Amira es la única hija del Archiduque Vahva, y como toda chica de su edad, su mayor deseo es casarse y tener hijos, ser una buena esposa y una excelente madre, pero su deseo tiene un gran obstáculo y es ese es su reputación y es que desde los 6 años se ha ganado el nombre de la “muerte coral”, debido a su color de cabello, y a que desde edad Amira ya era tan letal como su padre, un hombre que mataba a sus enemigos sin miramientos.
Amira, criada por su padre para tomar su lugar, era una de las mejores, por no decir la mejor, de todo el imperio de Ópalo, llevando con orgullo el nombre de su familia y acabando con aquellos que amenazaban al imperio y a sus habitantes sin contemplación.
A pesar de sentirse feliz con ser la sucesora de su padre, Amira deseaba formar una familia, pero los hombres huían de ella como si se llevara la peste, pero a pesar de eso Amira no pensaba rendirse hasta encontrar el verdadero amor, lo que Amira no sabe, es que ese amor está más cerca de lo que cree.
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Capítulo 23
Mientras Amira estaba reunida con Oliver, Herman estaba en su habitación acostado en su cama viendo al techo, debía de admitir que sentía cierta envidia de Amira, quien tenía un amigo con quien hablar, y es que hace dos días Herman había invitado a Amira a cabalgar, pero esta declino su invitación alegando que el príncipe heredero volvía, y que quiera pasar tiempo con su amigo, Herman que sabía lo importante y especial que era Oliver para Amira, comprendió a la joven y quedaron en que la joven se contactaría con él para volver a verse, pero ahora a solas en su habitación, sin deberes que hacer, Herman se sentía solo.
Al haber estado fuera del imperio por 13 años, Herman no tenía amigos cerca, sus amigos vivían en el reino de Hierro, y con ellos solo podía comunicarse a través de cartas, y si bien podría ir al campo de entrenamiento de la mansión a estirarse un poco, prefería no hacerlo, ya que la amiga de su hermana estaba en casa, y esa mujer, por decirlo amablemente, lo hacía sentir incomodo.
La señorita Lorea era una joven de la que su hermana se había hecho amiga, a pesar de que esta era 6 años mayor que Nora, y si bien esa amistad no le había parecía mal en un principio, y es que cuando conoció a la señorita Lorea esta le pareció una mujer amable, pero durante las últimas semanas su percepción había cambiado, y es que si bien a señorita Lorea aun parecía ser amable, alguna de las cosas que decía dejaban entrever que esa “amabilidad” era fingida y que detrás había algo más, y es que Elena no paraba de hacer comentarios en doble sentido, insultando a los demás de manera disimulada, también está el hecho de que siempre que tenía oportunidad se le insinuaba, y cuando él le decía que no tenía interés en ella, Elena se hacia la desentendida, fingiendo que esos encuentros era Herman quien los fomentaba y no ella, era algo realmente inquietante.
Por esa razón Herman evitaba salir de su habitación cuando Elena estaba en la casa, y es que aunque quisiera hablar con sus padres sobre las extrañas actitudes de la señorita Lorea, sabia que esto no serviría de mucho, al fin y al cabo la joven nunca había hecho algo que se considerara inapropiado, por lo que no tenia de que acusarla, y hablar con su hermana sería un caso perdido, al fin y al cabo la niña apenas y le dirigía la palabra después de que se enteró de que quería casarse con Amira, partir de allí, Nora solo le hablaba para hablarle maravillas de su amiga, insistiéndole que ella era mejor partido que Amira.
Harto de estar escondido, decidió que saldría a dar un paseo para despejarse un poco, por lo que salió de su habitación, cuidando de no ser visto por Nora o su amiga, pero la suerte no está de su lado, ya que Nora junto con Elena lo interceptan cerca de la entrada de la casa.
