Cada final es un regreso… pero el dolor nunca desaparece.
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Capítulo 13: Consecuencias
Los caballeros se llevaron a los ladrones.
El callejón volvió a quedar en silencio.
Solo quedaban ellos.
Y el rastro de lo que acababa de pasar.
Ren dio un último vistazo alrededor.
Confirmando que no había más amenazas.
Luego miró a Kenji.
—Bien.
Hizo una leve inclinación de cabeza.
—Me retiro.
Hizo una pausa.
—Y… gracias por salvar a la princesa.
Sus ojos se afinaron ligeramente.
—Por segunda vez.
Kenji lo miró.
Un segundo.
Entendió.
Ren no lo dijo por casualidad.
—…No es nada.
Respondió con naturalidad.
Pero en su mente—
Todo era ruido.
“Entonces… él lo notó…”
Ren no añadió más.
Simplemente se dio la vuelta.
Y se fue.
Silencioso.
Como siempre.
Mio se acercó a Kenji.
Sin decir nada.
Levantó la mano.
Una luz tenue comenzó a formarse.
—No te muevas.
Kenji alzó una ceja.
—¿Eh?
La magia tocó su hombro.
El dolor…
Disminuyó.
La herida comenzó a cerrarse lentamente.
Kenji abrió un poco más los ojos.
—…Ok.
Miró su hombro.
—Eso sí es útil.
Mio no respondió.
Solo terminó el proceso.
—Listo.
Kaede dio un paso adelante.
—Debemos ir al castillo.
Su tono no admitía discusión.
Airi asintió.
—Es más seguro ahí.
Kenji miró a Cecilia.
Ella aún lo observaba.
Con esa expresión…
Que ya empezaba a reconocer.
—…Sí —murmuró—. Suena bien.
Pero en su mente—
Nada estaba en calma.
Había cambiado el resultado.
Había evitado su muerte.
Pero eso solo significaba una cosa—
Esto apenas comenzaba.
Capítulo 13: Consecuencias (Parte 2)
El camino de regreso fue más silencioso.
Las calles seguían igual de vivas… pero el ambiente entre ellos había cambiado.
Más tenso.
Más… consciente.
Kenji caminaba con una mano en el hombro, ya sin dolor, pero con la sensación aún presente.
Mio había hecho un buen trabajo.
Demasiado bueno.
—…Magia —murmuró para sí mismo—. Aún no me acostumbro.
Kaede iba al frente.
Airi a su lado.
Mio un poco atrás.
Cecilia caminaba cerca de Kenji.
Muy cerca.
Demasiado.
Kenji lo notó.
Otra vez.
Ese mismo peso.
Esa misma mirada.
Giró lentamente la cabeza.
Ahí estaba.
Cecilia.
Observándolo fijamente.
Sin disimulo.
Sin pausa.
Kenji suspiró.
—…Ya deja de mirarme tanto, princesa.
Cecilia parpadeó.
—¿Por qué?
Kenji se rascó la nuca.
—Porque me das miedo.
Cecilia inclinó la cabeza.
—¿Miedo?
—Sí.
La señaló.
—La manera en que me miras… no es normal.
Cecilia pensó unos segundos.
—Solo te estoy viendo.
—Sí, ese es el problema.
Airi soltó una pequeña risa.
Mio observó en silencio.
Kaede no intervino.
Cecilia dio un paso más cerca.
Kenji dio uno hacia el lado.
—Otra vez…
Cecilia habló con calma.
—Quiero entenderte.
Kenji negó con la cabeza.
—Eso no requiere vigilancia constante.
Cecilia frunció ligeramente el ceño.
—¿Entonces qué hago?
Kenji la miró.
Pensó.
—…Hablar.
Cecilia lo miró.
—¿Hablar?
—Sí… como personas normales.
Cecilia asintió lentamente.
—Entiendo.
Hizo una pausa.
—Entonces… Kenji.
—¿Sí?
—¿Por qué te pusiste frente a mí otra vez?
Kenji se quedó en silencio.
La pregunta fue directa.
Demasiado.
Desvió la mirada un segundo.
—…No lo pensé.
Cecilia lo observó.
—Eso no responde.
Kenji suspiró.
—Solo… pasó.
Hizo una pausa.
—No iba a dejar que te pasara algo.
Cecilia no dijo nada.
Pero su mirada—
Cambió.
Más suave.
Más… profunda.
Kenji la notó.
—…No hagas eso.
—¿Qué cosa?
—Esa cara.
Cecilia parpadeó.
—¿Qué tiene?
Kenji negó.
—Nada… olvídalo.
Siguieron caminando.
El castillo ya estaba cerca.
Imponente.
Firme.
Pero incluso ahí—
Kenji sabía algo.
No era el lugar lo peligroso.
Eran las decisiones que estaba empezando a tomar.
Capítulo 13: Consecuencias (Parte 3)
Las puertas del castillo se abrieron ante ellos.
El sonido grave de la madera resonó mientras entraban.
Guardias inclinándose.
Sirvientes apartándose.
Miradas que se desviaban al ver a Cecilia… y otras que se quedaban un segundo más en Kenji.
El grupo avanzó por los pasillos.
El eco de sus pasos acompañaba el silencio.
Kenji miraba todo otra vez.
Pero ahora no con sorpresa.
Sino con… comparación.
“Este lugar… y yo…”
Suspiró.
Luego habló, sin pensar demasiado.
—Lo que más me deja pasmado…
Las trillizas voltearon ligeramente.
Cecilia también.
Kenji se rascó la mejilla.
—Es que Cecilia es mayor que yo.
Silencio.
Airi parpadeó.
Mio lo miró fijamente.
Kaede suspiró.
—¿Eso es lo que más te sorprende?
Kenji asintió.
—Sí.
Se cruzó de brazos.
—O sea… 116 años.
Miró a Cecilia.
—Y actúas como si tuvieras… no sé… 12.
Cecilia inclinó la cabeza.
—¿Eso es malo?
Kenji negó.
—No… solo raro.
Kaede intervino.
—Las elfas no envejecen igual que los humanos.
Airi añadió:
—Su crecimiento emocional también es distinto.
Mio habló en voz baja.
—Tiempo no equivale a madurez.
Kenji asintió lentamente.
—…Sí, eso tiene sentido.
Miró al frente.
—Supongo.
Hizo una pausa.
—Aun así… es extraño.
Cecilia lo miró.
—¿Te molesta?
Kenji la miró de reojo.
—No.
Se encogió de hombros.
—Solo significa que probablemente moriré mucho antes que tú.
El ambiente cambió.
Otra vez.
Cecilia bajó la mirada un segundo.
Las trillizas guardaron silencio.
Kenji notó eso.
—…Eh.
Se rascó la nuca.
—No lo dije para ponerlo incómodo.
Airi habló con suavidad.
—Pero lo es.
Kenji suspiró.
—Sí… ya me di cuenta.
Cecilia levantó la mirada.
Lo observó.
Más seria.
—Entonces… no mueras.
Kenji parpadeó.
—…Eso no funciona así.
—Entonces intenta no hacerlo.
Kenji soltó una pequeña risa.
—Lo intento, créeme.
Cecilia lo miró unos segundos más.
Como si quisiera decir algo más.
Pero no lo hizo.
Siguieron caminando.
Pero esa conversación—
Se quedó.
Porque por primera vez—
Kenji no solo estaba pensando en sobrevivir.
Sino en cuánto tiempo podría hacerlo.