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Solo Es Mi Guarura

Solo Es Mi Guarura

Status: En proceso
Genre:CEO / Cambio de Imagen
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yurle

Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.

NovelToon tiene autorización de Yurle para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

Nicolás tomó una ducha, comió algo ligero y se tomó unas pastillas para la resaca. Después de cambiarse, salió rumbo a la empresa Anderson.

Condujo en silencio todo el camino.

Estacionó su auto en el parqueadero del edificio y subió por el elevador hasta el piso donde se encontraba la oficina del presidente. Cuando llegó, se acercó al escritorio de la secretaria.

—Buenas tardes —saludó.

—Buenas tardes, señor Miller.

—Vengo a ver al señor Anderson.

La secretaria revisó rápidamente y luego asintió.

—Puede pasar.

Nicolás caminó hasta la puerta del despacho. Antes de entrar, tocó.

—Adelante.

Pero cuando abrió la puerta y entró, se encontró con una persona que no estaba preparado para ver.

Isabella.

Minutos antes, en la oficina de Tomás.

—¡Papiii! —dijo Isabella entrando con una bolsa en la mano.

Tomás levantó la mirada de unos documentos.

—Hola, princesa.

—Mami te mandó el almuerzo. ¿Por qué no fuiste a la casa a comer?

Tomás sonrió mientras tomaba la bolsa.

—Tengo tantos pendientes, hija, que no he tenido tiempo de salir. Pero gracias por traérmelo.

Mientras destapaba los recipientes, la miró con curiosidad.

—A propósito… ¿cómo te fue en las fábricas?

—Solo visité una. Nos llevó mucho tiempo hacer la revisión y empezar el reporte. La otra tendremos que reprogramarla porque no sabemos cuánto tardaremos con esta.

Tomás asintió.

—Está bien.

Luego probó un bocado de la comida y sonrió de inmediato.

—Tu mamá se metió a la cocina, ¿cierto? Reconozco sus manos.

Isabella soltó una pequeña risa.

—Sí. Por algo llevan casados tanto tiempo. Ella sabe demostrarte amor de todas las maneras posibles.

Tomás la miró con cariño.

—Es cierto. Las amo a ambas… son mi vida entera.

Comieron juntos mientras conversaban tranquilamente. Cuando terminó, Tomás se levantó.

—Voy al baño a lavarme las manos.

En ese momento sonó la puerta.

—Si llega alguien, atiende mientras salgo —le dijo a Isabella.

—Está bien.

Segundos después, alguien tocó.

—Adelante —respondió Isabella.

La puerta se abrió.

—Buenas tardes, Tomás —dijo Nicolás al entrar.

Pero al levantar la mirada, se detuvo.

Isabella estaba frente a él.

Ella cruzó los brazos lentamente.

—Ah… pero miren quién está acá.

Nicolás recuperó la compostura.

—Señorita Isabella. ¿Cómo está?

—Estoy bien. Cosa que creo que no te importa.

Lo observó fijamente.

—Pero ya que viniste a dar la cara, me gustaría hacerte un par de preguntas.

Nicolás guardó silencio.

—Creo que no te preguntaré quiénes son los hombres que están abajo —continuó ella con una sonrisa irónica—. Qué curioso… ellos sí son guaruras 24/7.

Nicolás apretó ligeramente la mandíbula.

—¿Qué pasó contigo? —continuó Isabella—. Un día decides dejar de ser tú… el chico espontáneo que se mostró desde el primer día. Luego decides hacerme una escena de celos…

—No te hice una escena de celos, Isabella —la interrumpió.

Ella lo miró con frialdad.

—Perdón… señorita —corrigió él—. No le hice una escena de celos.

—Déjame terminar —dijo ella con firmeza—. Estoy haciendo mi pregunta. ¿Puedo, señor CEO Nicolás Miller?

Nicolás levantó ligeramente la ceja.

—Puede, señorita Anderson.

—Bien. Y por último decides dejar tu cargo sin darle explicaciones a nadie… ni siquiera a la persona involucrada. ¿Crees que has hecho lo correcto? Además, no contestas las llamadas.

En ese momento Nicolás se tocó los bolsillos.

Entonces recordó que ni siquiera había revisado su celular… y que tampoco lo había traído consigo.

—Señorita, sí informé a su padre —respondió.

Justo en ese momento la puerta del baño se abrió.

Tomás salió secándose las manos.

—Es cierto —intervino—. Me enviaste una carta, pero en ella no explicas por qué ya no eres la seguridad de Bella. Solo dices que dos hombres se ocuparán ahora de su protección.

—Ah, ¿sabes qué? —interrumpió Isabella con ironía—. Creo que sí me quedaré con ellos. Escogiste bien.

Nicolás respiró profundo.

—Justamente por eso vine, Tomás. Para explicar mis razones de por qué ya no deseo continuar siendo la seguridad de su hija.

Tomás se apoyó en su escritorio.

—Te escucho.

—Primero quiero disculparme por haberlo hecho así y no haber dado la cara antes. Fue un error.

Hizo una pequeña pausa.

—Sin embargo, mis razones son simples. Quiero expandirme a nivel empresarial y no puedo hacerlo dedicando tanto tiempo a ser la seguridad de Isabella. Este trabajo exige demasiado tiempo. Incluso antes de aceptar su propuesta le comenté que tengo mi empresa y debo dedicarle atención. No puedo confiarme en que otros la administren por mí.

Tomás asintió con tranquilidad.

—Está bien. Es un punto válido. No hay problema. Te agradezco el tiempo que dedicaste y confiaré en que los hombres que recomendaste son buen material.

—Lo son. Se lo aseguro.

Pero Isabella intervino inmediatamente.

—Yo no estoy de acuerdo.

Los dos hombres la miraron.

—Si aceptaste dejar algo de lado para dedicarte a algo, debes ser leal y cumplir tu palabra —dijo con un tono seco.

Tomás suspiró.

—Isabella, entiende a Nicolás. Sus razones son válidas.

—Ay, papá, por favor —replicó ella—. Además ni siquiera atendió nuestras llamadas y, en vez de hablar con honestidad, manda una cartita.

Tomás la observó unos segundos antes de hablar.

—Isabella… ¿a ti realmente te molesta que Nicolás ya no vaya a estar más tiempo contigo… o que haya sido desleal?

Ella frunció el ceño.

—Porque este reclamo suena más como el de una pareja a su amado —continuó Tomás—. Y creo que lo pienso también porque escuché lo que estaban diciendo mientras estaba en el baño.

Isabella abrió los ojos.

—Por favor, papá. Me da igual que este esté o no en mi vida.

Sin decir más, salió de la oficina rumbo a su propia oficina.

El silencio quedó en la habitación.

Tomás miró a Nicolás.

—Dime una cosa.

Nicolás levantó la mirada.

—Tu decisión de expandir tu empresa… ¿ocupa el cien por ciento de la razón por la que dejaste de ser la seguridad de Isabella? ¿O también empezaste a sentir algo por ella y te estás alejando para evitar ese sentimiento?

Nicolás se quedó callado por un momento.

Tomás suspiró suavemente.

—Creo que Isabella tuvo mucho que ver en esa decisión. Y sería bueno que ustedes dos hablen.

Hizo una pequeña pausa.

—Porque no creo que haya existido una vez donde realmente se hayan sentado a conversar.

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