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La mujer que despertó mi corazón.

La mujer que despertó mi corazón.

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio contratado / Matrimonio arreglado / Enfermizo
Popularitas:102.7k
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Sol Linares no tenía tiempo para soñar con vestidos blancos ni finales felices. Su mamá necesitaba una cirugía urgente, y su padre, que llevaba años mirándola desde lejos, le ofreció una sola salida: casarse con Bruno Alcázar, el heredero de una de las familias más poderosas de Buenos Aires.

Bruno no podía hablar. No podía moverse. Después de una caída extraña, todos lo daban por perdido.

Pero Sol descubre algo que nadie le había dicho: ese hombre inmóvil fue quien la salvó una noche en la que ella creyó que no iba a salir viva.

Lo que empezó como un trato frío se vuelve una deuda, después una promesa, y finalmente una guerra silenciosa dentro de una casa llena de secretos. Mientras Sol cuida a Bruno, alguien intenta terminar lo que empezó aquella caída.

Y Bruno, atrapado en su propio cuerpo, escucha todo.

La chica que compraron para acompañarlo no se parece a nadie de su mundo. Habla demasiado, cocina como si pudiera curar con las manos, pelea cuando la acorralan y no sabe rendirse.

Él sólo tiene una idea fija: despertar antes de que la destruyan.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Capítulo 23

Sol giró para mirar a Bruno.

Bruno cerró los ojos de inmediato.

Su abuelo tenía mal el corazón y acababa de llevarse un susto. No podía despertarse frente a él y darle otro golpe. Ya encontraría otro momento.

Pero por dentro la estaba aplaudiendo.

Bien. Muy bien.

No se había equivocado al elegirla. Le había hecho quedar la cara en alto.

Don Ernesto, después de los gritos de Esteban, empezó a sentir el corazón acelerado y el pecho cerrado. Se llevó una mano al pecho. La cara se le puso morada. Con la otra mano, temblorosa, intentó señalar.

—Lla... llamen...

Rodrigo se alarmó.

—¡Médicos! ¡Médicos!

La habitación se volvió un caos. Varios doctores y enfermeras entraron corriendo para revisar al anciano.

Esteban quedó empujado hacia un costado. La cara le cambiaba de rojo a blanco. Por dentro estaba enredado.

Si el viejo moría ahí mismo, mejor.

Las acciones ya estaban en sus manos. No tendría que seguir soportando su cara.

Le sonó el celular.

Salió al pasillo, se tapó la nariz y atendió de mala gana.

—Hablá.

—Señor Alcázar, Elías desapareció.

—¿Qué?

El rostro de Esteban, ya rojo de furia, se oscureció.

—¿Qué dijiste? Repetilo.

—Elías desapareció. Nos fuimos a la mañana y dejamos la puerta cerrada con llave, pero cuando volvimos no estaba. La puerta seguía intacta.

Esteban explotó. Caminó hasta un rincón del pasillo y empezó a insultar en voz baja pero venenosa.

—Inútiles. Les dije que lo vigilaran veinticuatro horas. ¿Dónde se metieron? ¿A tomar? Búsquenlo. Den vuelta la ciudad si hace falta, pero lo quiero de vuelta.

Cortó y ni siquiera volvió a ver cómo seguía Don Ernesto. Se metió en el ascensor.

Elías se le había escapado antes de sacarle todo.

Lo había retenido ilegalmente. Si Elías denunciaba, podía ser un problema.

Además, acababa de entrar al círculo de grandes fortunas. No podía permitirse ni un rumor.

Y Rodrigo había dicho que Elías tenía en su poder datos de la participación de Alcázar Group en Universo Cero. Con la manera de trabajar de Bruno, esas cifras podían ser de decenas de millones.

Había que encontrarlo.

Elías, desde la cámara, vio a Esteban y a sus hombres meterse en el ascensor. Sonrió frío, abrió la puerta y entró en la habitación contigua.

La chica que acababa de dar una exhibición estaba inclinada revisando el cuello de Bruno. Su pelo negro le caía sobre el pecho a él, y un mechón se enroscaba en la muñeca pálida de Bruno como una cinta oscura sobre jade.

Rodrigo estaba a un lado.

Elías lo miró con los ojos.

¿Quién es?

Rodrigo lo miró de reojo.

Adiviná.

Elías respondió con la mirada:

No pienso adivinar.

Rodrigo:

Como quieras. Yo no te lo digo.

Sol vio que a Bruno le había quedado una marca roja en el cuello y salió enseguida a llamar al médico.

Bruno abrió apenas los párpados.

—Si siguen hablando con los ojos, les saco los ojos a los dos.

Rodrigo y Elías bajaron la vista al piso.