- Hermano ¿por qué no vienes a tomar el té con nosotras?, estoy segura de que te divertirás, la señorita Elena es una conversadora muy elocuente, ese es uno de sus múltiples talentos – le dice Nora a su hermano, mientras que Elena se acerca a Herman y, tras hacer una reverencia que deja muy buena parte de su pecho a la vista de Herman, gracias a lo pronunciado de su escote, la pelirrosa habla.
- Nos alegraría mucho que nos acompañara – le dice Elena con una voz dulce que solo le causa escalofríos a Herman.
- Lo siento, pero estoy ocupado – les responde Herman.
- ¿Con que?, que yo sepa ya terminaste con tus deberes – le dice Nora, en un intento por presionar a su hermano y este acepte.
Pero antes de que Herman pueda inventar una excusa, el mayordomo de la casa llega hasta donde el trío se encuentra y le entrega una carta a Herman.
- Un mensajero del palacio imperial le manda esto, en caso de que su respuesta sea afirmativa, un carruaje lo espera – le dice el mayordomo, a lo que Herman abre la carta, la cual es una invitación de parte de la princesa heredera.
- Debo de ver a su majestad la princesa heredera, ella requiere mi presencia en el palacio, ustedes disfruten de su día – les dice Herman a su hermana y a la señorita Lorea, mientras que por dentro le agradece a la princesa por solicitar su presencia.
Sin perder tiempo, Herman sube al carruaje, el cual parte de inmediato al palacio, en donde, una vez ha llegado, es guiado hasta los jardines del palacio del príncipe heredero, en donde, en un pequeño quiosco, Iliana lo espera.
- Gracias por aceptar mi invitación, y lamento haberlo mandado a llamar con tan poco tiempo de anticipación, pero aprovechando que mi esposo estará reunido buena parte del día con Amira, decidí que esta era una buena oportunidad para conocerle, al fin y al cabo, la emperatriz siempre ha tenido una buena relación con la pareja consorte del archiducado Vahva – le dice Iliana a Herman, mientras lo invita a tomar asiento con un gesto de la mano.
Las palabras de la princesa hicieron sonrojar a Herman, y es que el corazón del joven saltaba de felicidad al oír de boca de la princesa que él era la pareja de Amira.
- Creo que hay una confusión, su majestad, la señoría Vahva y yo apenas nos estamos conociendo, en cuanto a su invitación, esta fue muy oportuna para mí, así que le agradezco – le contesta Herman mientras toma asiento.
- No hay ninguna confusión, yo conozco a Amira desde que llegue al imperio, y si bien no la conozco también como mi esposo, si puedo decirle que si acepto su cortejo es porque está interesada en usted y no me sorprendería saber que usted es el tema de conversación entre ella y mi esposo es estos mementos– le responde Iliana, causando aún más el sonrojo de Herman, quien la verdad ni sabía que decir – creo que lo he puesto en un aprieto, no era mi intención incomodarlo, pero debe de entender el porqué de mi invitación, para la familia real, así como para el imperio entero, es muy importante que la familia real y la familia Vahva siempre tengan una buena relación, es por lo que la amistad entre sus primogénitos se cultiva desde antes del nacimiento, y el hecho de que sus parejas se lleven bien es también muy importante, no sé en qué punto esta su relación con quien considero una amiga, pero si aún a estas alturas siguen juntos, es porque ella vio algo en ti, y como princesa heredera es mi deber conocerte, además de que, siendo sincera me vendría bien un amigo aparte de Amira, no me malentienda, la quiero pero a veces cuando hablo con ella, siento que hablo con mi esposo, y eso no es del todo agradable, así que me hace mucha ilusión hacer un nuevo amigo, y bueno tu relación con Amira me dio la excusa perfecta para conocerte a ti – le dice Iliana con una sonrisa a Heman y si bien algunas de las palabras de la princesa aun lo ponían nervioso, él, como Iliana, también quería tener una amigo en el imperio.
- En ese caso, ¿quién soy yo para interponerme en su deber?, así que, bueno, ¿qué quiere saber de mí?, al fin y al cabo, para iniciar una amistad, primero debemos conocernos – le dice Hereman con una sonrisa, sonrisa que Iliana corresponde.