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Tu Nombre En Mi Pasado

Tu Nombre En Mi Pasado

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Amor prohibido
Popularitas:236
Nilai: 5
nombre de autor: Leo Rg

Tu nombre en mi pasado
En la ciudad de Vareth, donde el poder se mueve en silencio y la lealtad se paga con sangre, Adrián Voss vive atrapado en un pasado que nunca logró enterrar.
Años después de la muerte de su padre, una sola pista aparece de la nada: un nombre que no debería existir… Elena Rivas.
Ella es todo lo que no encaja en su mundo: tranquila, normal, aparentemente ajena a la oscuridad que domina la ciudad. Pero en Vareth, nadie es inocente… y nadie aparece por casualidad.
Mientras Adrián se acerca a ella buscando respuestas, lo que encuentra es algo mucho más peligroso: una conexión que no entiende, una atracción que no puede controlar… y un secreto que podría destruirlos a los dos.
Porque alguien más ya los está observando.
Y esta vez…
el pasado no viene a recordarse.
Viene a cobrarse.

NovelToon tiene autorización de Leo Rg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No era coincidencia

El aire de la calle estaba frío… pero no era suficiente.

No después de lo que acababan de dejar atrás.

Elena seguía apoyada en la pared, tratando de regular la respiración. Sentía el pecho apretado, como si todavía estuviera bajo tierra, como si el túnel no los hubiera soltado del todo.

Adrián no se movía.

Tenía la llave en la mano… y la miraba como si pesara más que antes.

Mateo caminaba de un lado a otro, atento, mirando cada esquina, cada sombra, cada posible error.

—No podemos quedarnos aquí mucho tiempo —dijo al fin.

Adrián no respondió.

Elena levantó la vista hacia él.

—Adrián…

Nada.

Eso no le gustó.

Se acercó un poco más.

—Oye… mírame.

Él reaccionó, pero lento. Como si estuviera regresando de otro lugar.

—Estoy pensando.

—Pues piensa caminando —dijo Mateo— porque aquí nos van a encontrar rápido.

Silencio.

Adrián finalmente guardó la llave.

—Tiene razón.

Caminaron sin rumbo claro al principio.

Calles largas, medio vacías, luces malas, edificios que parecían todos iguales. Vareth de noche tenía algo raro… como si siempre estuviera observando.

Elena iba al lado de Adrián, pero no lo tocaba.

No sabía si debía.

No después de lo que había visto.

No después de lo que él dijo.

“Eres parte del sistema.”

Eso no se le salía de la cabeza.

—Explícame eso —dijo de pronto, sin mirarlo.

Adrián siguió caminando.

—No lo sé del todo.

—No me digas eso.

—Es la verdad.

Ella se detuvo.

—No, Adrián… no me digas “no lo sé” después de todo esto.

Mateo se giró.

—Sigan caminando.

Pero ninguno de los dos lo escuchó.

Elena dio un paso al frente, obligando a Adrián a mirarla.

—Mi nombre estaba ahí.

Silencio.

—Y no se podía borrar.

—Lo intenté —dijo él, serio.

—Lo sé.

Pausa.

—Eso es lo que me preocupa.

El viento pasó entre ellos.

Frío.

Incómodo.

—Cuando dijiste que yo… —trató de decir— que yo era parte de eso…

Adrián bajó la mirada un segundo.

—No quise decirlo así.

—¿Entonces cómo?

Él dudó.

Eso fue peor que cualquier respuesta.

—Adrián.

—Creo que… —empezó— creo que tu conexión no es externa.

Silencio.

—¿Qué significa eso?

—Que no estás en la red como los demás.

Pausa.

—Estás… ligada a ella.

Elena sintió algo en el estómago.

No miedo.

Algo más raro.

—¿Ligada cómo?

Adrián negó levemente.

—No lo sé aún.

Mateo intervino, esta vez más serio.

—Pero si eso es cierto…

Ambos lo miraron.

—Entonces tú no eres un objetivo cualquiera.

Elena cruzó los brazos, incómoda.

—Eso ya lo sé.

—No —dijo Mateo—. No lo sabes.