El médico entró y revisó el cuello de Bruno.

—No es grave. No duró mucho. La garganta puede quedar un poco inflamada, pero con un par de días alcanza. La marca en la piel, pónganle crema hidratante y se va sola.

Sol recién entonces se tranquilizó.

Elías dio un paso adelante.

—Hola. Soy Elías, asistente especial del señor Alcázar.

Sol sonrió y asintió.

—Mucho gusto, señor Elías.

La voz de la chica era dulce y amable. Elías sintió que se le aflojaba el pecho.

Qué chica.

Limpia, fresca, hermosa sin esfuerzo.

¿Qué relación tenía con Bruno? Más bien, ¿qué relación tenía Bruno con ella para permitirle esa cercanía?

Él, como asistente principal y administrador de todo Alcázar Group, sabía hasta a qué hora se duchaba Bruno. Pero nunca había visto a esa belleza.

¿Qué estaba pasando?

No se animó a intercambiar otra mirada con Rodrigo.

La curiosidad no valía más que sus ojos.

Sol le preguntó a Bruno:

—¿Cenó?

—Sí. De más.

La voz de Bruno sonó baja. Si uno escuchaba bien, hasta parecía ofendido.

Elías se quedó duro.

¿Su jefe acababa de hablar con ese tono?

Rodrigo tiró de Elías para sacarlo de la habitación.

Elías miró a Sol de reojo una vez más, pero no se animó a preguntar. Se fue con el alma llena de ganas de chusmear.

Sol había dormido desde media tarde hasta el atardecer. Tenía la cara rosada, como una flor recién abierta. Además, acababa de correr hasta la habitación y de patear a Esteban, así que seguía con un brillo vivo en las mejillas.

Al oír que Bruno había comido de más, se sonrojó todavía más.

Cuando Bruno no estaba despierto, ella le había masajeado la panza muchas veces para ayudarlo a digerir. En ese entonces no le daba vergüenza; lo trataba como si fuera un tronco y hasta le hablaba mientras le hacía círculos.

Pero ahora él estaba despierto.

No era tan simple tocarle el abdomen a un hombre despierto y casi desconocido.

Sus ojos brillaron con incomodidad.

—Señor Alcázar, ¿por qué no se masajea usted mismo? Trescientas vueltas en sentido horario y trescientas en sentido antihorario. Es fácil.

Bruno bajó un poco los párpados. Sus pestañas densas taparon el deseo en sus ojos.

—Me duele la mano.

En la habitación de al lado, Rodrigo y Elías miraban el monitor. Al escuchar eso, se quedaron mudos.

Elías fue el primero en reaccionar.

—Dijo que le duele la mano. No me digas. Un hombre hecho y derecho, ¿qué dolor de mano?

En la empresa Elías era serio, frío, de pocas palabras. En privado, su curiosidad era otra cosa.

Rodrigo soltó una risa.

—Hombres.

En la cámara, Bruno levantó la vista de repente hacia el lente. Rodrigo y Elías retrocedieron un paso.

Los habían descubierto.

Sol dudó un rato, hasta que venció la vergüenza.

—Entonces acuéstese. Yo lo ayudo.

Una mano blanca y fina se apoyó suavemente sobre la ropa de Bruno y empezó a trazar círculos. El movimiento era lento, liviano.

Bruno estaba acostado. Sol se sentó al borde de la cama. La distancia entre los dos era mínima. Él olió ese aroma suave, casi imperceptible, y el corazón le empezó a golpear.

Cuando ella se había inclinado sobre su pecho para revisarle el cuello, él había oído su pulso. Tum, tum. Tum, tum. Demasiado claro. Demasiado lindo.

Su respiración le rozaba la mandíbula, tibia y fragante.

Sol, en cambio, masajeaba mientras pensaba en el examen del día siguiente. Esa tarde había repasado el manual. Al volver tenía que leer los apuntes. Los apuntes eran la verdadera clave para no desaprobar.

¿Cuál era la esencia de aquel caso? La profesora lo había explicado. Si...

Su cabeza se fue por completo a las páginas de estudio. La mano siguió moviéndose sola.

Cuando los círculos bajaron un poco desde el ombligo, ella ni se dio cuenta.

Bruno ya había contado más de quinientas vueltas.

Sol cambió de sentido, pero su mano bajó otra vez. La punta de sus dedos rozó una zona sensible. Bruno todavía no alcanzó a reaccionar cuando ella repitió el círculo.

La sangre le subió de golpe. Una corriente de placer y tensión le recorrió el bajo vientre. No quería detenerla. Quería más.

A través de la tela fina podía sentir la mano suave de Sol rozando una y otra vez el borde de esa zona. La excitación le apretó los músculos, le tensó la piel.

