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El Dulce Aroma Del Peligro

El Dulce Aroma Del Peligro

Status: Terminada
Genre:Romance / Omegaverse / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞El Alfa se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Cass. El olor a roble y romero se volvió tan fuerte que Cass sintió un mareo súbito. El Alfa inhaló profundamente, llenando sus pulmones con el aroma a miel y café del Omega. Una atracción peligrosa, pero predestinado.🔞⚠️

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¿En qué problema te has metido?

El corazón de Cass dio un vuelco al escuchar las palabras de Santi a través del auricular. El miedo por su amigo se mezcló con la adrenalina que aún recorría sus venas por la cercanía de Kenny. Miró al Alfa, quien permanecía imperturbable, terminando su café con una calma que resultaba insultante dadas las circunstancias.

—Santi, quédate adentro. No abras la puerta por nada del mundo —ordenó Cass, tratando de que su voz no temblara frente a Kenny—. Voy para allá.

Colgó el teléfono y empezó a quitarse el delantal con movimientos frenéticos. Sus manos tropezaban con los nudos, la ansiedad nublando su coordinación. De repente, sintió unas manos grandes y firmes sobre las suyas. Kenny se había movido de nuevo con esa rapidez inhumana.

—Déjame —dijo Kenny en voz baja.

Sin esperar respuesta, los dedos de Kenny desataron el nudo del delantal en un segundo. Al hacerlo, sus manos rozaron la cintura del Omega, apretando ligeramente a través de la tela de su camiseta. Cass sintió el calor de esas palmas y, por un instante, el pánico por Santi fue reemplazado por un escalofrío que le recorrió toda la espalda.

—Mi amigo dice que hay gente afuera de nuestra casa —dijo el muchacho, mirando a Kenny a los ojos—. Un auto negro.

La expresión de Kenny no cambió, pero sus ojos se oscurecieron. No parecía sorprendido; parecía irritado.

—Es mi gente, Cass —soltó Kenny con naturalidad, como si hablara del clima—. No te preocupes por tu amigo. No le pondrán un dedo encima a menos que yo lo ordene.

El joven sintió que la sangre se le congelaba. Retrocedió un paso, liberándose del agarre de Kenny.

—¿Tu gente? ¿Por qué hay hombres tuyos en mi casa, Kenny? ¿Nos estabas vigilando?

Kenny soltó un suspiro pesado y se pasó una mano por el cabello, luciendo frustrado. Se acercó a Cass hasta que sus pechos casi se tocaban. La diferencia de altura obligaba al Omega a inclinar la cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello, un gesto de vulnerabilidad que no pasó desapercibido para el Alfa.

—Este mundo no es tan amable como tu cafetería, dulce Omega —dijo Kenny, bajando la voz hasta convertirla en un ronquido profundo—. Tengo enemigos. Y desde el momento en que puse mis ojos en ti anoche, te convertiste en un objetivo. Esos hombres están ahí para asegurarse de que nadie más que yo pueda tocarte.

Kenny extendió una mano y rodeó el cuello de Cass, no para apretar, sino para acariciar la piel sensible justo debajo de su oreja con el pulgar. El contacto era posesivo y dominante. El olor a romero y roble de Kenny se intensificó, volviéndose casi agresivo, reclamando el espacio. Cass cerró los ojos por un segundo, odiando lo mucho que su cuerpo disfrutaba de esa protección forzada.

—No soy de tu propiedad —logró articular el joven, aunque su respiración era errática debido a las caricias en su cuello.

—Todavía no —susurró Kenny. Su rostro bajó hasta que sus labios rozaron la oreja del chico—. Pero hueles a mí. Y mientras mi aroma esté en tu piel, estás bajo mi cuidado. Vamos. Te llevaré a casa.

Cass quiso protestar, pero la idea de Santi solo y asustado lo hizo ceder. Kenny lo tomó de la mano, entrelazando sus dedos con una fuerza que no admitía réplicas. El contraste entre la piel suave del chico y la mano callosa y fuerte de Kenny era otra descarga eléctrica.

