NovelToon NovelToon
Mi Ángel De La Guarda

Mi Ángel De La Guarda

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:727
Nilai: 5
nombre de autor: Mile Vivero Rudas

Luciana era una joven de 17 años, con cabellos castaños y ojos que reflejaban una mezcla de melancolía y determinación. Desde pequeña, había sentido que no encajaba en el mundo que la rodeaba. Las risas de sus compañeros resonaban como ecos lejanos mientras ella lidiaba con inseguridades y un profundo anhelo de pertenencia.

Su vida se complicó aún más tras la muerte de su madre, un evento que dejó un vacío en su corazón. A menudo se perdía en sus pensamientos, buscando respuestas en los libros de fantasía que solía leer. Sin embargo, lo que no sabía era que su conexión con el mundo mágico era más real de lo que imaginaba.

El Consejo Celestial, al notar su vulnerabilidad y el peligro que la acechaba, decidió enviar a su ángel de la guarda,Axel . Su misión era protegerla de fuerzas oscuras que querían aprovechar su tristeza y debilidad. Pero Axel no solo debía protegerla ; también se vería atrapado en un dilema : podría intervenir emocionalmente sin violar las ley celestial.

NovelToon tiene autorización de Mile Vivero Rudas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Axel

Axel se quedó ahí, parado frente a la reja de la casa, con la mirada clavada en la puerta que Luciana acababa de cerrar. No se movió hasta que escuchó el doble giro de la llave y el silencio total del interior. Solo entonces soltó un suspiro que no era de este mundo; un siseo de aire a presión que arrastraba el cansancio acumulado de siglos de guerra sucia y misiones de mierda.

Se dio la vuelta y empezó a caminar por la acera, pero ya no tenía esa actitud de terca con la que se burlaba de ella. Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero, rozando con las yemas de los dedos la parte donde la tela seguía tibia por el toque de Luciana.

«Maldita sea», pensó, y un destello dorado le cruzó las pupilas. «Esta niña quema más que el sol de agosto».

Intentó analizar lo que había pasado en el callejón con la frialdad de un estratega, pero su mente volvía, en bucle, al momento en que sus manos se tocaron sobre la cerradura de la entrada. Para un ser como él —un ejecutor celestial que ha visto de todo—, el contacto con los humanos solía ser como tocar papel: algo frágil, plano, sin chispa. Pero Luciana era voltaje puro.

Cuando puso su mano sobre la de ella para que dejara de temblarCon las llaves de la casa, no solo sintió piel. Sintió una vibración electromagnética que le recorrió el brazo hasta el pecho, donde su propio núcleo de fuego reaccionó como un animal salvaje. Fue un choque de frecuencias. La luz de ella era blanca, cruda, sin filtros; una energía de Brújula que no solo te marca el norte, sino que te obliga a seguirla.

«Huele a pólvora y a algo dulce», admitió para sus adentros, y la idea lo hizo gruñir de pura frustración. «Es como la calma antes de que todo explote».

Recordó los empujones de Luciana en su pecho justo antes de llegar. En el momento, Axel había fingido que le dolía para no herirle el orgullo, pero la realidad es que ese contacto físico le dio un vuelco al corazón que no sentía desde hacía milenios. No era solo la fuerza; era la intención. Luciana no le tenía miedo por ser un ángel, le tenía una rabia de esas que queman porque él se había portado como un imbécil. Y esa humanidad, esa falta de respeto a su rango, era lo que más lo sacaba de quicio y, a la vez, lo que más le gustaba.

Caminó bajo una farola que parpadeó y se fundió al sentir su mala vibra. Axel miró al cielo, donde el humo de la ciudad tapaba las estrellas.

«La estoy tirando a los leones», se recriminó. Sabía que su método de "hacerse el herido" había sido una jugada sucia. Había visto a Luciana aterrorizada, con el aliento del Acechador en la nuca, y por un segundo estuvo a punto de sacar la espada y cargarse al bicho para que ella no sufriera. Pero se aguantó. Porque si no la obligaba a sacar el poder que contenía, ahora, el Diez la iba a borrar del mapa mañana.

«Es tan pequeña...», pensó, recordando cómo su mano tapaba casi toda la de ella frente a su hogar. «Tan pequeña y, sin embargo, se ha merendado a un Grado 3 como si fuera un mosquito. Si supiera que esa llamarada es solo el 50% de lo que lleva dentro, le daría un ataque de pánico».

Lo que de verdad lo rayaba no era el poder de Luciana, sino el efecto que ella tenía sobre él. Axel se suponía que era un observador, un guerrero cínico que veía a los humanos como piezas de un tablero. Pero el roce de esta noche le había dejado una marca espiritual". Sentía un calor residual en la palma, un eco que lo mantenía atado a esa casa.

«Fusión de energías...», murmuró, soltando una risa seca. «Si con un simple toque mis circuitos han empezado a echar chispas, el día que tengamos que conectar de verdad, o salvamos el barrio o lo convertimos en un cráter de cristal».

Axel saltó sobre el capó de un coche abandonado y de ahí a una azotea vecina, moviéndose con una agilidad de videojuego. Se sentó en el borde de un tejado desde donde podía vigilar la ventana de la habitación de Luciana. Vio cómo se encendía una luz tenue en el interior y luego se apagaba.

Sintió un impulso raro: las ganas de bajar, colarse por la ventana y checar que estuviera bien, que no tuviera pesadillas con el bicho de sombras. Pero se obligó a quedarse quieto.

«No te rayes, Axel», se dijo. «Eres un arma de guerra, no un guardaespalda de peli romántica. Ella es el GPS y tú eres el cuchillo. Y los cuchillos cortan, no abrazan».

Pero, aunque se lo decía a sí mismo, no podía dejar de darle vueltas al momento del empujón. La furia de ella, su calor, ese olor a vainilla mezclado con ozono... Era adictivo. Por primera vez en mucho tiempo, el ángel no quería que amaneciera para volver a pelear, sino para volver a ver esos ojos castaños mandándolo a la mierda.

Se acurrucó en las sombras del tejado, con la mano todavía apretada en un puño, guardando el calor de Luciana como si fuera oro.

—Descansa, pequeña linterna —susurró al viento—. Porque mañana, cuando el Diez empiece a jugar sucio, vas a echar de menos los sustos de hoy.

1
Viviana Ranieri
Esto se está poniendo cada vez mejor!!Ya me estoy comiendo las uñas esperando la actualización. Por favor no tardes demasiado!!! Quiero seguir teniendo uñas🤣🤣🤣🤣🤭
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play