La chica no notaba nada. Siguió masajeando y hasta aumentó apenas la presión.

Bruno sintió algo en los muslos. Su sangre, su atención, todo se concentró ahí. Quiso levantar una pierna para taparse, y entonces los dedos de su pie se movieron ligeramente.

Bruno entendió que tenía que detenerla.

Pero esa mezcla de dolor y placer le había tomado la cabeza. Mordió apenas sus labios para no dejar escapar ningún sonido. Se permitió un segundo más. Solo uno.

Los dedos de Sol rozaron por fin su punto más peligroso.

La razón venció al deseo.

Bruno le agarró la muñeca.

Sol seguía dentro de sus apuntes imaginarios. De pronto sintió un dolor fuerte.

—Ah...

Bruno ya se había incorporado. Su mano delgada le rodeaba la muñeca como un aro de acero. La empujó.

Sol cayó sentada al suelo. En la muñeca blanca le quedó una marca azulada.

No entendía nada. Levantó la cabeza y lo miró. Bruno tenía el rostro medio oculto por un mechón de pelo oscuro. No se le veía la expresión.

¿Qué le pasaba? Ella no había usado tanta fuerza. ¿O, por pensar en estudiar, se había pasado?

—Señor Alcázar, usted...

Bruno estaba rojo de vergüenza y excitación. La mirada le cayó encima como un filo, llena de una violencia que no era para ella pero igual la alcanzó.

Su voz salió ronca, helada.

—Salí.

La palabra fue seca. Sin emoción.

Sol se sintió horriblemente incómoda.

—Perdón. No fue a propósito. ¿Le hice mucha fuerza?

Bruno peleaba contra sí mismo. Estaba duro, dolorido, avergonzado. La sangre le golpeaba en lugares que no podía mostrar.

Quería levantarla del piso, abrazarla, medir cada centímetro de su piel con la boca.

No podía.

Sol se levantó y tomó una esquina de la manta para cubrirlo mejor. Apenas acercó la mano, Bruno escupió una palabra:

—Andate.

Sol había trabajado en muchos lugares, pero sus compañeros y clientes siempre habían sido educados. Nadie le había hablado así.

Se le encendió la cara de vergüenza y rabia.

Él no solo hablaba mal. También tenía una expresión horrible. Ni siquiera la miraba.

Después se dejó caer en la cama y se cubrió entero con la manta, como si quisiera desaparecer.

Sol se puso de pie de golpe, se frotó el trasero sin ninguna elegancia y salió con la cabeza alta.

No pensaba seguir sirviendo a ese loco.

Rodrigo y Elías, que después de la mirada de Bruno ya no se animaban a mirar las cámaras, estaban pegados a la pared escuchando. De pronto oyeron un portazo.

Mal.

Muy mal.

Los dos salieron corriendo. El ascensor ya se cerraba. Elías apretó el botón como un desesperado. Rodrigo eligió la escalera.

Sol estaba sola en el ascensor. Las lágrimas le salieron sin permiso.

Se sentía humillada.

De todos modos, él ya había despertado. Ella no tenía por qué volver.

El contrato decía muy claro que la contrataban para cuidar a un vegetal. No para atender a un hombre despierto y desquiciado.

La familia Alcázar le había dado cinco millones a Ricardo, sí. Pero eso no era asunto de ella.

Su tarea estaba cumplida.

Era libre.

Al pensarlo, sonrió.

Cuando se abrió la puerta, Rodrigo la encontró ahí, sola. Sus ojos limpios estaban llenos de lágrimas. Al parpadear, una gota rodó por su mejilla rosada y cayó al piso.

Paf.

Rodrigo sintió un tirón en el pecho.

Señor, qué desastre hizo.

Sostuvo la puerta del ascensor y la acompañó afuera con cuidado.

—Señorita Linares, no se lo tome a mal. Nuestro jefe no suele ser así. Tal vez estos días estuvo con mal ánimo. Intente entenderlo.

Elías salió del otro ascensor y vio a Sol parada frente a Rodrigo, pequeña y triste. Daba pena.

Señor, por algo siguió soltero tanto tiempo. Por fin alguien le masajeaba la panza y usted la echó.

—Señorita Linares —dijo Elías—, el señor Alcázar acaba de despertar y tiene muchas cosas encima. Usted sabe que la familia es complicada. Sea generosa y perdónelo.

Ni Rodrigo ni Elías sabían qué había pasado exactamente. Pero cuando una pareja discutía, el hombre siempre tenía la culpa.

Primero había que pedir disculpas por Bruno y convencerla de volver.

Sol parpadeó. Sus ojos todavía brillaban.