Pausa.

—Significa que no te están buscando solo para presionar a Adrián.

Silencio.

—Te están buscando porque eres útil.

Eso cayó mal.

Muy mal.

Elena desvió la mirada.

—Perfecto… cada vez mejor.

Siguieron caminando.

Pero ahora el ambiente era distinto.

Más pesado.

Más personal.

Después de unos minutos, llegaron a una avenida más amplia. Algunos carros pasaban, pocos, y las luces eran más constantes. No era seguro… pero tampoco era el abandono de antes.

Mateo señaló un edificio al otro lado.

—Ahí podemos parar un momento.

—¿Seguro? —preguntó Adrián.

—No —respondió él—. Pero es mejor que estar expuestos aquí.

Entraron.

Un lobby viejo, medio descuidado, con un olor a polvo y pintura vieja. Nadie en recepción. Solo una luz encendida y un ascensor que parecía no funcionar.

Subieron por las escaleras.

Tercer piso.

Mateo abrió una puerta con una llave que sacó sin explicar de dónde.

—No preguntes —dijo antes de que Adrián hablara.

El apartamento era pequeño, pero más limpio que el anterior. Básico. Funcional.

Temporal.

—Bienvenidos a otro lugar donde no deberíamos estar —murmuró Mateo.

Elena se dejó caer en una silla.

—Necesito cinco minutos sin correr… por favor.

Mateo asintió.

—Cinco.

Adrián se quedó de pie.

Mirándola.

Pensando.

—Dijiste algo allá abajo —dijo ella sin levantar la vista.

—¿Qué cosa?

—Que no me ibas a dejar dentro de eso.

Silencio.

—Lo dije.

—¿Y ahora?

Adrián se acercó un poco.

—Ahora lo sostengo.

Elena levantó la mirada.

—Aunque yo sea parte de eso.

Pausa.

Adrián no dudó esta vez.

—Sobre todo por eso.

Ese momento…

no fue como los otros.

No fue impulso.

No fue tensión.

Fue más real.

Más tranquilo.

Más peligroso.

Porque ahora sí sabían en qué estaban.

Y aún así…

no se alejaban.

Mateo, desde la ventana, habló sin girarse.

—No quiero interrumpir…

Pero su tono decía lo contrario.

—Pero tenemos otro problema.

Adrián se tensó.

—¿Qué pasa?

Mateo señaló hacia afuera.

—No están buscando a ciegas.

Elena se levantó.

—¿Cómo sabes?

Mateo lo dijo simple.

—Porque están cerrando zonas.

Silencio.

Adrián se acercó.

Miró por la ventana.

Luces en la distancia.

Vehículos.

Moviéndose lento.

Coordinados.

—Nos están encerrando… —murmuró.

Elena sintió otra vez esa presión en el pecho.

—Esto ya no es casualidad, ¿verdad?

Adrián negó.

—No.

Mateo los miró a ambos.

—Nunca lo fue.

Elena respiró hondo.

—Entonces dime algo claro…

Adrián la miró.

—¿Qué?

—¿Nos conocimos por accidente?

Silencio.

Largo.

Pesado.

Adrián no respondió de inmediato.

Pero cuando lo hizo…

no suavizó nada.

—No lo creo.

Eso dolió.

Aunque ya lo sabía.

Elena bajó la mirada.

Y sonrió un poco.

Pero no era una sonrisa feliz.

—Qué bien… —murmuró— qué bonito todo.

Adrián dio un paso más cerca.

—Eso no cambia lo que siento.

Ella lo miró.

—No… pero cambia todo lo demás.

Silencio.

Y aun así…

no se alejaron.

Afuera, las luces seguían moviéndose.

Cerrando.

Buscando.

Acercándose.

Porque ahora ya no era solo una persecución.

Era algo armado.

Pensado.

Preparado desde antes.

Y la peor parte no era esa.

La peor parte…

es que empezaban a entender algo que nadie quería aceptar:

Ellos no se encontraron por suerte.

Ni por destino bonito.

Ni por casualidad.

Alguien los puso en el mismo camino.

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