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Soy La Villana Que Salvará A Su Favorito.

Soy La Villana Que Salvará A Su Favorito.

Status: En proceso
Genre:CEO / Venganza de la protagonista / Reencarnación
Popularitas:7.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

SOY LA VILLANA QUE SALVARÁ A SU FAVORITO

Violeta Alber ha vivido tres vidas: mercenaria letal en la Metrólis Feudal, mariscala de élite en la era moderna y diseñadora de moda exitosa, pero la traición la ha acompañado siempre. Al morir por tercera vez, despierta en el cuerpo de Roxana Ruiz —la esposa por contrato del personaje que más admiró en una novela: Bruno Castellano, un CEO brillante pero paralizado y sumido en la depresión, condenado a morir para que los protagonistas oficiales vivan felices.

Conociendo el destino trágico que les espera a Bruno y su familia, Roxana decide cambiar el curso de la historia. Convertirá su imagen de mujer despreciada en la de una líder imponente, luchará contra la manipulación de Orquídea y Gael, salvará a los hermanos de Bruno y protegerá sus bienes —incluyendo tierras en París con minas de diamantes y oro que le garantizarán libertad.

NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

7 EL PODER DE UNA MUJER EMPODERADA

Después del desayuno, mandé preparar el auto y me dirigí a la escuela con los chicos. Llevaba un vestido rosado que realzaba mi figura, mis labios pintados de un tono rosado natural y mi cabello rojo ondulado recogido en una coleta elegante hacia atrás —mi presencia era tan imponente que todos se volvían a mirarme al pasar.

Al llegar al aula de Julio, los estudiantes murmuraban entre sí:

—¡Wow, qué mujer tan hermosa!

—¡La cuñada de Julio es una belleza!

—¡Se ve increíble!

Me acerqué al frente del salón con pasos firmes y dije en voz clara:

—¿Quién se llama Jazmín aquí?

Una joven de rostro atractivo pero mirada insolente se levantó.

—Yo —respondió.

—Tú eres la chica que seduce a Julio y lo manipula —dije con frialdad—. Quiero todas las joyas que él te ha dado: esas joyas son mías, las tomó sin permiso y las quiero DE YA.

—Señora, él me las dio voluntariamente —replicó Jazmín, poniéndose a la defensiva—. Además, mi hermano se las dio al jefe de la casa de apuestas... él le debía dinero.

—Dame la dirección de esa casa de apuestas —ordené, mirando a Julio con severidad—. Julio, prepárate: cuando llegues a casa, iré preparando mi bate.

—¡Cuñada, perdón! ¡No lo volveré a hacer, no me pegues! —suplicó, poniéndose pálido.

—Y no quiero que vuelvas a estar con esta chica ni su grupo de pandilleros —continué—. Eres miembro de la familia Castellano, no puedes manchar nuestro nombre.

Justo en ese momento, Jazmín sacó su celular y hizo una llamada rápida. A los pocos minutos, afuera de la escuela apareció su hermano con un grupo de ocho pandilleros armados con porras.

—¡Bruja! ¡Insultaste a mi hermana y la humillaste! —gritó el joven, señalándome con la porra en alto.

Con destreza impecable, me lancé hacia ellos. En segundos, derribé a los primeros dos con patadas giratorias. Le quité el bate al hermano de Jazmín y, con su propia arma, le golpeé la boca con tanta precisión que escuché el crujido de dientes.

—¡Mis dientes! ¡Ahora ninguna mujer me querrá, estoy desdentado! —gritó, cubriéndose la boca ensangrentada.

Le puse mi tacón sobre su cabeza sin aplicar presión, pero con suficiente fuerza para que supiera quién mandaba.

—Llamen a la seguridad de la escuela y traigan a Jazmín —ordené—. Los Castellanos somos los mayores donadores de esta institución; sabrán quién tiene el poder aquí.

Cuando la chica llegó, se quedó temblando al ver a su hermano tirado en el suelo.

—¡Señora, ¿qué sucede?! —preguntó con voz temblorosa.

Sin decir nada, le di 20 bofetadas seguidas, cada una con la misma intensidad.

—Todas estas bofetadas son por usar a ese tontito de Julio —dije cuando terminé—. Pero ahora YO estoy aquí para proteger a mi cachorro.

En ese momento llegó la policía.

—Llévenlos —ordené—. Y tú, Jazmín: si no me traes todas mis joyas, tu hermana no saldrá de la cárcel.

Después me dirigí a la compañía Castellano. Entre por la entrada principal modelando con pasos seguros, mi presencia imponente opacaba a todas las otras mujeres que cruzaban mi camino. Los empleados se apartaban para dejarme pasar, admirados y un poco temerosos.

Roxana:

Gael estaba en la recepción, con su dedo vendado. Se quedó mirándome fijamente, y en su mente pensó: Tengo que admitir que Roxana es mil veces más hermosa que Orquídea. Desde que me venció, no he podido dejar de pensar en ella.