—Tal vez hice demasiada fuerza. Fue culpa mía. Mañana tengo examen y esta noche tengo que estudiar. Me voy primero. Estos días quizás esté muy ajustada, así que no voy a venir. Por favor, avísenle al señor Alcázar. Hasta luego.

No habían logrado convencerla.

Rodrigo la siguió rápido. A esa hora no podía dejarla volver sola.

Elías subió de nuevo.

Entró a la habitación de Bruno con una energía asesina y se quedó junto a la cama sin decir una palabra.

Bruno ya se había calmado. Estaba apoyado en la cabecera, mirando el cielo nocturno iluminado por las luces de la calle. Desde esa altura no se veía ni una hoja.

—¿Cómo va lo de Tomás?

Elías torció la boca.

Claro. Echa a la chica y todavía tiene cabeza para negocios.

Respondió con una calma artificial:

—El señor Tomás contrató dos influencers extranjeras, dos locales y cuatro hombres para transmisiones rotativas en TikTok y redes. Cada influencer cobra diez mil por hora. Están trabajando fuerte. Apenas abrieron, atrajeron más de doscientos millones de seguidores y vendieron más de cincuenta millones de dólares en productos. La ganancia superó los diez millones. Nosotros también compramos unos diez millones en mercadería y contratamos gente para empujar el tráfico en distintas plataformas. Pero el stock de Reina solo alcanza para seis o siete días. La línea de producción está muy por debajo de la demanda. Todavía no sabemos cómo van a resolverlo.

—Bien.

No se sabía si hablaba de Tomás o del informe de Elías.

Elías esperó.

Unos minutos después, Bruno curvó apenas los labios. En esa expresión tranquila había burla. Elías entendió: para Bruno, Tomás ya era una presa muerta.

—Elías, Clara Piel es una marca nacional de buena calidad y precio popular. Durante décadas mantuvo la idea de beneficiar a la gente común. Subió los precios lentamente y tiene buena reputación entre consumidores reales. No tienen dinero para grandes celebridades ni gastan en envases llamativos. Una marca así merece todo el apoyo de Alcázar Group.

—Lamentablemente está siendo aplastada por grandes marcas extranjeras por falta de fondos. Andá ahora mismo a ver al dueño de Clara Piel. Invertimos. Subí la producción al máximo. Que fabriquen toda la noche.

—Mañana quiero comentarios constantes en todos los vivos de Tomás promocionando Clara Piel. Armen un combo de setenta y nueve mil pesos y pónganlo en los comentarios. Comparen también el gramaje del lápiz de cejas de Reina y dejen claro que el precio roza el oro.

—Preparen nuestro vivo en la planta de Clara Piel. Lleven a la actriz que usó la marca durante décadas y a empleados antiguos para hablar del producto. Los detalles los manejás vos.

—Sí.

Elías escribió a toda velocidad en el teclado.

Ese era su jefe: una estrategia completa en minutos.

Meter publicidad propia en el vivo ajeno para robar seguidores era directo, fresco y barato. Y de paso pisaba a Reina.

Un lápiz de cejas a precio de oro. Una locura.

Lo de Sol podía esperar un día.

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Marcia Farfan Rojas
Muy entretenido👏👏
Marcia Farfan Rojas: Esperando los siguientes capítulos ☺️
total 1 replies
Omaira Olivier
hola autora como engaña cuando uno se emocionado 😂 usted manda un solo capítulo la novela esta emocionante
Elimar Gutierrez
Quien es Sabrina??
Mirta Ifran
me suoer encanta la historia.mas allá que bruno es muy mando.🤭
Mirta Ifran
👏👏👏👏👏
Lidia Loreta Abascal Alvarez
😍
Yoli Ibarra
me pasa igual ,decía completa tendría que terminar de una vez, el drama esta bueno, pero de un capitulo por día no es bueno, cansa
Maria Eugenia Orozco
que hable rápido con la policia
Bertha Jimenez
es muy aburrido leer y estar pidiendo actualización no me fijé que no estaba completa
Hilda Estrada
a limpiar todo
Ru Sanchez
finalice😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭
Hilda Estrada
sol: dale más a ese desgdo
Hilda Estrada
Buenos golpes x habladora
Tina Farias
me e leído cuatro Novela super buenas y esta aun no tiene final
me estoy aburriendo 😡
Elena Maza
Pobre tonta 😱😱😱😱ilusa lo mandaran a la chingads
Elena Maza
Esos salieron más abusados qué bruno 🤣😍😍
Elimar Gutierrez
Por fin un avance, sumo puntos con la suegra
Elimar Gutierrez
Ahora se mete la mamá que lala
Carmen Montilla
sube el otrocapitulo
Elena Maza
No le creas a don Tomás por favor bruno deja tu orgullo busca a sol y explicale la situación
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