Alina siempre creyó que era una chica común, hasta que una noche de primavera un encuentro inesperado en el campo de cerezos cambió su vida para siempre.
Un extraño de mirada intensa comienza a aparecer entre las sombras del bosque. Él guarda secretos, conoce peligros que nadie en el pueblo imagina y parece estar ligado a algo que despierta una inquietud desconocida dentro de ella.
Pronto, sueños extraños, aullidos en la noche y recuerdos que nunca vivió empiezan a perseguirla. Mientras intenta descubrir quién es realmente Kael, Alina también deberá enfrentarse a una verdad que su propio padre le ocultó durante años.
Entre cerezos, luna llena y secretos de sangre, Alina descubrirá que algunas primaveras no solo traen flores… también despiertan destinos dormidos.
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Capitulo 19: La verdad que faltaba
Durante varios segundos nadie habló.
El viento seguía entrando por la abertura del refugio y movía las ramas de la entrada como si el bosque todavía respirara el eco de lo que acababa de pasar.
Alina sentía el cuerpo temblando.
El latido salvaje seguía vivo bajo su piel.
Más lento ahora.
Pero seguía allí.
Kael fue el primero en acercarse.
—¿Estás herida?
Ella negó con la cabeza.
No confiaba en su voz.
No después de haber sentido aquello.
No después de haber visto la expresión de Darian cambiar.
Su padre permanecía inmóvil.
Pálido.
Como si también acabara de entender algo que llevaba años intentando evitar.
Lyra lo observaba en silencio.
—Tenemos que salir de aquí —dijo al fin.
Pero Alina alzó la mirada.
—No.
Los tres se volvieron hacia ella.
La respiración seguía irregular, pero esta vez había firmeza en su voz.
—No voy a moverme hasta que alguien me diga la verdad completa.
Su padre cerró los ojos un instante.
—Alina…
—No.
Dio un paso hacia él.
—Llevo años viviendo entre pedazos. Sueños. Mentiras. Advertencias. Ya no más.
El silencio se volvió pesado.
Kael no dijo nada.
Solo la observó.
Como si supiera que ese momento tenía que llegar.
Su padre dejó escapar un suspiro largo.
Luego se sentó lentamente sobre la roca más cercana.
De pronto parecía más viejo.
Más cansado.
—Tienes razón —dijo en voz baja.
El corazón de Alina golpeó con fuerza.
—Entonces habla.
Él levantó la vista.
—La noche que tu madre desapareció… yo estaba aquí.
La respiración se le cortó.
—¿Qué?
—Lo vi todo.
El aire pareció detenerse.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque te prometí que te mantendría lejos de esto.
Las manos de Alina se cerraron.
—No cumpliste.
Él bajó la mirada.
—Lo sé.
Hubo un silencio breve.
Luego continuó.
—Aquella noche Darian vino al campo de cerezos.
Las imágenes del recuerdo regresaron de inmediato.
La sombra. La advertencia. El miedo.
—Tu madre ya sabía que vendrían.
—¿Cómo?
—Porque llevaba meses escondiéndote.
El pecho le dolió.
—¿De quién?
—De todos los que supieran lo que corría en tu sangre.
El latido volvió a responder bajo su piel.
—Cuando Darian llegó —continuó—, quiso llevarte.
Kael levantó la vista.
Lyra también.
—Tu madre se negó.
La garganta de Alina se cerró.
—¿Y qué pasó?
Su padre tragó saliva.
—Luchó.
El corazón le dio un golpe brutal.
—¿Mi madre peleó con él?
—Sí.
Su voz salió apenas en un murmullo.
—Nunca había visto algo así.
El refugio parecía haberse vuelto demasiado pequeño.
—¿Y tú?
La pregunta salió rota.
Él tardó en responder.
—Yo te escondí.
Las lágrimas le ardieron en los ojos.
—Te llevé lejos del campo mientras ella lo detenía.
El dolor se mezcló con una comprensión feroz.
Su madre no había desaparecido.
Había resistido.
Había ganado tiempo.
Había elegido quedarse.
—Antes de que se la llevaran —dijo su padre—, me hizo jurar algo.
Alina alzó la mirada.
—¿Qué?
—Que no te contaría la verdad hasta que despertaras por ti misma.
El pecho se le apretó.
—¿Por qué?
Él la miró.
Y por primera vez no había secretos en sus ojos.
Solo tristeza.
—Porque sabía que, si lo sabías demasiado pronto… vendrían por ti.
El silencio cayó.
El bosque respiraba detrás de la piedra.
—Darian dijo algo —murmuró Alina—. Dijo que mamá no me protegía solo de él.
Kael se tensó apenas.
Lyra también.
Su padre cerró los ojos.
—Eso también es verdad.
El aire pareció volverse más frío.
—¿Qué significa?
Él tardó demasiado en responder.
—Hay otros.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
—¿Otros qué?
—Otros que también buscan la sangre de luna.
La respiración se volvió corta.
—¿Más manadas?
—Sí.
—¿Y saben de mí?
Su padre no respondió.
No hacía falta.
La respuesta estaba en su silencio.
—Entonces Darian no es el único.
—No.
El miedo volvió.
Pero ya no era el mismo miedo de antes.
Ahora tenía forma.
Ahora tenía nombre.
Ahora tenía dirección.
—Hay algo más —dijo su padre.
Todos lo miraron.
—Tu madre no solo quería esconderte.
El corazón volvió a acelerarse.
—¿Entonces?
Él se puso de pie lentamente.
—Quería prepararte.
Alina se quedó inmóvil.
—¿Prepararme para qué?
Su padre dio un paso hacia ella.
—Para elegir.
—¿Elegir qué?
La voz apenas le salió.
Él la miró con gravedad.
—Si vas a huir… o si vas a buscarla.
El silencio se volvió absoluto.
El pecho de Alina subía y bajaba con fuerza.
No necesitó pensar demasiado.
La respuesta ya estaba dentro de ella.
La sentía en la sangre.
En el recuerdo de su madre.
En el despertar que acababa de vivir.
—Voy a encontrarla.
Kael alzó la vista de inmediato.
Lyra también.
Y en ese instante, un sonido lejano atravesó la noche.
No era un aullido.
Era un cuerno.
Profundo.
Antiguo.
Los cuatro se tensaron.
Lyra palideció.
—No…
Kael giró hacia la entrada.
—¿Qué significa eso?
La mujer lo miró con los ojos muy abiertos.
—No vino solo Darian.
El corazón de Alina dio un golpe seco.
—¿Quién más está aquí?
Lyra tragó saliva.
Y cuando habló, su voz apenas fue un susurro.
—El Consejo ha llegado a Valdoria.