Orquídea iba detrás de él, con la mano también vendada. Al verme, se quedó helada.

—Buenos días, Orquídea, Gael —dije con una sonrisa sarcástica—. ¿Por qué están vendados? ¿Qué les pasó?

Gael se puso tenso.

—Me cayó un hierro en el dedo —mintió.

Me acerqué lentamente a Orquídea, quien empezó a temblar y retroceder.

—¿Por qué tiemblas, Orquídea? No te haré nada —dije con calma, aunque mi mirada transmitía todo el poder que tenía—. Es un gusto verlos, realmente —añadí con sarcasmo.

Luego entré a mi Departamento A, asignado como directora. Al cruzar la puerta, escuché a uno de los empleados murmurar:

—Se cree reina, pero nunca estará a la altura de Orquídea.

Me giré lentamente hacia él, con la expresión fría y segura que caracterizaba mis actitudes.

—Tú, acércate —ordené. Cuando el hombre se acercó temblando, continué—: Ve a recoger tu liquidación, estás despedido. No soy "a la altura de Orquídea" —dije con voz firme que se escuchó en todo el departamento—. Soy SUPERIOR: soy la esposa del CEO de esta compañía, y no permitiré que nadie me falte el respeto. Te vas AHORA MISMO. ¿Alguien más desea irse?

Todos se quedaron en silencio, mirando al suelo. El hombre se arrodilló de golpe.

—¡Perdón, señora! —suplicó.

—Yo no perdono —dije sin piedad—. ¡Seguridad, sáquenlo de aquí!

A los pocos minutos, Gael me llamó a su oficina. Estaba con Orquídea, quien mantenía la boca cerrada pero sus ojos mostraban toda su furia.

—Roxana, YO soy el que decide quién se va y quién se queda en esta compañía —dijo Gael con arrogancia.

Me reí con desdén.

—Error —respondí—. El que decide es mi esposo. Si no echas a ese insolente, entonces le pediré formalmente a mi esposo, el CEO, que lo haga. Si eso ocurre, quedarás totalmente humillado y todos sabrán que solo eres la sombra de mi esposo, y que tienes algo de mando solo porque él está ausente. Así que dime: ¿lo despides tú o uso el poder de mi esposo?

Orquídea se quedó muda, mientras Gael apretaba los puños con ira.

—Solo eres el CEO interino —continué con calma—. Mi esposo sigue siendo el todo poderoso dueño de la mayor cantidad de acciones en la compañía. Nadie olvidará eso.

Salí de la oficina con la misma imponencia con la que había entrado. En mi mente ya tenía el siguiente paso claro: Tengo que conseguir más acciones, debo lograr ser accionista mayoritaria.

Recordé que en la novela, César —uno de los accionistas aliados con Gael que había tratado de derrocar a Bruno— ocultaba un gran secreto: tenía un hijo ilegítimo de 5 años que vivía en las calles con su madre.

El día anterior, pasando por esa zona, había visto casualmente a la mujer y al niño, y les había tomado fotos con mi celular para tener la prueba.

Dirigíéndome a la oficina de César, le dije a su secretaria:

—Avísale que yo quiero hablar con él. Si no me deja entrar, será peor para él.

El hombre salió enojado.

—¡Señora, aquí no puede entrar sin permiso! —gritó.

—Bueno, te conviene dejarme pasar —dije con una sonrisa fría—. Quiero un 10% de tus acciones; te las voy a comprar.

César se rió a carcajadas.

—¡Jamás te las daré! ¡Soy uno de los accionistas más importantes de la compañía!

—Entonces le enviaré esta foto a tu esposa —dije, mostrándole las imágenes en mi celular—. Será un escándalo tremendo: el gran César, un hombre prestigioso y serio, tiene una amante y un hijo ilegítimo. Tus hijos y tu esposa nunca te lo perdonarán. Si eres inteligente, sabrás lo que debes hacer, ¿verdad?

El rostro de César se puso como la ceniza.

—¡Resultaste ser una víbora! —murmuró, pero ya sabía que no tenía opción—. ¡Te las cedo!

—Perfecto —dije con seguridad—. Vamos a hacer los trámites inmediatamente. Y recuerda: si intentas hacer algo en contra de mi esposo o de la compañía, tendrás más problemas que los que ya tienes.

César asintió con la cabeza, derrotado. Mi presencia imponente y mi determinación habían logrado lo que necesitaba: un paso más cerca de asegurar el futuro de la familia Castellano y de mi propia libertad.

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santiago bock herrera
🤭🤭🤭
santiago bock herrera
Roxana no deja pasar una
santiago bock herrera
Es bueno que se apoyen
santiago bock herrera
Esta es mi villana favorita
Aleida Delgado Santana: Es una ,Queen. Es muy astuta.
total 2 replies
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