Salieron de la cafetería y el aire nocturno los golpeó. Frente al local, una camioneta imponente esperaba con el motor encendido. Kenny abrió la puerta del copiloto y, con una mano en la espalda baja de Cass, lo guió hacia adentro. El toque fue breve, pero el Omega pudo sentir la firmeza de la palma del Alfa empujándolo suavemente, una caricia protectora que lo hizo sentir extrañamente seguro.

El trayecto fue corto y silencioso. El interior del vehículo olía exactamente como Kenny: madera y bosque. Cass se sentía mareado por la saturación de feromonas en el espacio cerrado. Miraba de reojo las manos de Kenny sobre el volante; manos que hace unos minutos lo acariciaban con una ternura inesperada y que ahora lucían listas para una pelea.

Al llegar al edificio de Cass, allí estaba: un auto negro de vidrios polarizados estacionado justo en la entrada. En cuanto la camioneta de Kenny se detuvo, dos hombres altos y de aspecto rudo bajaron del auto negro y se mantuvieron firmes, esperando órdenes.

—Quédate aquí —ordenó Kenny al Omega.

—¡Es mi casa! —protestó el chico, intentando abrir la puerta, pero Kenny activó el seguro central con un clic seco.

Kenny bajó del vehículo y caminó hacia sus hombres. Cass observaba desde adentro, con el corazón en la garganta. Vio a Kenny hablar con ellos con gestos secos y autoritarios. El Alfa emanaba un poder que nunca había visto en nadie más. Era aterrador y, al mismo tiempo, malditamente atractivo.

Después de un par de minutos, Kenny regresó y abrió la puerta del Omega. No dijo nada, simplemente le ofreció la mano para ayudarlo a bajar. Sus dedos se cerraron sobre los del muchacho con una calidez que calmó instantáneamente su ansiedad.

—Tus "invitados" se van —dijo Kenny, señalando el auto negro que empezaba a alejarse—. Pero uno de ellos se quedará en la esquina, fuera de la vista. No quiero discusiones, Cass. Es por tu seguridad... y por la de tu amigo el Beta.

Cass asintió, demasiado cansado para pelear. Subieron al departamento y, al entrar, Santi saltó del sofá como un resorte.

—¡Cassy! ¿Estás bien? ¿Quién es...? —Santi se detuvo en seco al ver a la enorme figura de Kenny llenando el umbral de la puerta. El aroma del Alfa inundó el apartamento en un segundo, aplastando el olor a té y libros.

Kenny no saludó. Simplemente escaneó el lugar con la mirada, como un depredador evaluando un nuevo territorio. Luego, volvió su atención a Cass. Delante de un Santi boquiabierto, Kenny dio un paso hacia el Omega y lo atrapó por la cintura, pegándolo a su cuerpo en un abrazo que no tenía nada de amistoso y mucho de reclamo.

Se inclinó y enterró su nariz en el cuello del dulce Omega, inhalando profundamente el aroma a miel y café que ahora estaba mezclado con su propio roble. Fue un contacto íntimo, húmedo y prolongado. Cass soltó un suspiro entrecortado, sus manos subiendo inconscientemente a los hombros de Kenny.

—Duerme bien, dulce Omega —susurró Kenny contra su piel, dejando un beso fugaz pero ardiente justo en el lugar donde iría una marca—. Mañana vendré por ti. Y esta vez, no será para tomar café.

Sin mirar a Santi, Kenny se dio la vuelta y salió del apartamento, dejando un silencio pesado y una estela de romero que tardaría horas en disiparse.

Cass se quedó allí, tocándose el cuello donde los labios de Kenny habían estado, sintiendo cómo el mundo que conocía se desmoronaba para dar paso a algo mucho más oscuro y excitante.

—Cassy... —la voz de Santi sonaba aterrada— ¿En qué te has metido?

Cass miró a su amigo, con los ojos brillantes y las mejillas encendidas.

—No lo sé, Santi —respondió con sinceridad—. Pero me encanta.

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Erika Peña
muy buena me gustó la trama
corta pero muuuuyyyy sustanciosa como dice el dicho
Skay P.: ¡Gracias, cielito!😘👆
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Pues si las cosas salen mal que sea responsable y no se queje
Maru19 Sevilla: Muchas gracias, ya la estoy disfrutando 🥰🥰🥰🥰
total 2 replies
Maru19 Sevilla
Promete ser muy interesante 👏👏👏
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