Giselle O'Connor huyó de un pasado que casi la destruye y encontró refugio bailando cada noche en el club Eclipse, donde solo en el escenario logra sentirse libre. Su mundo cambia cuando la mirada fría y poderosa de Dexter Müller, el líder de la mafia más temida de la ciudad, se fija en ella. Lo que empieza como una obsesión silenciosa se convierte en un vínculo prohibido lleno de deseo, peligro y salvación.
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UNA MUJER PELIGROSA
Tomo este capitulo, sigue cómo está, ándele más charla, más tensión, más de todo cuando ellos se encuentran, más
Nunca pensé que un mini-uniforme de policía pudiera ser tan incómodo y tan poderoso al mismo tiempo. Me miraba al espejo mientras me ajustaba la falda ridículamente corta, acomodaba el cinturón que solo servía para sostener esposas falsas, y verificaba por quinta vez que el corpiño negro no se fuera a mover en mitad del baile. El rojo de mi cabello caía suelto sobre mis hombros, vibrante bajo las luces del camerino, recordándome que ya no tenía nada que ocultar aquí dentro. No hoy.
Me acerqué al tocador, tomé la brocha y comencé a maquillarme con la precisión que solo da la costumbre... y el miedo. Sombras oscuras, eyeliner grueso, labios rojos que combinaban con mi cabello. Era irónico: yo podía temblar por dentro, pero en el espejo lucía como una mujer que podría arrestar a cualquiera por respirar cerca de ella.
-Estás ardiente -comentó Thesa desde su asiento, subiendo una ceja mientras se cerraba la blusa ajustada del uniforme.
-Es el maquillaje -respondí.
-Es tu cara, tu cuerpo y ese rojo que grita "peligro" -se rió-. Luces perfecta para romper corazones hoy.
Rodé los ojos, pero no pude evitar sonreírle mientras me ponía las botas altas.
-Solo quiero que la noche pase rápido -admití.
-Pues no lo hará -canturreó ella-. Porque hoy toca show triple, baile grupal y ronda final. Vamos a sudar como nunca.
-Genial -bufé.
Aun así, salimos juntas hacia el pasillo, donde las luces del escenario comenzaban a encenderse. La música vibraba desde las bocinas, el público gritaba, y las chicas ya estaban ubicándose para la coreografía. Yo tomé mi posición al frente, justo donde la jefa me quería cada vez que había un show grande.
-Lista, roja -susurró Thesa a mi lado.
-Lista -mentí.
Las luces se bajaron. La música subió. Y nosotras comenzamos.
Mis caderas se movían automáticamente, como si mi cuerpo recordara la rutina incluso cuando mi mente estaba enredada. El público gritaba, aplaudía, pedía más. Las luces blancas y azules, simulando patrullas, iluminaban cada curva, cada giro, cada paso sincronizado con las otras chicas. Por un instante, me perdí en el baile, en la sensación familiar de controlar la mirada de todos sin que nadie pudiera tocarme.
Hasta que un par de ojos me encontró.
Y el mundo se detuvo.
Dexter estaba ahí. No sentado. No recostado. No disfrutando del show.
De pie. Avanzando. Mirándome como si quisiera romper todo a su paso.
Su expresión era de ira pura. La mandíbula apretada, los ojos oscuros, la chaqueta negra sin abrochar mientras caminaba entre la multitud como si nada pudiera detenerlo. Los hombres se hacían a un lado sin darse cuenta, como si su presencia empujara el aire.
-Mierda... -murmuré entre dientes.
-¿Qué? -susurró Thesa mientras bailaba a mi lado.
-Nada -mentí, girando con la música.
Pero mis ojos lo seguían.
Y los suyos no se apartaban de mí.
Llegó hasta la tarima. Se cruzó de brazos. Me miró como si me estuviera desafiando a seguir.
Y por supuesto... seguí.
Le di la espalda, seguí moviéndome al ritmo, ignorándolo, ignorando la presión en mi pecho, ignorando el hecho de que él parecía a punto de explotar.
Entonces escuché su voz retumbar por encima de la música.
-¡BAJA DE AHÍ!
El grito me atravesó como un látigo. El público se giró. Las chicas frenaron un segundo. Thesa abrió los ojos como platos.
Yo seguí bailando.
-¿Giselle? -susurró Thesa.
-No lo mires -respondí entre dientes-. Solo sigue.
Y seguimos. Pero él ya no esperaba.
De un segundo a otro, Dexter subió a la tarima como si fuera dueño del lugar. Me tomó de la cintura con fuerza, la suficiente para inmovilizarme sin lastimarme.
-¿Qué haces? -solté, empujándolo.
-Lo que debería haber hecho desde que saliste por esa puerta -espetó con rabia.
-¡Suéltame! -pataleé, pero él solo ajustó el agarre.
La música siguió, el público gritaba pensando que era parte del show, pero Dexter me estaba bajando de la tarima a la fuerza.
-Estás loca si crees que vas a seguir aquí sola sabiendo que ese hombre anda cerca -escupió entre dientes.
-No tienes derecho -dije intentando zafarme.
-Tengo más derecho del que crees.
Me arrastró literalmente hasta la salida, ignorando los gritos divertidos del público y las miradas de las otras chicas. Yo intentaba liberarme, pero su mano en mi cintura era un hierro caliente.
-¡Dexter, suéltame! ¡No puedes hacer esto!
-Lo estoy haciendo -respondió, sin detenerse.
Me abrió la puerta del auto, prácticamente me "sentó" dentro y dio la vuelta para entrar él también. Cerró de golpe. Encendió el motor.
-Eres un enfermo -le dije, respirando agitada.
-Y tú una inconsciente -respondió sin mirarme-. ¿Qué parte de "Liam anda suelto" no entendiste?
-Nada de lo que hago es asunto tuyo.
-Todo lo que haces me importa -dijo con esa voz baja que me erizaba la piel-. Mucho más de lo que debería.
-Pues deja de interesarte. No soy tu maldita responsabilidad.
Él apretó el volante.
-No eres mi responsabilidad, Giselle.
-Entonces déjame bajar.
-Eres mi problema -continuó como si no lo hubiera escuchado-. Y no voy a soltarte.
Me giré hacia él, con el corazón acelerado.
-No soy una presa, Dexter.
-No.
-¿Entonces qué soy?
Él me miró.
Oscuro.
Decidido.
Peligroso.
-La única mujer que no pienso perder.
Y aceleró.