Acompáñame a ver la historia de Luisa Mendez..
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Cruda realidad
Diego no se movía.
Estaba completamente dormido.Inconsciente.Ajeno a todo.
Estefany lo observó unos segundos desde el borde de la cama, no había forma de que despertara pronto.
—Siempre tan fácil y dócil—murmuró, como un perro faldero.
Tomó el celular de Diego.Lo desbloqueó.
Buscó.Encontró.Luisa.Es el momento manos en acción.
—Esto es lo que eres maldita perra—susurró—. Un obstáculo.Sin apuro, empezó a hacer lo que ya tenía planeado.Se acomodó el cabello.
Se quitó la ropa.Se metió en la cama junto a él, pegándose a su cuerpo como si realmente hubiera pasado algo entre ellos.
Tomó varias fotos.Desde distintos ángulos.
Lo suficiente para que pareciera que todo es verdad.Para que doliera y sufriera esa maldita.Para que no dejara dudas.
Después, escribió el mensaje.
No lo pensó mucho.No lo necesitaba.
"Diego aún me ama a mí. A ti nunca te va a amar. Lo mejor es que te alejes de mi amado Diego."
Lo envió.Y dejó el teléfono sobre la mesa.
Satisfecha.
—Ahora sí —susurró—. Vamos a ver cuánto aguantas.
En la casa Sotomayor...Luisa estaba sentada en la cama, con Ilian dormido a su lado.
No había podido dormir.
Algo dentro de ella no la dejaba, esa sensación de inquietud .El sonido del teléfono la hizo sobresaltarse.
Lo tomó rápido.Pensando sin querer pensar.
Vio el nombre.Diego.
Abrió el mensaje.
Y el mundo se detuvo.
Primero fue la imagen.
Luego la segunda.Luego la tercera.No entendía como pudo hacerle esto.
Sus manos empezaron a temblar y un sudor frío le recorrió por todo su cuerpo.
El teléfono casi se le cae.
—No puede ser—susurró.
Pero sus ojos seguían ahí.
Obligándola a ver.
Diego.Con ella.
Sin espacio para dudas.Sin explicaciones.
Luego leyó el mensaje.
Cada palabra…
Fue como una herida que no cerraba y dolía.
"A ti nunca te va a amar."
Luisa sintió que algo dentro de su pecho se desgarrara poco a poco.
—Claro fui una estúpida que quizo creer en una fantasía absurda —murmuró.
Recordó cada momento reciente.
Cada gesto de Diego.Cada mirada.
Cada pequeño cambio que ella… había querido creer.
—Fui una tonta de verdad pensó que iba a cambiar Pero todo fue una mentira , solo fue mi imaginación—susurró.
Bajó la mirada hacia su hijo.
Dormido.Inocente.
—Creí que podíamos ser una familia —añadió—. Creí que podías cambiar Diego
Una lágrima cayó.
—Pero tú nunca ibas a elegirnos como siempre fue desde el principio.
Apretó el teléfono con fuerza.
Le dolía respirar.Le dolía pensar.
Le dolía seguir sintiendo algo por él.
—Y lo peor —murmuró—. Es que todavía te amo.
Se recostó despacio.
Sin dejar de mirar las fotos.
Como si necesitara convencerse.
Como si el dolor tuviera que ser completo.
—Esto es lo que soy para ti, no soy nada —susurró—.
Cerró los ojos.Y esta vez lloró en silencio.
Sin hacer ruido.
Porque ya no esperaba que nadie la escuchara.A la mañana siguiente…
Diego se movió lentamente.
Su cabeza le dolía.
Su cuerpo también.Abrió los ojos.Confundido.Desubicado.Miró el techo.
Luego giró la cabeza.
Y se quedó completamente quieto.
Estefany estaba a su lado.Dormida.Su mente no reaccionaba.No recordaba nada.
Se pasó una mano por el rostro.
Intentando pensar.Intentando entender.
—No ,esto no pudo haber pasado
El movimiento despertó a Estefany.
Se acomodó lentamente.
Como si recién despertara.
—Diego… —dijo en voz baja, . Buenos días mi tigre.
Él la miró.
—¿Qué pasó?
Ella se incorporó un poco.
Lo miró con una timidez y satisfacción.
—¿No lo recuerdas?
Diego negó.
—No recuerdo nada.Eso no la detuvo.
Al contrario.Se acercó un poco más.
—Fuiste bastante intenso anoche —dijo—. No pensé que fueras así.Diego frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
Estefany bajó la mirada.
Y levantó ligeramente la sábana.
Lo suficiente.Una mancha.
Pequeña.Pero visible.
—Fuiste mi primera vez, Diego —susurró.
Diego se quedó inmóvil.Su mente intentaba reaccionar.
—No… —dijo finalmente—. Esto no pudo haber pasado.
Estefany levantó la mirada, fingiendo sorpresa.
—¿Por qué dices eso?
—Porque no lo recuerdo —respondió él—. Porque yo no haría esto.
—Lo hiciste —replicó ella, con un tono suave pero firme—. Y no te obligué.
Diego se levantó de la cama.
Se alejó.
Pasando las manos por su cabello.
—Estoy casado y ahora estoy seguro que me he enamorado de Luisa—dijo—. Tengo a mi hijo.
Estefany lo miró.
—¿Amas a Luisa? Jajjaja
Él no respondió.
—No tienes que mentirte —continuó ella—. Anoche no parecías un hombre enamorado.
Diego apretó la mandíbula.—No digas eso.
—Entonces dime la verdad —insistió ella—. ¿Te arrepientes?Él la miró.
—Sí.
—Te arrepientes porque estás confundido —dijo—. No porque no lo quisieras.
—No —respondió Diego—. Me arrepiento porque esto no debió pasar.
Se acercó a la mesa.
Tomó su teléfono.
—Esto fue un error.
Estefany se levantó lentamente.
—¿Un error? —repitió—. ¿Eso soy para ti?
Diego no la miró.
—Esto no cambia nada.Pero no sabía…
Que ya lo había cambiado todo.Porque en ese momento en otra parte de la ciudad
Luisa ya había visto lo suficiente para dejar de esperar.