está pasando, lo averiguaré yo misma.
Condujo hacia uno de los lugares seguros de Damian, un pequeño almacén que usaban como punto de reunión. Sabía que si algo había salido mal, alguno de sus hombres estaría allí buscando refugio.
Cuando llegó, encontró a un par de hombres armados vigilando la entrada. Uno de ellos era un conocido de Damian, un tipo llamado Marco.
—¿Dónde está Damian? —preguntó, sin molestarse en saludar.
Marco levantó una ceja, claramente sorprendido por su tono.
—No hemos tenido noticias de él desde que fue a la fábrica.
Elena sintió un nudo en el estómago, pero mantuvo la calma.
—Dame la dirección de la fábrica.
—No puedo hacer eso. Damian me mataría si te dejo ir sola.
Elena se acercó, su mirada tan fría y firme que incluso Marco pareció dudar.
—Escucha, si algo le pasa, ¿crees que voy a quedarme aquí esperando? Dame la dirección, o lo buscaré yo misma.
Marco suspiró, sabiendo que no iba a ganar esa pelea. Finalmente, le dio la dirección, aunque con cierta renuencia.
—Si algo sale mal, no digas que no te lo advertí.
—No lo haré —respondió Elena, ya subiendo a su auto.
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En la fábrica, Damian y sus hombres finalmente lograron llegar a la salida lateral, pero no sin dificultades. Se encontraron cara a cara con un grupo de hombres armados que bloquearon su camino.
—Ríndanse, Moretti. No tienen escapatoria.
Damian sonrió con arrogancia, a pesar de la situación.
—¿Rendirnos? No está en mi vocabulario.
Con un movimiento rápido, sacó su arma y abrió fuego, seguido de Matteo y Luca. La balacera fue caótica, pero la experiencia de Damian y sus hombres les dio ventaja. Finalmente, lograron abrirse paso y salir al exterior.
—¡Vamos! —gritó Damian, liderando la carga hacia un auto abandonado cerca de la entrada.
El grupo se subió rápidamente, y Damian pisó el acelerador, alejándose del lugar antes de que llegaran refuerzos.
—Eso estuvo demasiado cerca —dijo Matteo, respirando con dificultad.
Damian no respondió, su mente ya trabajando en los siguientes pasos. Sabía que esta trampa no era solo un intento de eliminarlo; era un mensaje de que sus enemigos estaban dispuestos a jugar sucio.
Minutos después, Damian y sus hombres llegaron al almacén donde Marco los esperaba con una expresión de alivio.
—Gracias a Dios, están vivos.
—No gracias a ellos —respondió Damian con amargura, refiriéndose a sus atacantes.
Antes de que pudiera decir algo más, una figura familiar apareció en la entrada del almacén.
—¡Elena! —exclamó Damian, su tono mezclando sorpresa y furia.
Ella caminó hacia él con determinación, ignorando las miradas de los demás.
—¿Qué demonios pasó?
Damian apretó la mandíbula, claramente molesto por su presencia.
—¿Qué estás haciendo aquí? Te dije que te quedaras en casa.
—Y yo te dije que no iba a quedarme de brazos cruzados mientras tú arriesgas tu vida.
Elena lo enfrentó, su mirada llena de fuego. Damian respiró hondo, tratando de calmarse, pero la preocupación lo estaba consumiendo.
—Esto no es un juego, Elena. Podrías haber sido atrapada en medio de todo esto.
—¿Y crees que es mejor quedarme sin saber nada? —replicó ella, su tono cortante—. Si vamos a trabajar juntos, tienes que empezar a confiar en mí.
Damian la miró, su expresión suavizándose ligeramente. Sabía que ella tenía razón, pero aún le costaba aceptar la idea de ponerla en peligro.
—Está bien —dijo finalmente—. Pero la próxima vez, avísame antes de hacer algo tan imprudente.
Elena asintió, aunque sus ojos brillaban con desafío.
—Solo si tú prometes no dejarme fuera otra vez.
Damian sonrió levemente, admirando su valentía a pesar de todo.
—Tienes un trato.
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Esa noche, mientras todos se dispersaban para descansar, Damian y Elena se quedaron en el almacén, revisando los documentos que ella había encontrado. Aunque el peligro seguía acechando, ambos sabían que juntos eran más fuertes, y la conexión entre ellos solo seguía creciendo.
...
Mucho e'xito.